En las alturas
Ever Román


Panorama Interzona. Narrativas argentinas emergentes, AA.VV., compilado por Elsa Drucaroff
(Buenos Aires, Interzona, 2012)


A partir del recorte que supone toda selección –y no otra cosa es una antología-, podemos pensar en la mirada que posa sobre los discursos de una determinada época o tipo de narración. Su intención apunta a un procesamiento de devenires para darlos a conocer y servir de ejemplo, muestrario, referencia, etc. Pero, también, una antología es un acontecimiento autónomo, que expresa algo por sí mismo; es una obra singular. En el reordenamiento de signos de obras preexistentes surge una nueva semántica. La Antología del humor negro, de André Breton, por ejemplo, no se limita dar a conocer autores mediante la compilación, sino que forma parte del movimiento surrealista, le da una historia, identifica su devenir. En este sentido, el antólogo escribe su obra reconfigurando la de los autores que elige. En una palabra, un antólogo es un reescritor.

Con textos tomados de 27 escritores, Elsa Drucaroff reescribió este libro.

Panoramas Interzona reúne 27 autores cuyos nacimientos se distribuyen entre Buenos Aires (21), Córdoba (1), Chaco (1), Mendoza (1), Santa Cruz (1), Asunción (1) y Barcelona (1). También podemos decir que crecieron atravesando los hitos político-sociales de la Guerra de las Malvinas, pos-dictadura, menemismo y crisis del 2000-2001. Asimismo, publicaron su obra en este nuevo siglo. Y escriben poesía, cuento, teatro y crítica: de todo un poco. Además, utilizan como soporte para publicar papel y/o Internet. Finalmente, algunos de ellos fueron premiados, tanto a nivel nacional como en el extranjero y son –para el canon literario- escritores jóvenes (hasta 45 años).

Drucaroff viene asumiendo desde publicaciones anteriores una lectura crítica de la literatura argentina contemporánea. Según explica en el prólogo de Panorama Interzona, en esta ocasión no compila autores, sino narrativas, para encontrar en ellas –ya sea en su diversidad como en sus comuniones- discursos literarios, artísticos, a contrapelo (o no tanto) de los discursos sociales y políticos más o menos oficializados.

Para decirlo bien y pronto, no se trata solo de literaturidad, artisticidad, etc. El proyecto que llevó a cabo en su anterior libro, Los prisioneros de la torre, derivó aquí en una captura de pantalla del bullicioso corazón de la verborragia nacional.

Para explicitar sus intenciones, los textos están agrupados en capítulos, cuyo contenido es introducido por un breve texto con el que se recalca la particularidad que los une (“Violencia y medios”; “Identidades rotas”; “Imaginarios de la exclusión”, etcétera).

En resumen, lo que se pone en juego es un dispositivo para atrapar lo actual, sin alterar su fluidez, su evaporamiento constante; sino apresándolo en una especie de fotografía montada, o de collage.

Por lo mencionado, leer el libro como un simple compendio de relatos, poemas y demás resulta no solamente epidérmico, sino ingenuo: lo que Drucraroff nos pone en las manos es un modo de lectura, la suya.

Un panorama presupone un intento de abarcarlo todo, hasta donde alcanza la vista, o al menos es lo más cercano al visionado del paisaje en su totalidad. Se hace desde un punto de vista elevado (colina, montaña, torre -¿de control, de vigilancia?-, rascacielos, puente, etc.), porque de otra manera no se puede. En un panorama los hitos se confunden, los colores se mezclan, lo más lejano y lo más cercano se superponen, y lo que resalta suele ser aquello más grande, con más contraste, o lo más, como dice el subtítulo del libro, emergente.

Elsa Drucaroff proyectó su mirada hacia la literatura argentina del presente. Para tener una vista panorámica se paró sobre un punto elevado.

Desde este promontorio lo que se ve son 23 autores (incluyendo dos nacidos en el extranjero) cuya producción literaria se enmarca en la capital y cuatro de otras provincias. Si hacemos caso a la idea expresada en el subtítulo, lo primero que podemos afirmar es que las narrativas argentinas emergentes tienen su epicentro de mayor ebullición en la capital y la provincia de Buenos Aires. O, por lo menos, es donde ocurre mayormente lo que hay y lo que se viene.

Los cuentos contienen ideas, también los poemas, desde luego, pero en estos géneros usualmente las ideas operan como iluminación. En cambio, en el ensayo y en la crítica la exposición de ideas es lo principal. En esta antología se incluyen ensayos críticos: de Apolo, Hernáiz y Echevarría. En una de las críticas de Apolo el énfasis está en lo político: la imagen de la Argentina, la problemática de la generación presente, entre otros temas similares, son sus anclajes. Hernáiz se ocupa más o menos de lo mismo con una conceptualización de lo nuevo como una relectura de los 90 y las huellas de la dictadura en la generación actual.

Los textos de Hernáiz y Apolo siguen la estela de las preocupaciones de trabajos anteriores de Drucaroff (en la crónica de Apolo es citada y está incluso como personaje), que por otra parte son un lugar común en las aulas de Puán. Contra los juicios de Josefina Ludmer y Beatriz Sarlo sobre la producción literaria de esta década, a la que califican con varios adjetivos pero pocas veces de literatura, están los textos de Hernáiz (que llama literatura a los procedimientos rechazados por las dos señoras mencionadas) y Apolo (que encuentra posturas políticas actuales en las puestas de teatro contemporáneas y clásicas).

El ensayo de Echevarría tiene puntos en común con Hernáiz y Apolo, pero se desprende del panfleto generacional por un cambio de eje, pues observa la producción literaria actual con lo que podría decirse un procedimiento sesgado. En este texto aparece nuevamente Drucaroff como punto de apoyo bibliográfico.

Si en lo ensayístico producido por lo “emergente” está presente la antologadora (en 2/3 del total), como docente, guía, ¿podemos decir que Drucaroff encuentra su sombra en los promontorios?

Lo narrativo predomina en los textos recogidos en el libro, es central: tanto en las obras de teatro, como en los cuentos y los poemas (en ellos no hay únicamente exploración lingüística, sino que sobre todo cuentan). Esto, aunque sea una obviedad, es esencial en la singularidad como obra que es la antología, pues proyecta la búsqueda de la antologadora: la literatura como dispositivo para contar historias. Pero es así porque en este caso específico no se trata de una antología literaria, sino de narrativas. ¿Y qué se encuentra en lo narrado? Pues de todo un poco: un poco de problemática juvenil, un poco de erotismo, un poco de ciencia ficción, fantasy, un poco de marginalidad, etc. Es decir, se encuentra de todo, un poco. En lo formal, hay sí bastante convencionalismo (dispositivo del tipo aristotélico, sin riesgo, de prosa concisa, antirretórica, salvo un par de casos). Posiblemente sea así porque en las experimentaciones estéticas no se encontró narratividad, o porque en esta época de la literatura argentina no hay experimentación formal, o no se ve desde el promontorio.

Con todo, sin embargo, la lectura resulta interesante. Especialmente si lo tomamos como lo que es: parte del proyecto de Drucaroff, de su operación lectora, más que para conocer autores. Aunque algunos textos son muy buenos, hay que recordar que la producción literaria de la “nueva” generación argentina ofrece otra variedad, con mayor dosis de locura, juego, esperpento, delirio y, también, como aquí, cierto comedimiento al estilo taller.
*Reseñador
Ever Román (1981). Participa del blog barcoborracho1871.blogspot.com. Publicó cuentos en antologías de Argentina, Paraguay y Alemania. Y el libro de relatos Osobuco (2010) en la editorial Pánico el Pánico.