Última resaca
Santiago Hamelau


Última resaca, de Patrick Hamilton
(Manantial, 2012)


La novela de Hamilton parte de una premisa: que la vida en Europa es hostil y que difícilmente un hombre débil pueda sobrevivir a ella. La acción transcurre en 1938 y 1939; la segunda Guerra Mundial actúa como un telón de fondo sigiloso pero decisivo para la interpretación de la obra.

La trama consiste en la desmesurada historia de amor del protagonista, George Harvey Bone, por una actriz fracasada y manipuladora, Netta Longdon, y de la también desmesurada vida de alcohol y de pubs que lleva con el grupo de amigos de su amada. La historia de George es una larga serie de humillaciones. Cada tanto, él tiene ‘clics’, sufre lo que llama ‘estados muertos’, momentos en los que su mente pareciera cerrarse al mundo para solo ver la realidad muerta, sin sonido ni color… es en estos momentos donde pergeña la muerte de Netta para luego fugarse a Maidenhead. Esta localidad es un proyecto total de la imaginación de George, pues no pareciera estar dentro del tiempo, ni de la ley, y está constituida de goces ilimitados.

Si bien la novela está contada en tercera persona omnisciente, siempre advertimos focalizaciones, mayormente en George. Así, su interioridad está exquisitamente trabajada y los lectores debemos estar atentos a los engaños que sufre la percepción; es necesario distinguir la realidad a secas de la realidad vivida y sufrida por Bone… y no olvidarnos de aquella vista a través de los celos, ese gran monstruo. Otro aspecto trabajado de manera sorprendente es la tensión. Pasada la mitad de la novela, el proyecto del asesinato se vuelve serio y casi se lleva a cabo, la tensión se contrae e intensifica en un punto precioso en el límite de la explosión. George sale de su ‘estado muerto’ en el último momento… todo se frustra. Uno creería que una última piedad podría caer sobre el triste y condenado Bone. Este retraso en la acción hace algo hermoso, evita que la novela sea la historia de un homicidio perpetrado por un loco, para convertirse en la historia de un alma, que vemos inevitablemente orbitando la catástrofe y cuya colisión va a suceder de un momento a otro. Esta presencia de lo ominoso, planteada en el nivel de lo particular, se evidencia también en el macrocosmos, en la Europa de la época, debido a la Segunda Guerra Mundial. Si bien las menciones son pocas, la idea de la guerra, los nombres históricos y algunos acontecimientos relacionados están presentes en el relato. No es de extrañarnos que George sea un hombre pacífico en contra de los combates bélicos y que el grupo de Netta, si bien no tan directamente, esté asociado a las figuras de Hitler y Mussolini.

Podríamos pensar toda la obra como una gigantesca y temible montaña rusa. La gran ascensión del principio ya ha sucedido, puede que hasta sea ilusoria. George menciona en un momento su infancia feliz en una granja, etapa anterior al colegio donde comienza a ser desdichado. A partir de aquí todo es en caída. Bone es un alma sin crueldad en un mundo cruel. Si bien a Netta se la menciona muchas veces, es un personaje poco importante. Ella es el acicate para que la trama finalice donde lo hace, es un punto extra textual al que accedemos por un flashback, pero el personaje de George ya está predestinado a la tristeza y al horror desde mucho antes. Él ya está marcado como anti-héroe, esa marca son sus estados muertos. Si no hubiese conocido a Netta, hubiese conocido a otra de la misma clase… o puede que ni siquiera tanto, solo habría vivido mediocremente hasta el día de su muerte. Ya antes del primer encuentro con Netta, George era un hombre rico y decadente, sin amigos, dueño de una tristeza esencial. No por nada lo obsesiona la idea de ‘lo viril’, la fuerza de decisión que le falta y que le sería necesaria para ordenar el mundo a su medida, a la manera de los héroes.

Uno de los grandes ascensos de esa montaña rusa que planteaba es la parte octava, donde advertimos la posibilidad de un final feliz, pero siempre acechada por la intuición de lo siniestro, como diría Freud. Esa ‘normalidad’ que envuelve al personaje, si bien verdadera, se siente que va a durar poco, porque no le pertenece a George, es una circunstancia pasajera muy alejada de su esencia trágica. Vuelve a caer el vagón al precipicio del vértigo…

La parte diez relata el último gran ascenso que paradójicamente es a su vez la estocada final del personaje. Probablemente, éstas sean las páginas más bellas de la novela, donde el personaje asiste a la felicidad cuando su cuerpo está menos preparado para recibirla, cuando siente que el final está cerca y los eventos ya están secretamente prefijados. Es como la línea de la canción “Dog Days Are Over” de Florence and the Machine: “Happiness hit her like a bullet in the back” (La felicidad la golpeó como una bala por detrás). Felicidad y muerte, reconciliadas mágicamente. De manera insospechada, la primera llega, pero él no puede aceptarla ni vivirla. Solo es una trágica constatación de su existencia. George Harvey Bone ya hace tiempo que se ha alejado de la vida… en este punto solo le queda que su cabeza haga clic de nuevo…

Todo este tramo final de la novela es sinceramente entrañable y tiene una fuerza expresiva inmensa. Nos damos gradualmente cuenta cual es el centro de la novela… no Netta, de quien no sabemos tanto más que su crueldad y que es hasta circunstancial, sino el itinerario de George, un ser cándido entregado a la voracidad de la civilización y las relaciones humanas. La novela, no obstante, no es univoca, no se encierra en esta tristeza de manera caprichosa como un nene que llora por un juguete que no puede tener. Hay personajes buenos, hay otros que son comunes o mediocres… no todo proviene del mundo marginal de Netta y compañía. Pero George se muestra débil y fracasa.

Última resaca es una novela ágil, por momentos hasta divertida, que da un golpe al lector, fuerte y certero. Conocemos a Bone más que a mucha gente real que desfila por los diarios. Hamilton, gracias a la turbulenta y autodestructiva vida de George, logra hacerle conocer la fugacidad de los minutos felices. Mi recomendación es obvia: una novela que no hay que perderse.
*Reseñador
Santiago Hamelau nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1991. Estudia Letras en la Universidad Católica Argentina y escribe el blog enlaforjademialma.blogspot.com.ar (2012).