Distopía
Sol Echevarría


Detrás de las relaciones sociales, de los sujetos, de un modo de ser del sistema ¿qué hay? Y ¿qué es lo otro posible? Responder esto es entrar en el orden de la fantasía: una ficción del pasado, mito de origen, o del futuro, salvación o catástrofe. Las categorías del sistema sólo sirven para dentro del sistema. Por ejemplo, ¿es posible negar la técnica, pensar otro uso? La técnica abolida y un retorno al estado de naturaleza es un imposible. Pensar un mundo humano sin técnica es como pensarlo sin trabajo: son pilares constituyentes de la sociedad actual. La alteridad se resiste, entonces surgen algunos conceptos (superhombre, comunismo...) y ficciones que toman categorías del sistema para negarlas, contraerlas, modificarlas o expandirlas. Conceptos y ficciones que emergen del sistema, permitiendo ver algo que asoma fuera de éste.

Más allá de las diferentes formas de control social siempre habrá una manera de salirse, aunque sea por un momento, del sistema. La distopía, podría pensarse, es la sociedad vista desde la anomalía, considerada como indeseable y antiutópica. La pregunta necesaria sería entonces ¿cómo salirse? Salirse del tiempo actual, de la prisión del instante, de la continuidad histórica. Salirse del topos, ir más allá de lo existente hacia el no lugar, ya no hacia un ideal sino hacia la dis-topía.

Salirse de la concepción del espacio, del cuerpo, del lenguaje, es decir, de todo lo que conocemos. Irse de lo humano a lo in-humano. Entender desde afuera el mecanismo que lo opera, y algo del orden de la humanidad. Afirmar esa humanidad. Salirse por un agujero, por una grieta. Un punto de fuga hacia lo des-conocido. Encontrar el punctum que conecta el adentro con el afuera, es decir, el sistema con lo que no es sistema. El punctum como intensidad. Una intensidad de lo animal, o de lo maquínico, o de otra cosa. Escapar, por ejemplo, de un funcionamiento normal de la técnica hacia su anomalía. Una manera de pensar revolucionaria, que vaya ganando lugar, como un virus. Expandiéndose en simultáneo: en cada ser humano algo más allá de lo humano. Pero para eso hay que salirse de sí. El en sí es aparat, y está atravesado por la ideología. Aparat: aparato psíquico, aparato de hegemonía y, también, aparato de Estado.

Pero la salida no es siempre la misma, implica un constante desplazamiento. Porque el sistema se adapta al cambio ya que su normalidad contempla la crisis, y en la apariencia de lo diferente esconde lo semejante a sí mismo. El fracaso, la pérdida de fe en modelos alternativos, o la pérdida de su eficacia histórica pone en entredicho la idea de revolución, de una revolución que resulte ahora del agotamiento de determinado modelo económico. Al menos no todavía, y no por lo pronto. Lo trasgresor de la salida no está sino en la búsqueda. Pequeñas revelaciones, discontinuas, inconclusas. La teoría vendrá luego. La destrucción y reconfiguración: el advenimiento de lo nuevo. La teoría y su posterior homogeneización. Teoría como fracaso, algo que no pudo, que no puede, ser. Lo que importa luego es la huella de aquella búsqueda. A continuación, tres mundos posibles de la ficción, y aquello latente en todo poder-ser.


UNO

You are the ONE, Neo
Matrix


Y al principio fue la palabra y la palabra era Matrix. Y el sonido de un teléfono. Voz en off: he is the One. Los cables transportan, son un umbral. Algo que conecta y separa ambos mundos. Un límite. Y la transgresión de ese límite. La tecla pulsada sobre la pantalla. Máquina que el protagonista usa de almohada: sueña con y desde la máquina. Es entonces el lenguaje. Es, entonces, el mundo.

El protagonista, Neo, anagrama de One, sigue el conejo blanco. Como una Alicia, atraviesa el espejo de una ciudad gris, deserotizada. Viaje de lo humano a lo in-humano. Lo que no pertenece a uno sino que lo trasciende. Del uno al Uno (unidad). La humanidad en sí, en su estado de energía. Una respiración, un pulso. Lo biológico del cuerpo, ahí donde lucha con la técnica. Ahí, donde la alimenta como una batería.

