Una honda penetración en el presente
Victoria Cóccaro


Yo³, de Matías Heer

(Paraná, Gigante, 2014)


Yo³ es el nuevo libro de Matías Heer, un poema largo que recorre muchas formas de escritura. Si bien es complejo, grave, y mantiene una rigurosa atención sensible, no pierde la frescura y liviandad necesarias como para seducir a cualquier lector.

En Yo³ Heer muestra un nivel de registro budista que atiende a lo que pasa en cada respiración, esa es su unidad de medida y de tiempo, por eso en la escritura crea una temporalidad que es la de su propia respiración y la que sucede en quien lee/respira el poema: “Que la mente esté con tu respiración”, nos recuerda tenazmente. A partir del registro sensible con atención a detalles y marcas en la materia (sombra, peso, colores, polvo, calor, humedad), Heer abre series de devaneos mentales como un movimiento ágil entre las cosas. El aire que circula y roza al mundo es una forma de entrar en contacto con él, y esto llevado al cuerpo es, nuevamente, la respiración. Es decir, el estado de flotación se debe, en parte, a que Yo³ es un texto aéreo que tiene como estructura primordial la respiración; y por otra a que el aire delata una forma de habitar tanto el espacio como el cuerpo. El aire toma la fisonomía de lo que toca, el lenguaje es tomado por la respiración y allí se expresa el juego de las relaciones entre las cosas: en las formas que el lenguaje adopta en cada uso que de él hace Matías Heer.


el viento

funde el interior de la casa al pueblo, al monte, al río y se lo lleva.


Si el texto crea una respiración, Heer propone una escritura ética, porque es una escritura que produce actos en el instante que ocurre (escritura, lectura, respiración, por ejemplo) y crea una dimensión que vuelve legible el comportamiento. En ese instante existe una comunión con los elementos del mundo porque esos elementos son los mismos que componen el cuerpo y por ende la mente, las ideas y la poesía. En un ensayo que se titula Razones, poetas, publicado por ><))))*> , Heer expone a la poesía como un epifenómeno del lenguaje humano: “es una herramienta capaz de usos significativos”, es decir, “la poesía es un uso del lenguaje y si somos conscientes de esos usos podemos producir actos”. Tanto en su ensayo como en Yo³, Matías Heer demuestra así la necesidad entre poesía, pensamiento, vida, acto y conocimiento en las circunstancias del momento presente que es el que vivimos. De este modo, llega a una idea que no es para despreciar: la poesía en tanto ética puede conducir a hallar un nuevo uso de lo humano en el presente.

En Yo³ se escribe, tal vez, para comprender los actos de los cuerpos en un espacio (“para encontrar razones válidas para elegir y realizar ciertas acciones”), pero siempre en la dimensión de la escritura. Los actos acontecen sobre el lenguaje que muestra los resultados del juego y las elecciones. En Heer el lenguaje se expresa siempre a sí mismo, y en ese uso o juego está la desarticulación y rearticulación, el acento poético de esta escritura. Respirar, nombrar, habitar: “dónde voy, estoy”, dice un verso de Heer.


Cierro

los ojos ordeno

con el aire la materia del cuerpo,

hago de mi fundamento

la columna;

abarco

las reencarnaciones

de pasto, del asfalto,

de los corredores,

que a cada paso rebotan un yo,


Pero si, como dije antes, la poesía es un acto en el presente, es necesario atender que Yo³ arma un continuo temporal entre pasado, presente y futuro. En el poema pareciera que el cambio es constante: la materia se mueve (“no importa, donde voy / soy cuerpo / su naturaleza es cambiar”) y es nombrada a través de, por ejemplo, distintos modos y tiempos verbales (subjuntivos, presente-pasado, pasado-futuro, presente-futuro subjuntivo) donde se ve la propuesta de Heer de un objeto continuo pasado-presente-futuro, un continuo temporal que también se expande hasta las posibilidades (expresadas en subjuntivo, por lo general) de lo que podría pasar. Por eso, las palabras no funcionan en el poema como algo que fija y cristaliza una identidad o una esencia si no que más bien permite y propaga el movimiento de las cosas (“los colores / de las estaciones / maduran / al respirar y varían / un nombre, no los hará sagrados”). La vida es movimiento y baile: https://www.youtube.com/watch?v=2AQqgdimNyw&feature=youtu.be

