Intro
Sol Echevarría
El cine es una máquina que pone en movimiento determinadas imágenes. ¿De dónde las saca? y ¿cómo las pone en movimiento? Ninguna imagen, así como ningún discurso, flota en el vacío sino que se sostiene en un tiempo y un espacio. Ese es su contexto de enunciación, del que surge y al cual afecta. Pero al mismo tiempo, ninguna proyección es total ni puede dar cuenta de dicho contexto por completo. Entre una imagen y otra hay un blanco, así como entre dos palabras un silencio. Esas son las grietas del discurso por donde puede construirse otro. Lo no mostrado y lo no dicho permiten infinitas interpretaciones. Y es esa falta la que incentiva, incluso a veces más que la propia trama, lo imaginario.

El imaginario del cine dialoga con otros imaginarios, así como también lo hace con otros contextos, ya que se dan desplazamientos en el tiempo y el espacio de la recepción. Incluso a su pesar, lo que la pantalla muestra va más allá que lo que el cine, o quienes lo hacen, saben. Eso ocurre en todo arte, así como en todo acto de habla o escritura. Presupone un otro que mira, escucha, lee e interpreta. Lo que la imagen muestra es, entonces, al momento de ser vista, propiedad del espectador. Este se la a-propia y la inscribe en su maquinaria de producción de sentido. Es posible entonces desplazar las preguntas al espectador: ¿Desde dónde mira? y ¿cómo mira?

La propuesta de este dossier era que el cine fuera el punto de partida, atravesado por una mirada filosófica. El recorte original era bastante amplio como para que cada ensayista pudiera proponer sobre qué tema en particular quería escribir: una escena, una película, un director, un género. El objetivo final, en última instancia, era que, a partir de algún disparador del cine, retomado con una mirada crítica, se analizara algún elemento del contexto o del imaginario social contemporáneo. Es decir, hacer un corte en el cine, atravesarlo, mirar una escena, una película, un proyecto fílmico de sesgo. Pensar desde ahí. Pensar al filo.

Lo filosófico como pensamiento, y el ensayo como forma de plasmarlo. Donde la escritura se liberara como una fuerza capaz de romper las estructuras del lenguaje escrito. La idea era entonces que cada cual planteara un estilo propio, libre, audaz. De ahí que el resultado sean textos muy distintos, escritos desde la mirada de cada autor. No había un a priori más que: la escritura ensayística como búsqueda, el cine como excusa y lo filosófico como modo de pensar nuestra realidad.