La capital
Ana Claudia Díaz


La capital, de Celeste Diéguez.
(Vox, 2012)


Era ver contra toda evidencia
era callar contra todo silencio
era manifestarse contra todo acto

Cadáveres, Néstor Perlongher

Policía secreta cubierta de palabras
hambre cubierto de palabras
huesos de madres cubiertos de palabras
niños esqueléticos hechos de palabras

Palabras celestes, Allen Ginsberg

En La capital, Celeste Diéguez retoma el Manifiesto Comunista (escrito por Marx y Engels en 1848), se lo apropia, lo fusiona con sus propios versos, lo feminiza, lo expande, como quien despliega un abanico y desde ese gesto construye un discurso poético que se sitúa en la historia reciente. La autora hace de la palabra una herramienta concreta para exponer y develar la capital de hoy, la metrópolis.

La capital denuncia para poder desarticular la mentira dentro de la historia y retomar el ideal perdido que se acopla al arquetipo, el ideal vencido que sirve de norma en cualquier dominio. Diéguez nos evidencia los interiores de las escenas diarias de la capital del país, sus exteriores, extremos donde se ven las miserias más dolorosas que saltan como chispas a la vista de todos mientras que la sociedad se esfuerza por taparlas y dejar al costado; ella puebla el texto con imágenes fuertes y crudas, “queman los aposentados en la capital / queman los predios”, testimonia los roles ocupados de los políticos, los gobernantes y los gobernados, los opresores y oprimidos, los medios de comunicación, la información distorsionada y sus canales, la historia de las clases, la manipulación, las etiquetas, la burguesía, la servidumbre, “titeres canonicos / sin poder decir una sola palabra / que diga”. El poema manifiesta la cruel intemperie de la patria desamparada, su desolación marginada, lo que está fuera del límite del radio, la historia que se carga a cuestas acarreándose en el tiempo, armando su propia resistencia. Diéguez nombra para volver a reconstituir los valores, los conceptos, encendiendo en sus versos un motor de esperanza, la supervivencia de la memoria en el amparo de la acción.

La capital tiene un propio lenguaje, la sintaxis poética va tejiendo su propio tono, la identidad de una voz que se alza fuerte, uniendo, representando. El texto logra un equilibrio, una armonía. El “yo” poético se luce en la delicada trama de las palabras, piezas encajadas entre sí que se van hilando, construyendo en la vigencia, un armazón, una ecuación que se articula haciéndose cargo, “el papa el participio el participante el pueblo el papá los polizontes”, buscándole al sentido su borde más profundo. Los textos no tienen sujeto o género determinado, es un nosotros, no tienen puntuación ni acentuación, con esa intención las palabras arman entre sí un juego de sonidos y sentidos. Es entonces el verbo hecho hacha el que nos incita a creer, paradójicamente. La capital nos deja pensar una lectura paralela, cíclica, que tiene como eje el campo de la literatura, el mercado editorial, “al papel de alto gramaje al paje peaje del traje y asi”, el “desliz semántico” que crea una bisagra donde las palabras se defienden en su propia escritura.

Diéguez engloba y desglosa el ideal en el movimiento y la militancia desde la palabra. Afirma la idea de la sociedad mutilada y desintegrada, el presente duro y hostil, para luego retomar la intención de reconstruir lo vapuleado. Ahonda en la superficie hasta tajar el sentido, para que drene y desde ahí re pensarlo. Hay una serie de enumeraciones que enmarcan al texto, que empiezan catárticamente a mencionar espacios, carteles, chapas, andariveles sociales, encargándose de evidenciarlo todo, “oh pobre el bollo humano en la basural ciudad”, “desmañanada fruta pasa de la deserción escolar”. Empieza una demanda, la denuncia violenta con ejemplos puntuales de las situaciones que rodean los bordes de la capital, sus desinentes y componentes, todas sus conjugaciones, las sombras que deambulan a cuestas de la plena luz del día, el submundo: el mundo real, en el que nadie queda afuera, “los que tienen que ver a sus hijos abrir la basura”, “las violadas los violadores los pungas”, “desaparecidos / en dictadura en democracia”, “las muertas por abortos clandestinos”, “los bajo la linea de pobreza”, “rodando hacia retiro para no molestar”, los rasgos expropiados, las filas y filas apretadas y estrujadas de sobrantes y sobras, lo robado, lo arrancado, la posesión. Éste es un poema político que marca fuertemente una posición, una oposición, un principio para cambiar el trascurso, poniendo en evidencia, aquel, “el mundo del que disfrutamos a su costa”.

“La capital se ha hecho incompatible” y la autora refuerza cada vez más esa idea, hace un espacio en la grieta para levantar su bandera, alzar la cabeza, mirar el mundo que envuelve a los costados, se desplaza en el lenguaje, navega el “mediático fin” en su sentido llano, creando la ambigüedad, la antítesis, la alternativa, “la palabra cierne su canto hecha verbo sobre los hechos”. Diéguez toma las riendas, la armadura desarmada y la vuelve a soldar para llegar a la concordia, a un convenio sin linajes ni estirpes, a la luz, “del mundo que hemos conformado / del que queremos nutrir y/o no abjurar jamás”, no retractarse, no renegar del compromiso asumido. La capital va hacia la liberación, hacia la reflexión hecha palabra deglutida, para entender lo certero, la posibilidad, la creencia implacable que la poesía enuncia.

“más y más llenas las filas / más crecen más apretadas y más hacia los bordes / más vuelven pendulando / el borde no absorbe / se reabsorbe hacia la continua hélice constrictor”
*Reseñadora
Ana Claudia Díaz nació en Santa Teresita, en 1983. Publicó la plaqueta de poesía Vuelto Vudú (2009) y el libro Limbo (2010) por Pájarosló editora, este último editado también en 2012 por La One Hit Wonder Cartonera (Ecuador), y Al antojo de las anémonas por Color Pastel (2011). Textos suyos integran las antologías poéticas Pájaros en la frente (Pajárosló, 2011), La Juntada (APOA, 2012), Canciones (Ediciones presente, 2013), Re-Invención (Proyecto Madonna, 2013), Estaciones (La Parte Maldita, 2013) y Poesía Deliberada (Textos Intrusos, 2013). + info: http://www.anaclaudiadiaz.blogspot.com/