Cacería
Ilán Kazez
Lo que suena

Cacería

El Perrodiablo
(Oui Oui Records, 2014)

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Es curioso lo que pasa con el rock: por un lado, su propuesta discursiva propone una liberación de instintos, un desafío al status quo y una actitud contestataria y rebelde; pero por el otro, su evolución como fenómeno cultural provocó que se haya transformado en un negocio muy redituable, con grandes empresas multinacionales como intermediarios entre el artista y el público, sean discográficas o sponsors. Es un doble mensaje: soy rebelde, pero sin romper nada. Esto provocó que la palabra "rock" haya quedado bastardeada al punto que ya ni podemos confiar en alguien que lleva puesta una remera de los Ramones, cuando antes lo considerábamos casi como un hermano sin ni siquiera conocerlo.


A su vez, la propia evolución del sonido hizo que el género se ramifique tanto que ya ni queda claro qué clase de música es rock y una banda puede entrar en la categoría sin ni siquiera hacer uso de la guitarra eléctrica. Este caldo de cultivo hace que permanentemente nos encontremos buscando a bandas y artistas que “salven” al rock.


Y de repente aparece una banda como El Perrodiablo. ¿Serán ellos acaso los salvadores del rock? Es posible: El Perrodiablo irradia rock, principalmente porque son personas que siguen creyendo en el rock como forma de expresión, no como trabajo o negocio. Una expresión que se origina del enojo, de la incomodidad y del inconformismo. Pero ni El Perrodiablo ni Cacería, su cuarto álbum de estudio, llegan para “salvar” al rock, sino para hacernos recordar que era el rock quien debía salvarnos a nosotros.


Para llegar a tal objetivo, El Perrodiablo despliega diversas estrategias: en primer lugar, la bestialidad de su música, que tiene como protagonista a la guitarra de Chaume, disparando riffs martillantes tan sucios como claros, con influencias que van desde The Stooges ("El Cristo de los Futbolistas", "Mala Costumbre"), The Faces ("Chazarreta", "La Guerra Psicológica") o KISS ("Pacto De No Agresión").


Luego llega la voz histriónica de Doma, con una expresividad digna del punk más descarnado, donde no importa cantar bien o mal, sino que quede claro que se canta desde la más profunda furia. Lo que importa en el fondo es que el contenido y la expresión vayan en la misma. Entonces puede usar el tono burlón cuando en "Medicina" dice "cuando me piden que experimente /miren al resto de la gente / que se extravió en el camino / por no estar convencidos" o expresar violencia cuando canta "pero ante el golpe, seguí / pero ante el viento, aprendí / que no es un pecado estar enojado".


Las letras funcionan como poesías ásperas, rabiosas y directas, carentes de todo rastro de populismo o condescendencia. Lo que comúnmente se dice "sin pelos en la lengua": conjuros para esquivar la trampa del arte y sus artistas de rockeros paracaídistas ("Chazarreta"), lenguas que desbordan, palabras que se desbocan ("Pacto De No Agresión"), noches largas despertándose entre dagas ("Puente Dinamitado"), demonios propios y ajenos ("La Guerra Psicológica").


Finalmente, no hay que dejar de mencionar el en vivo de El Perrrodiablo, componente esencial en su propuesta. Porque todo-eso-que-pasa en el disco de estudio, en sus shows se eleva a la máxima potencia, principalmente gracias a la figura arrolladora de Doma, un demonio de Tazmania que se lleva a todo y a todos por delante. En cada uno de sus recitales se genera un estado de delirio inigualable, donde entregan todo lo que tienen arriba del escenario, sin importar si hay 20 o 200 personas delante.


En definitiva, en un contexto donde pululan los festivales de rock sponsoreados, donde el negocio está metido por donde sea, donde las bandas se acoplan a las modas, donde todos quieren quedar bien con todos, los platenses presentan Cacería como una trompada de rock. Es violento, sí, pero necesario. Porque esa trompada no tiene como fin la violencia en sí misma, sino que es una de esas trompadas que nos despiertan, que nos obligan a movernos, a reaccionar, a tomar partido por algo. Es la trompada que antes llamábamos simplemente rock.



*Reseñador

Ilán Kazez nació en junio de 1989. Es periodista y estudiante de Comunicación Social (UBA). Ha escrito sobe música y reseñado discos nacionales e internacionales en indieHearts y el diario La U.