Nunca menos
Flora González Lanzellotti


Nunca menos. Covers de la literatura argentina.
Comp. de Luciano Lutereau y Esteban Dipaola.

(Pánico el Pánico, 2013)



'Para atrapar al tiempo hay que narrarse; narrar la materia en su triple mímesis: prefiguración, configuración, refiguración. La moción, por tanto, nunca se detiene. La ilusión del tiempo, tampoco'.


Paul Ricoeur



I.


La genética del 'drama de la antología' puede remontarse en el tiempo hasta casi perder la memoria. Sus condiciones de posibilidad, su teleología y sus justificaciones siguen siendo cuestionadas. Estar/colocar dentro o fuera supone un posicionamiento que contribuye a la acción de discriminar, que le da a la memoria una dirección, una ocupación. De hecho, las antologías son en cierta medida un obús disparado contra el olvido; contra la parcialidad del olvido. Seleccionamos autores y textos bajo la licencia exculpatoria de alguna temática específica, de alguna línea inclusiva que los guarezca de la indiferencia, del tiempo. Recortar la materia es siempre transformarla. Hay autores que sin las antologías quedarían condenados a la misión de tener que escribir una obra 'capital', 'indispensable', 'fundamental'. Otros entienden que a ese mandato se le ven los estertores, que hemos configurado un mundo expresivo indiferente a los corpus y a las totalidades; que nos instalamos cómodamente en los procesos y en sus productos porque ahí se estaría jugando la verdad de lo que se crea. Como generación intermedia, los escritores sub 40 navegan estas aguas con más conciencia, mientas se sacuden los restos del homo analogicus que alguna vez fueron y se adaptan a un paradigma que, por no ser el suyo natural, los exige de algún modo. Toda adaptación es crítica. Y aunque esté muy lejos de la tragedia es, por menos, esforzada. En cualquier caso, el rito de pasaje pareciera ser todavía la década del '90. Pero, ¿es posible registrar ese tránsito sin una acción de recorte? ¿Tiene sentido seguir ubicando generaciones y voces utilizando un lenguaje casi obsoleto aunque su función conectora con el pasado lo mantenga vigente?



II.


La novedad de esta antología es el concepto de cover que representa un giro de signo epocal coherente y claro. La mímesis como tal ha quedado de tal manera oculta y desprestigiada en su superación que exige a la escritura una reconversión natural que fluya en su torrente contemporáneo con forma de re-elaboración, de re-expresión. Cuando Walter Benjamin afirma que “Cada día cobra una vigencia más irrecusable la necesidad de adueñarse de los objetos en la más próxima de las cercanías, en la imagen, más bien en la copia, en la reproducción”, está construyendo puentes de hierro que van a conectar las periferias con los centros, que van a hacer visible la marginalidad de un producto, de una pequeña obra que se inserta en el marco de la versión, de la apropiación textual de la tradición y del canon. En esa línea, la segunda mímesis de Ricoeur, la configuración, trabaja sobre las vigas que sostienen la estructura de la materia primera, produciendo el inicio de la versión, del cover, que se amplificará finalmente en la lectura. El cover reversiona, resemantiza, pone en acto una significación nueva de su original al que le otorga de alguna manera una chance de revivir, de volver a estar entre nosotros con nuevas resonancias. Sin embargo, el resultado de tal procedimiento es -sin discusión posible- una nueva obra. La transformación ineludible que produce el lenguaje, la palabra, es lo que instala la creación en el orden temporal. La matriz traductora del lenguaje hace de la escritura una máquina de versionar, de coverear, que se adapta a la historia con toda su evolución, con toda su tecnología, desde Borges a Katchadjian. Lo que lubrica la máquina no es tanto el procedimiento sino su instancia constitutiva, genética. El discurso literario está atravesado constitutivamente por todo aquello que sostiene lo real de la propia historia, indisoluble de lo real histórico y colectivo. No parece que tengamos a mano todavía otros procedimientos estructurales y compartidos que sirvan para contarnos la década del '90 y la transición hacia el kirchnerismo. Ya no es el sentido como tal lo que sostiene la hermenéutica, sino sus variaciones, sus contextos sociales e histórico-políticos. Ahora bien, ¿le es posible al cover la autonomía? Esa nueva obra, esa versión, ¿puede emanciparse de su original en un registro que no sea estrictamente formal? Podría decirse que, si es un buen cover, su autosuficiencia está asegurada. El producto como tal prevalecerá no sólo en una sana cuasi-desconexión de su original, sino también generando las condiciones de posibilidad que le permitan ser, a su vez, reversionado. La reescritura, la copia de la copia, la máquina de la reproducción contemporánea no puede abordarse ya sin el loop, sin el rizoma que disemina y fragmenta en todo el espacio que nos rodea sus significaciones y marcas de bits. Si, además de su calidad, el cover nace desde su original con una autoconciencia de clase, es posible que incluso por la misma naturaleza de su procedimiento nos haga enfrentarnos con ese original por primera vez, como si fuera nuevo, como si empezara a existir a partir de sus propias reversiones. ¿Hay algo más postmoderno que el giro hacia la historia a través de la vanguardia?



