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Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur
Personería Jurídica I.G.J. Nº 000679/00

Las tumbas de los soldados británicos, desde la perspectiva británica

El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte es una nación guerrera. Durante casi dos siglos ejerció su imperio sobre los mares del mundo, conquistando mercados y sometiendo pueblos. Muchas veces utilizó su diplomacia –de la que son maestros-, cooptando para sus intereses a las clases dirigentes nativas; y cuando esto no le alcanzó, utilizó a su poderosa armada de guerra.

En cada guerra que el Reino Unido emprendió, lógicamente, hubo muertos británicos. Y siempre la mayoría de sus caídos fueron enterrados en el propio lugar donde cayeron, salvo en 1982, ya que de los 255 caídos que declararon oficialmente, sólo 14 descansan en San Carlos, Islas Malvinas. Por eso, en casi todos los continentes existen cementerios de guerra británicos, con bandera británica, dólmenes, “memoriales”, obeliscos, etc. Todos en un formato estandarizado. Más de un centenar de estos cementerios se extienden por el mundo, y para su administración el Reino Unido cuenta con la Comisión de Tumbas de Guerra de la Comunidad Británica de Naciones (War Graves Comission of the Commonwealth), dependiente del Ministerio de Defensa británico.

¿Por qué los británicos no repatriaron los restos de sus soldados, y los sepultaron donde cayeron, salvo en Malvinas?.

Para responder a este interrogante, nos puede ayudar la lectura de Rudyard Kipling, poeta y novelista británico nacido en la India, conocido por sus poemas y relatos acerca de los soldados británicos, que ingresó desde muy joven en la Masonería en la Logia “Esperanza y Perseverancia Nº 782”, y galardonado como poeta con la Orden al Mérito, el Premio Nobel de Literatura en 1907, y nombrado en tres oportunidades como “Caballero de la Orden del Imperio Británico”.

En su obra “Graves of the fallen” (“Las tumbas de los Caídos”), Kipling rinde homenaje a los soldados caídos por el Imperio británico, y conmina a sus compatriotas a recordarlos mediante su sepultura en el mismo lugar donde cayeron. Para el poeta del Imperio, esto serviría para recordarles a las futuras generaciones británicas la voluntad inquebrantable de su Nación, y para la población local, un mensaje de advertencia de que por allí estuvieron los súbditos de Su Majestad, y que en cualquier momento pueden regresar.

Esto se hizo dogma en el Reino Unido, y lógicamente, como contrapartida, los británicos siempre trataron de evitar que sus enemigos hicieran lo propio.

La excepción fue la guerra de Malvinas, pues los británicos planificaron una “pequeña guerra”, que en el teatro de operaciones se transformó por momentos en pesadilla, con 22 buques fuera de combate y más bajas que las previstas, situación que decidieron ocultar mediante el secreto de los hechos bélicos por 99 años, ya que la desproporción de fuerzas a su favor y el daño sufrido no guardaron relación. Por eso dejaron 14 muertos sepultados en las Islas, tiraron a los gurkas al mar, y al resto se los llevaron al Reino Unido.

La tumba de los soldados argentinos, también desde la perspectiva británica

En el caso de los Caídos argentinos en Malvinas, las tropas británicas que integran la base militar emplazada en Monte Agradable, tuvieron la actitud respetuosa de construir el Cementerio de Darwin. Eso sí, alejado del principal centro poblacional de la Isla Soledad – Puerto Argentino-, y con la información que disponían en ese momento, por lo cual quedaron muchas tumbas sin identificación, a las que colocaron el epitafio “Argentine soldier known unto God” (“Soldado argentino sólo conocido por Dios”). El traslado e inhumación de los soldados argentinos fue supervisado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), quien avaló lo actuado.

El camposanto quedó a cargo de la administración de las fuerzas militares usurpadoras, dependiendo de su Ministerio de Defensa.

