Una escritura sincera
Joaquín Correa


Me vence tu sensibilidad, de Flavia Garione

(Honesta, 2014)


i.

Con una amiga fuimos a escuchar leer a Flavia Garione. Era una noche y, además de ella, había otras chicas y chicos que leían sus cosas entre un variado número de acontecimientos que completaban la convocatoria. Cuando terminaron las lecturas, mi amiga me dijo algo así como que sólo le había gustado lo que había leído Flavia porque le creía, porque esas cosas que leía pertenecían a su mundo y que su escritura, así, era sincera.


Imaginé encontrar en esa pequeña escena el núcleo duro de lo que podríamos describir como uno de los movimientos habituales de nuestra poesía contemporánea: lectura conjunta de poesía dentro del marco de fiestas, festivales, eventos, donde la poesía, así, vuelve a ser voz y performance, al tiempo que se quiere cercana a otras manifestaciones artísticas (música, teatro, pintura, fotografía, video); trabajos individuales reunidos en lo colectivo; vinculación arte-vida pero no ya al modo vanguardista histórico sino más bien dentro de una poética de lo cotidiano; explicitación de la utilización de criterios personales de gusto que, dígase o no, están en la base de toda crítica literaria.


En el número 18 de la Inimigo Rumor, Ricardo Domeneck publicó un cáustico artículo sobre la situación de la poesía actual brasilera. Luego de dar su particular descripción del panorama, arribaba a una serie de puntos que juzgaba de suma importancia su pensamiento y praxis para el futuro de la poesía. Si bien es cierto que las tradiciones y sus temporalidades son diversas, nada así se ha escrito hasta ahora en nuestro país. Estamos en un gran momento de la producción poética local, con muchos poetas en actividad y muchas realizaciones y muchas editoriales. El deseo es que de todo eso surja, al fin, un consolidado grupo de lectores de poesía que sea capaz, y sienta necesario también, esa visión distanciada y crítica de lo que se lee y escribe. Se necesitan malos poetas, repetía Fogwill: en este caso, para que de toda la fuerza de la cantidad, séanos posible despejar los aires y descubrir los resquicios de la calidad. Estamos, me permito arriesgar, frente a uno de esos casos.



ii.

Cuando leemos Me vence tu sensibilidad de Flavia Garione podemos llegar a decirnos, como Barthes respecto de los haikus, “bah, cualquiera puede escribir esto, así, tan sencillo, fácil y directo en el sentido”. Y no es así de sencillo, fácil y directo. Descubrimos, entonces, el trabajo y la búsqueda de Garione.


Los textos de Flavia Garione se construyen, la mayor parte de las veces, a partir de la presencia de dos polos que son, además, dos historias. La reunión milagrosa en el final nos recuerda las tesis sobre el cuento de Piglia y la necesidad de esas dos historias para la narrativa. Este hecho, sumado al de que los textos estén en prosa, nos lleva a preguntarnos si nos encontramos o no frente a una colección de poemas. En sus presentaciones en vivo, reconocemos en la lectura ciertos espacios, pausas y tiempos propios de su dicción que no son fácilmente recuperables una vez reunidos en libro. Dentro del texto editado e impreso, parece más cercana su escritura a la de la Marina Yuszczuk de Lo que la gente hace: el registro poético breve, condensado y dentro de una serie de la cotidianeidad.


Una de esas posibles dualidades que podemos intuir en los textos es la de lo verdadero frente a lo superficial. Lo verdadero, siempre, es la vida: “Siento que lo verdadero me está esperando en alguna esquina” (Literatura buena pero de mala calidad), “me levantaría pensando que la vida es breve y que hay que aprovecharla al máximo” (Voy a empezar a correr por los barrios más ricos de la ciudad). La vida que, bajo lo superficial, está escondida, disfrazada, olvidada: “Todo parece ser un desastre” (Bandas Indie en contra de la desigualdad social). La poesía es una llamada de atención para detener el tiempo y llevar adelante una vida plena. La poesía es, hoy, una alternativa, un modo de vida alternativo, la elección de uno de los mundos posibles no alienantes. La poesía es crítica. Precisamente aquí es donde aquellos adjetivos que apuntaban a una aparente facilidad de su poesía se desvanecen: estamos frente a un plan poético de escritura crítica. Si a primera vista la poesía de Garione podría ser pensada como post noventas -es decir, post banalización absoluta de todo, kitsch, empobrecida ideológicamente-, este rumor que recorre su trabajo nos detiene y dota de cierto afán trascendental su escritura.


“Lo que más interesa en esta vida es la causa, y por ella soy capaz de dar la vida” cierra el texto, con sarcasmo contundente y anti-social, la descripción de los días de una chica que brega por las causas justas aunque algo distantes. Frente a eso, hay otro trabajo: “todo el tiempo estoy trabajando a favor de mi felicidad” (Trato de tener la mayor cantidad de felicidad que puedo). La felicidad como trabajo diario y consciente, emprendido con tozudez y decisión, frente a todo y todos. Si pensamos Me vence tu sensibilidad como una posible poética dispersa de los trabajos de Flavia Garione, ese es, definitivamente, su núcleo duro: la búsqueda de la felicidad, el trabajo en pos de la felicidad y la vida.


En ese punto, la escritura forma parte central e ineludible de lo vitalista: “Escribir todas las tardes debajo de una palmera” (Internet), “Lo verdadero está en los diarios íntimos que escribí a los 13 años” (Literatura buena pero de mala calidad). Por eso, la escritura debe ser diaria, debe empeñarse en ser diaria, nunca posponible: “si escribir no es tener un registro de algo, ¿qué es?” (Yo no abandono). Y sincera; la escritura debe ser sincera si quiere decir-se: “Escribir es re difícil, el que te diga que es fácil miente. Escribir es re difícil. Ver una hoja en blanco da miedo a veces. (…) Lo importante es escribir y ser sincero” (Escribir es difícil). La escritura debe ser un registro de lo cotidiano. La escritura debe ser sincera. La escritura debe ser una escritura de la vida. La escritura, en fin, para Flavia Garione es una forma de llevar adelante su praxis propia de lo cotidiano.



*Reseñador

Joaquín Correa nació en Mar del Plata, en 1987. Profesor en Letras. Ha publicado artículos y reseñas en distintas revistas, además de Fotografía estenopeica (poemas, 2013) y Yo vi la cara de Lenin y estaba durísimo (crónicas, 2014, La Bola).
Mantiene el blog: http://citasincomillas.blogspot.com.ar/