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Decir la historia… para no morir (*)

Autores: Carlos GIORDANO (**), Susana LINO, Ana Laura GRATTI,
Claudia GUIDONE, María Martha CASTAÑO, Juan Manuel
MONTOYA, Isabel FRAIRE, Martha LAGOA y Oscar SURRACO


pregunta 1
¿Queremos, como pueblo, escuchar los relatos sobre la guerra y la posguerra de Malvinas?...
Esta pregunta guía el texto que presentamos a continuación sobre un trabajo más extenso (1). Sin embargo, como toda buena síntesis, aloja el espíritu y la materia de nuestras convicciones más profundas respecto al tema.

antecedentes y aclaración imprescindible
La Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional La Plata (FPyCS/UNLP) creó en noviembre de 2002, a propuesta nuestra (2), la Cátedra Libre de Narración Oral (CLNO). Esta cátedra fue concebida como un espacio pedagógico no formal que entrama las vertientes histórica y artística de la forma narrativa de la Comunicación Oral. Tanto la escucha como el relato constituyen sus fundamentos medulares y la Cátedra se vinculó desde el inicio mismo con las voces de las minorías que luchan por el reconocimiento de su lugar en la sociedad y en la educación.
Las “Jornadas de Narración Oral” fueron la actividad de exposición y reflexión pública elegida como metodología y sus ejes temáticos se relacionaron entre otros, con las voces de los ex combatientes en Malvinas; de los pueblos originarios; con las problemáticas de la comunicación oral de relevancia social tales como sordera, hipoacusia y disfluencia; con la ausencia de los lenguajes expresivos en la educación formal; para converger en las desigualdades de acceso en el campo educativo a bienes simbólicos y materiales, y en las distintas formas de violencia existentes en el sistema educativo formal, pasibles de ser transformadas en pos del bien común.
En este complejo temático resultó significativo y relevante, y por eso elegido, el tema de los relatos orales acerca de la guerra y la posguerra de Malvinas, por tratarse de un tramo de la historia reciente que no ha sido suficientemente profundizado, escuchado, narrado, no ya desde la historia oficial, sino desde las historias particulares que la Historia Oral recoge, reveladoras de vertientes desconocidas, posibilitantes de construir otro presente, otro futuro, otros sujetos sociales, sin olvidar los derechos y la condición humana de la que los filósofos y cientistas han hablado desde los orígenes.
Nuestro acercamiento grupal al tema partió de preguntarnos acerca de por qué la Narración Oral en el ámbito de la FPyCS... ¿sólo pensar la Narración Oral desde una perspectiva estética?... sólo desde el Arte?... qué relación con lo socio-histórico?...
Surgían por entonces varios pareceres interpretativos que seguirían guiándonos en la indagación a través de otros proyectos posteriores: porque la Narración Oral parece ser fuente primaria de comunicación social, testimonio de historias de vida; expresión del imaginario colectivo, instrumento pedagógico para el desarrollo del imaginario individual, encrucijada de relatos que reconstruyen la historia de los pueblos o de los hechos… en el marco de la historia oral, la más reciente, la de los últimos cien años, vehículo para la trascendencia cultural, elemento de revalorización o re-significación del campo sonoro de la voz, como productor de sentido y significación.
Lo cierto es que el campo de la investigación en Comunicación se transformó hacia la década de los ´80 en un territorio de mediaciones, intertextualidades e interacciones producidas entre saberes de historia, lingüística, antropología, sociología que lo cruzan, y que dio origen a nuevos sujetos sociales constituidos en un marco hegemónico de políticas neoliberales donde comenzaban a terminar de instalarse las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que llegarían para quedarse desde la década de los ’90 en adelante. Era la década de la tercera reforma universitaria en nuestro país, reveladora del manto mercantilista que cubrió el sistema educativo superior en el que la educación pasó a ser un bien de Mercado. Era también la década del desmantelamiento del Estado y la profundización de las desigualdades sociales que aumentaron la brecha existente entre incluidos y excluidos, con su consecuente aumento de marginación, pobreza, desocupación, violencia, inseguridad. En ese escenario neoliberal la sociedad del conocimiento quedó ligada a la profesionalización, la tecnocracia y la informatización, y el uso de las denominadas Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIyC) trajo aparejada una nueva brecha, entre alfabetizados informáticos y analfabetos informáticos. Una nueva forma de exclusión se había instalado.
En ese escenario aquellas preguntas sobre el rol de la comunicación oral y la narración oral, enfocándolas no sólo estéticamente sino como formas de comunicación social de acceso democrático por excelencia ya que no requieren de insumos artefactuales, que coexisten con las formas literaria y audiovisual, y que pueden participar en la construcción de procesos sociohistóricos vinculados a la historia reciente, fueron nuestras guías.