Y aquí corresponde aclarar la actitud dúplice de los británicos. Por un lado, las fuerzas militares y el Ministerio de Defensa británicos, que siempre manifestaron su enorme respeto por las tropas argentinas que tuvieron que enfrentar en 1982. Y por el otro, la Cancillería británica (Foreign Office), quienes respondiendo a los intereses de su política internacional, intentaron durante los primeros años de la postguerra que el Gobierno argentino aceptara el regreso de los restos de nuestros soldados al continente, con el fin de borrar todo vestigio de la decisión argentina de recuperar las Islas que nos pertenecen.

A esa maniobra la llamaron “repatriación”, como si el traslado de nuestros Héroes desde Malvinas al continente se pudiera considerar como el viaje de una nación a otra, lo que es absolutamente falso, pero lógico desde la perspectiva británica.

Primer intento por trasladar los restos de los Héroes al continente (década del 80)

La República Argentina carecía de experiencia en conflictos internacionales, como ya se dijo. Por lo tanto, no estábamos acostumbrados a pensar cómo debía ser un Cementerio de Guerra. Los familiares de los soldados fallecidos tenían otras urgencias espirituales que afrontar.
Y en esa confusión, como tantas veces en nuestra historia patria, hubo quien se sumó a la pretensión británica de trasladar los restos de los soldados argentinos hacia el continente. Por caso, podemos recordar la publicitada operación del padre de un Héroe Caído en Malvinas, que hace más de dos décadas viajó a Londres, primero, y a Malvinas, después, para cumplir con ese servicio a Su Majestad. Nos referimos a Isaías Lenín Giménez, padre del Héroe de la Fuerza Aérea, Primer Teniente (PM), D. Miguel Ángel Giménez, abatido en Cerro Azul (Isla Soledad), el 28 de Mayo de 1982, a bordo de su Pucará.

Isaías Lenín Giménez creó la fundación “Héroes de Malvinas”, recaudó dinero entre muchos familiares de los Héroes Caídos en Malvinas con la promesa de gestionar un viaje colectivo a las Islas, y se fue a conversar con funcionarios de la Cancillería británica para coordinar los aspectos de la “repatriación” de los restos. Una nota del Foreign Office dirigida a Giménez que tomó estado público, le recomendaba acelerar las gestiones acordadas para que los restos de los soldados argentinos volvieran al continente, pero el encargo fracasó por la reiterada negativa del Gobierno argentino a acceder a ello.

Segundo intento de traslado (década del 90)

Apenas iniciada la presidencia del Dr. Menem, la República Argentina reanuda las relaciones diplomáticas con el Reino Unido. Isaías Lenín Giménez vuelve entonces a la carga con “su” iniciativa de “repatriar” los restos de los Héroes argentinos sepultados en Darwin, realizando una presentación ante el primer Canciller designado por Menem, el Dr. Domingo Felipe Cavallo.

En una entrevista concedida en 1990 a un periódico de ex combatientes de Malvinas, el Dr. Cavallo hizo referencia a la iniciativa de Giménez, la que tendría su beneplácito por “razones humanitarias”. Los dos entrevistadores, ambos veteranos de guerra, le manifestaron al entonces Canciller que los veteranos de guerra no estaban de acuerdo con el curso de la política exterior respecto a la cuestión Malvinas, pero que sus consecuencias se podrían evaluar en el futuro, ya que así son las reglas de la democracia. Pero que de ninguna manera los familiares de los Héroes Caídos, ni los veteranos de guerra de Malvinas aceptarían la exhumación de los restos de los soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin, pues su verdadero propósito era cumplir con los deseos británicos.

El sentimiento que prevaleció en los familiares fue que la mejor manera de rendir homenaje a sus seres queridos, era enterrarlos en la tierra por la que habían peleado, donde encontrarían la honra y recordación eterna por parte de todos los argentinos.

Los argumentos humanitarios esgrimidos por los británicos, en el sentido que el traslado facilitaría el proceso del duelo a las familias argentinas, fueron percibidos por éstas como un encubrimiento de la intención por borrar todo vestigio de la voluntad argentina por recuperar las Islas.

Se propuso, en cambio, que los británicos manifestaran sus intenciones humanitarias permitiendo la realización de viajes periódicos al Cementerio de Darwin, por parte de los deudos de los soldados argentinos yacentes en Darwin.

