Metempsicosis
Juan Cejas *


El diván victoriano, de Marghanita Lansky.
(Fiordo, 2012)

“Muero en mi muerte y en las muertes
de quienes me suceden.”
T.S.Elliot.



El epígrafe pertenece a “Song for Simeon”: el poema trata sobre el personaje bíblico que bendice a los padres del Redentor en el templo al cual es llevado ese bebé, posterior Mesías, para ser circundado. Para Simeón, viejo creyente, será su postrera visión llena de esperanza, constituirá su despedida en paz, luego de ver su propia salvación. Estas palabras, en cambio, serán para Melanie Langdon, nuestra heroína, la entrada en la pesadilla, encarcelada en el diván victoriano, prisión que no le permitirá dar un solo paso más en esta vida.
La entrada en el puerperio llevará, en 1950, a esa madre inglesa de familia acomodada hasta la precisa fecha de las vísperas del 22 de abril de 1864, ochenta y seis años atrás, para depositarla en plena época victoriana, en el cuerpo de Milly Baines, también madre reciente, de origen pobre.
De las confortables sedas cambiará a la dureza, no solo de la pobreza material, sino a la temible atmósfera de una familia viciada de pobreza moral, aclarando que lo denigrante no será la sexualidad desenfrenada, sino la bruta, victoriana, represión de la carne.
Su despertar terrorífico, kafkiano, hace conciente a Melanie, ahora Milly, de estar en las garras de la bruja Adelaide, su hermana. Milly. Entonces, en 1864, clama por su bebé, pero es acosada por el interrogatorio, no solo de su hermana, sino también del párroco del lugar para que confiese quién es el padre de la criatura.
No parece forzar demasiado las cosas que la alusión al diván (un acierto del traductor) y el nombre de pila de la protagonista, Melanie (el apellido Klein flota en el aire) puedan remitirnos a ese viaje inmóvil llamado psicoanálisis. Y más aún siendo la prima Dora, quien nos trae el seudónimo del célebre caso de Freud, quien regaló el sofá pretérito.
Se cumple en el relato el fantástico viaje al pasado propuesto por Freud; salvo que en este caso, la travesía no culmina en la niñez de Melanie Langdon, sino en el otro cuerpo también tísico de Milly Baines.
La trama, sabiamente urdida, de a poco nos alimentará con indicios, detalles del crimen, hasta llegar al abrazo soltero de una joven pobre inglesa, esa “puta roñosa”, en palabras de Adelaide.
Ha cambiado la moral: al fin Melanie, la inglesa acomodada, le explica a Milly en un delicioso dialogo entre conciencias: “Sabrás que el pecado cambia, como la moda”. Pero no hay nada ligado a la frivolidad en esta sentencia de Marghanita Lansky (conocedora del mundo de la moda, en el que trabajó).
La desnudez de Milly Baines produce la bastardía siniestra sin, al parecer, ningún rastro de placer. Esto se agudiza por la transmigración del alma de Melanie Langdo a su cuerpo.
Si de transmigración hablamos, qué mejor que la pregunta de otra pecadora (adúltera esta vez), célebre por cierto: hablamos de Molly Bloom. Ella terminará hablando de la reencarnación porque ha leído mal una palabra en una novelita erótica, y le pregunta a su consentido marido, Leopold Bloom, acerca del significado de ese equívoco vocablo:
“Siguiendo la señal del dedo de ella [Molly] sacó de la cama una pierna de sus calzones sucios. ¿No? Luego una retorcida liga gris enrollada en una media: planta arrugada y lustrosa.
-No ese libro.
Otra media. Su falda.
-Debe de haberse caído - dijo ella. […] Debe de haberse resbalado. Se agachó y levantó la colcha. El libro, caído, estaba abierto contra el orinal naranja fileteado.
-¿Metem si qué?- le preguntó él.
-Aquí -dijo ella-. ¿Qué quiere decir?
Se inclinó y leyó cerca de la lustrada uña de su pulgar.
-¿Metempsicosis?
-Sí. ¿De dónde salió eso?
-Metempsicosis- dijo él, arrugando el entrecejo-. Es griego: viene del griego. Significa la transmigración de las almas.
-¡Qué pavada! -exclamo ella-. Dilo en términos sencillos.
[…] - Algunas personas creen- dijo él- que seguimos viviendo después de muertos en otro cuerpo que el que hemos tenido antes. Llaman a eso reencarnación. Que todos hemos vivido sobre la tierra hace miles de años, o en algún otro planeta. Dicen que lo hemos olvidado. Algunos pretenden recordar sus vidas pasadas” (Ulises, James Joyce - página 91-93. Traducción de J. Salas Subirat).
El paso de comedia entre Molly y el cornudo hablan del tratamiento frívolo del pecado en las manos del inmortal irlandés. Aquí sí que podríamos aseverar que el pecado cambia como la moda y la sentencia aflojará sus garras para quien ha gozado de la carne doblemente, del cuerpo de otro hombre y de la lectura de novelitas casi pornográficas. Aquí metempsicosis es sólo una pregunta retórica, no así en el caso de Milly Baines que se pregunta a través del peso de su carne inficionada por la tuberculosis y la fornicación, acompañada en la celda, ahora, por el alma reencarnada de otra mujer victoriana.
Preguntas sabias, aunque desesperadas culminarán la fantástica narración: “¿De quién es este cuerpo que habito?”, cuestión siniestra que solemos plantearnos acerca de nuestra identidad. Referida al Tiempo y a contrapelo del ansia de memoria, Melanie, ya firmemente establecida en la conciencia cenicienta de Milly, exclamará: “…necesitamos olvidar, hay tanto que olvidar, todo el futuro y todo el pasado”, para postular con Borges el anclaje irremediable de todo ser humano en el ubicuo presente. Para el viaje paralítico en el diván, esterilidad de una repetición que creemos nuestra vida y que no es más que un artificio de sentido, aleatorio, azaroso, no hay salida ni respuesta salvo en el final del poema de Elliot:
Let thy servant depart,
Having seen thy salvation.
(Deja a tu siervo partir,
Después de ver tu salvación).
que nos invitará poéticamente a transitar el viejo e inestable camino.
*Reseñador
Juan Cejas nació en Buenas Aires, se especializó en la clínica psicoanalítica de las psicosis. Su primera novela El presente ganó el primer premio del FNA 2008; fue publicada en 2009 por Santiago Arcos. Su segunda novela Moraleja será publicada este año por Adriana Hidalgo. Escribe su tercera novela La máquina del mundo bajo el auspicio de una beca para escritores del FNA.