Contorno en los orígenes
Luciano Barreras *


I.
En noviembre de 1953 se publica en Buenos Aires el Nº 1 de una revista de ulterior renombre: Contorno. Las 7 páginas iniciales del primer número crecerían hasta alcanzar las 81 en el último número doble, el 9/10, también se incrementaría su tirada que de 300 llegaría a los 5.000 ejemplares, con una distribución básicamente porteña, aunque en algún caso llegó a ciudades grandes del interior. Podemos organizar a los colaboradores en tres grupos(1): el primero giraba en torno a los fundadores, financistas y editores de la revista, Ismael Viñas y su mujer, Susana Fiorito; en este grupo se encontraban también David Viñas, Adelaida Gigli, León Rozitchner, Noé Jitrik, Adolfo Prieto, Regina Gibaja y Ramón Alcalde, y en él pesaba bastante la herencia radical de los Viñas y un proyecto de revisión crítica del liberalismo en sus aspectos historiográficos y políticos. Por otro lado encontramos al trío “existencialista-izquierdista-pseudoperonista” (2) conformado por Oscar Masotta, Juan José Sebreli y Carlos Correas, quienes además compartían un origen de clase media baja. Por último, en los primeros números hay presente una facción vinculada con cierto “intuicionismo-ontológico”, cuyos animadores eran Rodolfo Kusch y Francisco Solero, que deberíamos ubicar como un elemento residual de uno de los antecedentes de la publicación: Las ciento y una, revista de corte “americanista”, dirigida por el entonces célebre H. A. Murena y malograda tras su primer número (3). Finalmente, entre los colaboradores esporádicos que aparecen en números posteriores se destacan los nombres de Tulio Halperín Donghi (que escribe en los últimos dos números dobles) y Eliseo Verón (quien por entonces se hacía llamar Ernesto Verón Thirión).
Hemos mencionado el antecedente de Las ciento y una, sin embargo hay otra revista coetánea más intensamente vinculada: Centro, órgano del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, en cuyos números encontramos, además de intercambios publicitarios, las firmas de prácticamente todos los que escribieron en Contorno. Centro funcionó además como una de las instancias de legitimación “horizontal”: Jorge Lafforgue, camarada generacional, publica una extensa reseña elogiosa en el Nº 10. Por su parte, el semanario uruguayo Marcha presenta durante 1955 una serie de artículos que conforman la consagración vertical más destacada, y que Contorno recibe con un beneplácito no exento de cierto afán polémico (4).

II.
Resumir la trayectoria de Contorno supone algunas dificultades porque la revista presenta un claro quiebre luego de la salida del peronismo: cambia el peso específico de los temas (movimiento que en líneas generales podríamos presentar con una frase de inspiración viñesca: de la literatura a la política –aunque habría que aclarar que cuando el tema era la literatura nunca se trató de dos elementos separados e incontaminados, aunque no a la inversa), los nombres de los colaboradores que publican también se modifican parcialmente (5), e incluso el nombre muta de Contorno a Cuadernos de Contorno para, luego de la decepción política con el frondizismo, retomar la antigua denominación. Esta separación, estos (al menos) dos momentos de Contorno, dan lugar a una división del trabajo bastante extendida: los investigadores interesados en aspectos literarios se quedan con la primera parte, mientras que aquellos que trabajan temas vinculados con la política (más precisamente, el vínculo entre intelectuales y política) aprovechan mayormente la segunda parte (6). Lo curioso es que en ambos casos se suele presentar a la publicación investida de un aura “originaria” y renovadora: Silvia Sigal, en uno de los trabajos más significativos sobre el período, encuentra en Contorno un buen punto de partida, “porque sus miembros animaron luego la formación de un nuevo medio intelectual y porque en su revista fueron emergiendo, particularmente en sus dos últimos números, temas esenciales de las polémicas de los años sesenta” (7); Susana Cella, por su parte, en un trabajo dedicado a la crítica literaria, habla de Contorno como un “punto de viraje” (8); en una tónica similar, Warley y Mangone se refieren, en un capítulo dedicado a la publicación, a cierta "modernización de la crítica" (9).