Todas las cosas fueron hechas. El pensamiento, las imágenes, los sueños fueron hechos de lenguaje. Y el lenguaje es Matrix. Y el mundo toma la forma del lenguaje. Matrix como escenario en el que los seres humanos pueden actuar, en el que se les permite actuar. Pero la programación no alcanza a cubrir todo: hay grietas en el discurso, en la imagen, en la escenografía, en el cuerpo, etc. Algo que falta, pero deja ver la huella de su falta. Ahí es donde lo nuevo irrumpe. Lo nuevo descoloca la palabra. Es un agujero en el lenguaje, en el discurso de la hegemonía, pero ¿está hecho de lenguaje?

El lenguaje conecta con la máquina. Se vuelve código y linkea con dispositivos tecnológicos. Si se trata de una época signada por la técnica, ¿la percepción responde a una máquina? En esta distopía hay una nueva forma de existencia no simbólica sino que lo es en verdad, de hecho, máquina.

Es la pregunta lo que lo lleva a dónde lo lleva. Neo punza lo conocido en busca de lo nuevo. Lo que uno busca, también lo busca a uno: knock knock. La pregunta atraviesa la trama coherente del efecto realidad, conecta con lo otro. Dentro del sistema, con aquello que no es sistema. Y sólo desde ahí, desde afuera, puede percibirlo. Entenderlo, verlo.

Pero el sistema necesita de la totalidad, no tolera el error: los empleados son parte del todo, si un empleado tiene un problema, la compañía tiene un problema. Entonces genera mecanismos de protección. Los Agentes son los representantes físicos del sistema en forma humana. Representan el espionaje, control y represión. Adentro de la Matrix, ellos son todos y no son nadie. Vigilan las puertas, sostienen las llaves. Controlan que nadie salga.

La Matrix no es perfecta sino contradictoria, gracias a esto hay un agujero, una salida. Un cúmulo de intensidad, a-cumulación, que llamaré punctum. Entonces la pregunta lo busca. Va hacia él como una polilla a la luz. Y consigue, finalmente, salirse del sistema cifrado en busca de la respuesta. Pasaje al lugar de la anomalía: distopía. El umbral es el espejo. Un espejo-agujero que lo chupa.

Punctum: donde el instante conduce a lo eterno. Donde la trama coherente es atravesada y hay agujero. Hacia afuera del sistema, afuera de la estructura de la representación. Una acumulación de intensidades.

El pasaje es un devenir otra cosa. Máquina-animal. Chip-bug. Quiero liberar tu mente, pero solo puedo mostrarte la puerta, tú tienes que atravesarla, le dice Morfeo, dios de los sueños. ¿Nunca has tenido esa sensación donde no sabes si estás despierto o aún soñando? Es la forma. La forma de escapar del control. Morfeo ofrece dos pastillas. La pastilla roja es como una piedra arrojada sobre la superficie del espejo, el cual se rompe permitiendo que haya un agujero entre la realidad y el halo.

Logra salir del instante presente, es decir, salirse del tiempo. Va hacia otro sistema, otro tiempo, otro espacio. Allí, entonces, reaparece el mito. Esa ciudad escondida en el centro de la tierra como refugio de la raza humana, ou topía? Lugar de unidad, paz y libertad, opuesta al sistema de explotación. Antes del pacto social, de la propiedad privada. Más importante que qué, es cuándo. Pero la respuesta sería nunca. Centro espiritual. Sion. Ahí es donde la fiesta sería.

El planteo de la trama se vuelve metafísico. Desdobla para exhibir mecanismos. Pero este desdoblamiento es un artilugio, digamos, argumentativo. No existe lo real sin su halo, no hay nada más allá que sea solo real. No hay absoluto. Lo real no es aquello que está en algún lugar, aunque esto sea en otro lado. No hay fuera de la Matrix. Esto implica lo orgánico, por un lado, la existencia en un estado de las cosas, y también lo imaginario. Hay un cuerpo que nace y que muere. Pero no hay tal separación de cuerpo y mente. Ambos se presuponen en lo humano, casi tautológicamente.