historia de Jornadas 1
Como ya dijimos, la metodología de investigación-acción que tomamos fue la realización de jornadas de trabajo e indagación, de reflexión y producción teórica y práctica. Las Primeras Jornadas de Narración Oral llevadas a cabo en abril de 2003, tuvieron como eje la vinculación de la Narración Oral con la Identidad y la Cultura, y en su marco la relación entre Narratividad e Historia Oral, particularizando en la Guerra de Malvinas y en los relatos orales de los ex combatientes, protagonistas de los hechos. Participaron, entre otros, miembros integrantes de la Cátedra Libre “Malvinas, Comunicación y Nación” (FPyCS/UNLP), del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, del CECIM-La Plata y del Archivo Histórico Provincial, dependiente por entonces de la DGCyE de la Provincia de Buenos Aires, como así también actores sociales provenientes de distintos ámbitos de la ciudadanía, quienes ejerciendo su protagonismo ingresaron sus propios saberes no académicos a las aulas de la Facultad, en medio de una actividad de reflexión grupal de la que surgieron conclusiones generales posibilitantes de una construcción prospectiva.
Los expositores profundizaron en la importancia y valor de las historias orales como testimonio y documento, como fuente histórica aún no reconocida académicamente en su completa dimensión. A ello se sumaron los relatos de la experiencia de vida que impuso la guerra, todo lo cual motivó un clima de intercambio dialógico entre hablantes y escuchas activos, que resultó conmovedor, respetuoso, sólido, contundente. La intervención de los ex combatientes confirmó que las narraciones de los hechos no se silencian o desaparecen a voluntad, sino que establecen sus propios circuitos de circulación. Años antes o después, y suicidios mediante, el silenciamiento alienante debe/puede ser superado, y resulta apropiado y pertinente que el ámbito universitario afronte la deuda simbólica pendiente con la sociedad y con los ex combatientes y sus familias, consistente en producir conocimiento científico a partir de la circulación de los relatos de los protagonistas.
Los participantes de las Jornadas –en su mayoría docentes- se constituyeron en distintos grupos de discusión sobre Narración Oral e Identidad, y del trabajo de reflexión compartido surgieron como conclusiones:
• la valoración del testimonio oral como fuente de Historia oral
• el valor de la palabra 20 años después
• la diferencia entre identidad individual e identidad social ya que el relato que marca individualmente no es necesariamente Historia Oral. Pero si se incluye en la Historia Social, entonces comienza a golpear la conciencia.
• el rol liberador de la narración oral
• la función evocativa de otros dolores: marginación de pueblos indígenas, desaparecidos políticos, desaparecidos del sistema.
• el rol de la palabra pero también de los silencios en sus diversas formas, algunos que comunican, otros que ocultan
• el valor del lenguaje corporal
• la interpretación del relato oral por parte del oyente
• las emociones, sentimientos, la autoimagen presente en los relatos
• la necesidad de inclusión de la narración oral en la educación sistemática
• necesidad de otra forma de construir la historia para los jóvenes propiciando un lugar de escucha
• propiciar la democratización de las relaciones institucionales educativas
• construcción de espacios de encuentro con la diversidad
• señal de atención referida al silencio institucional como manifestación del miedo a la pérdida del poder
• posible rescate del alumno en su carácter de sujeto integral.


historia de Jornadas 2
Simultáneamente a aquella actividad de la CLNO, la Cátedra Libre “Malvinas, Comunicación y Nación” dictó en el primer cuatrimestre 2003 un Seminario Interdisciplinario: “Cómo se cuenta/narra/relata/informa una guerra” y como corolario del mismo organizó en Agosto 2003 una Jornada abierta a la comunidad, con invitados de diversos campos. En ella, presentamos un grupo de reflexiones relacionadas con la escucha vinculándola a la posibilidad de poner en práctica una narración, de ahí su título “Un pueblo ¿sordo?...”. Los párrafos centrales fueron:

“La escucha es un tema inmanente al campo de la Comunicación y específicamente a la Comunicación Oral. Confluyen en esta conceptualización de ‘escucha’ aquellos saberes provenientes del campo de la biología vinculados a la capacidad e indemnidad del oído, como así también saberes provenientes de las ciencias sociales articuladas en el campo de la Comunicación, que dan cuenta de las huellas que la matriz cultural dibuja en los cuerpos de los sujetos sociales. En virtud de esta imbricación de contenidos biológicos y sociales la Cátedra Libre de Narración Oral seleccionó como tema de gran significación social a tratar en las Terceras Jornadas 2003 la ‘Narración Oral y la Escucha: sus posibilidades y relevancia en la Comunicación Social’ donde uno de los Paneles estuvo dedicado al tema Sordera e hipoacusia”.