En relación a este cambio constante que se quiere capturar como cambio en la escritura en dirección al actuar, a tener razones para actuar porque nuestras acciones son nuestra identidad -siempre móvil, nunca esencialista, nunca propia: lo propio del ser humano es estar habitado por lo impropio-, pareciera que Heer nos dice a cada verso: no voy a quedarme acá mirando e intentando describir para ustedes eso que en su eterno movimiento se puede fastidiar con mi propia descripción, lo único que puedo hacer es ir a una parte de la orilla y decir acá el río hace esto. Silencio, avanzar hasta otra orilla y decir acá el río hace esto. Como en Yo³, el cambio será mínimo, el río será el mismo pero diferente, el agua será un continuo pero diferente; es decir, un presente que incluye las pequeñas variaciones que lo conforman.

Estos estados transitorios aparecen en el poema, por ejemplo, a través de los cambios de los contornos, por eso Heer atiende a las sombras: de la luz ve las sombras. La sombra no es, por ende, un concepto privativo, la simple ausencia de luz, algo como una no visión, sino el resultado de una mirada activa, esa rigurosa atención sensible y budista que mencioné antes: “Que haya sombras. / Que haya sombras para saber que hay cuerpos”. Es decir, así como existe un continuo pasado-presente-futuro en su utilización de los tiempos y modos verbales, en la rigurosidad descriptiva de las sombras la escritura nuevamente hace carne el continuo que Heer devela: una cosa es en tanto la otra, en relación con la otra, lo que tenemos es un mutante continuo entre todo lo que existe.

Pero tal vez lo que más captó mi atención de Yo³es otra tensión continua que se da entre el peso y el flujo. Como si entre estas dos fuerzas (“lo que de abajo / asciende / ahora halla / lo que de arriba / desprende”) se unieran los lenguajes cuerpo-mente y fueran convertidos también en un continuo. La mente flota, el cuerpo pisa, ambos juntos dan esa sensación de flotación y gravedad, de vuelo estático que abre el poema. La escritura de Heer siente el peso de las cosas, pero el peso no lo detiene, la carga lo agiliza y en su levedad puede domar una mosca. (Como una mosca de largas zancas sobre el río / su mente se mueve en el silencio). Yo³ nos hace ver desde su apertura los lugares que las moscas ven para posarse.


Flores

revientan y derriten y reviven

o se fruncen;

de noche, algunas pestañean.

Las moscas posan sobre lo que perece.


La escritura de Heer se sube tanto al movimiento de los cuerpos como al de los insectos que los visitan. A partir de ahí, las moscas diagraman con su vuelo el espacio del poema, errático, recursivo. Y en la repetición del estribillo, mientras las moscas posan sobre lo que perece, el poema ocurre a la par de ese continuo orgánico que se ve entre el pasado-presente-futuro; la sombra-la luz; el peso-el flujo: El peso no es la negación del movimiento sino que lo señala, lo continúa. ¿Cuál es el peso de una mosca? ¿Cuál es el peso de las cosas sobre nosotros? ¿De nosotros sobre la tierra? ¿Cómo es el encuentro con el viento irreverente de la tarde?


El suelo no es mío

sólo lo que apoyo

en él;

y estoy apoyado en otro lado

sobre el techo

de un dodge milquinientos

hecho cuero.


Heer propone que el peso nos habla de los cuerpos, o más bien que los cuerpos se expresan ahí, en el peso: “el cielo prensa / hierbas al suelo”. Desde otra cara del prisma dialoga con esa prosa de Ponge que traduce Borges:

“Más abajo que yo, siempre más abajo que yo está el agua. Siempre la miro con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo. Es blanca y brillante, informe, fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso; y dispone de medios excepcionales para satisfacer ese vicio: contornea, atraviesa, corroe, se infiltra”.

Heer con su escritura entiende la delicada contradicción del peso en lo que fluye y busca un nombre para ese movimiento, a eso que es siempre lo mismo pero diferente, como el río. A eso que renuncia a cada instante a toda forma. Por eso en la atención al peso reaparece -y no como un contrario- el flujo del agua o el viento que atraviesa la superficie de las cosas: “Sos el medio por el que el aire / se extiende a todo lo demás”.