Al regresar intenta modificar el efecto realidad bajo el cual vive la humanidad entera. Quiere liberarla de la máquina, mostrarle la salida del sistema, que en última instancia es el mundo. Es el mundo que te han puesto sobre los ojos para cegarte de la verdad. ¿Cuál verdad? Que eres un esclavo. Aquellos que están dentro de la máquina están tan habituados que pelean para defenderla. Son la “resistencia”. La libertad es posible dentro de un sistema que le pone freno, que la oculta. ¿Cómo vivir juntos? I´m not the ONE... I´m just anOTHER guy. El Uno y el Otro. La propia resistencia del aparat.

La narración de ese viaje, que podría pensarse como una epifanía, en el lenguaje que sea, es potencialmente revolucionaria. Si es lo suficientemente viral repercute en el halo, lo que provoca corrimiento de escenografía de lo real. Sea a escala de un pequeño grupo, de un país, e incluso de un planeta. Como un virus que se expande, porque no basta reordenar los elementos dentro del sistema, sino que es necesario modificar su funcionamiento. Generar una descarga, un corto-circuito. Algo que cambie su mecanismo, que le impida seguir operando de la misma manera debajo de una apariencia distinta. Sé que tienen miedo. Nos tienen miedo a nosotros. Tienen miedo del cambio. No sé que depara el futuro. No vine a decirles cómo va a acabar esto. Vine a decirles cómo va a empezar. En su escenario de la representación, está la huella de lo no-representable. Esa locura que lleva a lo imposible, expresado en la película de modo algo infantil: volar, detener balas. Dominar lo real, crear nuevas leyes.

Conectar y controlar son dos caras de un mismo fenómeno. Un sistema que deviene técnica y un ser humano que deviene apéndice de máquina. La máquina de percepción del mundo. Es, entonces, el mundo en cuanto perceptible. Conecta con el sistema en el individuo solo. ¿Qué es la Matrix? Control. Fuera de esta no hay nada. Bienvenido al desierto de lo real. Fuera es un vacío y es un lleno. Un todo y nada. Ir hacia la nada, hacia el vacío semiótico. Salirse es volverse loco. Es escaparse del sistema, pero no transformarlo. De la nada-todo y del silencio hay que volver a la palabra. Jugar dentro de la ley a transgredir la ley. Violentar el lenguaje, intentar hacerlo decir lo que tal vez sea incapaz de decir. Forzarlo más allá del silencio y del grito. Ejercer presión contra su límite, lastimándolo, dejando en él la huella de una búsqueda, donde otros puedan leer allí esa falta, esa incapacidad. Eso que no está porque quedó del otro lado del agujero, fuera de la escenografía de la representación.

En cada uno hay una Matrix. Todos somos Matrix. Todos, entonces, estamos dentro de la Matrix. Oráculo: Temet nosce. No hay un más allá, un estado larvario o un plasma donde flotamos. No, al menos, luego del nacimiento, y del nacimiento a la cultura para ser exactos. El punctum por el que sale y experimenta una suerte de re-nacer. Líquido amniótico y cordones umbilicales. Plasma y tubos. Ahí ve: los hombres iguales, en su condición de iguales. La humanidad. Lo Uno.

No hay quien no forme parte del engranaje social. Ni quien, en sí mismo, no esté atravesado por el aparato de hegemonía, que conecta con el aparato psíquico. Es decir: una ideología oculta en los engranajes de la percepción, no sólo de una clase social sino de todas. Una fuerza alienante. La des-alienación, por ende, puede darse en todos y cada uno a través de la epifanía: en el individuo en sí, lo que desde adentro conecta con el afuera. La epifanía es del orden de la experiencia, y luego del pensamiento. Es indagar en el mecanismo perceptivo dentro de cada uno. Es, entonces, indagar en el aparat.

El individuo es resultado del aparato de percepción. Pero como este es un mecanismo de percepción egocéntrica, implica todo, siempre dentro del campo del uno. El mundo es entonces resultado de su percepción. Es decir, el mundo como simulacro de mundo presente en el individuo. Y este es el único mundo que puede percibir. Entonces es necesario que cambie algo de lo percibido para que, en su potencialidad social, modifique algún modo de ser dentro-del-sistema que pueda repercutir fuera de este.

