El retrato escondido
Esteban Leyes


El dibujo del tiempo, de Silvina Ocampo

(Lumen, 2014)


1. Figuras


Mientras la premiada película Cornelia frente al espejo, basado en su cuento homónimo, se acerca a los dos años en cartel en el MALBA y la editorial Lumen continúa ampliando la biblioteca de la autora, esta vez con un volumen conformado en su mayor parte por entrevistas, la visibilidad de Silvina Ocampo se encuentra en uno de sus momentos de mayor expansión. Casi la totalidad de sus libros (excepto algunos de sus textos infantiles) pueden conseguirse en más de una edición, cosa que –como explicita ella misma en El dibujo del tiempo­­­– no sucedía en vida de la autora.

Por eso, quizás sea el momento adecuado para esta compilación en la que podemos encontrarnos con la autora a lo largo de más de cinco décadas, con diferentes estados de ánimo y con diversos grados de intimidad. Desde recuerdos de infancia hasta un extenso ensayo sobre poetas líricos ingleses, arman un vasto panorama de ideas que configuran algo así como una figura de autor de primera mano. Pero además, nos acerca a sus lecturas, sus escritores favoritos, sus opiniones y nos ayuda a comprender un su la estética de su propia literatura.

A más de veinte años de su muerte, la aparición de sus inéditos, bajo el meticuloso cuidado de Ernesto Montequin, nos ofrece comprender uno de esos “secretos bien guardados” de la literatura argentina. El dibujo del tiempo además de acercarnos a la voz de Silvina Ocampo, también nos permite una aproximación a su pulso. En una extensa nota final, se detalla, más allá de la procedencia de los textos publicados, los detalles de los manuscritos inéditos que se conservan. A partir de esos detalles, podemos vislumbrar parte de la dinámica de escritura de Silvina Ocampo. Sus manuscritos, las diferencias con las primeras versiones mecanografiadas, las enmiendas de Bioy Casares y las transcripciones de Elena Ivulich, secretaria de la autora.



2. Gestos


Con un gesto quizás irónico, las entrevistas de las que tanto renegaba se ubican junto a sus libros de cuentos en esta colección de Lumen, pero si el recuerdo inventa, si “lo más fantástico que nos queda es la realidad”, quizás no haya un lugar más adecuado para ellas.

Tímida y esquiva, reniega también de los retratos fotográficos e intenta cambiar de rol tomando ella misma la cámara. Aunque finalmente, como sucede con las mismas entrevistas, termina cediendo. No le gusta hablar de sí misma, y evade constantemente cualquier pregunta relacionada con la política. Por contrapartida, su vida cotidiana no es un tema tabú, los periodistas suelen describir las escenas de juegos con sus nietos, y sus gustos culinarios vuelven una y otra vez al centro de diversas charlas. Tampoco escatima anécdotas sobre su infancia, niñez y sus clases de pintura con Giorigio De Chirico. De su figura pública, afirma que la confunden por llevar el nombre de una autora Best seller (en referencia a Silvina Bullrich) y el apellido de una “académica y escritora importante”. Lejos de preocuparla, esta confusión parece tranquilizarla.

Pero no por ello deja de ser consciente de su lugar en el campo literario: “Nosotros pusimos de moda la literatura fantástica en la Argentina”, dice más de una vez, en referencia a la antología que preparó junto a Borges y a Bioy Casares. Su defensa del cuento policial, puede entenderse en la misma línea. Sin embargo, la confianza que demuestra en estas convicciones no se traslada a su propia obra, de la que subraya una y otra vez, no consigue editores.



3. Retrato


El dibujo del tiempo debe su nombre a un texto autobiográfico. El breve relato se detiene en una ocasión en que su hermana Victoria “le hizo el gran honor”de posar para que ella la retratara. Pero al parecer, el cuadro no tuvo la recepción esperada. Luego de encontrarlo escondido tras un mueble del baño, Silvina cambia su escondite, y al notar que nadie lo reclama termina por romperlo. Pero en el presente de la enunciación se instala una duda: “¿quién sabe lo bonito que hoy sería?” El tiempo continúa el dibujo y lo mejora.

Más allá del lugar común (el tiempo mejora, otorga un justo lugar al artista, etc.), no debemos perder de vista lo que esta afirmación puede decirnos de la estética de Silvina Ocampo. Esa que “escondía” los cuentos en el libro para destacarlos, construía narradores que veían lo que no debían, o que se perdían justo la parte más importante. Esa que esperaba un lector que encontrara algo que ella no había visto en sus libros.

A contrapelo de un retrato “bien”hecho, que dejaría todo a simple vista, los dibujos malos, los inacabados, los apócrifos, le dejan su quehacer al tiempo y a los lectores. Son los que, a su manera, siguen “madurando” mientras esconden su belleza para todo el que no llega más allá de lo que está a simple vista. De esos está llena la obra de Silvina Ocampo, y El dibujo del tiempo no es una excepción. No simplemente por la adopción de una “postura” excéntrica, sino como parte de su propia forma de pensarse escritora. Quizás en sus entrevistas sea el lugar en el que Silvina Ocampo mejor sepa ocultarse. Quizás sólo de esa manera, podamos encontrar a la autora.




*Reseñador

Esteban Leyes nació en Buenos Aires en 1985. Es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Publicó Las heladas, editorial El caballo perdido 2007, El muelle, editorial CILC 2010 y Días atrás, Alción Editora 2012. Su cuento Arco cegado forma parte de Paganos. Antología de santos populares. Editorial Alto Pogo 2014.