Este rasgo “originario” y el particular posicionamiento que de él resulta producen una importante sedimentación de representaciones en torno de la revista, que sorprende a los propios agentes (que, dado su acceso de primera mano la experiencia histórico-cultural en cuestión, detentan pretensiones de primacía epistémica): Sebreli sostiene que “el paso indulgente del tiempo” convirtió a Contorno en la legendaria revista “iniciadora de una nueva época en la crítica de la cultura argentina” (10); más crudamente, Carlos Correas se refiere a la precaria formación que algunos de sus integrantes por entonces poseían (entre los que se incluye) (11). Más allá de estas (auto)impugnaciones, diversas generaciones de lectores interesados en los problemas político-culturales argentinos no han dejado de interesarse por ella, de hecho, podría decirse que la publicación funda un linaje crítico para los intelectuales de izquierda argentinos: Contorno se transformó en una de esas revistas de izquierda (con todo lo problemático que tiene esta caracterización, tal vez sería mejor decir “revista que se inscribe en una tradición de izquierda”) con la que todas las revistas de crítica cultural (de izquierda) posteriores quieren filiarse, desde Pasado y Presente en 1963 hasta El río sin orillas en 2007, pasando por Punto de vista en 1978, todas plantean a Contorno como un antecedente importante (12).

III.
Lo que tal vez otorga unidad a Contorno (y con esto no pretendo ignorar las innegables marcas textuales que sustentan a periodización canónica ya mencionada) es el proyecto de crítica de la cultura argentina presente en todos sus números (y que nace, podríamos pensar, de la ruptura con la temática y el enfoque “americanista” existente en Las ciento y una). Esta crítica de la cultura nacional es en principio tramitada desde una clave literaria, y luego de la caída del peronismo en una clave político-cultural, y por momentos (los Cuadernos) política a secas.
Del período de predominio de la literatura, que va desde el Nº 1, fechado en noviembre de 1953, hasta el Nº 5/6, que ve la luz en septiembre de 1955, me interesa destacar dos cuestiones. La primera es la ya aludida renovación de la crítica literaria, operada a partir del acercamiento entre las series literaria y política, y que asume modulaciones diversas, desde la mera yuxtaposición (como en el caso de Sebreli) hasta la búsqueda de mediaciones más sofisticadas, como en los casos de David Viñas, Jitrik y Prieto. Ahora bien, esta renovación no se produce como una suerte de ejercicio teórico académico más o menos abstracto, sino en medio de intensas disputas con otros escritores e intelectuales, en especial con aquellos agrupados en torno a Sur, por entonces la revista hegemónica en el campo de la cultura. La “intensidad” de la que hablo fue más bien unilateral: Sur, dada su posición, no emite ningún acuse de recibo. En una medida menor, son también interlocutores polémicos los intelectuales del Partido Comunista argentino, con quienes entablan una serie de escaramuzas en torno a la figura de Roberto Arlt, disputada por ambos bandos. En este caso sí encontramos respuestas: en el Nº 50 de Cuadernos de Cultura (la publicación cultural del PCA) hallamos un conjunto de artículos dedicados a rebatir las posiciones de lo que denominaban “neoizquierda”, dentro de la cual se encuentra el grupo de Contorno, y que percibían como un potencial competidor a la hora de captar el favor de las nuevas generaciones (13). Además Juan Carlos Portantiero, por entonces un prometedor militante del “frente cultural” del PC, dedica un libro a impugnar a los “jóvenes comprometidos” (14). Con esta última referencia alcanzamos el segundo aspecto a destacar: la recepción del existencialismo sartreano, que se opera en una clave ensayística y en particular literaria: las nociones en torno al “compromiso” del intelectual vertidas en la presentación de Les Temps Modernes e incluidas en ¿Qué es la literatura? , de lectura obligada por entonces, así como los ensayos literarios como Baudelaire y Saint Genet conforman un suelo teórico a partir del cual Contorno lee críticamente.
Si bien algunos de los actores involucrados han rechazado esta caracterización en tanto “sartreanos”, es innegable que el sartrismo conforma lo que en la jerga de Raymond Williams llamaríamos una “estructura de sentimientos” (15) detectable en una multiplicidad de marcas textuales: desde el diseño horror vacui de la revista, con su doble columna, escasos márgenes y ausencia casi total de imágenes (que hacen pensar en cierta moral asociada al existencialismo, que rechaza los afeites estéticos como superfluos, afectados e inauténticos), hasta la impugnación, en clave de seriedad, gravedad y ascetismo, del carácter alegre y despreocupado de la generación del ’25, a la que se le opone la generación posterior, en la que reina una suerte de Stimmung post-coital: “el triste amanecer cuando la alegría se ha vuelto tedio, la borrachera fatiga y todos sienten náuseas, pesadez de cabeza y un sabor amargo en la boca” (16).

IV.
