Tensión y superficie: el rompecabezas del comunismo
Esteban Dipaola


El oro de Berlín, de Jorge Yaco.

(Del Nuevo Extremo, 2014)




Si tomamos las marcas del contexto actual en Argentina, los thriller políticos se han convertido, al menos en estos últimos tiempos, en un género realista. Sin embargo, Jorge Yaco en su primera novela –titulada El oro de Berlín y editada por Del Nuevo Extremo en su colección “Extremo negro”– trabaja sobre un doble de la realidad y lo aborda con sutileza sin abandonar un ritmo vertiginoso y un suspenso atrapante.


Gilles Deleuze define la “imagen cristal”como una especie de imagen espejo que tiene doble capa: una virtual/posible y otra actual/real. Lo que vemos en el espejo es actual sin dejar de ser virtual, es posible sin dejar de ser real, por lo cual ambos son indiscernibles y la verdadera imagen se halla entremedio. En la literatura se puede pensar que conformar una realidad mediante su duplicación en tiempos que ya no referimos a la mímesis, significa producir un efecto de real sobre capas de superficie, que despliegan una trama que ya no busca el verosímil realista, sino crear lo posible de lo real, es decir, su indiscernible imagen virtual.


El oro de Berlín comienza en Diciembre de 2001 en Argentina, pocos días antes de la caída del gobierno aliancista y con éste de toda una década sustentada en el inverosímil de la convertibilidad. Allí aparecen mezclados agentes de la SIDE, políticos, empresarios, funcionarios, etc., que tienden puentes con otras narrativas de la historia. Empieza con esos acontecimientos para enseguida involucrarse en las lógicas y relaciones políticas de un presente conflictivo y tumultuoso con un pasado marcado por la guerra fría y la militancia en El Partido (se sabe que en ciertos contextos y círculos, cuando se dice El Partido, éste es siempre el Comunista). Damián, personaje principal y narrador de la historia, es un diputado con relaciones en los servicios de salud, pero además es un ex militante de la juventud del Partido, más conocida como la Fede (en referencia a lo que fue la histórica Federación Juvenil Comunista). Ante la crisis económica, social y política más fuerte que vivió la Argentina, recibe una carta desde Alemania que lo reintroduce en la vieja historia de su misión para el partido: viajar a Berlín en el año 1977 –en medio de la dictadura en Argentina– a recuperar un millón de dólares con los cuales otro militante, que estaba encargado del dinero, desapareció.

A partir de ese momento la novela se desliza mediante una narrativa de las complejas relaciones al interior de los Estados del Este europeo y las relaciones internas del Partido Comunista. El thriller no abandona su tensión, al tiempo que compone entre trazos de ficción una historia político financiera del partido. En esas tensiones el relato emerge desde el medio para construir las formas no siempre precisas de un rompecabezas (figura utilizada en la novela) que –desde aquel medio– se esparce por las tradiciones políticas del presente, ese del 2001 con el que la novela empieza y termina.

En 1977 en Berlín, Damián recibe pasaporte nuevo y pasa a llamarse Esteban Pérez; desde allí el relato se configura a partir de las relaciones con la alta dirigencia del Partido, la relación amorosa con Gretchen, también militante, y el rompecabezas del robo del millón de dólares cuyas piezas involucran a los dirigentes del comunismo con acciones de importantes multinacionales y enredos jurídicos y escriturales; todas cuestiones relacionadas con la propiedad privada del capital. De esa manera, Yaco presenta los preanuncios de disolución no de un partido, sino de una parte del mundo y de una forma de posar la mirada sobre la historia. El muro parecía caerse desde hacía tiempo entre los conflictos propios del Este, y el millón de dólares robado es solamente la excusa deconstructiva sobre el relato comunista que la novela propone. La mirada de Yaco no busca determinar una toma de posición ideológica, sino inscribir el modo en que lazos políticos configuran en su tradición historias presentes. En otras palabras, que hay un rompecabezas para armar en cada narrativa de la historia política que cualquiera se proponga.


En esa línea, es posible inscribir en esta lectura de la excelente primera novela de Jorge Yaco, la figura que propone Alexander Kluge respecto a lo que llama “el contexto de un jardín”, según la cual nadie llega al jardín con el objeto de la poda, sino para observar lo que allí crece. Precisamente por eso, puede decirse que El oro de Berlín no presenta la historia de una derrota, ni de las traiciones descubiertas por aquellos que fueron derrotados luego de pelear y afiliar gente en búsqueda de un mundo mejor y más justo. Contrariamente, su elección es transcribir en las memorias del presente la mirada distanciada con aquel pasado. La tensión, ese entremedio que permite duplicar la realidad de la literatura, es el despliegue de capas de superficie superpuestas que no ocultan nada, sino que por visibles son difíciles de hallar.


En síntesis, nos encontramos con una propuesta de mirada sobre las lógicas internas del Partido Comunista, sus relaciones, sus líneas políticas y su memoria presente entre quienes pueden mirar en el curso actual todo ese trazado complejo de su larga historia.



*Reseñador

Esteban Dipaola nació en 1978, es sociólogo y se desempeña como docente de Epistemología en la UBA y como investigador en CONICET y AGENCIA, con especialización en cine y literatura. Sus últimos libros publicados son: “Comunidad impropia. Estéticas posmodernas del lazo social” (Letra Viva, 2013), “Todo el resto. Estética y pulsión de los años 90” (Pánico el pánico, 2012) y “Aura y fetiche. Cuatro herejías sobre Marx” (Letra viva, 2011). Publicó junto a su ex pareja un poemario con el resultado de casi diez años de vivencias juntos y chateos postseparación, que se titula “Odio la literatura del yo” (Pánico el pánico, 2012).