La sobria ebriedad
Entrevista a Antonio Escohotado
Sebastián Basalo


El filósofo español que estudió la ebriedad con su propio cuerpo bordea los 70. Su obra es la más completa que existe sobre drogas, y a dos décadas de su publicación, recuerda sus años mozos y renueva sus visiones. “El pasaje del uso religioso al uso recreativo de drogas propio de la modernidad es una revolución equiparable a dejar de rezar pidiendo lluvia para ponerse a construir aljibes”.



Entrevista publicada en la edición 15 de la Revista THC en mayo de 2009. www.revistathc.com



Escohotado, o “Escohota” para sus amigos, le da una última calada a su clásico porro afgano de las 10 de la noche a pocos días de la navidad y atiende el teléfono sentado en el sillón de su casa en pleno centro de la capital española. Media hora antes nos había pedido un tiempo para terminar de escribir las cartas de fin de año para sus hijas. “Ahora sí, vamos a hablar de los nuestro”, propone con una voz ronca pero dulce, casi de entresueño. Luego, esculpirá cual Miguel Ángel cada palabra que salga de su boca.

Este señor de 68 años, considerado uno de los pensadores más influyentes del último siglo, se autodefine psiconauta y dice que prefiere cambiar el verbo creer por probar. “Una cosa es la ciencia y otra la creencia. En general procuro no creer en nada”, advierte. Pero la ciencia también tiene un límite, y Escohotado siempre lo supo. Para describir en profundidad los estados alterados de conciencia producidos por el consumo de sustancias psicoactivas, no solo hace falta abandonar los dogmatismos y acercarse a la ciencia, sino que es necesaria la experimentación del fenómeno en el propio cuerpo.
“No ha sido muy común aunar lo teórico y lo práctico en materia de drogas”, admite Escohotado en el prólogo de su enciclopedia, y comenta que eso le trajo problemas a la hora de encarar el arduo trabajo de experimentar con cada una de las drogas que conocía. Más de 120, por cierto. Los resultados de esta búsqueda aparecieron en las librerías un año después de que publicara Historia General de las Drogas,bajo el título El libro de los venenos, que posteriormente pasó a llamarse Para una fenomenología de las drogas y terminó editándose en el 95 como Aprendiendo de las drogas.

“He intentado practicar siempre una sobria ebriedad”, repitió la infinidad de veces que fue interrogado acerca de “cómo hizo para haber consumido tantas drogas y vivir para contarlo”. Escohotado afirma que a pesar de lo lejano del existencialismo, sigue siendo un absurdo hablar de una libertad sin responsabilidad porque las libertades que tomamos son responsabilidades que asumimos. “Si nos hacemos completamente abstemios, nos privamos de toda esa parte que el iceberg tiene de la superficie del agua hacia abajo —describió hace años a un medio español—. Y si cultivamos la ebriedad sin mesura, reducimos el iceberg a lo que tiene de la superficie para arriba. Yo he buscado ser el iceberg entero”.



La bestia


Hace 25 años, un profesor de Sociología fue apresado en la isla española de Ibiza por tenencia de cocaína. Lo acusaron de ser un narcotraficante y lo condenaron a dos años de prisión. El hombre se había pasado la última década estudiando “los delitos sin víctimas” o “consensuados”. Es decir, las violaciones a aquellas leyes y normas que establecen lo que es escandaloso o indecente, el punto donde se confunde la moral con el derecho. Entre otros, la brujería, la homosexualidad, la eutanasia, la vagancia y lo que constituía una gran arca de “criminales” para la justicia Española: el consumo de drogas y sus satélites (producción, tráfico y venta).

La guerra a las drogas lanzada por el presidente norteamericano Ronald Reagan estaba en su apogeo y para investigar esta cruzada el profesor se había propuesto leer cuanta literatura hubiera y probar cuanta droga conociera. Hasta se había conseguido un trabajo de traductor free-lance en las Naciones Unidas “para conocer a fondo las tripas de la cruzada”. Así logró acceder a la basta biblioteca de la Narcotics Division de la ONU, en Viena.