Para describir el recorrido que caracteriza al segundo período de Contorno, el del predominio de la política, me voy a servir (nuevamente) de una frase de inspiración viñesca: de la ilusión al desencanto. El primer paso en este recorrido es el de la crítica al antiperonismo triunfante, en donde predominan las continuidades con los números anteriores: si bien el tema ya no es más la literatura, los sujetos criticados son más o menos los mismos: Victoria Ocampo, Borges, Sur, especialmente el Nº 237, salido en noviembre de 1955 bajo el lema “Por la reconstrucción nacional”, y que exhibía un rechazo sin fisuras hacia el régimen depuesto. La crítica de Contorno propone trabajar en las grietas de este discurso, exhibir las miserias de lo otro del peronismo. Para ello, algunos de los colaboradores recurren al arsenal sartreano (lo que evidencia otra de las continuidades con números anteriores): desde la “fenomenología de los actos de habla” con que pretende impugnar a Ocampo hasta el sistema de citas en el que incluye a Merleau-Ponty, de Beauvoir y el Saint Genet sartreano, el texto que Masotta publica en el 7/8 abunda en esta clave. El Saint-Genet está también presente en el testimonio de Sebreli, que piensa a las masas peronistas desde las figuras de la bastardía y la ilegitimidad (dando lugar a la inverosímil interpretación según la cual la base social del peronismo sería lumpenproletariado) (17). También, como en números anteriores, la izquierda “tradicional” es objeto de crítica, sin embargo, más allá de las continuidades, en algunos artículos de este número aparece algo nuevo: el peronismo es caracterizado como un fenómeno superador del liberalismo. En este punto comienza a articularse el nudo ideológico-político a partir del cual se trama la alianza con Arturo Frondizi, quien poco tiempo después alcanzará la presidencia. Pesó seguramente la herencia radical de los Viñas, pero lo determinante parece haber sido la propia figura de Frondizi: militante antifascista y defensor de presos políticos en los `30, docente en el Colegio Libre de Estudios Superiores, autor de Petróleo y política, sus antecedentes permitían ilusionarse con “la síntesis de libros y alpargatas y de unitarios y federales, el Gran Proyecto, el país al día” (18), como resumió con desencanto David Viñas en una novela unos años posterior. Por entonces los integrantes de la publicación se veían a sí mismos como ideólogos de izquierda dentro de un proyecto que pretendía profundizar las reformas esbozadas en el período peronista, con un programa que podríamos inscribir dentro de cierto “nacionalismo de izquierda”. La desilusión se consuma en el breve período que va de febrero, cuando Frondizi gana las elecciones, a septiembre de 1958, cuando el gobierno avanza con las concesiones petroleras a compañías extranjeras y el proyecto de enseñanza “libre” que permitía la creación de universidades privadas con potestad para emitir títulos habilitantes. Para los miembros de Contorno embarcados en esta apuesta política (y para los que la política seguía pensándose sartreanamente como una ética) la desilusión se tramitó desde una clave desgarrada, perceptible en las novelas de alguno de ellos (19), así como en testimonios, como aquél en el que Ramón Alcalde confiesa que abandona la política porque está cansado de sufrir (20). A la luz de los acontecimientos posteriores, la “traición de Frondizi” significó el cierre de las ilusiones en torno a lo que crecientemente comenzó a descalificarse como “democracia burguesa” pero también, al calor de la Revolución Cubana, la apertura de nuevas posibilidades para tramar la relación entre intelectuales y política.
Notas
(1)En esto sigo mayormente a Warley y Mangone en el prólogo a la selección que hicieron a principios de los 80 para el CEAL. Cf.: Mangone, Carlos, Warley, Jorge, Contorno, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981.
(2) Sebreli, Juan José, “El joven Masotta”, en El riesgo del pensar, Buenos Aires, Sudamericana, p. 154.
(3) La mala relación teórica de la mayoría de los integrantes con la perspectiva de Murena se evidencia en el texto publicado por Carlos Correas en el Nº 3: “H. A. Murena y la vida pecaminosa”. León Rozitchner, por su parte, había publicado en 1954 una reseña sumamente crítica “A propósito de El Juez de H. A. Murena”, incluida en el número Nº 8 de Centro.
(4) Reproduzco el primer párrafo del editorial del Nº 5/6: “Marcha, al pasar, ha dicho que en Contorno alternamos “elogios y palos”. Un tanto secretamente no deja de halagarnos la frase. El poder dar palos –o que lo crean, y así sea literarios– envanece sin dudas al troglodita que todos llevamos dentro”, “Terrorismo y complicidad”, Contorno Nº 5/6, septiembre de 1955.
(5) La primacía de la política hace que cobren mayor importancia ciertos nombres, más precisamente: la desaparición de las preocupaciones literarias luego del 7/8 borra algunas firmas, como las de Noé Jitrik, Adolfo Prieto y David Viñas, que habían tenido un lugar destacado en los primeros números y que ya no publican artículos. Los tres mencionados, sin embargo, siguen vinculados a la revista (Prieto y D. Viñas, por ejemplo, aparecen en el comité de dirección del Nº 9/10). Por otro lado, el giro hacia el frondizismo pone fin a la participación del trío Sebreli-Correas-Masotta.