“Los expositores allí invitados ofrecieron conceptualizaciones vinculados a la temática de la sordera desde perspectivas pedagógicas, psicoanalíticas y artísticas. Esas perspectivas abiertas en abanico e interrelacionadas entre sí, dieron cuenta de algunas características de las formas de comunicación desarrolladas por los sordos, desconocidas para todos nosotros, entre ellas una que nos motivó para la reflexión vinculada con el caso Malvinas: que los sordos que aprenden como primera lengua la Lengua de Señas con su propia lógica y sus propias formas lingüísticas, llevan la comunicación puesta en el cuerpo. Es a través de las diferentes señas que realizan distintos actos de comunicación sin producción del sonido-voz ya que los sordos por no poder percibir, no tienen desarrollada la representación mental del sonido”

“Al pensar en la Guerra de Malvinas, viene pronta a nuestra mente una analogía que no es aplicable a los ex combatientes, sino por el contrario, a todos nosotros, a los que somos no-combatientes, al pueblo, el tejido social que consintió y avaló una decisión del gobierno dictatorial militar en su último tramo, como lo demuestran las que posteriormente se denominaron ‘las dos Plazas’, en alusión a la multitud presente en la Plaza de Mayo los días 31 de marzo y 2 de abril de 1982. Esa analogía posible se establece entre la sordera de aquellos seres que tienen biológicamente su posibilidad auditiva dañada y la posibilidad comunicacional dañada de un pueblo que tenemos mayoritariamente indemnidad auditiva pero, que luego de perder la guerra, hemos hecho oídos sordos a la forma en que esta guerra de Malvinas fue realmente iniciada, desarrollada, perdida y por sobre todo, silenciada”

“Como si el pueblo –que somos todos- no tuviera voz para narrar la historia, como si el pueblo –que somos todos- no tuviera desarrollada la representación mental del tramo de la historia reciente que fue y sigue siendo Malvinas: su guerra y su posguerra”.

“No podemos dejar de preguntarnos entonces cuál es la posibilidad comunicacional de todos nosotros: este pueblo -que somos- parece ser ‘sordo’, este pueblo -que somos- parece ser ‘discapacitado’, este pueblo -que somos todos- y que no hemos podido dar aún evidencia fehaciente de nuestra capacidad de ‘escuchar’ esta guerra de Malvinas, no solo desde la indemnidad auditiva y su representación mental sino también desde las formas de percibir y gestar sensaciones, emociones, sentimientos; desde toda nuestra inteligencia sensorio-motriz contenida en ese reservorio que es nuestro cuerpo, el que registra y conserva la historia perceptual, la historia personal, la historia social”. “Pareciera ser que lo que sí podemos todos nosotros como pueblo, es interpretar la lucha de poder implícita, las adhesiones o rechazos a esa lucha, las ayudas solidarias pensando en las condiciones físicas en que se desarrollaba este capítulo de la historia, pero nunca los no-combatientes nos hemos puesto a pensar qué escuchaban los combatientes en la guerra”.

“…los sonidos de las bombas, las metrallas, los gritos de dolor de las mutilaciones, los sonidos de los aviones acercándose, el sonido de los percutores de las armas, el sonido de los borceguíes, el sonido de los camiones en el camino de ida o en el de regreso, el sonido del único pajarito parado inmóvil en la trinchera, en medio del estruendo de la batalla. Nosotros somos ese pueblo ‘sordo’ de la peor sordera: la sordera de quien no quiere escuchar, porque escuchar implica poner no sólo el oído sino todo el cuerpo y permitir que la historia reciente encarne en él. Esto implica dejar pasar por nosotros los relatos, conmovernos en lo más interno, para llevar estas sensaciones, recogidas a través de todos nuestros sentidos despiertos y vivos, a las zonas de representación cerebral que permitirán que la situación contextual aludida –la guerra y la posguerra de Malvinas- se registre en la conciencia”.

“Así y sólo así podremos comenzar a pensar en construir una conciencia ciudadana, una conciencia histórica, y recién entonces podremos sentirnos todos nosotros -el pueblo- protagonistas de la historia”.

“Muchas son las situaciones conflictivas silenciadas en nuestra historia y en nuestro tejido social que nutren la violencia, la destrucción de los valores, el desprecio por la propia vida y por ‘los otros’, el sentimiento de fragmentación y caos, la visión del sin-futuro, la imagen del exilio...”

“Lo adicto (etimológicamente lo no-dicho) y la violencia social derivada de lo no-dicho, no pueden existir el uno sin la otra. Como contrapartida, la comunicación oral y la narración de la vivencia, la revalorización de lo experiencial, del relato autobiográfico o autorreferencial, posibilita no sólo construcción de subjetividad, sino también la construcción de identidad colectiva, de identidad nacional. Porque tal como lo estudia la Historia Oral nacida en la década del 70 y aún todavía no aceptada totalmente como campo disciplinar por la Academia, la Historia se construye desde abajo, desde los relatos individuales, desde la vivencia cotidiana de quienes se sienten protagonistas, con toda la responsabilidad ciudadana que ello implica. Y si esos relatos son percibidos por oyentes activos, a través de una escucha dinámica, participativa, conciente, sensible, entonces podremos pensar que se logrará continuar el hilo del tiempo que constituye la Historia, sin rupturas, sin piezas rotas ni faltantes.”

