Éxtasis
Mariano Massone


Éxtasis, de Martin Villagarcía

(Eloisa cartonera, 2014)



El poemario “Éxtasis” de Martín Villagarcía se maneja en un registro parecido al de dos autores franceses del Siglo XX: Louis- Ferdinand Céline y Jean Genet. La “inmoralidad”, el retrato de esos seres desesperados que llenan su vida con sexo y drogas, el lenguaje de la violencia excesiva de amo-dominado es la experiencia creativa que nos muestra este poemario.


Otra referencia clara que podemos encontrar en este libro son esas notas al pie que explican los efectos del MDMA con un tono cuasi-científico que recuerdan las notas al pie de Manuel Puig cuando explicaba la homosexualidad y la bisexualidad en su novela El beso de la mujer araña.


Entonces, este libro, formado por esa constelación de autores padres o tíos (ya que todos sabemos que las tradiciones literarias se “contagian” de tíos a sobrinos y no de padres a hijos) conforma un espíritu de época: el sexo después de la revolución sexual y sus límites cognitivos.


Como aquel desesperado de Memorias del subsuelo de Dostoievski, el yo poético que crea Martín Villagarcía es un ser sin esperanzas. La única manera que encuentra de realzar su ego ese yo poético es en la multiplicidad de los amores, de la escatología, de la relación libidinal destructiva. Entre las tucas, la keta, la merca, el MDMA, las pastillas el autor genera un cóctel explosivo de la revolución sexual desbordada por sí misma.


La segunda parte de este libro El señor es mi pastor posee un tono más confesional, como si ese yo poético descubriese otro para contar todos sus pecados de sexo múltiple. Sin embargo, esa relación confesional con el otro no deja de ser violenta: mientras el yo expurga todos los pecados, el señor se muestra como un amo siniestro, maquiavélico, un pastor totalitario.


Estos dos momentos del libro muestran, en una primera instancia, los límites de la revolución sexual y su desborde autodestructivo y, después, un lugar para confesional donde el señor, pastor confiere la figura de Otro totalitario donde expurgar y hacer el pésame de los “pecados” sufridos durante esa revolución sexual autodestructiva.


En los dos momentos la violencia simbólica reina, en los dos momentos se busca una redención verdadera que nunca llega. Quizás, como esa Genet que buscaba el milagro de la rosa entre las paredes del presidio, el yo poético de Martín Villagarcía busca algún tipo de redención que lo vuelva humano demasiado humano.


Y aquí podemos hacer referencia a la novela italiana por antonomasia que es La Divina Comedia del Dante: Si en un primer momento tenemos el infierno de ese yo poético, en su segundo momento tenemos el purgatorio. La obra, para ese yo poético, aún carece de cielo.



*Reseñador

Mariano Massone nació en 1985 en Luján. Es profesor y licenciado en Letras. Vive con su novio Marcos y su hija gatuna Marina.