Lo mucho a veces es poco
Ramón D. Tarruella *


El sistema del silencio, de Valeria Tentoni
(17 grises editora. Bahía Blanca, 2012)


Los cuentos de Valeria Tentoni se mueven de un universo a otro, cambiando escenarios y personajes, con soltura, con un ritmo personal, con paso firme, sin dudar. La prosa, además, se acomoda a esa ligereza, en cada mutación, en esas variaciones de los personajes y la mirada de ellos sobre el mundo que los rodea. Sin embargo, esa versatilidad, evaluando la totalidad de los cuentos, le juega en contra. En algunos de ellos, el mundo elegido sintoniza con el tono y el lenguaje, por ejemplo en “Los ñatos” o “El sistema del silencio”. Y en otros, cae en lugares comunes con tramas obvias. En “Federico”, “Clases de canto” o “Ruiz”. Son dieciocho cuentos, y por momentos, parece que fuesen escritos en diferentes épocas, como una antología de una cuentista con amplia trayectoria. Es difícil encontrar un mismo estilo entre “El tallerista” y “La proyección del desastre”.
Ese dialogo entre la prosa entreverada, compacta, funciona mejor en algunos textos en donde se asienta la primera persona. “Los ñatos”, uno de los mejores cuentos, un joven relata la crueldad de sus compañeros en una Escuela Técnica, escrito desde la perturbación, el padecimiento y a su vez narrado con cierta naturalidad. O también en “La culebrilla”, una adolescente describe y observa como se desmorona su propia familia, mientras debe cuidar a la sobrina. En “Clases de canto”, en cambio, cae en el lugar común, desde una muchacha, recién llegada a una ciudad en donde todo le parece nuevo y amenazante, opta por una mirada contemplativa, observadora. Esa mirada contemplativa se repite en el cuento “Cuchillas”, un muchacho que debe tomar clases de natación, por recomendación de su traumatólogo, y se encuentra con un mundo extraño. Estos ejemplos pueden sintetizar las variaciones del libro. Esos cuentos pueden ser una muestra de la versatilidad, y a la vez los resultados desparejos del libro entero.
En los cuentos más logrados, donde avanza con un tono propio, maduro, trabajado, como “Los ñatos”, “La proyección del desastre”, o “El sistema del silencio”, el lenguaje coloquial dialoga con la violencia de algunas de las voces. En “El sistema del silencio”, la voz del abuelo repite al niño que su “madre es una puta”, y por eso se fue de la casa. O en “Los ñatos”, donde opta la naturalidad para narrar la maldad de los estudiantes. Y en ese diálogo entre lo coloquial y la crueldad, Valeria Tentoni dispone de un lenguaje también crudo, que se vuelve circular para reforzar la intensidad y la violencia. En el caso de “El sistema del silencio”, el abuelo sabe como interrumpir el juego del niño con las palabras justas recordando la condición de “puta” de su madre. En “Los natos”, advierte desde la primera línea que en “En la Técnica uno tiene que andar a cuatro manos”. Se conjugan violencia y dominación, la necesidad del tormento sobre el otro, no contra el enemigo sino contra el que se tiene cerca.
La cantidad de cuentos de la edición son dieciocho, un número alto, teniendo en cuenta que no se trata de una antología, teniendo en cuenta también que es el primer libro de cuentos de Valeria Tentoni. Los primeros libros del género, en la mayoría de los casos, no superaron los doce cuentos, tanto en la literatura contemporánea como en otras décadas. En los años sesenta, La invasión de Ricardo Piglia, Las otras puertas de Abelardo Castillo o Las hamacas voladoras de Miguel Briante, para citar sólo algunos. Antes, Bestiario de Julio Cortázar. O más reciente, El núcleo del disturbio de Samanta Schweblin. Escritores consagrados al cuento, para citar sólo ejemplos de la literatura nacional. La cantidad justa de los cuentos elegidos permite construir en forma compacta un universo narrativo, un estilo que no desborde en experiencias narrativas fallidas. Hay excepciones, como Final del juego de Cortázar, donde el denominador común es la variedad de estilos y temáticas. Pero es Cortázar y uno de los mejores libros de cuentos de la literatura universal.
En el caso de El sistema del silencio, de Tentoni, las experiencias diferentes, como “Rojo sobre blanco” o “Clases de canto”, no responden a la intensidad eficaz de otros cuentos. En “Rojo sobre blanco” la violencia está presente en la convivencia de la narradora con una compañera católica, ejerciendo un control de una sobre otra, y el cuento, al final, se desliza hacia un tono poco creíble, cuando la muchacha arriesga su vida. En “Clases de canto” cae en varios lugares comunes. Es la chica provinciana que vislumbra la gran ciudad, en una extrañeza que contempla desde un viaje en subte. También en “Federico”, un cuento narrado por una adolescente, con un lenguaje ingenuo, propios de los textos de iniciación. Lo mismo en “Ruiz”, incluyendo ciertos errores históricos, ya que se sitúa en los finales de la segunda guerra mundial. Esos cuentos, de una u otra forma, desentonan con los mejores logros del libro. Son historias que parecen experiencias novatas, de un cuentista reciente. Mientras que otros relatos ostentan una experiencia y un estilo únicos, una identidad narrativa que irrumpe, busca con éxito conmover. En los ya citados, pero también en “Mongolia”, donde la obsesión ante el temor al robo de la cartera de Andrea, se traslada a una situación absurda, casi fantástica.
En los cuentos más logrados aparece la voz intensa de Valeria Tentoni, que insinúa una proyección propia, y por demás interesante. Y en esa proyección, esos cuentos eluden los rasgos fuertes de otros escritores o estilos, eludiendo referentes que a veces pueden opacar una voz original. En los mejores cuentos de El sistema del silencio, además, se distancia de cierto tono imperante en algunos narradores contemporáneos, donde las historias parecen escritas desde el desgano, con una prosa insulsa, despersonalizada. Y quizás, una elección más apropiada de los dieciocho cuentos, aceptando el descarte de algunos textos, permita un libro más compacto, único, distinto.
*Autor
Ramón D. Tarruella nació en Quilmes, en 1973, y actualmente vive en La Plata. Estudió Historia en la Universidad de La Plata. Se desempeña como docente en un instituto terciario y coordina talleres literarios. En lo laboral, pasó por varios empleos, entre ellos el periodismo, en diarios nacionales, revistas culturales y de interés general. Fue columnista de diferentes programas de radio (FM Universidad, FM Estación Sur). Hace cinco años coordina el ciclo literario “Cuatro Ficciones”, en La Plata, por donde pasaron los escritores e intelectuales argentinos más importantes de esos años. Publicó cuentos en revistas literarias y suplementos culturales y salió finalista de varios concursos (Haroldo Conti, Novelpol de España, Macedonio Fernández de Lomas de Zamora, Ciudad de Monegros de España). Es autor de dos libros de no-ficción, Crónicas de una ciudad: historias de escritores vinculados a La Plata, en 2002, y Mitos y leyendas de La Plata, en 2007, ambos por La Comuna Ediciones. Y autor de dos novelas, Balbuceos (Mil Botellas, 2008) y Allá, arriba, la ciudad (2do. Premio del Concurso Luis José de Tejeda, 2009). Es integrante y fundador de la editorial Mil Botellas.