Un tiempo tras las rejas, habrán imaginado sus detractores, calmaría el espíritu rebelde de este hombre.Pero todo lo contrario. Fue durante ese tiempo a la sombra en la cárcel de Cuenca que acompañado tan solo de folletos, su memoria y una vieja PC, este filósofo hegeliano criado en España y curtido en la selva de Río de Janeiro jaqueó los basamentos de la prohibición, comenzando a redactar la obra más grande jamás escrita acerca de la historia de la relación del ser humano con las drogas. Antonio Escohotado era el hombre detrás de la bestia, y sus conclusiones sorprenderían a más de uno: “Las drogas más peligrosas del mundo se venden en las farmacias”.



Palabras envenenadas


Si bien estuvo dos años preso, a Escohotado le tomó cinco años más escribir en 1989, con rigor de científico y pluma de artista, las más de 1500 páginas divididas en 3 tomos que pasaron a constituir la Historia General de las Drogas, hoy con quince ediciones traducidas a más de siete idiomas.

En su tesis, el escritor madrileño se encargó de demostrar con vastas citas y documentos históricos que el cristianismo fue el primer inquisidor farmacrático, cuando hizo desaparecer de los clásicos libros de medicina las sustancias psicoactivas utilizadas desde antaño, para dar inicio a una feroz persecución a sus usos “demoníacos” por parte de brujas y hechiceras. Pero no fue hasta el siglo 20, dirá Escohotado, que el consumo de las mismas pasó a considerarse una enfermedad y un delito, dando origen a uno de los mayores negocios de la historia: la prohibición.

En una sociedad de consumo cada vez más medicalizada, sus afirmaciones no pasaron desapercibidas. Con la religión en plena retirada de su dominio sobre el saber farmacológico, era el Estado quien tomaba las riendas y se erigía como amo y señor de la vida de sus ciudadanos. El disciplinamiento de los sujetos pasaba imperceptiblemente hacia un control de sus cuerpos, que incluía una regulación de sus hábitos y consumos.
Fue entonces que Escohotado, en pleno auge mediático de sus descubrimientos, hizo suya una frase que se transformaría con el tiempo en el estandarte de la lucha por la descriminalización del consumo de drogas: “De la piel para adentro empieza mi exclusiva jurisdicción”.



El consumo de drogas fue, dentro de los delitos sin víctima, el que más trabajaste. ¿Por qué?

Me di cuenta de que por ese solo concepto, el de los delitos de lesa autoridad, se habían realizado prácticamente todas las persecuciones conocidas, al menos en Occidente. Y dentro de esa investigación, que era una variante del delirio al que había llegado el concepto de autoridad, surgió la idea de trabajar por primera vez en el tema drogas.


¿Cuáles fueron tus primeros escritos sobre el tema?

Mi primer artículo me lo publicó la Revista de Occidente, sin duda la publicación más prestigiosa del mundo en habla castellana. Se llama De mil amores y en su momento les pareció un texto muy interesante. En realidad era un texto sobre la LSD y las posibilidades que tenía de fortalecer la perspectiva crítica en general.


Es increíble el trabajo de fuentes que tiene tu obra, que ahora es La fuente para hablar de drogas. Me imagino que fue difícil conseguir información mientras investigabas.

Fue realmente tremendo. Y eso que tengo bastante buena memoria y estudio constantemente. Estudio documento históricos prácticamente desde muy joven. Cuando me puse a redactar la Historia general… no solo contaba con una biblioteca considerable, sino con maletas repletas de folletos, notas y fotocopias que había acumulado en varios años de investigación. Además tuve la suerte de cogerme dos contratos en Naciones Unidas y estar contiguo a la división de narcóticos y a toda la red internacional de organismos dedicados a la represión que tiene la ONU, lo que me permitió investigar por dentro las tripas de esta cruzada. Esa creo que ha sido una de las partes más sólidas del trabajo que he hecho en torno a las drogas.


¿Y cuánto influyó el tiempo tras las rejas?

Como describo en el prólogo de Historia general…, fue un tiempo que elegí tomarme a la sombra para ordenar mi trabajo (N. de R.: los Tribunales Superiores terminaron por aceptar que en su caso hubo chantaje policial, pero Escohotado reconoce que decidió aceptar la condena y cumplirla para evitar futuras secuelas por parte de la policía). Pero lo fundamental fue que me dio un ánimo enorme para seguir trabajando, cuando me di cuenta de que podía transformar la impotencia en potencia.


¿Por qué creés que te hicieron la cama con ese operativo en Ibiza?