III.


Nunca menos. Covers de la literatura argentina es una antología conformada por nueve relatos que reversionan textos de D. F. Sarmiento, Elías Castelnuovo, Juan José Saer, César Aira, Rodolfo Fogwill, Fabián Casas, Alan Pauls, Juan Terranova y Ariel Idez. En el Prólogo -firmado por Luciano Lutereau y Esteban Dipaola- se lee una suerte de tipología del cover y de la versión que busca delimitar el rango de acción de lo que se presenta: “reinvertir las narrativas para retornarlas a su sí mismo”. Este Prólogo, cuyo texto aclara que no lo es, navega las aristas políticas y estéticas de una apuesta que cierra una trilogía abierta con Karaoke (Textos intrusos, 2012) y Escribir después (Ediciones Outsider, 2012). La apropiación como modo de producción es el núcleo alrededor del cual gira todavía la presencia fantasmagórica del canon, al que se responde por medio del deseo objetivo del fin de la forma: “La estética del cover le debe menos a la crítica literaria de los últimos cincuenta años que a la propagación de los memes, a los mods de los videojuegos, al geek, y otras formas de intervención en que el rastro del artista se pierde debido a la velocidad de la información. En definitiva, a nadie le importan ya los debates acerca de los fines de la literatura y la medida en que el círculo se cierra”. Sin embargo, más adelante, se afirma que la década del '90 logró convencernos de que postmodernidad y neoliberalismo significaban no un fin cualquiera, sino el fin de casi todo (la política, el arte, la cultura) y que en contraposición, la década ganada nos enseñó a hacer literatura con “esos restos minúsculos” para desafiar todos los finales. No cabe duda de que los años de kirchnerismo han resucitado muchos finales a los que ha inyectado sangre suficiente, pero puede observarse una tensión inquietante entre el fin de la forma (el cover definido por el Prólogo) y la displicencia ante el final como muerte o desaparición objetiva. Si “Actualmente la postmodernidad es el horizonte siempre incompleto e incumplido que nos arroja a esa posibilidad de decir todo y reescribir siempre” pero a su vez ya no importan los fines de la literatura, entonces quizás estemos ante la encrucijada de la narratividad de la historia en la que estos covers se insertan, succionando cánones anteriores, produciendo los inescapablemente nuevos. La condición política “netamente postfundacional” de los covers que conforman Nunca Menos es, de suyo, una conciencia de clase histórico-estética por demás canónica y cerrada. Y está muy bien que así sea. “La literatura se metamorfosea como literatura documental porque nos ofrece el porvenir de toda una época. La literatura nos constriñe a la presente e inactual tarea de reversionar textos para documentar ilusiones por-venir.” Mientras haya canon, historia, décadas de fines y restos, documento, posibilidad y porvenir, habrá forma, habrá re-forma, habrá covers autónomos y auto conscientes. La versión seguirá siendo, de una u otra manera, una pulsión de futuro incardinada en la forma que el signo le exija, por más diluida que se nos manifieste.



IV.


