Sueño con África
Lorena Curruhinca


Sueño con África, de Alain Lawo-Sukam.

Viajera Editorial, 2013
200 páginas.



En youtube se puede ver el vídeo que realizó Amanda Baggs — activista por los derechos de los autistas—: In My Language. El vídeo es el recurso que ella encontró para mostrar que no existe una sola forma de comunicación tal como está consensuada; que ella y cualquier otra persona de distintas condiciones cognitivas se relacionan por medio de su propia percepción y las cosas también interactúan con ellos.


Alain Lawo-Sukam es Camerunés. Reside en Texas (EEUU) donde es catedrático. Su primer libro de poesía Sueño con África, está editado en Argentina y lo escribió en español, inglés y francés. La colección se llama Bífida: imagino una lengua enormísima con dos bultos saliendo y en ellas van los idiomas en los que él se crío, los que eligió o a la inversa, y no hay manera exacta de vislumbrar en qué orden van esas protuberancias abriendo camino idiomático mientras reverberan.


Al explicar acerca de los orígenes del poemario, Alain cuenta acerca de su iniciación con la poesía de la tradición oral, que eran arrullos femeninos y le hablaban de aprender el universo. Al hablar de su vida y las dificultades de su continente —África no es un país, es justamente lo que late en todos sus versos: es tierra y no en una versión romántica o edulcorada de cantantes que hacen campañas para nenes pobres— narra acerca de su posicionamiento frente a la poesía; desde el comienzo deja en claro su poética: “Para mí es una especie de liberación mental que me permite tener, por algunos momentos, las riendas de mi vida y la sensación de cambiar el mundo con palabras”. Y esta sensación no es una declaración ingenua, tiene la potencia de quien conoce la resonancia de lo nombrado y saboreado; el mundo es consecuencia de acciones, pero éstas están atravesadas por signos lingüísticos que el decir modifica, reclama y también recrea.


En otra parte del vídeo, Baggs, atraviesa el chorro de agua de una bacha y dice que muchas personas asumirán que eso que ven es algo simbólico que necesita una decodificación: ella lo niega, ese movimiento circular de sus dedos y el líquido es su modo de estar en constante conversación con todos los aspectos del ambiente que la rodea. Lawo-Sukam hace de esos idiomas su experiencia vital, hace de su historia personal la historia de África: “Son aquellas voces sin voz el cayado del poeta”. Cuando parece que los sonidos son todo lo que queda de un lugar lejano, él convierte su narración en una conversación constante con la situación política, con las desgracias, con la religión, con la música de un djembe, con las personas que hacen que no se aparte de ahí y que haga su propia interpretación del mundo a través de los ojos del catedrático que ahora es, del niño que presiente que la cosecha va a ser mala porque su lengua lanzó saliva tres veces. Y aún en la distancia “Lejos de ti, sin ti / mis cantos son ilusiones silenciosas” y en el sufrimiento “Servir a una horda de orugas/ dictadores disfrazados de mariposas / ávidos de cabezas que mandar.” busca las palabras para seguir conversando y descifrar; porque hablar con algo es una manera de persistir, continuar el nexo con lo distante e incluso la impresión de habitar lo invocado.


Alguien que escribe “Rescatado de tantas guerras / Ruanda-Congo-Liberia-Sudán / mi alma apagada por infinitos entierros / huye del presente entre disparos y machetazos / sin saber por qué la persiguen / sin saber por qué sigue viva” necesariamente va a buscar de muchos modos en varios idiomas una libertad de ese dolor, pero asumiéndolo. Él no se aparta de sí, hace la operación contraria: se llena de palabras que se abren y dan cuenta de toda su complejidad. No utiliza el lenguaje, se hunde con todo el cuerpo y hace física toda intimidad y emoción. En esta operación se carga con toda la simbolización etimológica posible, quizás porque advierte que hay un instinto común que nos traspasa y es universal, y el núcleo está ahí, en África donde empezó ese peregrinar; y él nos viene a recordar un ruido latente que intenta visualizarse en cada uno de nosotros, algo de un lenguaje que es corporal e intuitivo y permite configurarnos de otro modo cuando entendemos que somos parte de un entramado primigenio y de otras circunstancias que no son tan remotas porque al final todos proveníamos de un miasma original que sólo da una pista para luego seguir con todos los interrogantes, pero ya sin tanta inocencia.




”Despiértate, África

I
Despiértate, África

despiértate de tu postración

y sueño de entierros.



Víctima de la ociosidad

tu tesoro humano y material

fue saqueado por siglos.


Es tiempo de tomar nuevos rumbos llegó la hora de pensar

¡sí! ya llegó la hora de pensar

en el destino de tus pequeños

en vez de preñar mujeres ajenas.


Esfuérzate y alienta tu corazón

no te ahogues en la noche de angustias.

Congrega alrededor de la Ceiba

los hijos esparcidos por los mares

unidos contra la malicia colonial

liberados del yugo enemigo

y de la cobardía de los suyos.”



*Reseñadora

Lorena Curruhinca, (Viedma 1981). Reside desde pequeña en Carmen de Patagones, por lo que se considera maragata. Vive y estudia Farmacia en Bahía Blanca. Trabaja en corrección de textos. Con Gerónimo Unibaso editan "Esto no es una revista literaria", dirigen la editorial "Colectivo Semilla" y organizan la Feria de editoriales autogestionadas de Bahía Blanca. Tiene un libro de poemas: Una chica de río (Colectivo Semilla, 2012).

Blog: principiodeincertidumbre.blogspot.com