En consecuencia, los familiares de los caídos argentinos aplicaron el mismo criterio que utilizan los británicos para con sus caídos. La dimensión humanitaria se cumplió reconociendo el derecho de sus hombres a seguir ocupando la tierra cuya defensa les costó la vida.

Inicio de los viajes de los Familiares de los Caídos al Cementerio de Darwin

Así nació la idea de realizar los viajes de los familiares de los Héroes Caídos a las Islas, a través de una decisión sólidamente planteada por ellos mismos.

Efectivamente, en marzo de 1991 se organizó -bajo la mediación del Comité Internacional de la Cruz Roja-, el primer viaje de los Familiares de los Héroes argentinos Caídos en Malvinas al Cementerio de Darwin. Viajaron 381 familiares, convocados por la Subsecretaría General de la Presidencia de la Nación, participando activamente en su organización la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur y las organizaciones representativas de los combatientes en Malvinas a nivel nacional.

Según declaraciones de Edmond Corthésy, Delegado General Adjunto del CICR para América Latina que supervisó personalmente la operación: “Los familiares tuvieron la iniciativa y sugirieron que el CICR facilitara las acciones; nosotros instábamos a las partes para que se realizara la visita a fin de ayudar a los familiares en su proceso de duelo; era una cuestión humanitaria.” Y concluye: “A pesar de que las tratativas para realizar esta visita se habían iniciado mucho tiempo antes, fue posible recién casi diez años después de finalizado. Pero quiero resaltar que, cuando llegó el momento, fue muy emocionante e importante y, por los comentarios y el agradecimiento de los familiares cuando volvíamos de las islas, fue, en cierto sentido, reconfortante.”

A partir de allí, no sin dificultades, se realizaron hasta marzo de 2003, 23 viajes más al Cementerio de Darwin, -y dos a la zona del hundimiento del Crucero A.R.A. “General Belgrano”-, co-organizados por la Dirección General de Malvinas y Atlántico Sur de la Cancillería argentina, la Comisión de Familiares de Caídos y la entonces activa Comisión Nacional de Ex-Combatientes de Malvinas, dependiente del Ministerio del Interior, constituyendo la única presencia permanente de los argentinos en nuestras islas durante la postguerra.

La construcción del Monumento a los 649 Héroes de Malvinas y del Atlántico Sur

Luego vendría la iniciativa de los Familiares de los Caídos de construir un Monumento en el Cementerio de Darwin, propuesta a fines de 1998, y cuya gestión inicial se realizó ante los representantes de la potencia ocupante, luego de numerosas presentaciones desechadas por el entonces Canciller Guido Di Tella.

El embajador británico en Buenos Aires, Alfred Mardsen, contestó a los familiares de los Caídos en carta fechada el 6 de enero de 1999, que había consultado a sus superiores, quienes le habían respondido afirmativamente sobre la posibilidad de erigir el Monumento en memoria de los soldados argentinos, en el Cementerio de Darwin.

El Monumento a los Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur tardó seis años de arduas e incesantes gestiones en construirse. Los pormenores de su concreción ya han sido relatados en otras oportunidades, por lo que obviaremos de hacerlo en ésta. Sin embargo, vale reiterar el esfuerzo personal y grupal inmenso que significó para los Familiares de los Héroes Caídos, que lo realizaron a través de aportes privados, el asesoramiento permanente de la Dirección General de Malvinas y Atlántico Sur de la Cancillería argentina, y el acompañamiento espiritual del pueblo argentino, en un contexto por demás complicado de nuestra historia reciente.

Tercer intento de traslado de los restos de los Héroes (en la actualidad)

El 8 de abril de 2004 concluía el esfuerzo de los Familiares de los Héroes por erigir el Monumento en el Cementerio de Darwin, con su instalación definitiva. Un año después, en marzo de 2005, las autoridades de la Comisión de Familiares de Caídos viajaron a la Isla Soledad con el apoyo de la Cancillería argentina y de Eduardo Eurnekián para verificar el final de la obra, y en esa oportunidad se plantea ante las autoridades de la potencia ocupante, la necesidad de organizar el acto de inauguración, con la presencia de –por lo menos- un familiar por cada Héroe Caído.

