No pares, sigue sigue
Anita Gómez


La gira, de Martín Villagarcía
(De Parado, 2012)


Todos los detalles que tus amigos gays no te contaron, eso que podría pasar desde que los perdés en la fiesta hasta que contestan algún mensaje la noche siguiente. Los baches, la percepción del tiempo enrarecida, los hombres, las drogas, los laberintos. Eso que sabemos que pasa, aunque nunca hayamos conocido tantos detalles. La gira es una versión, una posibilidad, un mundo de sensaciones.

La noche comienza en Cocoliche. Ante la seguridad de que “la música se estaba poniendo buena y la pastilla me empezaba a hacer efecto", Martín va al baño y se mete una más. Eso será lo que se desprende a medida que pasan las horas, la necesidad de más, la necesidad de subir la perilla y de no bajar, de que no se termine, de que no salga el sol, de que la música no pare. El devenir y la entrega. “Estaba haciendo cualquiera, pero en ese estado no me podía quedar en mi casa haciendo nada.”

La pista, los amigos alrededor, el Dj, la comunión con la música. Un chico lindo te saca de la fiesta y te lleva a su casa en auto. Seguimos subiendo. Las luces de la ciudad, un departamento en un edificio alto, MDMA, flores, la música correcta. La excitación que provoca calentar a otro. El primer encuentro de Martín es explícitamente bello. Provoca ganas y una buena cantidad de imágenes que se repiten en la cabeza. Los besos y el mundo todo en los cuerpos y en cada sensación amplificada por el estímulo de las sustancias. Todo exagerado, en plan "nunca me sentí así", tan real y artificial a la vez. La escena es potente. Intensa. La más lograda de la novela. Estuve ahí viéndolos de cerca. También preguntándome por qué no se queda a dormir, es cierto, como dice Martín “hubiera tenido una buena cogida a la mañana y, seguramente, otra a la tarde”, podría haberlos visto otra vez.

La realidad teñida por el extásis, el MD y los porros que se fuma a lo largo de la noche. Taxis, colectivos, más dancefloor, opciones en Manhunt, laberintos. Seguimos avanzando en la noche sin fin.

El tono es sincero. Estamos pegados a Martín. Participamos de las situaciones con las mismas cercanías y distancias que plantea. A pesar de estar tan presente en el cuerpo, por momentos queda ausente, fuera de las sensaciones. Tal vez tanto genere cierta anestesia. En ese punto el relato es contundente, estamos con él, cerca, subidos en la misma. Tal vez algún lector no lo acompañe desde la empatía de la noche y los químicos, pero si es probable que lo haga desde las reflexiones, la mayoría tácitas. Porque aunque esté en cualquiera el protagonista deja en claro sus posiciones, al menos da los indicios necesarios. Algunos momentos pueden resultar demasiado, la pornografía tiene esa capacidad.

Los chicos que desfilan en la historia son lindos, las pijas también. Como en toda porno: para todos los gustos, para todos los fetiches. Negros, pelados, morochos, con novia, tatuados, vestidos con uniforme rugbier. Del chico del comienzo con un tono cercano al romance, a los glory holes, al chico del Manhunt y a la joven promesa del final que te monta a su moto en el anochecer del conurbano y con la pija parada. La gira es exitosa.

En el momento en el que los libros electrónicos se popularizan (y en el subte, termómetro de algunas de las lecturas de la ciudad, se ve cada vez a más personas leyendo desde sus tablets o celulares) el mundo porno debería poner los pies cada vez más firmes en la literatura. Al menos no dejo de pensar eso desde que terminé de leer La gira. Es ahí donde la novedad de la editorial De Parado, último proyecto de Mariano Blatt, la editorial más puto de la Argentina, es para celebrar.

¿Será mejor que dejemos descansar el porno de la web y nos refresquemos la libido con los libros de De Parado? Si fuera un chico gay no tendría duda. Los relatos tienen el poder que los videos anulan, en la experiencia de la lectura tenemos un mayor protagonismo y si de onanismo se trata cuánto mejor.
*Reseñadora
Anita Gómez nació el mismo día que su madre en el invierno de 1976. Formó parte de un equipo de natación. Alterna entre la danza, la escritura y los excesos. En diciembre de 2011 editó Ahí en la ciudad su primer libro de cuentos.