Estatismo Químico. Por un mercado libre de drogas.
Luis Diego Fernández


“El diseño que aceptamos como ‘realidad’ ha sido impuesto por la fuerza que domina este planeta, una fuerza especialmente orientada hacia el dominio absoluto – Para retener el mando han decidido monopolizar y desactivar las drogas”.

William S. Burroughs, Expreso Nova



La singularidad de Thomas Szasz (Budapest, 1920- New York, 2012) da cuenta de la relevancia de un médico psiquiatra que arremete contra el freudismo y su dispositivo: el psicoanálisis. Sin precedentes de lustre, la aproximación de Szasz se construyó a partir de dos libros capitales: El mito de la enfermedad mental (1961) y Nuestro derecho a las drogas (1992). Es un territorio el del ‘mundo psi’ donde miradas liberales y libertarias (usaremos el término en la acepción del libertarismo, filosofía propia de Estados Unidos que define un anarquismo con incrustaciones liberales) no tienen mucha cabida por múltiples razones que no vienen al caso mencionar. Por ello, de acuerdo a la lógica obligada, la psicología, psiquiatría y el psicoanálisis vieron rápidamente a Szasz como a una deformación o una falla en la matriz. En una tradición como la del libertarismo estadounidense con un alto número de economistas en sus primeras líneas, la presencia de un psiquiatra lo torna más susceptible de observación. A menudo instalado como teórico y bandera de lo que se conoció como el movimiento de ‘antipsiquiatría’ que mencionó Michel Foucault en sus cursos de fines de los setenta, el Dr. Szasz consideraba que toda hospitalización involuntaria es inmoral. Rareza en una superficie donde la izquierda paquidérmica suele hacer pie con facilidad, la filosofía del húngaro fue muy bien recibida por experimentadores como Antonio Escohotado.


El libro que propicia una visión radical sobre el tema de las drogas es el citado anteriormente: Nuestro derecho a las drogas. Su tesis fue palmaria: “la llamada guerra contra las drogas es una guerra contra el cuerpo y contra la propiedad”. En ese impecable texto, Szasz señala que beber y comer es más importante que votar y llama ‘totalitarismo terapéutico’ a la protección de prepo, forzada, por parte del Estado a quienes ‘abusan’ del consumo de drogas. Ahora bien: ¿por qué deseamos las drogas? Las razones pueden ser múltiples: para mitigar dolores, para curar enfermedades, para cambiar de ánimo, para sentirnos mejor, para relajarnos, para divertirnos, para romper la identidad y jugar a otra. Dice Szasz: “hemos perdido el derecho sobre nuestros cuerpos”. La autopropiedad corporal es de lo que se nos despoja cuando el Estado nos quita el derecho a las drogas. El economista y Premio Nobel Milton Friedman, más conocido por ser uno de los padres intelectuales del monetarismo –y repudiable por su apoyo al gobierno del dictador Pinochet en Chile-, abogó abiertamente por la tesis de Szasz. Tanto Friedman como otros intelectuales liberales (Revel, Sorman, Lipovetsky, Ayn Rand, Vargas Llosa) apoyaron un mercado libre de drogas. Justificar un mercado de drogas implica una legalización del producto y sobre todo un reconocimiento sobre la propiedad en general y la autopropiedad del cuerpo de cada individuo en particular. Vale decir: el derecho a las drogas, para la visión de Szasz, consiste antes que nada en reconocer una libertad que nos quitó el Estado.


¿Cuáles son las políticas públicas posibles sobre drogas? Tres son viables según nuestro pensador: 1) criminalizadoras, por ende, los consumidores deben ser castigados y tratados coercitivamente, 2) legalizadoras, donde el gobierno tiene el monopolio de la producción, distribución y comercialización del producto, y aquellos que abusen deben ser tratados como enfermos, 3) de mercado libre, en el cual la adquisición y uso de drogas no debe ser penalizado ni sus consumidores tratados coercitivamente y donde los productores son privados. Szasz apoya la tercera variante. El mal es lo que llama ‘estatismo químico’. Dice Szasz: “el abuso de las leyes contra las drogas mata a más personas que el abuso de drogas”. Y no le falta razón: la prohibición genera mafias, adulteración del producto, comercio ilegal, violencia, enfrentamiento entre carteles, enfermedades, falta de higiene, etc. Es posible comparar la guerra contra la obscenidad del siglo XIX y principios del siglo XX a la guerra contra las drogas del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Pornografía y drogas son dos mercados análogos en muchos sentidos. Ambos comenzaron de modo clandestino y terminan inexorablemente en la legalización, pasó con la pornografía en 1969 en Estados Unidos y gradualmente está sucediendo -solo para la marihuana- no para la totalidad de las drogas (incluyendo duras) en los casos recientes, bien diferentes en su implementación, del Uruguay y los estados de Colorado y Washington (Estados Unidos). Si bien en el caso uruguayo la ley es más estatista e impone un límite de compra así como registros de los consumidores, no hay que restar importancia al avance emancipatorio que parece ser inevitable.