Los propios británicos definen a la construcción del Monumento a los Soldados Argentinos Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur como un hecho inédito y extraordinario en la historia universal. Nunca antes se había logrado que dos naciones que sostuvieron una guerra por un territorio, subsistiendo las razones de esa conflagración –la disputa por la soberanía -, pudieran ponerse de acuerdo en permitir la construcción de un Monumento en memoria de los soldados Caídos, pertenecientes al ejército derrotado por la vía armada, en el propio territorio en disputa, y que se encuentra bajo administración del ejército vencedor. Nunca antes.

Es, sin lugar a dudas, el triunfo de un gesto humanitario. Pero también, de la tenacidad de los hombres y las mujeres que, a pesar de haber perdido un ser querido en la guerra, lograron superar su dolor y su pérdida, convirtiéndola en ofrenda de amor para Ellos, pero también para el conjunto de los argentinos.

Sin embargo, lejos de reconocer este acontecimiento extraordinario de dignidad y tesón, algunos sectores reinciden en el propósito de trasladar los restos de los Héroes argentinos, desde la Argentina insular hasta la Argentina continental.

Ya no argumentan como lo hiciera la diplomacia británica e Isaías Lenín Giménez, sobre la necesidad de “repatriar” los restos. Ahora se utilizan argumentos tales como “el derecho a la identidad” y la necesidad de investigar eventuales “violaciones de los derechos humanos”, que habrían sido cometidas por militares argentinos contra sus propios subordinados.

Los actuales reclamos de remoción de los restos y su identificación, aparecen desde portavoces que nunca antes se habían manifestado sobre el tema, y no incluyen a familiares de los Caídos en Malvinas.

Fue en ocasión de cumplirse el 25 aniversario de la guerra de Malvinas que un conocido periodista, Jorge Lanata, viajó hasta la Isla Soledad para escribir notas relacionadas con el Cementerio argentino de Darwin. ¿Acaso para elogiar la proeza de los Familiares de los Héroes Caídos o para honrar la memoria de los que dieron sus vidas? No, viajó para escribir acerca del supuesto “abandono” en que se encontraría el Cementerio donde yacen gran parte de los Caídos argentinos. Las propias fotos tomadas por Lanata y publicadas en un periódico semanal, daban cuenta del excelente estado de conservación del Cementerio, desmintiendo sus dichos.

Sucede que el Cementerio de Darwin ha cambiado su fisonomía con la construcción del Monumento a los Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur, cuyos materiales –hormigón armado, pórfido patagónico y granito negro absoluto-, son de una inmensa perdurabilidad, estimándose su proceso de desgaste en trescientos años.

Para el mantenimiento del Cementerio de Darwin y del Monumento, la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas gestionó exitosamente hacerse cargo del mantenimiento, que consiste básicamente en pintar de blanco cada año las Cruces de lapacho que se colocaron en lugar de las anteriores Cruces y cortar un poco la escasa hierba que crece en la zona. Esto es conveniente realizarlo luego del invierno, ya que el deterioro de la pintura se produce con los vientos, lluvias y heladas que afectan a Malvinas y al resto de la Patagonia.

Lanata estuvo en la Isla Soledad durante el otoño de 2007, previo al invierno, y comprobó que un par de Cruces se encontraban con su pintura descascarada, lo que se revirtió al finalizar esa estación.

Sin embargo, Lanata solo se ocupó en sus artículos periodísticos en denostar el Monumento, denunciando su estado “deplorable”, y dando pie a reflexiones auto-denigratorias, sobre la “porquería inmunda” que somos los argentinos.

Lanata, a nuestro entender, realizó una maniobra que los soldados de Malvinas pudieron aprender en el campo de combate, cuando desde el inicio del arribo de la flota británica, las fragatas enemigas iniciaron su fuego de artillería sobre las posiciones argentinas. Lo hicieron sistemáticamente, no tanto para pegar a un objetivo concreto, sino para “ablandar” las posiciones nacionales, con el fin de desmoralizar a nuestras tropas. Lanata intenta desmoralizar a todos los argentinos.

