Intro
Sol Echevarría


“Puede describirse al mal, en sentido extenso, como la suma total de la oposición existente, contra los deseos y necesidades individuales, que la experiencia muestra en el universo, de donde surgen, entre los seres humanos al menos, los sufrimientos que abundan en la vida. De esta manera el mal, desde el punto de vista del bien humano, es lo que no ha de existir”, dice la Enciclopedia Católica. Pero el mal existe. Es decir, tal como evidencia la etimología latina -ex-sistere (estar fuera)- el mal es algo que está-ahí y se manifiesta de múltiples maneras. El objetivo de este dossier es poder pensar el modo en que el mal opera a través de sus figuras. Pensarlo ya no como un error, un des-acierto de la humanidad sino, por el contrario, en su capacidad de dar en el blanco en tanto hay algo del orden de la verdad que pone al descubierto. El mal nos conduce al peligroso fondo de la cultura, justamente por su falta límites. A través suyo es posible abismar el pensamiento, llevarlo más allá, haciéndolo transgredir las normas para mostrarnos el sentido de nuestra propia ex-sistencia. Lejos de la idea de Mal absoluto, etéreo y lejano, el mal que atraviesa los textos de este dossier es en extremo cercano, de hecho, hunde sus pies en la tierra para ser parte nuestra. Tal como escribe Baudelaire en Las flores del mal: “Tú conoces, lector, este monstruo delicado, -Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!”.