Remolino
Carolina Figueredo
Lo que suena

Remolino

Acorazado Potemkin
(Oui Oui Records, 2014)

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Canciones que remiten a la melancolía con dientes apretados. Canciones que son chispas que encienden la sensibilidad de los que escuchan. Canciones que estallan. Crudas y viscerales. Por estas aguas navegan los sonidos en formato trío que supieron conformar músicos de vasto recorrido en el under argentino. Acorazado Potemkin consiguió en tan sólo dos discos y seis años de existencia instalarse como un grupo fundamental a la hora de pensar en lo que ocurre al margen del mercado mainstream.

Hace más de tres años, los Potemkin nos enseñaban de qué iba su propuesta. Mugre (2011) fue como el germen revolucionario, la idea de consumar la revuelta con unos pocos desquiciados sentimentales en pos de la causa social. Tal como lo hicieran en 1905 los marinos del buque blindado ruso del que toman su nombre, retratado en la película homónima de Sergei Einsestein, revelándose ante las injusticias y opresiones. Ese salvaje impulso inicial tuvo su continuidad sacudida por la tempestad en el segundo trabajo del grupo, acertadamente denominado Remolino (2014). Las canciones que conforman este nuevo trabajo arrasan con una fuerza centrífuga a través de líricas ásperas y realistas que se mueven por el impulso de sus ritmos power-rock. Punk desde un sentido más melódico, pop desde el poder, rock desde la crudeza.


Juan Pablo Fernández en voz y guitarra (ex Pequeña Orquesta Reincidentes), Federico Ghazarossian en bajo (ex Don Cornelio y La Zona, Los Visitantes, Me Darás Mil Hijos) y Luciano Esaín (Valle de Muñecas, Motorama, Flopa Manza Minimal) en batería y voces coquetean con el rock and roll más desprolijo, la oscuridad del postpunk y el tango y la actitud del punk, dejando de lado el trabajo de acumulación instrumental de sus anteriores bandas para subirse al fino equilibrio de la contundencia y lo mugroso. Lo que termina manifestándose en una atmósfera de guitarras penetrantes que se intensifica con la base bajo-batería y la lírica intacta de Fernández. Él siempre ha sabido transmitir la sensación de frustración (material o sentimental) de lo cotidiano, con un vuelo que impacta en lo profundo del corazón.


La Pequeña Orquesta Reincidentes, aquella banda de vanguardia de comienzos de los 90s, conformaba la síntesis rioplatense perfecta entre Nick Cave and The Bad Seeds, Tindersticks y los Portishead más orquestales sin el regodeo en la tristeza por la tristeza misma, sin el “Come on, feel the pain”. Contaban historias de arrabal, de (in)migrantes, palpables en toda su complejidad, relaciones tormentosas pero con una vuelta de rosca que terminaba quitándote una sonrisa con sus ironías en épocas que bailar un vals o cantarle a un jugador de River Plate llamado Julio Cruz constituía toda una mueca al neoliberalismo. De las esquirlas de ese delicioso grupo de culto nace Acorazado Potemkin.


Federico Ghazarossian era uno de los bajos más oscuros de los 80s en Don Cornelio y continuó asociado a Palo Pandolfo en Los Visitantes, compartiendo el variopinto mundillo alternativo de los 90s, junto a la Pequeña Orquesta y otras como Playmobil y Motorama en las que militaba Lulo Esaín. Con Juan Pablo alejado del circuito del rock, Federico enemistado con el bajo eléctrico desde la disolución de Los Visitantes (se había aferrado al contrabajo y a los ritmos tangueros en sus últimas agrupaciones), 2009 es el año que los transporta, junto con Lulo, a esa “(…)dimensión física, que es parte de lo que hacemos. Los volúmenes, la intensidad, la mugre, la transpiración; todo lo que hace que uno siga prefiriendo ir a ver bandas antes que escucharlas en casa.” 1


Acorazado Potemkin, al igual que sus antecesores Pequeña Orquesta y el tándem Don Cornelio-Los Visitantes, generaron caminos de búsqueda de un lenguaje propio. Un universo que los identifique no sólo a nivel musical sino también a su postura dentro de la industria y el rock independiente. Construyeron un ideario de banda, concibiendo un proyecto musical como una creación colectiva y autogestionada, a la vez que se ganaron el respeto no tan sólo de la crítica especializada, sino de cientos de seguidores que, además del formato físico, tuvieron y tienen la posibilidad de escuchar y descargar los dos discos desde la página web de la banda gracias a la postura del “derecho a disfrutar la música sin intermediarios” del trío. Toda una declaración de principios.


La letrística de la banda cobra un carácter vital. Nos cuentan cosas de las que otras bandas generalmente no hablan, utilizan una lírica directa camuflada en una poesía cuasi-arltiana; crudas, urbanas, desesperanzadoras e incendiarias. “Miro abajo por no pisar los pies de otros/ y no te veo salir junto a mí/ Vas tras mío como esa vez que dijiste/ te amo y siempre te amé/ Y nunca más, nunca más/encontré tu voz,/ tu aliento en mi cara, te perdí,/ me empujaron y empujé” dice Fernández en “La Otra Calle”, mientras se afirma como su propio hombre, sin deuda con nada ni nadie durante toda la poética de Remolino.


Estamos en presencia de la perfecta conjunción de tres músicos. La tapa del álbum nos da el indicio: es la esquina de una habitación totalmente vacía, donde sólo hay un tomacorriente en una de las paredes. En esa habitación reverberan imaginariamente los instrumentos de cada uno bajo la sensación de eternidad. Y cuando se juntan producen sonidos y ritmos que hacen temblar el cuarto en perfecta sintonía, a la vez que es también ese rincón, donde se encuentran piso y paredes, el lugar más propicio para la creación del remolino. Este dream team nos vuelve a demostrar a través de las once composiciones de su segundo esfuerzo que el rompehielos sigue firme, potente y avanza sin parar en la construcción de su propio lenguaje y de su identidad.



*Notas

1 Revista Inrockuptibles Sección Música- Nuevos Discos 18/09/14

*Reseñadora

Carolina Figueredo nació en Buenos Aires en 1977, vive en la localidad de Berazategui. Es periodista (UNLP), crítica de música y docente. Escribió para el periódico La Tribuna de los Sin Voz, el sitio El Acople y colaboró en FM Varela. Fue bajista de Hernán Martínez y 107 Faunos. Actualmente escribe para indieHearts.