La Velocidad
Imanol Subiela Salvo
Lo que suena

La Velocidad

El Ataque De Los Barriletes
(Mandarina Records, 2015)

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Menos es más.


Sí, menos es más. En todo proceso creativo la clave para alcanzar la belleza en la producción final es poder sacar lo que está demás. “Depurar” la obra.


Algunos exponentes del rock -género que desde hace años se encuentra en una relativa crisis de creatividad e identidad- han decidido eliminar algunos elementos de sus composiciones para poder darle originalidad a sus obras. Por ejemplo, Charly García decidió quitar la nota que define si un acorde es mayor o menor. El músico sacó la tercera nota de los acordes de todas sus canciones y así logró que sus obras muestren una tensión que nunca antes se había escuchado. Además llevó esas músicas al escenario del Teatro Colón, un terreno que no está habituado al rock. Es decir, eliminó lo que estaba demás y también eliminó el tradicional escenario de rock.


Mientras García borraba notas, desde la ciudad de La Plata apareció El Ataque De Los Barriletes (EADLB), una banda que entendió que la eliminación era la clave de la creatividad: no usan guitarras. En medio de una época en la que abundan las bandas platenses “guitarreras”, fundadoras de la nueva camada del rock, con El Mató A Un Policía Motorizado a la cabeza, este trío decidió eliminar al instrumento ícono del género: la guitarra.


Francisco Cadierno (bajo y voz), Nahuel Acosta (teclados y coros) y Víctor Amoresano (batería) le ponen fin a la presumida tiranía de las seis cuerdas para dar lugar en su segundo disco, La Velocidad, a otros sonidos que suelen quedar en segundo plano para el rock más crudo, como son el cello, la viola, el violín, la trompeta y el corno.


Es posible pensar que estás líneas contienen una gran contradicción, ya que se sostiene que menos y más y luego se hace mención de la cantidad de instrumentos que EADLB sumó a su segundo álbum en comparación con el primero: la ópera prima de la banda sólo se limitó a la tríada bajo, batería, teclados. Sin embargo, a lo que se apunta con “menos es más” es a que menos de lo mismo es más. Cuando García eliminó la tercera nota de sus acordes decidió interpretar sus versiones con una orquesta. Menos notas (o menos guitarras), más músicos, más creatividad.


La Velocidad es un disco que está repleto de mixturas. Incluye canciones como “Un Laberinto”, que tiene un ritmo rockero, sin lugar a dudas. Pero también hay otras, como “El Placer de Estar Perdido” y “Lago de Burbujas”, en donde queda plasmado un aire de dramatismo y hasta pareciera que se hace presente el fantasma de Parte de la Religión, ese disco que García grabó en solitario y que incluyó canciones como “El Karma de vivir al Sur” y “Adela en el Carrusel”.


“Otro Lugar” y las ya mencionadas "Lago de Burbujas" y “El Placer de estar Perdido”, son las canciones que dan cuenta de la inclusión de nuevos instrumentos, manipulados por Maricel Turkovich (cello), Maite Unzurrunzaga (viola y violín), Mariano Colour (trompeta) y Angelina Murro (corno). Con esta colección de canciones, EADLB logra imponer una identidad que dista bastante de la del indie platense, que suele priorizar otros sonidos -el noise, el shoegaze y el rock alternativo de los ‘90- antes que el de los instrumentos asociados a la música clásica y a la canción popular.


La Velocidad es un disco que denuncia el progreso del trio platense. Con solo siete canciones consolida una obra que se destaca del resto de las habitantes de la escena emergente de La Plata, gracias a la eliminación de las guitarras y por la búsqueda estética que posee a partir de la combinación de instrumentos, a priori, inconexos.


Con gran velocidad los barriletes atacan y logran agregarle notas al pentagrama de la creatividad.



*Reseñador

Imanol Subiela Salvo nació en octubre de 1994. Es periodista y ha colaborado en los sitios No Lo Vas A Leer, Punto Cero y Plazademayo; también en el suplemento Ni A Palos, del diario Tiempo Argentino. Además, estudia curaduría de artes en la Universidad Nacional de las Artes.