“Pensar en superar lo adicto en referencia a la Guerra y la Posguerra de Malvinas, es pensar en superar la barrera de la prohibición de narrar la derrota, hacernos cargo hablándola, relatando la experiencia de la vida en medio de la muerte y valorizar esta posibilidad comunicacional de las narraciones orales testimoniales, que involucra a hablantes y a escuchas activos, sensibles, preparados a dejar pasar a través de sí el relato, y paradojalmente, aunque hablando de muerte y destrucción, seguir apostando a la vida...”

A la salida de aquella Jornada un asistente se acercó a la expositora de esta ponencia para manifestarle su confusión acerca de dicha reflexión en la práctica discursiva de una fonoaudióloga… sin poder encontrar la conexión entre saberes específicos y la conciencia ciudadana que nos compete a todos. Quizá este breve relato que podría parecer una nota de color en medio de un texto académico, contiene una profunda evidencia de la escisión que afecta a nuestro tejido social en vinculación con el tema Malvinas: la dificultad en asumir la responsabilidad que nos corresponde como ciudadanos críticos y autónomos, independientemente de nuestras especificidades. Falta aún valorizar la posibilidad de participar reflexiva y críticamente en un tema crucial de nuestra realidad histórica reciente como es Malvinas, poniendo en circulación la palabra que comunica oralmente la reflexión lograda.

historia de Jornadas 3 / preguntas 2

La 8º Jornada de Narración Oral, realizada en noviembre 2006, tuvo como ejes: “Los lazos entre pedagogía, política, cultura y comunicación oral. Violencia, participación y relato”, y en estrecha relación con esos lazos “La Narración Oral en la construcción de memoria e historia. A 30 años del golpe militar: Guerra y Posguerra de Malvinas”. El trabajo producido por los asistentes en el espacio programado como Taller de Reflexión, dio evidencia de la profunda condición humana y compromiso de los protagonistas de la interacción, quienes ofrecieron una nutrida síntesis de las conclusiones obtenidas del diálogo ejercido:
• Consideramos que el tema Malvinas no está instalado en la educación ni en lo social, se recuerda cuando se conmemora con un acto por los muertos, el número de muertos es un recuerdo lejano
• Nos preguntamos ¿por qué y para qué la guerra?.....
• El tema conmueve, emociona, es una herida abierta.
• Cuando recordamos, cuando escuchamos testimonios esto permite revivirlo, traerlo a este presente
• Cuando escuchamos a los veteranos sentimos a través de ellos la palabra de los que no están, de los que quedaron en la isla.
• La rapidez, el apuro de la vida cotidiana no nos permite detenernos, reconsiderar el tema, sentirlo, emocionarnos. Aparece el sentimiento con el relato.
• También es importante pensar el tema, conocerlo, estudiarlo, hablar de la responsabilidad en el tema, de los militares, de la dictadura.
• Si la guerra es la violencia extrema pensemos en las situaciones de violencia cotidiana (casa, escuela, trabajo, etc.) Pensar el por qué de la agresión? ¿Cómo capacitarnos, prevenir, resolver?
• ¿Sirven los actos escolares como trabajo institucional para comprender Malvinas? • ¿Cómo apropiarse del tema? ¿Sentirlo, pensarlo?
• Nos preguntamos si se silencian los temas complicados en lugar de integrarlos con toda la dificultad y el sufrimiento que implican.
• La narración permite definir y revelar distintas miradas, enfoques y finalmente verdades.
• Posibilidad de escapar a una realidad compleja de soldados, enemigos, militares, muerte, dictadura, a través de lo íntimo, del deseo íntimo que genere la película que todavía no llegó, desde la radio y cada uno desde su lugar…La imagen, la palabra íntima… que escape al esquematismo, al silencio.
• El tema, el punto, es cómo uno promueve la palabra de estos temas profundamente políticos en la escuela, vinculado además al dolor. Dolor al que siempre queremos correr, queremos borrar… ¿Cómo preguntarse qué sentido tiene hablar de lo que nos causa tanto dolor, tanto horror?
• El silencio como obstáculo a la incomprensión del mundo… como incapacidad para reflexionar, pensar.
• ¿Cómo facilitamos o provocamos en la escuela como trabajadores de la educación, la necesidad de mirarnos para conocernos, mirarnos para reconocernos, mirarnos para cuidarnos… para vincularnos?
• ¿Será únicamente la formación, la capacitación, lo que hará acontecer esa mirada?

relatos 1
Desde este trabajo interpretamos que la comunicación oral y su forma narrativa juegan un rol definitorio en el poder nombrar, poder decir, no silenciar. Aquí, lo adicto (lo no-dicho) no tiene lugar.
A partir de ahora, enhebraremos fragmentos de testimonios y diálogos, reflexionando sobre las conceptualizaciones posibles.