Conocimiento es poder, y todo progreso del saber inquieta a quienes en cada sector y momento asumen un control de la influencia. El gran catálogo de drogas descubierto y por descubrir se percibe como una amenaza a la libertad humana, en vez de como lo contrario, debido a un mecanismo idéntico al que presentó la actitud científica o analítica en general como un peligro para la ortodoxia. Quienes hablan así tienen en común no tener experiencia de primera mano y temerse a sí mismos y a lo desconocido.


¿Fue parte de ese miedo a lo desconocido lo que motivó que después de la conquista, en América se instalara la prohibición de las drogas y su uso religioso y cultural, o se trata solo una estrategia más de dominación?

Fue miedo a lo desconocido, y espanto ante el descubrimiento de unas comuniones que ridiculizaban a la suya por eficacia y potencia.


Muchas veces dijiste que a la gente que se teme a sí misma y que vive “con un disfraz puesto” no le recomendarías que fume marihuana porque los desnudaría y rompería su caparazón de rutinas ¿De dónde creés que viene ese miedo?

Lo atribuyo a las limitaciones de la vida, materiales, intelectuales, sentimentales, al hecho de que somos mortales. Algo que con el tiempo se ha ido modificando. Antes se le daba más importancia a lo psicológico que a lo tangible. Yo creo que uno de los cambios de la modernidad es que lo tangible, la experiencia, recupera sus derechos. Aunque quizás se me ha ocurrido por el error de haberme fumado un porro afgano cinco minutos antes de hablar contigo. (Risas)


Bueno, eso no descalifica lo que decís, la modernidad también modificó las pautas de consumo. De hecho, conviven dos visiones, el uso místico que hacen los chamanes y los usos médicos y lúdicos de las últimas generaciones.

Es que la razón corona la lógica sensorial, a mi juicio, con un sentido sexto o común. Por ejemplo, yo no puedo trazar una frontera insalvable entre chamanismo y medicina hipocrática, porque a ambos les une la pretensión de curar. Y curar es siempre cosa seria, ajena a la jovialidad del juego. En ese sentido, el uso lúdico de drogas psicoactivas constituye una revolución equiparable a dejar de rezar pidiendo lluvia para ponerse a construir aljibes y presas.


¿Y la prohibición? ¿Hubo algún cambio entre los antiguos fundamentos y los de ahora?

Al principio se luchaba contra cuatro drogas, propias de “razas pueriles” o causantes de “estupefacción”. Hoy se lucha contra la química, en defensa del “estado de ánimo civilizado”.


¿Con qué justificación?

Con los decretos y convenios de la ONU.


Alguien gana y mucho con este modelo de prohibición.

Y sí, gana el comercio sin controles de calidad y cuantía, pierde nuestro destino de conocimiento.


Bueno, vos decís que “las drogas le dan a la condición humana más control, pero al llegar la prohibición, también llega la coartada victimista permite que la gente diga: ¡Ay!, yo no quería pero sin darme cuenta me hice esclavo de la droga y ahora soy una pobre piltrafa humana”. Si partimos de esta base, de que la adicción depende de la persona y no de la sustancia, ¿cómo explicás que ciertas sustancias como la heroína, la cocaína y sus derivados ocupen casi la totalidad de los casos de adicción a drogas ilegales? Vos incluso decís, por tu experiencia, que el cuerpo las puede dejar fácilmente.

Por el fantasma creado en torno de ellas y el contexto en el que se venden y consumen. Por ejemplo, la pasta base es mucho más barata que el clorhidrato de cocaína. Atiende a un mercado con usuarios con menos posibilidades, y como tiene peor fama atrae también a señoritos y señoritas con vocación melodramática, justificando tendencias autodestructivas.


En Argentina el tema es más complejo porque ya se comprobó que lo que se vende como pasta base o “Paco” no tiene ni rastros de pasta base de cocaína, es solo mezcla de precursores químicos y adulterantes. En otras palabras, un gran veneno que te mata en cuestión de meses.

Eso debe ser algo realmente espantoso. En España está ocurriendo lo mismo desde hace unos años con la heroína. Es metadona o cualquier otro adulterante, porque a nadie le importa, porque por lo general se consume en barrios muy aislados. Y ahí tienen los “muertos por las drogas” que ellos mismos produjeron y que luego utilizan para justificar su accionar. Es como el extremo de la profecía autocumplida prohibicionista: al fin se ha fabricado el leprosario psicofarmacológico.