Pienso, luego existo. Pero este pensar es un pensar colectivo. ¿La sociedad pensándose a sí misma a través de la técnica, luego su existencia? Sin embargo, la humanidad escapa al pensamiento. Hay algo como un latido, un ritmo. Hay una energía que se desprende de allí. Algo, dentro del pensar, que no pertenece al orden del pensar. Hay algo de cada uno que alimenta al resto. De ahí lo no disponible de la propia vida y algo del orden del saber.


DOS

Sólo se puede jugar con otro
eXistenZ


El mundo de los juegos virtuales es una suerte de trance. Se abre como un paréntesis en el mundo de la realidad. Uno dentro de otro como cajas chinas. Un sistema que se replica y transforma. Otro mundo posible. La gente es programada para aceptar tan poco. Pero las posibilidades son tan grandes. Diferentes niveles de la realidad en el defasaje de una imagen a otra.

Se duplican, hasta terminar multiplicándose, potencialmente ad infinitum, las realidades posibles. Se exponen en su caracter de construcción, de artificio. ¿Pero habría entonces un origen? ¿Algo debajo del artificio que lleve a lo real, sobre lo cuál está construido? ¿Algo a lo que volver?

Volver hacia atrás. Renacer a la inversa, forzando el proceso desde la técnica. Tengo esa fobia de que mi cuerpo sea penetrado quirúrgicamente. En la película el procedimiento viene con su propia epidural, como un parto. El punctum dentro del cuerpo. Un pasaje de ida hacia la infancia como origen que conecta con lo animal. Bio-port. La salida es a través de un puerto que involucra lo maquínico con lo animal. Una tecnología orgánica. ¿Devenir máquina del animal? ¿O viceversa? Parece un animal ahí adentro. Pareciera que estás operando el cuerpo de una mascota. El game-pod de eXistenZ es básicamente un animal. Crecen de huevos fertilizados por anfibios rellenos con ADN sintético. Técnica y naturaleza, doble hélice, el carácter mixto. Lo biológico del cuerpo, ahí donde se mezcla con lo animal. El puerto está adentro de tí. Tu eres la fuente de poder. Tu cuerpo, tu sistema nervioso, tu metabolismo, tu energía. Bio-port: un tipo de orificio situado en la base de la espina dorsal, se asimila a un órgano sexual, debe ser lubricado. Cordones umbilicales que penetran en los respectivos agujeros de los jugadores. Placer y gestación. Estado de latencia o sexo o viaje de droga.

Lo erótico: se juega con otro a través de un agujero en la columna. No está infectado, sólo está excitado. Quiere acción. Dice ella y se ensaliva los dedos para meterlos por el orificio. La fealdad: lo grotesco y desagradable. Lo erótico de la penetración. Punctum: puerto USB que conecta con lo otro. Quedarse del otro lado, no distinguir cuál es la realidad. Liberación: esta es la jaula de tu propia fabricación, la cual te mantiene para siempre en el espacio más pequeño del mundo. Sal de tu jaula.

Hacia lo animal y lo orgánico. Partes sueltas, vísceras, viscosidades. ¿Dónde están nuestros cuerpos reales? ¿Hasta dónde se puede ir? La pregunta sería: ¿hasta dónde se puede ir sin correr el riesgo de no poder volver? La locura marca el punto de no retorno. Pero la locura no es una delgada línea sino una zona. Es posible transitar por la locura y volver.

Máquinas orgánicas hacen simbiosis con el cuerpo humano, sueñan un juego tan conexo con la realidad que se vuelve difícilmente delimitable.

La resistencia es de los Realistas. Los enemigos de los Realistas se escapan por el agujero, Bio-port, hacia otros mundos posibles. Niveles menos patéticos de la realidad, posibilidades distintas. Como un juego de rol que da cuenta del artificio de la repartija de roles, es decir, de que la realidad es un juego cuyas reglas pueden cambiar. Horror a lo nuevo. No hay nada de lo percibido que sea estable, nada cierto, nada real. Me siento un poco desconectado de mi vida real. Estoy perdiendo contacto con el mundo real ¿Sabes a lo que me refiero? Siento como que hay un elemento de psicosis en esto. Realidad deformante de los juegos. Una realidad virtual. ¿Cómo se siente tu vida real? Se siente completamente irreal. Una relación tensa entre naturaleza, tecnología y realidad. La pistola que usan está hecha de piezas orgánicas para escapar su detección en el radar. Lo orgánico escapa al control de la técnica. Entre lo orgánico y lo inorgánico, se ubica lo terrorífico, lo siniestro: armas que disparan dientes, lagartijas mutantes, anfibios. Lo siniestro entre el juego y el placer y el deseo de conexión y el deseo sexual.

