Impresiones
Santiago Hamelau


Impresiones, de Ezequiel Alemian

(Editorial Excursiones, 2014)



Impresiones es un libro heterogéneo que resume varios años de la vida de Ezequiel Alemian como lector y atento observador. Está dividido en cuatro secciones: Reseñas, Perfiles, Entrevistas y Recorridos. Por su composición y su estructura, es una obra que se abre tangencialmente en múltiples direcciones. Cada texto hace parte de una nebulosa difusa y tupida, a través de la cual cada lector verá cómo se embarca.


Ezequiel Alemian es un autor evidentemente erudito. Ha leído mucho, o al menos eso podemos inferir de este libro. Todo ese universo de percepciones, de intuiciones, de asombros está volcado en una escritura sumamente plástica que no desprecia el lenguaje coloquial, pero tampoco se guarda de evitar un registro elevado y complejo. A veces el autor pareciera estar siguiendo los meandros de su pensamiento, sin importar si estos lo llevan a digresiones extrañas, referencias aparentemente desconectadas o decididamente desconectadas, que, sin embargo, no chocan en lo más mínimo. Del análisis de la trama o del personaje, se pasa vertiginosamente a contar una anécdota banal o a la mención de otro personaje u otro autor que misteriosamente repite o se asemeja a lo que se venía contando. ¿La utilidad de este recurso? No lo sé. Ninguna quizás. Pero cuán incompleto encontraríamos el texto, o mejor dicho cuán parco si estas digresiones no ocurrieran. Quizás sea el defecto de alguien que ha leído mucho y establece paralelos entre diversas cosas. Más me inclino por otra hipótesis: la secreta intuición de que todo en el mundo tiene una razón o encuentra una correspondencia con otra cosa (“La Naturaleza es un templo donde vivos pilares” decía Baudelaire) y por ende estas menciones no son sino atisbos de esa gran trama que si bien oculta se muestra en estos pequeños detalles.


La escritura ensayística de Alemian es variada y ágil. Quizás allí reside el mayor encanto de este libro. Uno puede pasar de lo genial a lo trivial, de saber que Alemian tiene un amigo que se jacta cuando a otros les va mal, a encontrar dos versos bellísimos de Roberto Piva describiendo a Jean-Pierre Duprey: “Tallado en la parte/ más dura del viento.” Todos los textos de Alemian parecen leer a los autores como si solo ellos existieran para él en ese preciso momento. Es profundo amor por la literatura retratado en minuciosos análisis. De cada uno rescata el valor de su propuesta. No hace un juicio, no le interesa. Cada autor vive del aire que éste eligió para sí. Desde una escritura que se piensa a sí misma y que quiere mostrar los hilos que la tejen, como Cesar Aira o Fernanda Laguna u Osvaldo Lamborghini, a una escritura transparente que no quiere mostrarse como artificio sino como la vía mágica que puede instituir una realidad, como es el caso de La familia Moskat de Isaac Bashevis Singer. Todos los tipos y estilos de escritura son bienvenidos, Alemian los recibe y los escucha con amorosa atención. Respeta la diversidad, y por ende reconoce la riqueza que hay en cada poética individual, no tanto en lo que ella pueda tener de verdadero – la cuestión es discutible, en todo caso Alemian no lo dice, en última instancia todas lo son– sino en la sinceridad del gesto de haber tomado una determinada postura, de haberse enfrentado a la vida de determinada manera.


Alemian habla de infinidad de autores. Reseña libros de Aira, en él encuentra la voz potente de alguien que conoce la misión que tiene la literatura y la abraza en cada texto que publica. Al respecto escribe: “El náufrago (…) nos enfrenta con una suerte de momentánea paradoja de la interpretación: si se explica se extingue. La literatura no es lo que da en el blanco, es lo que se escapa y nunca termina.” Con agrado encontrará el lector una reseña de Sobre Sanchez de Osvaldo Baigorria y posteriormente un retrato de Néstor Sánchez, en donde hallamos la historia entrañable de una voz que se extingue y la curiosa doctrina de un místico ruso llamado Gurdjieff. En la sección Recorridos encontramos un artículo muy claro sobre el nouveau roman y el itinerario interesantísimo de un tren ruso de Moscú a Petushkí. Las paradas tienen nombres de escritores rusos soviéticos de los últimos cincuenta años y de cada uno recibimos una breve descripción de su figura o su escritura, o alguna característica que lo hace merecedor de nuestro (y primero que nada del de Alemian) asombro o interés.


Este libro es un gran compendio. Quien no sea tan estricto como yo podrá leerlo como quiso Cortázar su Rayuela, salteando capítulos, rearmando el libro según la voluntad de cada lector, interesado en esto y no en aquello, llamado por un nombre que le suena, un apellido que recuerda vagamente, un título que ya ha leído o la figura de un escritor que admira. El libro se arma y repliega a gusto en parte por su génesis, ya que surge de una selección y compilación posterior por parte de las editoras de todo el trabajo como periodista cultural que Ezequiel Alemian ejerció entre el 2008 y el 2014.


El libro contiene dos postales con obras de Juan Tessi, artista peruano que maneja un registro interesante que va desde lo figurativo a lo abstracto. Son dos pinturas abstractas de una hermosa fuerza expresiva.


Es curioso estar escribiendo una reseña sobre un libro que trata de otros libros. Es un acto en abismo. Es como si me convirtiera en literatura. Borges dijo alguna vez: “Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible...”. Los discursos en este libro se entrelazan y superponen. No hay una jerarquía. Cada lectura le otorga a Ezequiel Alemian formas nuevas que él se encarga de descifrar o de entender en su propia escritura, de lo cual resulta un proyecto sumamente meditado y original.



*Reseñador

Santiago Hamelau nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1991. Estudia Letras en la UCA y escribe el blog: enlaforjademialma.blogspot.com.ar.