“yo hablo todo el tiempo de Malvinas, todas las veces que puedo, digamos… uno, por la responsabilidad de que todos nosotros tenemos, de que tenemos que hablar de Malvinas porque … si nosotros nos salvamos hubo otros que no y eso nos pone … frente a la historia y nos hace responsables de esa voz… que no puede surgir; y la otra cuestión, para ser muy honesto, es para no morirme … es decir… yo creo, como muchos psiquiatras o psicólogos nos han dicho, que nosotros nos salvamos porque hablamos, porque narramos… porque nos juntamos con los compañeros… y seguimos hablando.
Las historias de cada uno de nosotros… todos los días surgen, todos los lunes, los martes, los miércoles, los jueves, los viernes, los sábados, los 365 días del año … y todo aquel que no pudo hablar o que no puede hablar… estamos seguros que… tenemos que ayudarlo mucho, porque la única oportunidad que tenemos realmente de … de ser … de estar vivos, es decir integralmente, con nuestra identidad … es narrar lo que nos pasó”
(3)

El tomar la palabra y dialogar implica un comienzo del empoderamiento que brinda el sentirse parte de; el hecho de ser todos sujetos de la acción o sujetos sociales con un carácter de igualdad de condiciones en un marco de respeto a la diversidad, donde emergen subjetividades, identidades, ideologías, valores, sensibilidades. La palabra hablada es un patrimonio simbólico que nos identifica y nos aglutina, que genera procesos cognitivos, liberación de creatividad, revitalización de afectos, gestión de valores.
En contraposición a los bienes de mercado, la palabra hablada organizada como relato de los hechos sociales es el capital simbólico intangible y conflictivo que empodera al sujeto social, posibilitando la génesis de opinión pública y la expresión del pensamiento, como así también la transformación de las situaciones reales en que está inmerso. Resulta significativo reconocer las desigualdades existentes en el acceso a la utilización de la palabra, a la escucha lograda y su estrecha vinculación con las estructuras de poder.

relatos 2 / preguntas 3 / historia de Jornadas 4

“Cuando terminó la guerra, rápidamente, el Poder Político de esta sociedad decidió que efectivamente sobre Malvinas se dejara de hablar, porque Malvinas significaba la unidad latinoamericana, el antiimperialismo, jóvenes opinando, decían: si fueron a la guerra, cómo no van a poder votar. Claro, el país no podía votar, etc. etc. etc. Hubo que desmalvinizar, es decir, sacar el tema Malvinas de la sociedad, porque Malvinas no significaba 11.718 kilómetros cuadrados de roca y turba, sino significaba una conciencia diferente, hubo que sacar el tema Malvinas de la sociedad.
S- ¿Fue una decisión política?
C- Yo creo que si, fue una decisión política, fue una decisión política que los ex combatientes no hablaran
S- Pero aceptada por todos nosotros como sociedad…
C- En realidad, la sociedad argentina, el seno de la sociedad argentina tuvo problemas más importantes que recordar Malvinas, tuvo problemas de poder calmar el hambre del estómago, el hambre de libertad, el hambre de democracia, entonces el tema Malvinas, en el llano de la sociedad, no fue lo cotidiano, sin embargo, cada vez que los ex combatientes salimos a hablar, el seno de la sociedad, la gente está. Yo no creo que haya una culpa social generalizada. Me parece que sigue siendo la posibilidad de excusa de una dirección política, que sí es consciente de la desmalvinización. No creo que la sociedad lo viva así, yo creo que a la gente cada vez que se habla sobre Malvinas le embarga la misma emoción, la misma conciencia, pero no me parece que pase lo mismo en la dirección política de esta sociedad.”
(4)

versiones, no relatos / preguntas 4

Al seguir este esquema de responsabilidades cabe preguntarnos a esta altura por las formas narrativas que se escucharon en el origen, en la guerra misma. Como para pensar en las causas de esta dualidad.
La versión oficial de la guerra estuvo apoyada en una organización muy centralizada, muy censurada, de las noticias, en una argumentación narrativa alejada de intenciones informativas y cercana a formas ficcionales dignas de guiones cinematográficos con estéticas largamente vencidas. Ésta narró el conflicto a partir de una sucesión de episodios difusos, datos, cifras, cronologías... Por un lado, se construía desde los avances de reuniones y más reuniones diplomáticas (con posturas a favor y en contra de la guerra, que debatían posibles soluciones al conflicto) que, por cierto, no daban sus frutos. Por el otro, a partir de las informaciones militares que detallaban los movimientos de las tropas, y precisaban los rasgos de los armamentos y elementos tecnológicos utilizados.

¿Qué sucedía, mientras tanto, con todos aquellos que protagonizaban la guerra y que, casualmente, no tenían lugar en los medios masivos ni en los ecos de la opinión pública?
¿Dónde estaban todas esas otras voces, ansiosas por tomar la palabra?
¿Por qué no aparecían las miradas opuestas a la guerra?