Epifanía: uno mismo está afuera del propio cuerpo y del lenguaje. Una experiencia no propia. Una experiencia ¿divina?: eXistenZ ("isten" es "divinidad" en húngaro). Se acentúa la intensidad del tiempo. Veinte minutos parecen eternos. Hay algo de la pérdida de control. Red, sentimiento oceánico, conexión, éxtasis, etc. Perder todo contacto y solidez, quedarse solos y buscar el D(i)os.

El Dos es el deseo del otro. Tiene un fundamento erótico ya que es el anhelo de construir y cohabitar la realidad junto con otros. En este querer ser en comunidad aparece no sólo el deseo, sino la violencia, el sexo, la conexión de los individuos, el amor, etc. Luego queda deambular en un mundo cuyas reglas y objetivos son desconocidos, indescifrables o posiblemente no existan. Se juega a descubrir por qué se está jugando el juego. Hay una búsqueda de algo, enmascarada como búsqueda de sentido. Pero al final no hay nada más allá de la búsqueda, la liberación es el escape constante de la cárcel del sentido. Un sentido que fija los barrotes de un lenguaje que contenga al mundo.


TRES

No soy sólo yo. Sino todos nosotros.
Dark city


Epifanía de un hombre solo que despierta de la oscuridad. Como un renacer, en medio de una bañadera, desnudo, ve la luz. Se mira en el espejo. Revisa sus objetos personales, aparecen recuerdos. Se empieza a formar, de cero, como persona. Nuevamente la máquina y los cables del teléfono conectan. Riiing. Soy un doctor, puedo ayudarte. Has perdido tu memoria. Ha habido un experimento. Algo salió mal. Una mujer muerta: la locura, el mal, las drogas. Todo junto. El protagonista tira sus cosas al agua, decide abandonarse y no ser persona.

Ser no-persona es rechazar la alienación a nivel individual, es resistirse a ser parte de la máquina. Quedarse afuera, en el contacto con el-afuera-del-sistema, permite experimentarlo sin lenguaje, sin sentido, sin nada determinado. Si el aparato de percepción clasifica las partes que lo componen y las reúne, fuera de éste, dichas partes no existen como tal, sino como nada-todo. Percibir sin el aparato de la percepción es una experiencia de lo in-determinado o neutro.

La salida pero de nuevo la persecución. Ni Agentes, ni Realistas sino seres altos de traje negro con sombreros. Blancos de piel, de ojos ciegos como topos: no han visto la luz. Viven en la ciudad de noche: dark city.

El universo como absoluto. En la escena inicial de la película la cámara baja y muestra el sistema, la realidad. El espacio y el tiempo (imagen del reloj). El espiral es lo abierto del eterno retorno, es un círculo que se expande. Propone un origen al ciclo de nacimiento-muerte-renacimiento y, por lo tanto, imagina la posibilidad de un fin. Un origen incierto y complejo, un movimiento expansivo que incorpora lo nuevo. El movimiento espiralado como huella digital, donde ser es ocupar una posición en la estructura. Sleep now. A las doce el aparat se detiene, y se reconfigura.

La locura es el elemento en común de los personajes. El doctor psiquiatra toma el nombre de Daniel P. Schreber, uno de los más famosos ejemplos de fascinación por la vida de un loco, varias veces internado en un psiquiátrico. El protagonista se convierte en un John, alguien indeterminado. Presentado como delirante, violento resultado de un quiebre psicótico. Donde quiera que esté, se está buscando a sí mismo. Como la rata en el laberinto, busca una salida imposible en los compartimentos de la plataforma. Los fragmentos de la memoria no conforman una historia sino que permanecen aislados sin una ideología que los reúna. Cuanto más pienso en el pasado, los recuerdos empiezan a desenredarse. Ninguno de ellos parece real. Se rompe la ilusión del efecto realidad, también el cuerpo: se deshace entre el organismo y el lenguaje.