¿Ves alguna forma de revertir esta situación?

Ciencia, más denuedo, más moderación podrían cambiar las cosas, pero en gran medida ya transformaron la cruzada farmacrática en una política de reducción de daños. Eso ya es un modo indirecto de reconocer el fracaso.


¿Y cómo medís ese fracaso hoy?

Hoy hay una legalización de hecho, solo interrumpida por la adulteración de sustancias, que en algunos casos como el de la heroína en nuestro país ya ni siquiera creo que esa sustancia exista. Es el signo de una cruzada farmacrática que se va yendo entre susurros, como la emprendida contra la brujería o el librepensamiento.



La sobriedad


El día de Escohota comienza pasado el mediodía y termina al día siguiente. “Soy muy hiperactivo”, confiesa. Desde hace algunos años sus tardes transcurren en casa, leyendo sentado junto al hogar a leña y su Enciclopedia Británica. Obsesivo del tiempo, suele ponerse tapones en sus oídos y exige a los demás buenas razones para interrumpir sus lecturas, las que abandona regularmente sólo para dar clases de Filosofía y Metodología de la Ciencia en la Universidad a Distancia de Madrid.

La vida intelectual es un clásico de la familia Escohotado. Román, el padre de Antonio, tuvo el primer programa de televisión que hubo en España. Se llamaba “Tardes con Román Escohotado”, y a su conductor lo apodaban “el poeta de las mujeres”. Luego lo nombrarían corresponsal de Radio Española en Brasil, lo que le permitió a Antonio viajar de joven a Río de Janeiro, donde conquistado por la sensualidad americana pasaría los siguientes catorce años de su vida. Su primera experiencia con ácido a los 22 años lo metió de lleno en el estudio del tema, y su vuelta a la España dictatorial de Franco completó la génesis de su rebeldía. Al poco tiempo se iría a hacer vida hippie a Ibiza con su mujer, la primera de las tres parejas que mantuvo hasta ahora.

Dicen quienes lo conocen que Escohotado “es puro amor”, y que su hija menor Claudia, de 8 años, es quien más goza de su afecto por estos días. Con ella y con su actual mujer comparte el hogar al que, cada tanto, caen a compartir un poco de humo viejos amigos como Fernando Savater y Andrés Calamaro. Y si nos atenemos a las circunstancias, viendo la lectura, la escritura y el consumo de drogas como un trabajo, los hobbies de Escohotado merecen una mención. Es un gran ajedrecista, y de hecho ganó varios campeonatos nacionales. También es sibarita del vino y un auténtico pornófilo, cuya colección de videos exhibe orgulloso al lado de la tele.

Escohotado nunca se cansa de afirmar que es un adicto al cigarrillo. Fuma tres atados diarios, pero con orgullo. “Soy un adicto porque quiero, porque no me parece que valga la pena mi vida sin mis cigarros”, remarca. Y describe su placer por la nicotina con la precisión de un relojero: “Cuando estás falto de energía, pegas muchas caladas y muy fuertes, e inmediatamente suben tu tono energético. Cuando necesitas tranquilidad, das caladas espaciadas y no profundas y te tranquilizan. Es la única droga que tiene doble efecto y además estimula la inteligencia”.



¿Con qué acompañás un cigarrillo?

Con un buen vino. Siempre dije que lo único importante que hizo el cristianismo fue haber canonizado el vino.


¿Cómo se completa tu dieta?

Cada dos o tres días me fumo un porro, preferentemente afgano, por la noche, aunque normalmente fumo a diario. Tres paquetes de tabaco. Pastilla para ir a dormir, para regular mi horario. Me voy a dormir a las 6 o 7 de la mañana.


Comentaste varias veces que solías inspirarte con una rayita de heroína semanal. ¿Te seguís dando esos placeres a los 68?

Ahora estoy tomando un tecito de opio todas las tardes. El caballo me gusta mucho, pero desde hace como un año está habiendo problemas entre bandas, por lo que la situación de la heroína en España es desastrosa.


¿Cómo describirías tu estado ahora?

Estoy como en un ánimo de atemporalidad, aunque muy consciente de que el tiempo avanza, pero en mi estado es más bien una contemplación atemporal. Digamos, una vida un poco de ostra.



