Teatro de revistas
Sol Echevarría *


Me resulta imposible escribir la introducción a un dossier sobre revistas culturales argentinas sin empezar contando la experiencia de dirigir y editar una desde hace siete años. Los pormenores del quehacer de una revista son la cocina secreta, e intervienen en ella no sólo pensamientos sino también afectos y situaciones concretas. Atravesada por la revista, no puedo hablar desde afuera. No podría contar la historia de mis últimos siete años sin hablar también de No Retornable. Y, de un modo curioso, podría decir que lo mismo ocurre a la inversa.
Formar parte de una revista es afectar y ser afectados por una época de manera más o menos conciente. Es entrar en el presente con una lupa y permanecer ahí, en un tiempo efímero que conecta al pasado con el futuro, donde lo importante no es sólo tener una mirada atenta, sino debatir qué hacer con lo que se percibe, cómo interpretarlo e intervenirlo. Ver y actuar, porque toda revista surge para emprender, al menos, una lucha. La nuestra tuvo y tiene que ver con la relación entre el saber y su institución. Es la lucha por la palabra, por el poder decir, por la existencia de un arte y una teoría de otro modo, fuera tanto de los circuitos académicos como de los comerciales porque creemos que no estamos condenados a un gap generacional entre el arte que se produce en una época determinada y su crítica. Cosa que suele ocurrir porque los espacios que habilitan la crítica, los lugares de saber, operan según trayectoria acumulada, en una suerte de burocracia cognocitiva que, aunque deja ingresar nuevos artistas como objeto de estudio, deja afuera tanto al pensamiento joven como a aquel que resulta alternativo al canon. O, peor aún, a menudo son las leyes de mercado las que rigen la escritura crítica, como ocurre con la agenda mediática que impone sus temáticas.
Una revista independiente no tiene sentido si no hace valer su independencia, si solamente repite esquemas. Es fundamental que vaya hacia lo nuevo, hacia lo desconocido que irrumpe. Esta apuesta, que es un ir al encuentro de algo que no se sabe bien qué es, no es lineal ni progresiva. Toda revista es un cuerpo vivo que tiene su nacimiento y su muerte, sí, pero en el medio no sólo hay crecimiento sino altibajos, momentos tranquilos y otros agitados, descubrimientos felices y estancamientos. Formar parte de una revista es entrar en una rutina, en un día a día de investigación, análisis, lecturas, contactos, sugerencias, críticas. También es un intento constante por ganar lectores, ya que toda revista que funcione como tal necesita ser leída en tiempo presente. El presente la sostiene y le da sentido, lo que implica un contexto determinado y una pertenencia. Ninguna revista flota en el vacío sino que, al contrario, se sostiene por una red de lectores, colegas, críticos. Es, por así decirlo, una forma abierta de diálogo.
En toda nueva revista aparece, sobre todo al principio, la voz de sus padres, ya sean reales, simbólicos e imaginarios, a los cuales admira o deplora. A menudo son figuras relacionadas con publicaciones que, inevitablemente, operan como modelo. En lo personal, recuerdo un encuentro con David Viñas en el café La Paz, donde le hablé rápidamente de No Retornable mientras él fumaba y tosía. Si bien el proyecto propio poco tenía que ver con el suyo, era inevitable el deseo de compartirlo y supongo que, secretamente, buscar su aprobación, su simpatía. “La única ficción que leo ahora es la de los diarios”, dijo y al tiempo dejó de ser un interlocutor real posible para las nuevas generaciones, perdiéndose en el humo de ese cigarrillo para siempre. Poco después, en un intercambio de mails, Beatriz Sarlo me escribió “...de todas las cosas que he hecho y hago, lo único que me enorgullece es Punto de Vista”. Nosotros íbamos por nuestro segundo año. Leo mi respuesta, como ahora leo los primeros números de la revista y me resulta extraña, casi infantil: “Los principios son como despegues: alentadores, difíciles y algo peligrosos. Esperamos alcanzar vuelo. Algún consejo?”. El siguiente número de Punto de Vista fue en abril del año siguiente, y fue el último.
