Juan Domingo Perón y la fábrica (recuperada) de producir lecturas
Bruno Petroni *


Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre, de Sebastián Hernaiz.
(17 Grises, 2012)


Si comienzo afirmando, cómodamente, primera oración de reseña, que el libro Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre, de Sebastián Hernaiz, es un libro de ensayos críticos, esa primera afirmación va a contener un error esencial. Un error que no tiene que ver con la veracidad de tal afirmación (el libro es de ensayos críticos y fue escrito por Hernaiz), sino un error que tiene que ver con la vaguedad de la afirmación, con la utilización veloz del sintagma “ensayos críticos” : una subestimación al valor y uso variable que tiene tal etiqueta, y que, precisamente, este libro se encarga de cuestionar. Una afirmación equívoca desde la cual partir para hacer esta reseña.

Porque este libro que reseño, además de ser un conjunto de ensayos críticos, es, sobre todo, la declaración de una postura (una afirmación de un cómo hacer crítica), y ese conjunto de ensayos críticos debe ser pensado como producto que se genera desde esa preponderante postura sobre lo que es hacer “ensayos críticos”. Entonces, el libro de Hernaiz es, además de un conjunto de ensayos, un libro que toma una posición crítica, y que, lógica y consecuentemente, hace crítica sobre la crítica.

Pensemos, siguiendo esta línea, en el título del libro: Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre. ¿Qué es ese título? ¿Es acaso una apuesta ruidosa y contrafáctica de un crítico que quiere llamar la atención? ¿Un juego nimio? No. Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre es la primera declaración del lugar desde dónde va a escribir el autor, y una primera declaración sobre qué es lo que busca el autor en este conjunto de ensayos.

Porque lo que Hernaiz viene a marcar desde el título de este libro (promesa que se cumple, en tanto coherencia) es que sus ensayos críticos van a poner el foco, deliberada y obsesivamente, en las producciones críticas y ficcionales que, a lo largo de los años, fueron configurando sentidos en la lectura de determinadas obras, y que también configuraron su propio horizonte de producción, el de sus propios ensayos críticos. El título del libro es entonces (además del título de uno de sus ensayos), el ejemplo apoteótico de la importancia que le da Hernaiz a las distintas lecturas y variables históricas que fueron generando sentido en toda obra a la que él accede desde este presente. Es el declamar exacerbado de que un texto no es únicamente lo que está escrito, y que lo que está escrito, en definitiva, está siempre sujeto al peso de la historia (dejo al lector el corroborar porqué Hernaiz afirma, entonces, que Walsh no escribió Operación Masacre). Y por eso Hernaiz, para escribir sus ensayos críticos, juzga imprescindible conocer todas las lecturas previas a su propia lectura (la extensa bibliografía lo confirma). Porque Hernaiz, para ser ensayista crítico se obliga, primero, a ser historiador literario.

Para entender esta posición personal (para entenderla realmente, y no como mera postura o pose individual, para entenderla con justicia) hay que entender en qué contexto se ubica el autor. Así dice en el prólogo del libro:

“El presente es el campo de tensiones en el que estos textos encuentran su motor de escritura y no otro es su horizonte de intervención. No existirían como tales sin la experiencia de politización que signó a la sociedad argentina desde diciembre del 2001 y no serían lo que son sin el clima de debates y las formas de la política y la práctica intelectual que trajo consigo el kirchnerismo (…) En lo personal, tampoco serían lo que son sin las charlas, discusiones y lecturas compartidas (…) innumerables veladas en casas amigas con esa proliferación de lo que no pudo dejar de sentir mi generación.”

La proliferación de la conciencia política-material. Eso es lo que signa a la generación de Hernaiz (en la que se incluye con orgullo). La generación de críticos post-noventa que se sabe poseedora de un presente material, necesariamente accesible; que sabe que la masturbación no engendra; que el ensayo crítico no es una exacerbación ego de palabras rimbombantes; que ahora, para hacer crítica, se necesita más que el goce del presente, se necesita la revisión (exhaustiva, tan exhaustiva que el prólogo se queda corto cuando señala a sus síntomas génesis) del pasado, porque, en definitiva, las lecturas que se hicieron en el pasado hacen a este presente. Hacen, pero no lo determinan. Esa línea (ideológica, metodológica, generacional, a la sombra de Raymond Williams) es la que va a seguir, Hernaiz, con coherencia, durante todo el libro. Ahora sí, aclaradas las líneas generales del todo, avancemos sobre las partículas que componen al todo. El repaso sobre los ensayos. La descripción amable de toda reseña.

El libro está compuesto, básicamente, por dos partes (además del prólogo ya citado). En la primera parte encontramos el ensayo Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre (el ensayo más largo del libro, la mayor apuesta del libro); la segunda parte, llamada Otros ensayos sobre literatura y peronismo, incluye los ensayos: La lucidez narrativa de Cortázar, Adán Buenosayres: La armonización tutelada, Revistas literarias y lugar social de la literatura en los 90’.

En Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre¸ Hernaiz hace un análisis exhaustivo sobre la utilización de los paratextos y las distintas modificaciones que fue sufriendo el libro en cada reedición (de cómo Walsh pasó de antiperonista al líder ANCLA), hasta llegar a su “edición definitiva”. Análisis exhaustivo de las modificaciones literarias precisas en pos de poder analizar sus distintas condiciones de producción, y viceversa. Manifestación de que política y literatura son inescindibles (y que no se diga que esto es obvio, que se mire el pasado no tan lejano de cierta crítica literaria argentina, e incluso el presente, antes de decir eso).

En La lucidez narrativa de Cortázar, Hernaiz analiza Casa tomada, e intenta demostrar, mediante marcas precisas en el texto, que el cuento clásico cortazariano antiperonista puede leerse, en realidad, como una crítica al antiperonismo. Análisis realizado desde la vigencia de Casa tomada en el 2012, en la Argentina de los intelectuales Montorilas, de las contradicciones constantes como prueba de la materialidad política. Análisis textual del pasado y del presente.

En Adán Buenosayres: La armonización tutelada, Hernaiz hace también un trabajo de trenza entre política y literatura, para ir demostrando cómo, entre otras cosas pero sobre todo, la novela de Marechal armoniza en su ficción los conflictos sociales que genera el choque de clases durante el peronismo. Análisis de ideologemas: es decir, otra vez la demostración de cómo la literatura hace política, y cómo no se debe dejar de leer política en la literatura.

Y el cierre, Revistas literarias y lugar social de la literatura en los 90’, un análisis en el que Hernaiz se despega un poco más de los textos para poder recapitular y ordenar aquel panorama que él no vio nacer desde la literatura (Hernaiz en los comienzos de los 90’ era un niño) pero que condicionó su modo de nacer en la literatura (el de él y el de su generación literaria) y su labor actual como sujeto de la misma. Análisis exhaustivo sobre sus antecedentes inmediatos en el campo literario, sobre el último eslabón que configuró (con virtudes y falencias) el panorama literario actual.

Cierre coherente de un libro con plena coherencia. Porque, en definitiva, fue ese panorama literario (su configuración particular y sus consecuencias) el que terminó gestando Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre. Porque, lógico, fue ese panorama el que, previamente a este libro, gestó el modus operandi crítico de Sebastián Hernaiz: hacer literatura desde la revisión política, hacer revisión política desde la literatura.
*Reseñador
Bruno Petroni nació en Buenos Aires, en 1984. Ha participado en diferentes revistas virtuales literarias. Es docente de literatura y coordina talleres de escritura. En 2011 publicó Los chicos y las guerras (Ed. Mil Botellas), su primer libro de cuentos.