El Hombre de mi vida
Primer octubre del año del Gran Amor
Mariana Lerner


El febrero pasado, poco antes de cumplir años, fui a una bruja en el conurbano bonaerense. Ella me dijo que conocería en octubre al Hombre de mi vida. Esperé la llegada de ese mes desde entonces.

Cuando comenzó, confeccioné con pasión sistemática un registro diario de los hombres que aparecieron en ese período. Cada uno me hizo pensar -al menos por un momento- que él era el Hombre de mi vida.


Octubre me dejó muchas cosas, entre ellas, una serie de pensamientos de tiro más bien corto. Así, algunos días de noviembre llegué a:

Mi fantasía es una hija bastarda de la realidad.

Mi mundo interior es un búnker cálido que me preserva de la mediocridad y de la intemperie que me rodea.

Mi reino es vasto y lo componen las profundas tierras de la ensoñación.

Mi tesoro está oculto adentro, muy lejos dentro mío.

Mi tesoro es individual.

Mi tesoro soy yo.

Mi tesoro es mi relato.

Soy mi propia ficción.


Y después pensé:

Mi secreto se construye con ruido y con silencio.

Es eficaz.

Se usa en la casa de la mente y del corazón y se fabrica masivamente y a medida.


Y:

Mi tesoro es estándar.

Mi relato es una copia.

Mi reino no es mi reino.

Soy común.