Más allá de las drogas


Antes de hacerse mundialmente conocido por la Historia general de las drogas, Escohotado ya contaba con varias obras en su haber. De physis a polis, Realidad y substancia y Majestades, crímenes y víctimas,son sólo algunos de los ensayos que publicó luego de doctorarse en filosofía con una tesis sobre Hegel. Y después de casi dos décadas de dedicación exclusiva a la fenomenología de las drogas, decidió retomar el camino del amor a Sofía y se dedicó a la Teoría del Caos. Esta búsqueda derivó en el libro Caos y orden, en 1998. El fin de siglo lo metería de lleno en la economía y en un extenso viaje a Tailandia, adonde huyó de la culpa por haber dejado a su mujer y que inspiró su primer obra narrativa, Sesenta semanas en el trópico.

Escohotado es un liberal en todo sentido de la palabra. Luego de casi diez años, acaba de concluir la que, a su juicio, será una de sus obras “más completas”. En Los enemigos del comercio, que tranquilamente podría titularse “El por qué del comunismo”, el autor hace un repaso minucioso y una crítica voraz a quienes desde la Antigua Grecia hasta la Revolución Francesa “han sostenido que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio es su instrumento”.

La obra excluye de su órbita el legado revolucionario del marxismo, pero no deja de aludir a esas experiencias como los obstáculos más grandes impuestos por el propio hombre al desarrollo de la sociedad. Y no se ahorra balas a la hora de presentarla en sociedad: “El comunismo es un movimiento conservador. Yo fui más rojo que la muleta de un torero y hoy defiendo la evolución de las instituciones públicas hacia la libertad”, disparó durante la presentación del libro días antes de esta entrevista, a finales de diciembre del año pasado.


¿Por qué cambiaste de opinión?

Porque esa forma de entender dividiendo, en algunas disciplinas funciona muy bien pero en otras se torna delirante. No podemos seguir distinguiendo entre nosotros y ellos, al igual que no podemos seguir hablando de izquierdas ni derechas, eso ya acabó. Es un absurdo que corresponde a la situación de la Asamblea Francesa, a algo meramente geográfico: unos estaban de un lado y otros de otro en la tribuna. Ahora, yo entiendo que las izquierdas actuales, vacías de significado, no puedan existir sin un contrario sobre el que descansar y que por eso tengan que fabricarlo. En ese sentido los EE.UU. también son de izquierda, ya que ambos necesitan fabricar un fantasma amenazante para rellenar su ideología de contenido.


¿Y qué distinguiría a liberales y conservadores?

En el último epígrafe de La Constitución de la Libertad, Heidegger se pregunta si el liberalismo es un anarquismo. Liberales y conservadores se distinguen, desde su punto de vista, porque algunos temen a lo nuevo y otros. Porque hay un elemento de misantropía inherente a la conciencia conservadora. Es un epígrafe que valdría la pena que muchas personas tuvieran en cuenta.


Pero la visión de ambos (anarquistas y liberales) sobre el capitalismo es radicalmente distinta.

Yo no lo creo así. El capitalismo debe entenderse como una forma de cooperación social, más eficaz que otras de las ensayadas. Y la diferencia entre lo que ahora llamamos capitalismo y todo lo anterior no es tal. Antes había una especie de capitalismo de Estado donde los particulares tenían muy pocas seguridades con respecto a su derecho de propiedad, porque gobernaban con leyes autoritarias y se desocupaban de la realidad cotidiana. Es la historia del mundo esclavo. Lo que ahora llamamos capitalismo es tan solo capitalismo privado, en el sentido de haberse asegurado que no le van a hacer requisas ni confiscaciones a un particular.


¿Qué tomás entonces del anarquismo?

A mí lo que me puede llegar a horrorizar es tener alguna relación con el anarquismo de Malatesta, de Bakunin o de Durruty, que me parecen una colisión de disparates sanguinarios digna de enfermos mentales. No entienden que la propiedad privada es una de las instituciones de derecho natural más arraigadas. Allí donde no hay propiedad o donde esta propiedad no se respeta, cunde la pobreza más extrema, el despotismo y otra clase de variantes del terror.


En Caos y orden explicás que el progreso es el resultado del propio despliegue de la libertad. Pero el orden sigue imperando y limitando muchos cambios. El orden actual debe tener su propio caos, ¿Cuál es?

Es la niebla del miedo y esa ambición de tener sometidos a otros.



*Autor

FALTA