El fuerte aparato represivo de la dictadura controlaba los movimientos, los espacios, los cuerpos y, por sobre todo, la palabra. Sin embargo, también se jugaban en este escenario múltiples intereses políticos y fundamentalmente económicos, logrando la cooptación de los medios masivos por parte de grandes grupos económicos nacionales e internacionales, y de un proyecto neoliberal, cuyo brazo visible -y armado- eran los militares.
De esta manera, se construyó una guerra sin sujetos, plagada de técnica, movimientos de tropas, buques, portaaviones, ataques aéreos, algunas pocas muertes difusas, y numerosas negociaciones diplomáticas. No tenían presencia alguna los testimonios de los soldados, de sus familias, de instituciones y grupos sociales, incluso de los kelpers... Así, “íbamos ganando”.
La guerra de Malvinas era informada y difundida como un videojuego bélico (esto recuerda a la transmisión de la CNN sobre la invasión de Estados Unidos en Irak), como si no hubiese hombres en las trincheras… Imágenes lejanas, difusas, con luces y estruendos en el horizonte, relatadas por periodistas funcionales a la dictadura, o acompañadas por citas de los voceros de quienes, lejos del campo de batalla, tomaban las decisiones.

“hambre, frío y miedo”, desde el relato único

La voz de los soldados aparece escasamente cerca de la finalización del conflicto, y posteriormente a la misma, en breves declaraciones radiales o audiovisuales, levantadas luego por los medios gráficos. El soldado combatiente era descripto, en ese momento, simplemente como el “chico de la guerra”, que había vivido “hambre, frío y miedo”.
Esta mirada del “soldado”, generada y amplificada por los Medios Masivos luego del conflicto bélico, se imprimió con fuerza en el imaginario social, volviéndose hegemónica, e impidiendo visualizar otras aristas de la guerra, la posguerra, y las problemáticas de los ex combatientes.
“Hay un gran desconocimiento del tema de la posguerra, más que nada, no tanto de la guerra, porque de la guerra incluso las imágenes se repiten en los noticieros, son siempre las mismas, todos los 2 de abril vemos las mismas quince, veinte imágenes. Y las mismas palabras: hambre, frío y miedo” (5).

relatos 3
Después de 20 años -en oposición a aquella construcción de la realidad organizada y dominada por los medios tal como ha sido expresada en párrafos anteriores- tuvimos la posibilidad de comenzar a escuchar en el sistema educativo y en la sociedad, aquellas narraciones testimoniales de ex combatientes acerca de la guerra vivida, o por mejor decir, acerca de ‘las guerras vividas’ por ellos, jóvenes, hijos, hermanos, amigos. Relatos de experiencias desde distintas posiciones en el campo de batalla; y desde diversas historias de vida, que se fueron construyendo lentamente desde el momento de su regreso. Relatos orales que, aunque suenan entrecortados por la intensidad de las emociones y los recuerdos, nos entregan partes de la Historia.

“Todavía hoy es muy necesario contar. Durante algún tiempo nos pesaba mucho que nos volvieran a preguntar por el frío, el hambre y el miedo, todo el tiempo, y muchas veces dijimos: ‘yo no quiero hablar más del hambre, el frío y el miedo, tantas veces lo hemos dicho’; sin embargo, no fue suficiente. Porque otras voces funcionaron. Y otras voces decían que no pasamos hambre, que no pasamos frío, y que si teníamos miedo era porque éramos chicos, y no estábamos preparados para la guerra. Y eso llevaba a que la guerra la habíamos perdido porque éramos chicos. La guerra no se perdió porque éramos chicos, la guerra se perdió porque había un gobierno traidor y genocida (...). El tema de Derechos Humanos, el tema de la Dictadura, sirve para pensar la Argentina hacia atrás, hacia lo que pasó, para que nunca más vuelva a pasar. El tema Malvinas sirve para pensar el futuro (...). Porque si el tema Malvinas no se discute como posibilidad de futuro, efectivamente nos estamos perdiendo una parte central de la historia reciente, y estamos perdiendo una oportunidad extraordinaria, que es la de escuchar a los protagonistas de la historia” (6)

preguntas 5 / historia de Jornadas 5 / relatos 4

¿Cuál es la historia que escuchamos sobre Guerra y Posguerra de Malvinas? ¿Es Malvinas sólo un nombre vacío de contenido que se nombra reiteradamente sin profundizar en la temática? ¿Se conocen los hechos reales narrados por los protagonistas o sus familiares? ¿Hay coincidencia entre la historia oficial y los relatos de los ex combatientes y/o de sus familiares?

Es posible pensar que los relatos -cuantos más, mejor- viabilizarán el logro de una polifonía que asegure la instalación del tema aún pendiente en la sociedad, en la educación. Si estas historias personales sobre la guerra y la posguerra de Malvinas no circularan, la sociedad seguiría manteniendo aquel imaginario colectivo conformado por entonces, 1982, por la influencia ejercida por los medios, tomando sólo la palabra oficial claro, con la manipulación de la información y la mentira instalada.