Un texto del autor anarco-individualista Lysander Spooner del siglo XIX se tituló Los vicios no son crímenes (1875), allí el pensador norteamericano alentaba esa diferencia entre el vicio (personal o consensuado con otro) y el crimen (que afecta a un tercero en su vida o propiedad). Desde 1914 se aplican políticas punitivas contras las drogas en Estados Unidos, sea desde una izquierda paternalista como desde una derecha puritana ambos pretenden ‘cuidar’ a los individuos de sí mismos, de sus supuestos vicios a los que criminalizan. Desde Spooner a Szasz vemos una línea argumental donde queda expuesta la cruda realidad: la guerra contra las drogas fue un pretexto para la creación de chivos expiatorios y el fortalecimiento del Estado como órgano de coacción. La vida tiene riesgos, pretender vivir sin ellos es no vivir. El abuso de drogas, en todo caso, es un mal hábito (como el abuso de comida, alcohol, tabaco, trabajo y cualquier actividad) no una enfermedad.


La aproximación libertaria, crítica del conservadurismo a la vez que de la izquierda autoritaria, marca eso que Sponner llamo vicio y no crimen o Murray Rothbard, economista y filósofo norteamericano, llamó ‘crimen sin víctima’, esto es, acciones donde uno hace uso de su cuerpo como propiedad incluso si se infringe un daño con plena conciencia. Allí la necesidad de un mercado libre de drogas no es un tema menor y que se enlaza con otras tantas libertades individuales que parcialmente obtuvieron legalización en ciertos países: aborto, matrimonio homosexual, prostitución, pornografía, juego, portación de armas y eutanasia. Para este linaje ideológico el ‘problema’ con las drogas será una cuestión de hábito. La prohibición o criminalización, lejos de ayudar, insta a la proliferación de mayores riesgos. Cortar el hábito de consumo de ciertas sustancias (incluso las legales como el alcohol y tabaco) debería formar parte de la esfera de la auto-regulación. En casos de adicción debería requerirse un tratamiento si el implicado voluntariamente lo pide. La legalización e instalación de un mercado libre de drogas es lo que Thomas Szasz propulsó. En última instancia, no se trata solo de drogas –sobre cuyo efecto podemos gozar o padecer, emplear como placebo o fuga- sino sobre una valoración de la cooperación y el autocontrol por sobre la coacción y la intromisión disfrazada.


*Autores

Luis Diego Fernández (Buenos Aires, 1976). Ensayista. Licenciado en Filosofía con Diploma de Honor (Universidad de Buenos Aires). Profesor Invitado de ‘Problemas Filosóficos’ en la Universidad Torcuato Di Tella. Dictó clases, seminarios y conferencias en prestigiosas Universidades e Instituciones. Es autor de los libros ‘Furia & Clase’ (Paradoxia, 2009), ‘Hedonismo libertario’ (Innisfree, 2013), ‘Los nuevos rebeldes’ (Debate, 2013) y ‘Ensayos californianos’ (Innisfree, 2014). Ideó, editó, prologó y coordinó la ‘Antología del ensayo filosófico joven en Argentina’ (Fondo de Cultura Económica, 2012). Prologó ediciones al español de obras de Georges Palante y Robert Nozick. Integró la antología ‘Ficciones súbitas’ (Ediciones De aquí a la vuelta, 2014). Colabora con medios periodísticos y académicos de Argentina, España, México, Uruguay, Perú y Colombia. En 2010 fundó EF Escuela de Filosofía, dónde dicta cursos mensuales.