Cuando una revista termina, cuando un diálogo se cierra, es inevitable pensar que algo salió mal. En general, se debe a un cambio de relación del proyecto editorial con el contexto, o a veces a un cambio de contexto de los editores. Hay algo del fracaso de ese “permanecer en el presente” de una publicación que pasa a conformar, de ahí en más, un momento pasado. Una revista que se cierra se vuelve libro. Una suerte de testimonio de algo que ya no es. Escrita y editada con mayor desprolijidad, diría también calentura, que un libro, una revista resulta ideal para analizar cierto clima intelectual y artístico de una época. Ya que opera como un laboratorio de ideas, un work in progress de los trabajos de sus miembros y colaboradores. Teniendo en cuenta siempre que es un recorte, una visión determinada, un punto de vista. Tal es el objetivo de este dossier, dedicado a analizar antiguas revistas argentinas (es decir, que ya no se editen) en torno a sus orígenes, particularidades y relación con su contexto.


Un recorrido por los textos

El dossier comienza con un artículo escrito por Guillermo Korn sobre Latitud 34 (1949-1950) , una revista de transición y de corta existencia que duró apenas tres números. Su búsqueda es la de un lenguaje propio para los problemas nacionales, oponiéndose al existencialismo francés y debatiendo con revistas como Martín Fierro y Sur. De carácter ecléctico y dispar, a nivel político ocupa un lugar de frontera, según explica Korn: “Frontera donde se rozan algunas ideas del pensamiento nacionalista, pero con una apertura para pensar lo masivo y lo popular”. Es posible leer en sus páginas algunas cuestiones presentes en los debates culturales del nacionalismo en relación con el primer peronismo, cuya confrontación parece ser uno de los motivos que llevó a que la publicación dejara de salir.
Le sigue Juan J. Mendoza con un análisis de revistas de impronta argentina que fueron publicadas en Montevideo, donde se podía publicar lo que en Buenos Aires ni siquiera podía decirse. Hace foco en el semanario Marcha (1939-1974) y analiza, en sintonía con el texto anterior, su desplazamiento de lo estético hacia lo político a lo largo de diferentes líneas editoriales. Toma dos publicaciones para mostrar dicho desplazamiento: “La fiesta del monstruo”, ficción escrita en colaboración entre Borges y Bioy Casares, y “Una generación traicionada”, ensayo de David Viñas. Este último, como explica Mendoza: “funciona como un extenso descargo generacional: epílogo de los vaivenes ideológicos, políticos y literarios por los que debió atravesar su generación en los convulsos años cincuenta”.
Luego, Luciano Barreras hace una historización de Contorno (1953-1959) en cuanto a los quiebres vinculados al cambio de contexto y también las continuidades que mantiene, sobre todo pensando con quienes dialoga y discute. “Resumir la trayectoria de Contorno supone algunas dificultades porque la revista presenta un claro quiebre luego de la salida del peronismo”, explica Barreras y luego analiza ese movimiento que podría presentarse con la frase de inspiración viñesca: de la literatura a la política. Establece de esta manera un panorama completo tanto del génesis de la revista como de la línea que fue trazando a lo largo del tiempo, y su fuerte impronta como revista de crítica cultural.
Le sigue el análisis que Ariel Idez hace de la propuesta de la revista Literal (1973-1977) que, según explica, se propone separar el periodismo de la literatura, vinculando a esta última con el goce del lenguaje por sobre la transmisión de un mensaje determinado, con el objetivo de “preservar la autonomía del campo literario, amenazado por las urgentes demandas de la política”. Luego de definir como antagonistas al realismo y al populismo, Idez vuelve sobre la idea del lenguaje que, desde una teoría psicoanalítica lacaniana, les permite a los colaboradores de la revista llevar a cabo una lectura del presente “a contrapelo” de las mencionadas.