Nunca menos se abre con el relato Sombra glamorosa, de Esteban Dipaola y se cierra con Carne cortada a cuchillo de C. Castagna. En medio están Claridad, de Ariel Idez; Nadie nunca nada, de Pablo Farrés; Las vueltas de la vida, de Christian Broemmel; Morir adentro, de Esteban Castromán; Pasado en limpio, de Matías Pailos; Oseo, de Ever Román; y Somos Venezuela, de Facundo García Valverde. Nueve covers dispares, dodecafónicos, donde no hay una nota predominante pero sí se evidencia una crisis de la tonalidad. Una crisis entendida como un punto de inflexión que provoca la configuración de un sistema que de alguna manera reversiona sistemas precedentes por considerarlos insuficientes, deslucidos, tartamudos. La relación con el original que se coverea es conflictiva en algunos casos, más fluida en otros. Directa y evidente como en el caso de Dipaola y Sarmiento; Farrés y Saer; Broemmel y Aira; Castromán y Fogwill; García Valverde y Terranova. Menos clara y más camuflada en el caso de Idez y Castelnuovo; Román y Casas; Pailos y Pauls; Castagna e Idez. La estructura formal de cada relato responde precisamente a la relación que el autor del cover haya querido (o podido) establecer con su original. Es posible rastrear registros que van desde el homenaje hasta la parodia, desde una intencionalidad clara de enfrentamiento hasta un movimiento camaléonico de intervención sigilosa. Sin desmarcarse ninguno de un marco estructural de corte realista y directo, hay relatos que coquetean con la metáfora de modo más sutil, como los de Farrés, Idez y Broemmel, mientras otros se mueven en terrenos más didascálicos y teatrales como Dipaola, Román y Castromán. Pailos, García Valverde y Castagna generan estructuras más flexibles, más sueltas, y por eso mismo más caóticas por momentos. Hay una línea que se tiende de manera transversal a todos los relatos y que podría sintetizarse en una alusión o referencia más o menos velada a una cultura de la actualidad, a una contemporaneidad estético-política argentina, es decir, una referencia posicionada en un tiempo (el ahora) y en un espacio (el nuestro). Tanto la década del '90 como los inicios de kirchnerismo están presentes como fondo o como forma, como marco o como núcleo figurativo. Claridad, de Idez y Nadie nunca nada, de Farrés se diferencian con contundencia del resto de los covers, en cuanto procedimiento y dispositivo literario de reversión. Si algo se echa en falta en Nunca menos es tanto un original como un cover femenino.



V.


Hay tres aciertos destacables en esta antología. Por un lado,el epílogo de cada relato en el que se registra una suerte de síntesis biográfica, producto de cruzar en mix algunos datos relevantes del autor original con pequeñas perlas personales del autor del cover. Este procedimiento puede producir un estado de confusión notable en un lector desprevenido, que lo llevará sin remedio a un registro de ironía y humor que viene a enfatizar la idea de cover y a cohesionar el texto global. Por otro lado, el hecho de que en el Prólogo se apunte aquellos autores sobre los que se realizaron los covers pero sin establecer una conexión directa entre el original y su versión. Esto provoca una suerte de exigencia en el lector, puesto que interesa dar con el texto que disparó el cover y, aunque no se entregue a un mecanismo de literatura comparada, sí puede hundirse en el dispositivo de la versión como procedimiento y como producción de una obra nueva, referenciada a partir de su original. En esta mirada exigida hay, de alguna manera, otra reactualización, una refiguración si se quiere, a la manera ricoeuriana. Por último, el hecho de que se reversione un texto de Ariel Idez y que éste coveree, a su vez, uno de Elías Castelnuovo. En este giro es en donde el concepto que oficia de marco antológico cobra vigor y dispara su arista más notable. Un autor como Idez, sólido e indiscutiblemente interesante, es deconstruido y reescrito en simultaneidad con su deconstrucción y reescritura de Castelnuovo. Aquí repta la literatura como postproducción, la apropiación como modo de producción, la sucesión del tiempo que es a la vez diacrónico y sincrónico. La aparición de este giro hace que la posibilidad de una antología de covers cruzados sea, en realidad, un proyecto necesario y deseable en el que puedan incluirse autores como Carlos Busqued, Hernán Vanoli, Gilda Manso o Valeria Tentoni, por sugerir algunos nombres. Y es deseable porque instalaría la acción de reversionar, de resemantizar en esa máquina lubricada de la que hablábamos antes; en un loop que no precisa justificación alguna, ni explicación ni hermenéutica. Iniciaría el verbo coverear en una gramática literaria, estética y política de una manera mucho más natural y no tan problematizada. Abordaría esa postmodernidad en la que todo puede decirse y reescribirse, en un gesto violento para con la idea de final, de clausura. Diría -con un tono de voz postnoventas- algo así como: “miren ustedes, esos a los que se las pasó el sueño de tener una bandita punk con letras pretenciosas, acá tienen dónde y con qué metamorfosearse, documentar camelónicamente lo que fue y lo que viene, arriesgar la voz hasta que les duela el esófago literaturizando los noventa y los dos mil de una vez, profundamente, sin armas si no quieren, pero a gritos”.



*Reseñadora

Flora Vronsky (Buenos Aires, 1978) es licenciada en Letras, en Filosofía y magíster en Gestión Cultural. Docente de literatura hispanoamericana y de pensamiento iberoamericano, ha publicado numerosos artículos, reseñas y capítulos en el ámbito académico. Actualmente está realizando su doctorado sobre la relación entre filosofía y poesía en la Universidad Autónoma de Madrid y preparando su primer libro de ensayos. Escribe poesía, crítica literaria y cultural y artículos de opinión en diversos medios. Tuitea como @lavronsky y lleva el blog www.aguadelumbre.com