Lo bueno de vivir en el Conurbano
Gerónimo Sebastián Unibaso *


Ida, de Damián Huergo.
(Parque Moebius, 2012)


Damián Huergo (Longchamps, 1983) es escritor, periodista, sociólogo y docente. Publicó ficción y crítica cultural en las revistas LaMujerdemiVida, Sudestada, Miradas al Sur, Radar, Ñ, Diez Pinos, Ahí va el agua (México), Fábula (España) y La Tecla EÑE. En la actualidad escribe para el suplemento Radar Libros del diario Página/12. Ida es su primer libro. Dice Ricardo Piglia: "Lo que uno sabe de un escritor, influye sobre su lectura. El primer libro, en ese sentido, siempre es un acontecimiento, porque uno va a descubrir una intriga". La intriga que nos proponen los quince cuentos de Ida está dada en el ámbito del vínculo: ¿cómo se conecta el que está en la periferia con el centro?

El centro atrae. Se peregrina hacia el centro en busca de un progreso, de un ascenso económico, social o espiritual. En la práctica cotidiana esta peregrinación se puede manifestar mediante dos artefactos: el tren y el libro. Con el tren se realiza el desplazamiento territorial, que permite acercarse físicamente al centro, invadirlo, a un bajo costo –en términos económicos del boleto solamente, a lo largo de los relatos vemos que son otros los costos (y los beneficios) que trae usar este medio de transporte-. El libro realiza ese movimiento en el intelecto, uno se deja invadir por los pensamientos e ideas. No es algo nuevo, lo sabía la Generación del 80, que en su gesto de europeizar Argentina al mismo tiempo que exterminaron aborígenes importaron maestras y ferrocarriles. Los personajes de los cuentos de Ida saben que se mueven en el reflejo negativo de ese plan iluminista, saben que ni el transporte, ni la educación aseguran que uno logre realmente esa transmutación.

¿Cómo se llega al centro, entonces? Los personajes de Huergo no lo saben. Sin embargo deambulan en entornos problemáticos persuadidos de que hay un destino al que llegar: la ausencia de una meta precisa deja lugar a la fe. Los personajes son confiados, sus peripecias surgen en esa zona de fricción donde la creencia se pone en duda. La narración está construida desde el humor; con esto no sugiero que sus relatos tengan una intención propedéutica. “Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio”, decía Borges. Porque no se toman en serio pueden permitirse ser Harry Potter, Papá Noel, asumir la identidad de un compañero de trabajo ante una inspección de la AFIP, o simular ser un acosador en un viaje de tren.

Quien construye la historia de un buscavida corre el riesgo de caer en el golpe bajo de tratar al personaje desde un lugar de superioridad, con indulgencia, o de querer montarlo bajo el halo de un héroe outsider. Huergo lo sabe, y evita esos lugares comunes. Sus textos seducen porque uno se reconoce en ellos. Va un ejemplo. En El olor de los tilos el personaje enciende el televisor mientras espera: “Están dando Estudiantes-Vélez. No soy de ninguno de los dos clubes. Ni siquiera están peleando la punta o el descenso. Pero es el único de los cinco canales que no marca la hora”. (…) “Goooool, escucho desde la pieza el agónico grito del relator. Corro hasta el comedor -tres metros- como si estuviese jugando la selección. Siempre me pasa lo mismo. Escucho gol y es como si oyera la sirena de los bomberos y tuviera que salir para presentarme en el cuartel. El cuartel es la televisión. El gol lo hizo “el lechuga” Maggiolo para Estudiantes de La Plata. El gol fue horrible como su apodo. De rebote. En la tele lo repiten como si fuese el de Maradona a los ingleses. Miro por la ventana del noveno piso y la noche sigue inmóvil. Ni cohetes ni bocinas. Acá, en Temperley, ser de estos clubes es como hinchar por Turquía en un mundial”. Huergo nos demuestra que la vida también es lo que pasa en la esterilidad de lo cotidiano, contradiciendo la célebre frase de John Lennon.

Ida trata sobre la esperanza en un futuro mejor basado en la solidaridad entre las personas. Leer este libro es un antídoto a ese miedo clasemediero que se tiene a los desclasados, miedo edificado mediante una constelación de prejuicios con la que se alimentan programas como Cámaras de Seguridad o Policías en acción. A fin de cuentas el conurbano y la capital están unidos simbióticamente y los lujos de un lado producen miserias en el otro.
Esta creencia en el otro no se da sólo en el ámbito de las palabras: no es casual que Ida sea el quinto miembro del prometedor catálogo de la Editorial Parque Moebius, proyecto dirigido por Genoveva Arcaute y Jorge Goyeneche.

"Lo bueno de vivir en el Conurbano", le hace decir Huergo al narrador, "es que desde la ventana de un edificio tenés un horizonte de kilómetros, y no de metros como en las ciudades capitales".
*Reseñador
Gerónimo Sebastián Unibaso (San Carlos de Bariloche 1977). Reside en Bahía Blanca desde niño. Algunos textos suyos fueron publicados en fanzines y revistas. Participó en las antologías "Bahía Blanca, la ciudad letrada" del IMFC, “Gruñendo” de Hemisferio Derecho Ediciones y “Más vale cinco volando” de Ediciones De la calle. En 2010 publicó “Escalones” (poesía). Junto con Lorena Curruhinca editan “Esto no es una revista literaria”, dirigen la editorial “Colectivo Semilla” y organizan la Feria de Editoriales Autogestionadas de Bahía Blanca.
Lleva adelante el blog http: espacioreal.blogspot.com