La escenografía de la realidad es mostrada como maqueta. Nos están vigilando! No hay salida! Los otros viven en las profundidades, son el mecanismo. Modifican la estructura del aparat (tuning). La reacomodación en la realidad es escenográfica mientras el mecanismo siga funcionando igual, afectando incluso a quienes intentan enfrentarlo.

Cada aparato de percepción sostiene la escenografía de una lucha, así como sobre un tablero ocurre el juego que limita las posibilidades, pero aún así puede haber ganadores y perdedores. Hay en su escenario una realidad fluctuante. La lucha por cambiar la partida es necesaria y urgente porque ocurre en la realidad y afecta a los cuerpos, pero a veces ofusca la lucha por cambiar el juego. La revolución o el cambio del paradigma suele cambiar en apariencia lo que se mantiene como subyacente. Es un efecto de incorporación de lo nuevo.

Aquel que se sale del la plataforma corre riesgo de quedar afuera. La marginación a menudo es un fuera-de-tiempo-fuera-de-espacio. Idem la locura o la adicción. La condena de lo patológico. Ser otro es atentar contra el funcionamiento del sistema, y este dispone del lenguaje para juzgar la alteridad. Pero así como la locura, la enfermedad y eso difuso que podría llamarse “el mal” son escapes sufrientes que dejan sobre la escenografía huecos. Huecos en los que el lenguaje no basta. No hay palabra que tape la tortura, la descomposición y la muerte. El lenguaje calla sin decir que calla. El hueco del lugar que ocupa forma parte del todo: no hay nada por afuera que no sea incorporado a la estructura del aparat. Incluso lo in-diferente. ¿Entonces?

Volver del mal, del transe alucinógeno, de la locura, de la muerte si fuera posible para forzar al lenguaje a que hable ahí donde no puede. Para que señale la salida. Aunque para hacerlo deba volver a poner los pies sobre la plataforma del sistema. Una vez ahí llevar el lenguaje hacia ese no-lugar denso y concentrado como un agujero negro, como una curvatura del espacio-tiempo provocada por la singularidad del Uno en su conexión con lo todo. No hay un lugar del sistema donde se toman decisiones sobre el sistema y se decide su funcionamiento. El sistema es autónomo, como una máquina, como un lenguaje: se independiza y opera. Gran hermano no es un individuo, es un aparato. Es una sumatoria de piezas y de engranajes funcionando al mismo tiempo, trazando alternativas posibles, de manera irracional, aunque una racionalidad acompañe su proceso.

Lo otros son lo ajeno, lo extranjero, los aliens. Buscan, según sus palabras, el alma humana. O mejor dicho: la humanidad. Imaginen una vida ajena (“alien” en el original inglés) a la suya en cual de sus recuerdos no sean de cada uno sino los compartidos por todos los demás de su especie. Esa es la memoria colectiva, la ideología, la Historia, etc. Han creado esa ciudad en los recuerdos robados, épocas diferentes, pasados diferentes, todo en uno. Las personas no recuerdan el origen, lo que eran antes de llegar a donde están. El único lugar donde existe un hogar es en tu cabeza. Son extranjeros a su memoria. Toda su historia es una ilusión, una fabricación. La noche eterna. El protagonista busca una salida, y se encuentra con la experiencia de la nada. No hay nada más allá de la ciudad.

Para dicha búsqueda no hay algo así como un método y, mucho menos, una teoría. Es lo discontinuo, lo otro del pensamiento pero que provoca al pensamiento. Intenta ir más allá que lo que éste puede ir. Es algo así como la creación de Miguel Angel, dos dedos que tratan de tocarse: lo humano y lo in-humano.

Estos aliens son el mecanismo invisible que opera en la producción del efecto realidad. Podría pensarse que son el sistema, que son la técnica. Pero en la película es una inteligencia, una racionalidad. Crean moviliario de la realidad y transforman el existente. Inyectan recuerdos. Se modifican los roles relativos de cada uno. Y todo sigue funcionando igual. El protagonista, en su locura, ve cómo la ideología opera, descubre el mecanismo. Descubriste tu naturaleza desagradable, le dice un alien. Quién va a escuchar a un hombre loco?