Poco tiempo después, el historiador Federico Lorenz – acompañado por sus amigos del Centro de Ex Combatientes de La Plata-, viajó a Malvinas y escribió sus impresiones, editadas por uno de los principales periódicos de nuestro país.

Lorenz afirmó que la mayoría de los soldados argentinos sepultados en Malvinas no están identificados, y el hecho de que muchas de las lápidas tengan la leyenda “soldado argentino solo conocido por Dios”, es una injuria a su memoria asimilable a la practicada por la dictadura militar con los desaparecidos. Para revertir la situación, propuso junto al CECIM de La Plata, impulsar los “Juicios por la Verdad sobre Malvinas”, y encomendar al Equipo Argentino de Antropología Forense la identificación de los restos de los soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin, en la Isla Soledad, lo que define como un hecho muy importante en términos identitarios.

Simultáneamente a esta manifestación de Federico Lorenz – que reconoce articular su accionar con los británicos-, el CECIM de La Plata desplegó una intensa actividad para convertir su visión de la guerra de Malvinas en política de Estado. Entre las iniciativas de los ex combatientes platenses –quienes se definen como “anti-héroes”, según el título de una de sus publicaciones-, se encuentran:

a) La redacción de un ante-proyecto de Ley presentado ante la Cámara de Diputados de la Nación, para practicar pericias genéticas a fin de determinar la identidad de los cuerpos de los soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin, a la vez que dilucidar si cayeron por fuego enemigo o propio.

b) Co-organización junto al Ministerio de Defensa y al historiador Federico Lorenz, de una muestra en el marco del 25 aniversario de la recuperación de Malvinas, reduciendo la actuación de los soldados argentinos a la figura de un soldado estaqueado. La exhibición se concretó en la propia sede del Ministerio de Defensa, como parte de la conmemoración del 25º aniversario de la guerra.

c) Reunión y cooperación con la hija de la criminal de guerra Margaret Thatcher, Carol Thatcher, para la elaboración de su documental “The mamy’s war” (“la guerra de mamá”), que fuera presentado en Londres en 2007, como parte de la celebración de la victoria británica y la “liberación” de las Falkland de las bestias argentinas, según la versión inglesa. Los integrantes del CECIM La Plata calificaron a Carol Thatcher como una “loca linda”, le prometieron comer un asado en su sede platense, y compartieron gratos momentos en su viaje conjunto a las Islas Malvinas, como parte de la producción del largometraje que reivindica a la genocida anglosajona.

e) Organización de viajes periódicos a la Isla Soledad, por parte de integrantes de su Centro, financiados por la Municipalidad de La Plata, con el propósito de realizar operaciones de prensa tendientes a reclamar la exhumación de los restos de los soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin, denunciar los vejámenes sufridos por sus superiores durante el conflicto, y entrevistarse no tan secretamente con las autoridades ilegítimas de las islas para coordinar sus políticas futuras, en especial el traslado de los restos de los soldados argentinos al continente.

Cada cual juzgará desde su perspectiva, el sentido de las acciones descriptas más arriba. No es nuestra intención emitir juicios de valor sobre sus personas, pero sí señalar la falsedad de sus argumentos y, lo que es peor, la gravedad de las consecuencias que acarrearían sus propuestas, tanto para los familiares de los Caídos, como para el interés nacional.

En principio, las razones esgrimidas están fundadas en un criterio discutible: la homologación de los Caídos en Malvinas con las víctimas del Terrorismo de Estado en la Argentina. Una política de Estado necesita expedirse sobre este punto y decidir dicha homologación o negarla, porque la decisión tiene consecuencias directas sobre nuestra política exterior, la calidad de los homenajes, el tipo de reconocimiento, la razón por la que se otorgan pensiones, etc.