(6) Tal vez el único intento por dar cuenta de la “totalidad” sea el de Marcelo Croce en Contorno, izquierda y proyecto cultural, que responde a una lógica básicamente cronológica (e incluso de disposición espacial: aborda los artículos en el orden en que aparecen en cada número).
(7) Sigal, Silvia, Intelectuales y poder en la década del sesenta, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, pp. 108-109.
(8)
Cella, Susana, “Panorama de la crítica”, en Historia crítica de la literatura argentina, V.10, Buenos Aires, Emecé editores, 1999, p. 38. Algo de todo esto perciben los publicistas del mercado editorial que no desaprovechan la oportunidad de promocionar un libro aludiendo, en la solapa generalmente, a la participación de su autor en la “mítica” revista Contorno.
(9) Mangone, Carlos, Warley, Jorge, “La modernización de la crítica. La revista Contorno”, en Historia de la literatura argentina, Buenos Aires, CEAL, 1980.
(10) Sebreli, Juan José, El tiempo de una vida, Buenos Aires, Sudamericana, 2005, p. 183.
(11) “Lecturas tronchadas, malentendidas, embaucadoras, ideas apenas sospechadas, alusiones y referencias incomprensibles por falta de contexto, intuiciones aproximativas y sin interés, iluminaciones anticuadas o caducas… no sólo provocaban las consabidas insolvencia e impostura; nos daban también, para satisfacer nuestras pulsiones belicosas, consignas puramente episódicas. Las adoptábamos por nada, las abandonábamos por menos. O bien, como todo nos resultaba en nada, nada se nos volvía todo”, Correas, Carlos, La operación Masotta, Buenos Aires, Interzona, 2001, p. 24.
(12) Cf.: “Pasado y presente”, Pasado y presente Nº 1, Córdoba, abril-junio de 1963; “Editorial”, El río sin orillas, Nº 1, Buenos Aires, octubre 2007; “Contorno en la cultura argentina”, Punto de vista Nº 4, Buenos Aires, noviembre de 1978.
(13) La importancia de esta disputa para el PCA se evidencia en la publicación posterior de un número especial que recoge varios de estos artículos, publicado en 1961 bajo el nombre ¿Qué es la izquierda?
(14) A esta altura ya se había producido el entusiasmo y la decepción con Frondizi. El autor discute el modelo “comprometido” proveniente del campo francés a partir de la idea gramsciana de intelectual “orgánico”. Cf.: Portantiero, Juan Carlos, Realismo y realidad en la narrativa argentina, Buenos Aires, Procyon, 1961.
(15) Cf.: Williams, Raymond, Marxismo y literatura, Barcelona, Península, 1980.
(16) Sebreli, Juan José, “Los martinfierristas, su tiempo y el nuestro”, en Contorno Nº 1, Buenos Aires, Noviembre de 1953.
(17) Cf.: Masotta, Oscar, “Sur o el antiperonismo colonialista”; Sebreli, Juan José, “Aventura y revolución peronista”, ambos incluidos en Contorno Nº 7/8, Buenos Aires, julio de 1956.
(18) Viñas, David, Dar la cara. Buenos Aires, Jamcana, 1965.
(19) “Me traicionó. Ése. Ése –se pellizcó la barba-. Y por eso juré no meterme más en nada. Nos castró Claudia, entendéme, vos me entendés. Hizo todo lo contrario de lo que nos había prometido (…) Yo aposté a él, Claudia. Nos jugamos a su mano. Pero si hasta decíamos entre nosotros… Qué risa Claudia, qué vergüenza: que se parecía a Roosevelt. ¡Nada menos! Y que aquí, en este país, iba a hacer otro New Deal”, Viñas, David, Claudia Conversa, Buenos Aires, Planeta, 1995, pp. 62-63.
(20) Referido en una entrevista concedida por Ismael Viñas a Mariano Plotkin. Cf.: Freud en las pampas, Buenos Aires, Sudamericana, 2003. Tal vez el punto más alto de este sufrimiento fue alcanzado por Ismael Viñas, quien en este contexto también relata un episodio psicótico que él mismo sufre luego de una reunión con Frondizi.
*Autor
Luciano Barreras es profesor en filosofía (UBA), doctorando en filosofía (UBA) y becario doctoral (CONICET). Docente en la cátedra de Pensamiento Argentino y Latinoamericano del Departamento de Filosofía (FFyL-UBA). Ha publicado artículos y reseñas en Cuadernos de Filosofía y El río sin orillas, así como en el volumen colectivo Intersticios de la política y la cultura latinoamericana.