Editorial
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La crítica de la música popular siempre sintió la necesidad de buscar una banda que “salve” al rock (entendido como un movimiento contracultural excesivo y contestatario). Esta búsqueda nació inmediatamente después de sus primeros acordes y rápidamente devino en un ciclo monomaníaco que se ha repetido infinitamente -cada vez con mayor frecuencia-, adjudicando ese espacio a grandes nombres, desde The Stooges y Sex Pistols hasta Radiohead y The Strokes.


Este ciclo, juez de “lo auténtico” y “lo legítimo”, hizo eco en el rock argentino durante toda su historia. Géneros de moda y eternos revival (el folk de protesta en los ’70 -en diferido debido a la dictadura militar-, la new wave y el metal en los ’80, el rock alternativo en los ’90, la electrónica en los ‘00 y finalmente el indie con sus múltiples variantes) se condimentaron con las formas “de acá” (tango, rock barrial y cumbia) y moldearon las bases de esa legitimidad.


Hoy las bases de ese circuito parecen ser no tan sólidas como antes y -como el mundo del arte y la industria musical en su totalidad- deben responder a otros interrogantes frente al imperio de Internet. La multiplicidad de nuevos canales de distribución independientes y/o autogestionados (bandcamp, redes sociales) generan la bendición y el problema de la -pecando con un concepto de mercado- aparente oferta ilimitada y abren nuevos debates acerca del acceso y el poder.


Lo importante ya no radica en discutir si el rock necesita ser salvado, sino en la búsqueda, en las nuevas propuestas y proyectos, en la escucha como elemento transformador. Lo importante puede buscarse, por ejemplo, en la exploración performática de Sebastián Carreras o en la apuesta de sellos como Discos Del Bosque, pero también en el desenfreno visceral de Los Rusos Hijos de Puta o El Perrodiablo.


Daniel Melero dijo una vez que en la música el poder es el lugar de lo estático, lo encapsulado, el género establecido; y es en la potencia donde está el cambio, la crisis, lo diferente1. A partir de hoy esta sección se propone explorar esa potencia, desde acá.


Juan José Méndez



*Notas

1Ahora, Antes y Después: Daniel Melero” por Gustavo Álvarez Núñez. Ed. Derivas. Buenos Aires, 2012.