A nuestro entender, la guerra de Malvinas no es comparable con el accionar criminal que se practicó desde el Estado en tiempos de la dictadura militar. No hay desaparecidos, ni secuestrados, ni detenidos ilegalmente, ni dudas sobre la identidad de las personas. Y, lo que es más importante, tampoco existen dudas – a excepción de una denuncia reciente, que se encuentra en etapa de investigación-, sobre los homicidas: las tropas británicas bajo las órdenes de Margaret Thatcher y su gabinete de guerra.

Escamotear esta realidad es exculpar a los verdaderos responsables de la empresa colonial –que siempre es criminal-, e inculpar a las víctimas del despojo y de la agresión.

Por lo demás, si lo Caídos fueran víctimas del Terrorismo de Estado, ¿los ex combatientes serían militantes que lucharon contra la dictadura?

Como se ve, pensar la Guerra de Malvinas dentro del contexto del Terrorismo de Estado y de las políticas de defensa de los Derechos Humanos que se derivaron de él, hace desaparecer el nudo del conflicto territorial por la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, que aún persiste con el Reino Unido, y cuya reivindicación tiene actualmente rango constitucional.

En consecuencia, es necesario decidir dónde ubicamos la cuestión de la guerra de Malvinas, en las reflexiones del presente:

1. Si – como lo viene sosteniendo todo el andamiaje institucional y legal del Estado argentino-, es en el campo de las consecuencias de un conflicto bélico sostenido por la República Argentina contra una potencia extranjera, por la Soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, entonces los Caídos y los ex combatientes nacionales son sujetos de la defensa de la Soberanía. En este caso, toda violación a los Derechos Humanos debe remitirse al Derecho Internacional Humanitario, a las Convenciones de Ginebra, lo que obliga a investigar y hacer Justicia con los comportamientos violatorios en que ambas partes hayan incurrido.

2. Si es en el campo del Terrorismo de Estado como víctimas de la dictadura militar, entonces los Caídos y los ex combatientes argentinos son objeto de la defensa de los Derechos Humanos, y debe aplicarse el Derecho Penal Argentino.

Los familiares de los Caídos en Malvinas y una inmensa mayoría de los ex combatientes de Malvinas, entendemos que tampoco se puede reducir exclusivamente la guerra de 1982 a las intenciones de la dictadura militar, porque eso sería ignorar el sentido que le asignó – y le asigna- el pueblo argentino a la reivindicación de una Causa justa, ignorar la historia del despojo británico, y renunciar a reflexionar sobre las lecciones que nos dejó el evento –tanto negativas como positivas-, además de menospreciar la memoria de los 649 Héroes que allí cayeron.

Pero al margen de estas reflexiones obligadas, es necesario señalar con absoluta claridad, las omisiones y engaños que encierran los reclamos de Federico Lorenz y el CECIM de La Plata, con el propósito de realizar la exhumación de los restos de los soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin.

Por empezar, no es cierto que los soldados argentinos que cayeron en Malvinas estén sin identificar. Todos los Caídos por Malvinas están identificados, indubitablemente. Las Leyes Nacionales 24.950 y 25.424 registran fehacientemente a quiénes cayeron en el conflicto de 1982, declarándolos “Héroes Nacionales”. Nadie en la República Argentina, ni en el Reino Unido, ni en el resto de la comunidad internacional – como el Comité Internacional de la Cruz Roja-, ha puesto en dudas esa nómina de Caídos argentinos.

Sí es cierto que en el Cementerio argentino de Darwin hay tumbas en que figura la leyenda “Soldado argentino sólo conocido por Dios”, como consecuencia de la ausencia de información con que contaban los británicos al momento de la exhumación de los restos en los diferentes campos de batalla para así evitar el establecimiento de "tumbas de guerra" (según el Derecho Internacional Humanitario) dispersas por todo el archipiélago y poder concentrarlos en un solo lugar, a 80 km de la única localidad de las Islas Malvinas. Pero ello no genera dudas – como pretende Lorenz y el CECIM de La Plata-, sobre quiénes dieron sus vidas por todos nosotros. Sabemos muy bien quiénes están sepultados en el cementerio de Darwin, aunque en una cantidad de casos no sabemos en cuáles tumbas se encuentran sus restos, porque no fuimos los argentinos quienes los enterramos allí, sino los británicos tres años después de sus decesos.