Diego Peller también analiza esta revista, pero desde un enfoque genérico que llama la atención sobre la diferencia entre los textos literarios (en general textos firmados y con un interés más de difusión) y los textos programáticos (sin firma y con una tonalidad diferente, ese "hablar en voz propia"). Para Peller, es en estos últimos donde ingresa la ficción desde otro lugar, es ahí donde aparece lo visceral, que incluye también intrigas, conspiraciones y conflictos entre sus miembros. Es en ellos donde “La flexión literal se vuelve una auténtica pasión literal, esto es, pasión de y por la letra en su dimensión de verdad real-material, despojada de toda ilusión de ´representar la realidad´”.
El siguiente artículo, de Roxana Patiño, da un pantallazo a las revistas literarias y culturales argentinas de los años ochenta. Comienza analizando las publicaciones que denomina de ´resistencia´ a la dictadura, y explica que dado su carácter de oposición, la mayoría no pudo continuar con una propuesta una vez instaurado el proceso democrático, con una clara excepción: “Punto de vista es la única revista que atraviesa todo el periodo que estudiamos y es la que con mayor coherencia consiguió avanzar de la posición de revista de resistencia hacia los desafíos de ser un espacio de debate de la cultura de la democratización. Luego continúa con un conjunto de revistas posteriores a la instauración democrática, entre ellas Babel, que funciona como ´bisagra´ hacia los noventa.
Mariana Catalin continúa con Babel (1988-1992) manteniendo la idea de bisagra, ya que la temporalidad se vuelve objeto de discusión y posicionamiento a lo largo de la revista. Toma como eje los artículos que publica Nicolás Casullo y la polémica que se genera alrededor de la reedición de Novelas y cuentos de Osvaldo Lamborghini, para analizar la relación con la memoria no sólo hacia el pasado argentino inmediato, los peligros del mercado, el mito de la revolución y la idea del fin: “...la manera de plantear la ruptura, no es apocalíptica, en la medida en que ya se sabe que ha habido otros fines, sino la de la lucidez de las revisiones, que piensa que este fin puede ir más allá y ser diferente a todos los otros”.
El artículo de Sebastián Hernaiz analiza varias revistas literarias y el lugar social de la literatura en los años noventa. Ante la percepción de cierta pérdida del lugar social del escritor y la literatura, se repite constantemente la pregunta ¿para qué escribir? Y, como explica Hernaiz, “es alrededor de esta pregunta que gran parte de las revistas despliegan la primera instancia de sus programas y estrategias de posicionamiento y legitimación, de organización de tradiciones y afinidades electivas”. Entre otros, toma el ejemplo de Paredón y Después revista que, ante la idea de retraimiento de la literatura en la sociedad, se propone expandir la lectura no sólo a libros sino series de televisión, graffitis, canciones, etc.; como forma de continuar con la crítica literaria.
El último artículo es el de Gerardo Oviedo, quien escribe sobre el nacimiento de El Ojo Mocho en el contexto del menemismo y en tensión con los modos y lugares de enunciación intelectual, convirtiéndose en “aquél ámbito propicio donde restituir y habitar una escritura social no matrizada por la máquina cultural académica”. Es decir, mientras realiza un recorrido por los distintos números, expone cómo la revista se intenta situar en otro lugar lejano a la racionalización científica para acercarse a una escritura riesgosa, cuestionando el rol de las ciencias sociales, la academia, la teoría, la crítica cultural y la política.
*Autora
Sol Echevarría (Buenos Aires, 1983) es licenciada en Letras (UBA). Escribe poesía, reseñas y crítica. Publicó los libros de poemas Balneario (Zorra Poesía, 2006) y Postales (La propia Cartonera, 2010), además de plaquetas. Colaboró en publicaciones nacionales y extranjeras (Los asesinos tímidos, Plebella, Esperando a Godot y Matices) con textos críticos sobre literatura argentina actual. Publicó textos críticos en Panorama Intezona. Narrativas emergentes de la Argentina (Interzona, 2012) y Antología del Ensayo Filosófico Joven en Argentina (Fondo de Cultura Económica, 2012) Actualmente dirige la revista No Retornable, y codirige junto con Nurit Kasztelan el proyecto editorial Excursiones