Las viñetas de Oscar Steimberg
Mariano Vespa


Las viñetas de Oscar Steimberg

La historieta es una feria de maravillas que, con el paso del tiempo, pudo liberarse de cierta inferioridad respecto a otros géneros discursivos. El semiólogo Oscar Steimberg (1936), profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires y director del posgrado de Crítica de Artes en el IUNA desde 1968 - fecha de la Primera Bienal Mundial de la Historieta- ha escrito ensayos, ponencias y colaboraciones periodísticas, sobre la geometría discursiva de las historietas, desde una perspectiva semiótica y sin perder de vista las conexiones históricas con otros géneros. Junto al fundacional libro Semióticas, Eterna Cadencia reeditó, en forma corregida y ampliada, Leyendo historietas, compilación de todos estos artículos. Si los géneros discursivos son celdas culturales, la historieta - dice Steimberg- representa el goce de los límites; es casi como el sueño. Alguna vez Fogwill dijo que el Pasaje del Signo - calle donde reside Oscar- fue nombrada así en su homenaje.

Nos juntamos una tarde en el Hotel Bauen, a pocos metros de La Academia, uno de los míticos bares donde solía compartir lecturas y diatribas junto a Fogwill, Osvaldo Lamborghini y tantos otros escritores notables.


Para definir a la historieta, la investigadora Laura Vázquez usa la metáfora del vestido de quince que le presta una joven a su prima menos pudiente. Tomando en cuenta que la oferta actual de revistas de historietas es escasa, ¿considera que la historieta ha perdido legitimación?

Yo no diría que ha perdido legitimación en la medida que el género es seguido y estudiado con una lectura más atenta que en los tiempos en que las revistas de historietas tenían mayor circulación. La metáfora que decís tiene varios significados, uno de ellos es el valor de la transposición en la historieta. Así como en el vestido de quince hay un segundo uso, en la historieta hay numerosos relatos que vuelven a circular de un modo más sencillo de procesar en recepción. En ese sentido la lectura de historietas pasó a ser reconocida como una actividad compleja dado que involucra en sí misma otros relatos. La relación entre historieta y literatura o entre historieta y cine cambió, así como también cambió la relación entre cine y literatura. Actualmente cuando aparece una novela en cine no se intenta llegar a más público con un mismo relato - como se decía antes de la década del 80- sino que aparece la obra literaria como un insumo con el que se trabaja. Con la historieta pasó lo mismo. Cuando Alberto Breccia empezó con la serie de transposiciones de la novela o el cuento de terror como La gallina degollada y tantos otros relatos, lo hizo utilizando ese recurso no para que el cuento o la novela – Poe, Lovecraft- aparecieran como eran sino porque eran relatos que le permitían jugar con los recursos plásticos de la historieta e incluso jugar en el límite, porque le gustaba interrumpir la secuencia y circularizar las sucesiones.


Groso modo, ¿qué cambios significativos en relación a la historieta se dieron lugar en nuestro país?

Las historietas de diario eran de dos tipos. Las historietas de aventuras y las historietas de una comicidad costumbrista. Ese tipo de comicidad generó un cierto humor surrealista y una cierta reflexión poética desatada acerca de la relación entre el individuo y la cultura o el individuo y su propia creación de memoria. Hoy es muy difícil encontrar historietas de aventuras en un diario. De hecho se puede comparar lo que eran las historietas de La Nación hace 60 u 70 años y lo que es ahora. La diferencia es tremenda. Como si hubiera cambiado de manera cualitativa el tipo de lector, en sentido de preocupación, formación, información, todo lo que pasa en el conjunto de la cultura.


Las primeras historietas nacionales tenían un tinte político ¿cuánto ha cambiado en términos cualitativos?

Las primeras historietas formaban parte del debate político. Representaban una comicidad satírica. Pasó mucho tiempo hasta lo que se llama el humor argentino de hoy, entendiendo al humor como aquel por el cual el productor del dibujo y del texto se implica en la humorada. Es decir mientras que la comicidad está depositada sobre un tercero, en el humor se inscribe un compromiso del sujeto en la humorada. Hoy el humor político es más complejo, como si el lector fuera invitado a completar él mismo ese sentido. Las producciones de humor que aparecen en los medios son una invitación a ese juego, que generalmente es un juego serio.


¿Qué cambio genera en la historieta su edición digital?