No es necesario, entonces, la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense para que realice ninguna identificación, que por otra parte no se podría realizar sin el traslado de los restos de los soldados argentinos al continente, ya que en las Islas se carece de los recursos tecnológicos e instalaciones para ello.

Por otra parte, es falso que exhumando los restos de los soldados argentinos pueda verificarse la autoría del victimario. Las municiones argentinas y británicas eran idénticas, mientras que “el fuego amigo” de artillería –lamentablemente-, también es parte del desarrollo del combate, en ésta como en cualquier guerra.

Y aquí podemos comenzar a entender las verdaderas intenciones del pedido de investigación de Lorenz y del CECIM de La Plata, sean concientes o no de sus consecuencias. Se trata, ni más ni menos, que del cumplimiento del antiguo y sempiterno interés de un influyente sector del poder británico por trasladar los restos desde las islas al continente.

La posibilidad –no verificada-, que alguna familia de un Caído solicitase la identificación de los restos de su ser querido, plantea un problema insuperable: obligaría a remover todas las tumbas sin identificar en el Cementerio de Darwin, lo que retrotraería el proceso de duelo que han logrado construir la mayoría de los familiares, tanto en los que no tienen a sus caídos identificados, como a los que sí los tienen.

Conclusiones

Quienes hemos perdido un ser querido en Malvinas, solo queremos que Ellos descansen en Paz, en el lugar por el que pelearon y dieron sus vidas, y que el pueblo argentino, el de hoy y el de mañana, les rinda el homenaje que merecen.

Han pasado 26 años de nuestra pérdida, y nos ha costado enormes esfuerzos e inmensos sufrimientos hacer nuestro duelo. Hemos tenido que enfrentarnos a lo irreversible, sintiendo que esa ausencia jamás se podrá llenar. Para muchos, la Fe ha sido un bálsamo, y hasta llegamos a rezar por nuestros enemigos. Organizamos 23 viajes a Malvinas y 2 a la zona donde fuera hundido el Crucero “Gral. Belgrano”, y tras casi seis años de gestiones, logramos erigir un Monumento en el mismo Cementerio de Darwin, donde figuran los nombres de cada uno de los 649 Héroes Nacionales, hayan caído en tierra, mar o aire.

En las placas de granito están todos, sin excepciones, por orden alfabético y sin distinción de grado, pues todos tienen la misma estatura espiritual. Todos ellos son nuestros muertos. En más de una ocasión, la madre que no encontró la tumba de su hijo identificada, adoptó una tumba cualquiera, y lloró y rezó sobre ella, sabiendo que en unos metros más, o menos, su hijo está allí.

Así construimos nuestro duelo.

Remover los restos de nuestros seres queridos sepultados en el Cementerio de Darwin, sería reavivar nuestro dolor, para fines que nadie pidió y cuyo cometido solo puede satisfacer a los intereses de quienes ocupan ilegítimamente nuestro territorio. Es decir, sería equivalente a matarlos por segunda vez. Primero lo hicieron las fuerzas británicas, físicamente; hoy lo estarían haciendo espiritualmente, aquellos que se subordinan al poder imperial.

La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas lamenta que algún sector no haya comprendido el verdadero significado de haber podido construir el merecido homenaje a todos los que dieron sus vidas, más allá de que estén o no identificados en el sepulcro.

Cuando se habla de Justicia, la única posible es que recuperemos definitivamente lo que nos corresponde, las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Este es el Reconocimiento Histórico que esperan quienes dieron sus vidas y los que la pusieron en juego, los que tozudamente siguen afirmando, a un cuarto de siglo, que el esfuerzo realizado valió y vale la pena.

Nuestros seres queridos de ninguna manera son sólo nuestros, de sus familiares. A partir de haber sido declarados “Héroes Nacionales” son de todos los argentinos. Siempre lo fueron. La cuestión es comprender que no sólo dieron la vida por sus familias, sino que la dieron por la Patria, de la cual todos somos parte. Aunque algunos se pongan en la vereda de enfrente.