Devórame otra vez
Anita Gómez


Planetas morales, de Philip K. Dick.
(Ediciones Incógnita, Buenos Aires 2012)


Novísima York 2114. El ombligo del mundo. Pasaron más de cien años desde la Guerra de la Caída. La Reconstrucción Moral (Recmor) se llevó a cabo de manera exitosa. Los hombres viven en una sociedad ordenada, puritana en extremo, controlada por Los Juveniles, pequeños robots que registran cualquier conducta inapropiada para que luego sea juzgada en las reuniones de Bloque, que están conformadas por vecinos. Se vive en espacios reducidos que se transforman según las necesidades: de dormitorio a cocina o a sala de estar, con sólo accionar una palanca. Los departamentos son difíciles de conseguir y se conservan con una conducta acorde a la Recmor, y con esfuerzo a través de las generaciones. Apenas una borrachera, insultar o besar a una mujer que no sea la propia son faltas graves y motivo de destierro. Los alimentos son una imitación de los verdaderos, de los reales, los frescos, y se producen en otros planetas de la Galaxia, en donde viven quienes no tienen tanto mérito como para vivir en la Tierra, como si esto último fuera un beneficio. Los que no se adaptan son considerados débiles o fracasados. Existe un mercado negro en el que se puede comprar café envasado al vacío que haya sobrevivido a la Guerra, o tal vez algo para beber. Circulan libros prohibidos, ejemplares editados en la Era de la Disipación, nuestra era. Novelas negras. Se puede comprar un ejemplar del Ulises por 10.000 dólares; esta moneda de intercambio se mantiene.

“Allen se preguntó si debía mentir o decir la verdad. Decidió mentir. La sociedad Recmor no podía soportar la verdad; se limitaría a castigarle y seguiría funcionando.”

Allen Purcell es nuestro héroe. Un hombre joven, director de una agencia de Propaganda que genera contenidos para sostener este régimen. Vive con su esposa, Janet, una mujer frágil. Ella se mantiene bajo los efectos de diversos tranquilizantes que la ayudan a mitigar el miedo de vivir en constante control. Dick relata la soledad en pareja con dulzura. Esa intimidad tan especial que nos deja finalmente solos.

Hasta ahí vamos bien. Resulta que Allen es de los últimos rebeldes de la Tierra, y ni siquiera él lo sabe.

Inconsciente de sus actos, y sin conocer sus motivaciones, destruye de manera ingeniosa la estatua del Comandante Streiter, responsable de la Reconstrucción Moral. A los pocos días, le ofrecen ser director de contenidos de Telemedia, organismo que controla el conjunto de comunicaciones. Ahí el asunto.

Tras un encuentro con una chica, Allen recurre a un psicólogo, quien realiza con él distintas pruebas, buscando alguna capacidad especial, “un elemento psicológico único”, con el objetivo de descubrir el porqué de esta conducta no apropiada. Telepatía; precognición; percepción extra sensorial; levitación; habilidad para curar. Ninguna prueba es concluyente. Lo someten a nuevos estudios. Él sigue adelante con otras fechorías.

El relato da algunos giros hasta llegar a las últimas páginas, en las que la historia se desliza con vértigo. Allen Purcell, parece ser el único ser equilibrado. El sentido del humor no encaja en la Recmor y él lo tiene. Hace su último movimiento. La Reconstrucción Moral había devorado el alma humana, pero es Allen quien da el último mordisco.

Dick lanza esta premisa: el hombre no parece haber envejecido ni evolucionado como especie. El humano es una pieza inalterable que se dirige hacia su pendiente de desarrollo. El futuro podría ser hoy, entre la paranoia del control silencioso de los medios de comunicación y las distintas teorías conspirativas de la manipulación de los alimentos. Resulta casi imposible no sentir cierta familiaridad con el momento que transitamos por estos días. Despierta la certeza de que nosotros, seres humanos, estamos sembrando y cuidando la semilla de lo artificial. En silencio, distanciándonos de nuestra interioridad. Nada que no venga sucediendo de alguna manera u otra: es algo que pasa, que no tendría que sorprender. El hombre es el último resquicio de autodestrucción y salvación. ¿Recuerdos del presente o melancolía del futuro?

La sensibilidad de la novela de Dick alienta y le da esperanzas a todas las fantasías apocalípticas. Sí, ahí es hacia dónde nos dirigimos. Si todo sucede en el 2114 estamos a tiempo de que pase.

The man who japed, Planetas morales, es la tercera novela publicada de Dick, editada en el año 1956. Tiene elementos claros de la época: espionaje, militarismo, rusos, la obsesión por la seguridad. Su valor no reside tanto en cómo está escrita, sino en el germen del mundo que Dick desarrolló en su obra posterior.

Fue reeditada el año pasado en Buenos Aires por Ediciones Incógnita, una editorial cuya propuesta es reeditar títulos que hayan quedado fuera del circuito, de esos que apenas se consiguen y que no dejamos de tener ganas de leer. Se pueden comprar en papel, a precios realmente convenientes. También se pueden descargar sin cargo a través de la página Web de la editorial. Es una buena noticia.

Dejo el bocado final para los que se aventuren en la novela.
*Reseñadora
Anita Gómez nació el mismo día que su madre en el invierno de 1976. Formó parte de un equipo de natación. Alterna entre la danza, la escritura y los excesos. En diciembre de 2011 editó Ahí en la ciudad su primer libro de cuentos.