En las primeras páginas el poema muestra a este cuerpo sobre un Dodge 1500 a partir de donde avanzamos como moscas, rodeando cuerpos, sin llevar una dirección consecuente; diez páginas después el cuerpo posado sobre el Dodge se levanta y abre el eco de ese sonido metálico, resquebraja. Como el Dodge, hay otros elementos que reaparecen en el universo del poema, lo orbitan sin generar una narración. Yo³ nombra sin narrar pero eso no significa que esté quieto, ya que se mueve pero no en la dirección del relato. Es decir, que en el poema no haya una narración no significa que no haya movimiento narrativo. La narración en este poema funciona por fluctuación continua, por ensanchamiento: una narración que funciona por expansión como una inundación y no por una flecha de causa-efecto atada a una línea temporal. Así, el peso del par de zapatillas registrado en la tercera página del poema:


Un par de zapatillas

húmedas

quedó en casa:

apenas presionan

la cerámica del piso


reaparece en la página 116, a través del mismo registro del peso sobre la materia con el que Heer señala los movimientos, hundimientos, diálogos, choques, roces o mera indiferencia entre la materia que parece también como una forma de relación.


para imaginar

la distancia de lo que pisa

ahora

con lo que pisó

hace un mes


La apertura de Heer al presente, la delicada comprensión de los actos de los cuerpos en un espacio a través de la escritura ocurre, como dije al comienzo, sobre el lenguaje. Esto se traduce en una conciencia total sobre el lenguaje y sus herramientas (una conciencia que también se hace en y con el poema). La escritura le sirve para respirar y conocer lo que pasa, lo que hace; con la poesía ocupa el lenguaje, lo rearticula y actúa.


Sé lo que va a pasar: “amanecerá”.

Toco

el lomo del sol

que traduce la palma

apoyada en el plástico

reforzado con vidrio

de la ventana,

la trenza dorada de los nervios,

despierto:

detrás de la palma

no estoy, estoy

sólo en la palma.


De este modo, el poema funciona como una pregunta sobre el lenguaje por el lenguaje mismo. Se trata de eso que se está haciendo en el poema en relación a los hábitats de un cuerpo y las cosas con las que entra en contacto. Y ¿qué pasa en ese contacto? ¿Todo lo visto tiene un nombre? En el proceso de conocimiento, el ver y el nombrar se relacionan en el espacio de escritura. Y luego, complejizando un grado más esa relación, aparece la oralidad: “Aprendiste a pronunciar”. La serie del conocer que aparece en la escritura de Yo³ es: ver, nombrar, pronunciar. Y lo que el poema propone es que si en cada momento somos dueños del lenguaje que usamos somos así partícipes o hasta protagonistas del conocimiento de lo que nos rodea, nos atraviesa y nos construye; se trata de estar interesados por las verdades y hasta insertados en ellas sin que esa cercanía nos haga imposible actuar o nombrarlas, porque cómo mentalmente ordenamos tiene que ver con la identidad. En relación a esto, todo el problema alrededor de los nombres -y hasta del nombre del poeta- que va tratando el poema reenvía también al título: Yo ¿qué nombre tiene?

Lo que sabemos es que se mueve, baila, juega, usa, se une al movimiento continuo de todas las cosas, por eso la estática de un nombre no sacraliza. Esto responde a ese doble juego irreverente que hace al poema grave y fresco a la vez, potenciando su movilidad. Lo que Heer se propone es no develar una esencia última si no ir continuamente hasta al borde del acantilado y arriesgarse (a) la vida. Llevar todo a un límite y ampliar el terreno, pensar sensiblemente y adherir todos los modos del pensamiento para habitar un presente donde las cosas y los cuerpos se marcan y se continúan.


Nota:

Para adquirir Yo³ escribir a: gigantemente@gmail.com o fb: Editorial Gigante



*Reseñador

Victoria Cóccaro, Buenos Aires 1984.

Poeta, ensayista, licenciada en Letras. Publicó los poemarios El plan (2009) y Hotel (2012) en la editorial Colección Chapita (Buenos Aires), este úlitmo reeditado por la editorial Gigante (Paraná) en 2013. Codirigió la editorial y revista de poesía y arte El niño Stanton. Además toca el bajo en la banda experimental de música electrónica en vivo Laboratoriosdelfin.

Actualmente, desarrolla una investigación sobre las poéticas de los cuerpos en algunos escritores argentinos y latinoamericanos de la última década, participa en diversos grupos de estudio e investigación como el Ubacyt “Espacios, paisajes y afectos: dispositivos narrativos en el campo de lo sensible”.