Evidentemente el papel está parcialmente sustituido. A qué situación se va a llegar en esa sustitución o complementación es muy difícil de prever pero la historieta digital ya existe. El repertorio de posibilidades es aún mayor que en otras etapas. Los nuevos soportes o los nuevos dispositivos, como la plancha de lectura, es como si invitaran a un uso de la historieta más cercano a sus orígenes que la lectura en la pantalla vertical. Un lugar intermedio entre la pantalla vertical y el papel. En la lectura en pantalla, las solicitaciones en términos de atención a otros mensajes que no son de la historieta es permanente. La tecnología da esas sorpresas: un avance es el retorno a cierto nivel de la experiencia de contacto anterior a la etapa inmediatamente anterior a la era digital. Eso contribuye a que sean difícilmente previsibles los modos de lectura de la historieta.


También cambia el lenguaje.

Cuando cambia el ritmo y la articulación de secuencias, está cambiando todo. Los nuevos descubrimientos históricos y las nuevas entradas analíticas no sólo modificaban el texto histórico producido en una época sino que también modificaban la visión del pasado, como cuando se agrega una pincelada más al cuadro. No cabe la menor duda que el lenguaje ha cambiado. Hubo cambios a partir de la Edad Media, pero nunca se dejaron de escribir sonetos. De pronto uno podría decir que hay zonas o elementos donde cada uno de los lenguajes o los géneros de la comunicación contemporánea cambian más que otros. Los géneros del saludo, en la comunicación digital, es como si estuvieran en una instancia de fundación permanente. No se sabe cómo saludar, no se sabe cómo dirigirse al otro, no se sabe cómo saludar al comienzo del texto ni al final. Empiezan a verse novedades que antes estaban ocultas. Pensémoslo en términos emotivos: ese problema no existía antes. Había un cierto registro de posibilidades. Es cierto que el saludo tiene un horizonte de posibilidades amplio –la frase, el gesto, el chiste- pero los límites eran más fáciles de percibir. En los e-mails se percibe la reiteración del nombre propio, el uso de la inicial en las firmas, también podés bajar con el mouse y aparece en tono gris, con menos contraste, como si fuera el efecto de una distracción, una amplia gama de informaciones personales.


Metz hablaba de la necesidad de incorporar el estudio de las historietas en la enseñanza primaria y media ¿en qué caracteres observa que puede ser beneficioso?

Él decía que había que enriquecer la lectura, ¿por qué no enriquecer esa lectura con historietas? Los lectores son más ambiciosos. La historieta puede ser leída como un objeto cultural de una riqueza integral igual a cualquier otro. Entrega posibilidades de lectura, de interpretación, de indagación e incluso de redefinición de lecturas anteriores. Hace poco hablaba con un chico de once años que tiene en la casa revistas de superhéroes de distintas épocas, incluso muy anteriores a su nacimiento. Me decía que las historietas de la década del 70 le parecían demasiado esquemáticas. A nivel analítico no dejaba de ser un niño, pero ya comenzaba a desarrollar el gusto y percibía esa impronta: sentía que las historietas de los setenta le tomaban el pelo, que eran para niños de ocho años.


¿Cómo interpreta la apropiación que hicieron jóvenes militantes de El Eternauta?

Es interesante, sintomática de algo que excede el lugar político de esa juventud. En general la construcción de símbolos se hacía poniendo el acento de determinadas propiedades del personaje representado pero sin poner el acento en el tipo de lenguaje utilizado como recurso de la representación, y sin poner el acento en determinado momento de la existencia de ese lenguaje o de su género. Puede verse u oírse en las distintas versiones del himno. Poner a un personaje histórico, referente político el traje de un astronauta de historieta es similar a poner el himno en un género o estilo popular musical. Es una prueba de transposición. Cuando la gente va a ver una novela en versión cinematográfica, en parte lo hace para ver qué pasa con la transposición, como una necesidad de percibir los efectos que ese viaje en distintos soportes produce. Hay transposiciones en todos los sentidos, no en uno solo. Es como si la época pidiera probar, comprobar, conocer y comentar lo que pasa a los textos cuando viajan de soporte a soporte.

Entrevistador
Mariano Vespa nació en Tres Arroyos en 1988. Estudia Comunicación Social. Es colaborador del suplemento Cultura del diario Perfil y del suplemento joven Ni a Palos del diario Tiempo Argentino. Participó en la Revista Tónica. Geminiano errante, cree que hay que prestar atención al ascendente, porque todo lo que asciende tiende a converger.