Cuaderno Nuevo
Isa Crosta


Cuaderno nuevo, AAVV. Selección y prólogo de Hebe Uhart
(Blatt & Ríos, 2012)


Me dijeron hace un tiempo que lo bueno de leer antologías de cuentos es la sorpresa que aparece al encontrarse con escritores que uno no conoce y resultan ser geniales, justo lo que uno estaba buscando en otros lugares y no podía encontrar. Cuaderno Nuevo, la antología hecha por la increíble Hebe Uhart, no es la excepción.

Para quienes todavía no conocen a la compiladora, tienen que saber que es una contemporánea nuestra (nació en el año 1936), que estudió Filosfía (UBA), que publicó decenas de libros (por sus Relatos Reunidos ganó el premio de Mejor Libro Argentino de Creación Literaria), que ejerce como docente (hoy en día dicta algunos cursos) y colaboradora en publicaciones literarias, y que si el día de hoy le mandan un mail, no tiene ningún problema en responderlo.

Pero, volviendo al libro... lo primero que hay que destacar es su breve prólogo que, a diferencia de muchos prólogos (cuyos autores merecen morir una muerte lenta y sufrida por adelantarnos el final del libro), no dice ni una palabra de más ni anda delatando finales. Empieza hablando de la “percepción del detalle, el relato hecho menudo, el registro del hecho aparentemente intrascendente” y el “sentido del humor” que une a los autores como hilo conductor a lo largo del libro.

Muchos de los textos del libro son crónicas o relatos con todo el peso de la vida misma, y con situaciones que, de tan reales que son, casi pasarían como triviales. Como cuando Virginia Caresani escribe “Zulema lleva el platinado como una bandera de su temperamento, yo llevo mi melena como una cruz, siempre aplastada por miedo a que levante vuelo […] porque no quiere saber nada de mí”.

Además, estos chicos se dan el lujo de no tener que ser políticamente correctos y así poder hablar de religión y sociedad a sus anchas y según su parecer. Dos claros ejemplos de esto son la descripción del Viaje a Once que hace Micaela Gonzalo y las escuchas sin anestesia de call center que nos presenta Luciana Carlopio. Esta forma de narrar, siempre acompañada de mucha naturalidad y aceptación, ayuda a que los relatos conserven esa transparencia que los hace tan naturales.

Una particularidad muy destacable de esta antología es que el 100% de los autores

publicados eran inéditos hasta el momento de la publicación. Eso ayuda a la sorpresa que es este libro; uno no espera que de tantos escritores desconocidos ninguno sea un fiasco. Fue una suerte que Hebe Uhart los encontrara y decidiera compilarlos. Cada uno a su manera aporta un granito al libro y ninguno pasa desapercibido (claro que aún queda por ver cómo se lucen en una publicación propia).

Y pensando en los textos propiamente dichos, hay que decir que son todos textos cortos (y lo bueno y corto es bueno dos veces), de no más de seis páginas chiquitas. Todos se leen rápido, como estando en una plaza en verano, y al mismo tiempo dicen mucho con cada palabra y tienen cada tanto uno de esos bocadillos que sorprenden y divierten del estilo de “Me pasó algo insólito: no me llegó la factura”. Sin duda que son textos ideales para la vida en la ciudad, las corridas durante el año y los viajes en colectivo, incluso los que no son demasiado largos. Lo único malo que tiene el libro es que se termina (lamento que esto suene adulador, pero es la realidad).

Sin dudas, y por si mis palabras no fueron lo suficientemente claras, es un libro para recomendar a los cuatro vientos. Por un lado, incluso si el destinatario es un avidísimo lector de las últimas tendencias literarias de Buenos Aires va a quedar gratamente sorprendido con estos nuevos hallazgos. Por el otro lado, el humor de estos autores es sencillamente fantástico. A veces sin preámbulo y muy frontal, pero otras lleno de sutilezas, como cuando Marta Lopetegui escribe “O sea mi viejo y mi vieja se conocían de toda la vida [...]. Por eso cuando mi viejo el Cholo se casó con mi vieja Margarita, mi abuela Felipa dijo: Margarita es como de la familia. Lo malo fue que lo siguió diciendo hasta que se murió, cuando ya hacía treinta años que estaban casados”. Personalmente tengo que decir que, en más de un momento, no pude evitar reirme en algún que otro colectivo...

Aparte de todo esto, y más allá de las cualidades literarias (que puedo disfrutar de manera muy personal y poco académica) tengo que decir que tanto contenido como forma están íntimamente ligados y muy sincronizados. No voy a entrar en detalles aburridos pero la elección del papel, el tamaño (A5) del libro, la terminación de la tapa y el excelente encuadernado hacen de este libro un libro ideal para la mochila del caballero y la cartera de la dama. Si lo llevan a pasear por la ciudad (como hice yo) va a sobrevivir muy estoicamente y en (casi) perfectas condiciones, ahorrándonos así el malhumor de tener que cuidar que no se salgan las páginas, que no se rompan las cubiertas y dejándonos leer felizmente su contenido.
*Reseñadora
Isa Crosta se recibió de diseñadora gráfica (en la UBA) en el 2010 y en el año 2011 cursó Literatura en las Artes Combinadas II en la Facultad de Letras. Actualmente se desempeña de manera freelance. Además encabeza (junto con Sol Dachs) un Taller de Edición trimestral en Casa Brandon y forma parte del Departamento de Literatura del CC Matienzo.