La estructura rechaza lo otro, reubicándolo como parte de su mismo mecanismo. Al incorporarlo a su sistema, le saca peligrosidad. Todo aparato de percepción es siempre un aparato de dominación. No sólo en su componente realidad, sino sobre el mismo cuerpo y el deseo. En cada una de sus partes hay un elemento que conecta con la ideología incluso, y sobre todo, cuando parece no hacerlo. La invisibilidad es justamente el problema principal. El efecto realidad hace que esto se confunda con lo real, se tome uno por otro, como si fueran equivalentes. El aparato no deja ver sus articulaciones sino que estas sólo se intuyen cuando las piezas que lo componen se desarticulan.

Por un error, el agujero de un pinchazo, la epifanía y la excepción desde el uno. También el mito: adquiere el poder de mover cosas con el pensamiento. But this One was different. He can tune. Modifica la realidad, su mobiliario. Finalmente, enfrentado contra el sistema, el cúmulo de intensidad. Es una influencia opuesta a las máquinas. Se expande de manera viral. Desde ahí se cambia todo el sistema. Tenés su poder ahora, controlás sus máquinas.

El agujero, la grieta, es no-sistema. Lo que llamo “nuevo” es el momento en el que existe aquello que es no-sistema en el sistema, antes de su homogeneización. El horror es el rechazo de esto, lo otro. Y el éxtasis es la entrega. Pero tanto el horror o el éxtasis se experimentan en el individuo. Es el hombre solo quien tiene la epifanía al dejar de ser persona. Y quien puede viralizarla a través del pathos. En sí mismo, en su conexión con el todo de la humanidad, comienza la posibilidad de enfrentarse a la alienación.

No hay un director del aparat. Se trata de una obra colectiva sin principio ni fin. ¿Quien percibe? ¿Quién habla? ¿Desde cuándo? Es como un lenguaje en el que se expresa lo absoluto. Algo determinado, condicionado, sujeto a circunstancias concretas y, por ende, alterables, pero que se presenta como inalterable ya que alucina su perpetuidad. Su alucinación es sistémica. Es, por lo tanto alienante. La palabra alien, de origen inglés, significa: extranjero, extraño o ajeno. La etimología latina, alienare, y en castellano: alienar.

Enfrentarse a la alienación es enfrentarse al pensamiento de la técnica, producto del sistema-máquina. El aparato de percepción es el resultado del sistema que opera en todos los niveles hasta llegar al individuo solo. Pero al mismo tiempo, es el aparato de percepción el que le permite funcionar al sistema. Dicho de otra forma: el sistema es resultado de la sumatoria de los aparat, y los aparat son tales como parte del sistema. ¿Cuál sería el fin último? ¿La destrucción del aparat? ¿Es posible?

Si el aparato de percepción es parte del sistema es, por lo tanto, burgués, capitalista, alienante, etc. La pregunta fundamental sería entonces si lo es en su misma estructura, es decir, si puede existir otro mecanismo de percepción de realidad que no sea aparat. La epifanía permite intuir una salida: algo que no es aparat pero que, por ese mismo motivo, no es traducible en lenguaje, no es representable. El terror a lo nuevo radica en que se presenta como destructivo ya que no propone una alternativa. No hay alternativas posibles dentro del aparat que no sean aparat. Tal es su mecanismo. Y su poder.
*Autora
Sol Echevarría nació en Buenos Aires en 1983. Es licenciada en Letras (UBA). Publicó los libros de poemas Balneario (Zorra Poesía, 2006) y Postales (La propia Cartonera, 2010), además de varias plaquetas. Colaboró en publicaciones nacionales y extranjeras (El Río Sin Orillas, Los asesinos tímidos, Plebella, Esperando a Godot y Matices, entre otras) con textos críticos sobre literatura argentina actual. Publicó los ensayos “Aparat” en Antología del ensayo filosófico joven en Argentina (Fondo de Cultura Económica, 2013) y “Ficciones de lo real” en Panorama Interzona, narrativas emergentes de la Argentina (Interzona, 2013). Desde hace ocho años dirige la revista digital No Retornable, cuya propuesta es captar los movimientos del pensamiento y del arte que están produciéndose en la actualidad, y difundirlos. Codirige la editorial Excursiones, dedicada al ensayo latinoamericano contemporáneo. Trabaja como directora y curadora de Espacio Cabrera, un espacio dedicado al arte y la cultura emergente.