El nazismo argentino
Leticia Martin


El vampiro argentino, de Juan Terranova
(Editorial Lengua de Trapo, 2013)


Estamos en la post Guerra de Emancipación. Tras la conquista de Gibraltar, Alemania domina el mundo. Argentina da su apoyo al Reich y termina convirtiéndose en una de sus colonias. Lo mismo sucede con África, Europa y el resto de Sudamérica. Estados Unidos y México ingresan en la planicie de la decadencia y se convierten en sociedades pastoriles. En ese aparentemente infranqueable bloque de poder que constituye el Tercer Reich a nivel planetario, comienzan a suceder hechos extraños. Tres asesinatos en serie inauguran la acción central de la trama. No son muertes habituales, todo lo contrario, algo llamativo aparece en la escena de cada crimen. Algo que se repite. Cuerpos agujereados por una máquina a los que se les ha extraído la sangre. Cuerpos que se van sumando con el avance de la investigación. Un cuerpo que no corresponde a la serie. ¿Qué anuncian por lo bajo esas muertes?

La historia se despliega en las vísperas del Bicentenario argentino. La excusa es perfecta para que Juan Terranova describa extensa e imaginativamente la arquitectura de Buenos Aires. Gran parte de las escenas transcurren en edificios donde se erigen obras monumentales. Siguiendo las descripciones, el lector puede ver cierto estilo arquitectónico alemán. La Biblioteca Nacional, por ejemplo, narrada como un enorme bloque de cemento de veinte pisos de altura, base ancha y esculturas decorativas. El gran observatorio. Las catacumbas del zoológico donde comienza a develarse el misterio. Fuera de los grandes centros urbanos, modernas técnicas se aplican a la actividad agropecuaria. El desarrollo del territorio nacional es inevitable. Como contracara de ese avance, el Imperio está implosionando, las posiciones ocupadas por los Servicios Secretos del Reich dejan a la vista su costado más lamentable. ¿Se trata de una ucronía? Puede ser. Un hecho histórico es repensado y reescrito en otra clave. Pero ¿no podemos, acaso, pensar esta novela como una distopía? También. Ese resquebrajamiento del sistema, esa decadencia que anticipan las muertes, devela la disolución final de un sistema de pensamiento.

Víctor Bravard, SS de rango Hauptsturmführer, será quien lleve adelante la investigación a pedido de sus superiores en orden jerárquico: Ludwing Laggar y Herr Willfred Austich. Fiel a los cánones del género policial, Bravard se hace de una dupla apenas comienza a desplegarse la trama indicial. Su complemento es Wasserman; un viejo alto, desgarbado, solo en el mundo y vinculado a ciertas prácticas rituales condenadas por el nazismo. La improvisada pareja de investigadores - uno de perfil racional y otro de perfil esotérico - debe operar al margen de las fuerzas oficiales. Este hecho no tardará en conseguir que el lector se involucre con los protagonistas y siga desde sus ojos el transcurso de la historia.

Contada en tercera persona por un narrador omnisciente, El vampiro argentino parte de una inmensa incomodidad: los nazis mandan, nuestra patria forma parte del Imperio y aquella ideología consiguió imponerse. Ese ambiente resulta perturbador. Desde una realidad tergiversada, Terranova enhebra una trama barroca, llena de pliegues, traiciones, y giros sorpresivos, que en todos los casos es retomada y concluida con inteligencia. Lo que leemos no es el pasado ni una proyección del futuro. Lo que leemos prefigura la imagen de un presente que no fue. De alguna manera el procedimiento evidencia que las cosas siempre pueden ser peores y que “hablar de nazismo” no es otra cosa que ese grado exacerbado de autoritarismo y violencia. Su distopía sucede en un contexto que nos resulta cercano y que camina hacia la disolución. Sin dilaciones, como de costumbre, Terranova siembra entre los párrafos de la novela una cantidad de lugares políticamente incorrectos. Ese desacomodamiento exige, al mismo tiempo y de modo permanente, una alta actividad interpretativa de los lectores. ¿Qué es más violento? ¿El esperable devenir de la investigación criminal, la descripción de los cuerpos lacerados, el lugar que ocupan los personajes en el escenario elegido? La trama se teje, necesariamente, con retazos discursivos de ideología racista, disciplina exacerbada, selección natural de las especies y descrédito de las mujeres. De alguna manera, detrás de la historia central de esta ficción, subyace una pregunta inevitable; ¿qué tipo de país hubiéramos sido si Alemania ganaba y aquellas relaciones prosperaban una vez concluida la guerra? “La Argentina fue una hija pródiga que tomó a sus padres maltrechos y los cuidó y les dio de comer y los arropó cuando hizo frío”. El vampiro argentino se edifica sobre un escenario tan verosímil como revulsivo. Si bien por momentos ciertos diálogos pueden resultar sobrecargados de información, las observaciones y detalles con que se construye el recorrido policial resultan ajustados y generan una intriga creciente. Por otro lado, ciertas marcas de enunciación evidencian, de modo solapado, algunas reflexiones críticas acerca de la institución académica y el ambiente intelectual porteño.

Por último podría decirse que la novela pone a discutir la cuestión de los límites y posibilidades. ¿Qué tanto placer produce el acto de matar? ¿Hasta dónde esa posibilidad tiene sentido? ¿Sirve el límite? ¿Cómo y dónde debe trazarse? “Ahora casi todo estaba permitido. Eso era bueno y malo al mismo tiempo”, concluye el narrador.

El vampiro argentino es un policial grande, polémico, tramado con sutileza y encajado en la tradición más clásica del género. Sin preámbulos me animo a decir que es la mejor novela de Terranova.
*Reseñador
Leticia Martin nació en marzo de 1975 y se crió en Lomas del Mirador. Es madre, Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y publicó los libros: Breviario o el oficio religioso (Funesiana, 2012) y El gusto (Pánico el Pánico, 2012) Es parte del editor de www.revistanqm.com.ar y escribe en www.revistatonica.com