Ha quedado evidencia acerca de la contradicción existente entre “la historia oficial” -según la cual los Generales se “interiorizaron acerca de las diversas necesidades de las tropas argentinas de guarnición en las islas”, de acuerdo a la información emanada de la Junta Militar el 15 de abril, por ejemplo- y los relatos de los ex combatientes que constituyen verdaderas fuentes orales para construir la historia, la historia que las voces de los protagonistas narran en otra versión de los hechos: la de la trinchera, los horrores y las penurias cotidianas de la guerra, no padecidas por los altos mandos militares confortablemente establecidos en sus puestos en el continente, y también la dureza de la indiferencia y el silenciamiento al regreso, y durante los 25 años de posguerra que se cumplieron en abril 2007…

“Hablar de Malvinas no es algo que nosotros podamos negar, porque en realidad hablar de Malvinas es la razón por la cual nuestros compañeros y nosotros estamos vivos, es decir, nosotros tenemos la obligación de hablar de Malvinas. El legado de hablar de Malvinas. Con mayor o menor dolor, con mayor o menor conciencia, pero el hecho de que por lo menos esta es una deuda que creo que los ex combatientes, en nuestra infinita variedad de pensamientos, compartimos. El legado de hablar de Malvinas es la razón por la cual seguimos vivos (…) La reflexión que los excombatientes hicimos posteriormente a la guerra es una reflexión que es única, que ni los cientistas sociales ni los profesores ni los historiadores ni los sociólogos ni los narradores ni nadie se encargó suficientemente. Entonces los excombatientes tuvimos que hacernos cargo de pensar por qué había pasado lo que había pasado, qué sentido tenía que nos hubiesen llevado a los 18 años a la guerra, y qué sentido que a los 18 años y 74 días nos hubiesen dicho que no teníamos que hablar más de la guerra. Y tuvimos que salir a pensarlo, y tuvimos que salir a pensarlo con lo que nosotros teníamos, lo que no decían los libros, con lo que no decía el poder político, con lo que no decían los medios, o a contrario de lo que decían los medios.( …) Es un absurdo que la Historia no hable de lo que pasó; es un absurdo que la Geografía, que la Economía, que la Sociología; que no hablen de lo que pasó en esa Argentina hace 24 años, y que indefectiblemente cambió la historia argentina y le produjo un quiebre en esta sociedad, que posibilitó efectivamente que un proyecto triunfante en lo económico y en lo militar, como era la dictadura más genocida de la historia argentina, se cayera y se destruyera históricamente, porque en realidad no pudieron dar cuenta de por qué habían perdido una guerra si eran todopoderosos. Malvinas significó el derrumbe del proyecto más genocida de la historia argentina. Significó que se perdieran las razones por las cuales los militares eran una opción para el gobierno y para tomar el poder. Nunca más nadie puede pensar que un militar argentino puede ser gobernante después de Malvinas. Pero eso pasó por Malvinas, no pasó por el Proceso. El modelo que desapareció a 30 mil argentinos, a mucha gente le sigue pareciendo que es un modelo triunfador, el modelo que llevó a perder una guerra a nadie le parece que es triunfador. Por lo tanto, el tema Malvinas sirve, y mucho, no sólo para pensar el presente de Argentina, sino que sirve, centralmente, para pensar el futuro. El tema de Derechos Humanos, el tema de la dictadura, sirve para pensar la Argentina hacia atrás, hacia lo que pasó, para que nunca más vuelva a pasar…(…) Pero también hablar de la belleza que hubo, de las alegrías que hubo, de los momentos buenos que hubo, de los recuerdos gratísimos que tenemos, más allá de los dolores que sentimos. Y en ese sentido me parece que no podemos, no debemos callarnos. Y que cuando nos callemos es porque efectivamente el legado lo pudimos pasar, y hay una voz social, una conciencia colectiva… (7)

preguntas 6

Entonces, a esta altura del relato, es necesario retomar todas las preguntas, ordenarlas, reescribirlas…

¿Cuál es la historia que escuchamos sobre Guerra y Posguerra de Malvinas? ¿Es Malvinas sólo un nombre vacío de contenido que se nombra reiteradamente sin profundizar en la temática? ¿Se conocen los hechos reales narrados por los protagonistas o sus familiares? ¿Hay coincidencia entre la historia oficial y los relatos de los ex combatientes y/o de sus familiares?

¿Emerge el tema Malvinas en nuestra sociedad y en nuestro sistema educativo, más allá de las efemérides? Si fuera así ¿cuál es el tratamiento de la temática? ¿Sobre qué fuentes? ¿Cuál es el encuadre histórico, político, económico, cultural, educativo, social, en que se incluye en Argentina y en el concierto internacional el episodio bélico de Malvinas 1982?

¿Quiénes narran actualmente una guerra que duró 74 días, además de los testimonios de sus ex combatientes? ¿Quiénes dan cuenta de una posguerra que lleva 25 años silenciada? ¿Quiénes tienen la palabra en este tema: los medios…los educadores… los políticos…los artistas…otros…?

Y ¿quiénes escuchan? ¿Escuchan la sociedad y el sistema educativo los testimonios de los protagonistas de la guerra y de la posguerra? Y si así fuera, ¿cuáles son las acciones de la sociedad y del sistema educativo a partir de esa escucha?...

¿Está el tema Guerra y Posguerra de Malvinas incluido en la normativa legal vigente del Área educativa para su enseñanza y su aprendizaje?... ¿A quiénes queda reservada esta enseñanza? ¿Sólo a los historiadores e investigadores académicos? ¿Podrían contribuir a enseñar este tramo de la Historia los protagonistas de los hechos a través de sus relatos?...

