Vida, Obra y Milagros
Matías Pailos


Sobre Sánchez, de Osvaldo Baigorria
(Ed. Mansalva, 2012)


Los libros no importan. La literatura no importa. El arte, la música, no cuentan. En cualquier caso, Baigorria va. Va, y se choca con la vida, la obra y los raros milagros de Néstor Sánchez, escritor de vanguardia, lumpen de Primer Mundo, psicótico camorrero y borrador descuidado de sus propias huellas. Con todo esto, Baigorria empieza a escribir un libro. Que, como Baigorria, va. Va, choca y vuelve. Va, vuelve y se queda piola. Pero va. Baigorria va, y arma dos, tres, siete versiones de lo mismo. Ninguna le cierra. El libro –Sobre Sánchez (Ed. Mansalva, 2012)- mutó, a confesión de parte, “de biografía fallida a ensayo colapsado con astillas de novela a medio terminar a postautobiografía”. ¿En qué quedó, al final? En la suma de todos los medios. Baigorria explica que las primeras dos partes contienen, grosso modo, esa mezcla de “biografía fallida” (foco: la vida de Sánchez) y “ensayo colapsado” (foco: la obra de Sánchez). Las astillas citadas son notas al final –links analógicos-, compiladas en una tercera parte –que ocupa la mitad del todo- con la “postautobiografía” (foco: la vida –y la obra- de Baigorria).

Hay que decir que la vida de Sánchez promete. ¿Qué promete? Bueno, para empezar, una biografía movida. Néstor Sánchez fue una figura destacada de la vanguardia literaria de los ’60, y “Nosotros dos” (su primera novela, publicada en 1966), contó con el respaldo del propio Cortázar. Después vino la revelación: Sánchez descubrió la obra de Gurdjieff, y de yapa, sus enseñanzas para vivir una vida auténtica, plena, o vaya uno a saber qué. De rebote, Sánchez compró el convencimiento de que la práctica cotidiana de los ejercicios espirituales -y físicos- recomendados por los seguidores de Gurdjieff (escribir con la mano izquierda, con la mano atada, caminar kilómetros y kilómetros con una piedra en el zapato) estiraban la vida doscientos o trescientos años –que es lo que importa. Viaja a París arriba de una beca, pero ya tiene decidido dejar de escribir. ¿Para qué? Escribir es un acto de vanidad y orgullo. No nos hace mejores. No nos hace vivir trescientos años. Baigorria: “habría que premiar a Néstor Sánchez por su silencio, por recordarnos que escribir es algo a abandonar cuando uno se queda sin ganas o porque la gana se le da”.

Sánchez no se limita a dejar de escribir: también abandona todo lazo material con su pasado, afectos incluidos. Su hijo, Claudio, toma otro camino, y emprende la búsqueda afanosa del padre. Para sorpresa de todos, en 1982 recibe noticias de una tal “Cecilia”: Sánchez está viviendo en una playa de estacionamientos de Los Ángeles. Después se enterará que Sánchez, es, desde hace ya demasiado tiempo, un linyera en toda regla, que vive de lo que puede, que come lo que encuentra, que duerme dónde lo dejan. Con los años llega el desengaño, y Sánchez vuelve a la casita de los viejos –más precisamente, de la vieja-, y muere sin volver a escribir, aunque no por falta de ganas. “Se me acabó la épica”, dirá.

Pero hay un problema: qué hacer con las fuentes cuando no hay agua. El registro de la vida de Sánchez es elusivo, por decir lo menos. En particular, lo son los datos de esos veinte años afuera, viviendo en la calle. Pero Baigorria es un investigador concienzudo, y el libro está plagado de testimonios de amigos, conocidos y familiares (en particular, del hijo), extraídos de entrevistas encaradas por el propio Baigorria –la mayoría- o por terceros, y referencias a estudios, reseñas y ensayos de críticos más o menos renombrados. ¿Qué importa?

