Sobre la serie


Pompón Rudnitsky


Qué bueno habernos olvidado de los rodeos y dejarnos encandilar con lo que vemos,

presentarnos francos y con la obviedad desterrada.
Qué bueno haber hecho obsoleta a la realidad,

apoderarnos de ella para hacer la foto que más nos gusta.


Me interesa todo, todo absolutamente, en especial lo que me deja estupefacto. Entender qué es todo sería la ilusión perfecta de la profundidad, un vacío que sin dudas nos deja en la instancia previa a un acto de creación auténtico.

Vuelvo a las imágenes para entender qué significan esos objetos ahí, qué representan o para qué sirven.

Espero una revelación súbita que transforme la experiencia. Vuelvo a las imágenes para ver lo que hice desde un ángulo distinto, para no ver la realidad siempre desde el mismo plano, para confrontar el aburrimiento, para esperar la transformación de las cosas.

La realidad se niega a cumplir con nuestras fantasías, se convierte en un jardín imposible en el que una diagonal es la utopía de unir dos vértices separados.

Parece que no hay nada que esté presente a simple vista, que nada tiene que ver con nada, hay algo que más bien parece permanecer oculto.
La oscuridad es la condición indispensable en donde anida la fertilidad, la sabiduría, la filosofía. En esa serenidad eterna e inalterable aprendemos y enseñamos.

Hay un espacio, hay un interior indivisible y vacío en el que no se puede ver. Al final, lo esencial es haber buscado.