La Educación tiene por sustancia el conocimiento. En el sistema educativo vigente ¿es la Comunicación Oral entendida como mediación posibilitante de construcción de conocimiento? ¿Cuál es el lugar que ocupa actualmente la metodología de historia oral en el sistema educativo formal, universitario y no universitario? ¿Se consideran las fuentes orales como productoras de conocimiento? ¿Reconoce la Academia este tipo de producción de conocimiento?...

¿Existen experiencias de educación no formal brindadas de modo sistemático por ex combatientes en las instituciones educativas formales? ¿Hay programas o investigaciones realizados desde el campo de saber de la psicología, respecto del tema Guerra y Posguerra de Malvinas incluido en la educación?…

Conclusión
Falta aún narrar Malvinas mucho más de lo ya narrado; multiplicar exponencialmente los relatos testimoniales; instalar el tema para producir colectiva y masivamente el debate pendiente; y falta aún dejar pasar Malvinas por la escucha, con toda la sensorialidad despierta que permita que el tema permee nuestras corazas defensivas, nuestras potencialidades cognitivas y nuestra propia manera de apropiación de una experiencia de vida de otros sujetos sociales, que hoy continúan su vida y las vidas de sus familiares y amigos en una lucha continua por ser escuchados, para generar una conciencia sobre los procesos socioculturales pasados y presentes, acerca de los cuales el conocimiento reflexivo crítico puede producir una transformación para el bien común.
Los autores de este trabajo sentimos y pensamos que en este desafío no puede estar ausente el Estado, desde la decisión política y la misión social principal de abordar la construcción de conocimiento incluyendo todas las voces.

(*) Este artículo fue publicado en “Palabras de Honor. Relatos de vida de soldados ex combatientes de Malvinas”. Tomo I - G.Clarke,J.Ghisiglieri,A. Sarno. Archivo Histórico del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. La Plata, 2007, pág. 515 a 531.

(**) Lic. Carlos Giordano, Director del Proyecto de Investigación, Fac.Periodismo y Comunicación Social, UNLP. giordano@perio.unlp.edu.ar
Notas
(1) Proyecto de Investigación “El rol de la Comunicación y Narración Oral en la construcción de procesos socio-históricos, visto a través de la política educativa en la enseñanza escolarizada, en un caso de historia reciente: Malvinas”. Programa de Incentivos del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, con asiento en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP. Dirigido por Carlos Giordano, coordinado por Susana Lino y compuesto por Ana Laura Gratti, Claudia Guidone, María Martha Castaño, Juan Manuel Montoya, Isabel Fraire, Martha Lagoa y Oscar Surraco.
(2) Aquí es imprescindible marcar una tensión que nos compone como equipo al respecto de este trabajo. La dirección está personalizada en Carlos Giordano, quien a la vez es ex combatiente de la guerra de Malvinas. Así, se mezclan reflexiones analíticas, relatos y testimonios que lo incluyen y lo tiene como protagonista. Pero esto, lejos de obstaculizarnos el análisis, es la decisión estética y narrativa que creemos más eficaz para revelar los cruces necesarios de atravesar en el desarrollo de una Historia completa.
(3) Carlos Giordano en las 1º Jornadas de Narración Oral “Identidad y Cultura. Narración Oral e Historia Oral. Malvinas: los protagonistas de la historia” La Plata, 13 y 14 Abril 2003.
(4) Diálogo entre Susana Lino y Carlos Giordano. Entrevista a Lic.Giordano el 28/5/2004 presentada como contenido pedagógico del Seminario Interdisciplinario “Narración oral en el campo de la Comunicación” en FPyCS/UNLP, que concluyó con una Jornada interna con exposiciones académicas vinculadas a Malvinas a cargo de alumnos del Seminario.
(5) Fernando Cola, cineasta platense, director del documental “Malvinas, la lucha continúa”, en 7ma.Jornada de Narración Oral en la FPyCS./ UNLP, “Posguerra de Malvinas. Su lugar en la sociedad y en la educación. Diálogo entre relato oral y relato audiovisual”, La Plata 7 de Abril 2006.
(6) Carlos Giordano. 7ma.Jornada de Narración Oral en la FPyCS./ UNLP, “Posguerra de Malvinas. Su lugar en la sociedad y en la educación. Diálogo entre relato oral y relato audiovisual”, La Plata 7 de Abril 2006.
(7) Carlos Giordano. 7º Jornadas de Narración Oral. “Posguerra de Malvinas. Su lugar en la sociedad y en la educación. Diálogo entre relato oral y relato audiovisual” La Plata, 7 de Abril 2006. FPyCS/UNLP.
*Autores
Carlos GIORDANO, Susana LINO, Ana Laura GRATTI, Claudia GUIDONE, María Martha CASTAÑO, Juan Manuel MONTOYA, Isabel FRAIRE, Martha LAGOA y Oscar SURRACO