La biografía de Sánchez, propiamente hablando, no ocupa ni la mitad del libro. Y no importa. Lo que importa es cómo pega. Cómo Sánchez hace carne en Baigorria. Y, más importante, para dónde dispara Baigorria, que va. Y Baigorria siempre dispara. Su contundencia goleadora es la de un artillero de la Premier League. Nosotros dos –Baigorria y yo- nos engolosinamos con los cuentos del tío Osvaldo. Por ejemplo, (i) la vez que salió carpiendo con el grizzly bear en los talones –el mismo que mató al gil ese del documental de Herzog, seguro. Y que lo intentó con Baigorria. Pero como Baigorria no es un gil, no se quedó haciéndole el meneaito, y acá lo tenemos, vivito y coleando (no tanto como en “Correrías de un infiel”, su novela previa, pera bastante para esta reseña). Por ejemplo, (ii) la del viejo turro en silla de ruedas, que escamotea la paga a enfermeros al paso como Baigorria, y no por falta de dinero. Atentos a la venganza de Baigorria. Por ejemplo, (iii) el intento de trío con una chica llamada “Yasmin” y su novio hippie. Uno se queda con la impresión de que el hippie no importaba tanto. Por ejemplo, (iv) las enseñanzas zen de la puta de San Francisco, quien divide a la especie en sados y masos. Y el resumen de Baigorria: “a mí me gusta vuelta y vuelta”.

Sí: el recorrido es accidentado. Pero nada más lejos del movimiento “a los ponchazos” que el estilo fluido, coloquial, amable y pícaro de Baigorria. El libro destila, entre chistes (“todos tenemos problemas. Un mosquito me pica y lo mato: problema del mosquito”), sabiduría al paso –la única en la que el autor parece confiar. El relato fragmentado y digresivo e insconstante (“descentrado” y “descolocado” y “descontrolado”), le permite a Baigorria soltar (desarrollar) un estilo propio: bárbaro-asociativo-spanglishero –disertivo-profesoral-, e invariablemente ameno. Una cruza entre docente universitario y vago de la esquina.

Confieso: Sánchez no me mueve un pelo. Empecé “Nosotros dos” –supuestamente, su libro más legible (comillas)-, y no llegué ni a la mitad. A mí, como a Baigorria, me gusta un poco más la “story” que a Sánchez. Eso es lo que Baigorria da cuando deja a Sánchez un poco al costado. Lo que no significa que sea completamente inútil. Baigorria utiliza a Sánchez como punto de apoyo (de comparación) para comprender su propia vida (y obra –y estilo). Y al revés: utiliza su vida (/obra) para entender la (vida/obra) de Sánchez. ¿Baigorria, doble de Sánchez? Sí. Y también al revés. Sánchez también sirve como instrumento de ajuste de cuentas entre el hippie de ayer –Baigorria- con el tanguero de anteayer –Sánchez. De paso, el Baigorria que es le tira una soga al que fue.

Cuando Baigorria habla de Sánchez, especula, teoriza y de a poco se va frenando. Cuando Baigorria habla de Baigorria, cuenta, recuerda, inventa, fluye. También pasa lo mismo cuando habla de terceros, que invariablemente vienen a cuento (de Karla, por ejemplo –y su derrotero místico y sexual-, o de Inger –la militante ecologista acosada por la tragedia). El cúmulo de anécdotas, como eje de un libro, puede ser una pavada. Pero como comentarios al paso, adquieren máxima potencia, y son el combustible del relato. Sánchez es apenas una excusa.
*Reseñador
Matías Pailos nació en Buenos Aires, en 1976. Es autor de El amor nos va a separar (cuentos, 2010) y Cómo no pensar en mí (novela, 2011), ambos publicados por la Editorial Pánico el Pánico. Participó de las antologías Karaoke (Textos Intrusos, 2012) y Escribir Después (Editorial Outsider, 2012).