Ahora quiero ponerte Fuerza
María Laura Romano *


Cuatro Paredes, de Noelia Vera
(Determinado Rumor, 2012)

Uno
Hace poco vi la película Proyecto X: un grupo de adolescentes de Pasadena organiza una fiesta de cumpleaños aprovechando que los padres de uno de ellos están fuera de la ciudad. La historia es típica, pero lo que no es tan habitual es la intensidad de la celebración y, sobre todo sus consecuencias: la casa anfitriona queda literalmente destrozada a causa de un incendio. Encima, otras casas del barrio también son alcanzadas por el fuego. En fin, la fiesta termina siendo la catástrofe de las residencias de un tranquilo barrio estadounidense de clase media.
Es que la celebración desata un cúmulo de energías incontenibles para la estructura doméstica. Hay planos desde la terraza donde se ve una multitud de chicos bailando que desbordan los límites de la casa y copan las calles del vecindario. La fiesta parece ser, entonces, la contracara de la casa: mientras la primera es efímera y promueve el descontrol, la segunda es perdurable y estructura y ata como principio sedentario. ¿La fiesta y sus explosiones no son el revés de todo lo que las casas contienen, de lo que tienen de opresivo? La fiesta es el secreto que desborda las cuatro paredes.

Dos
En marzo de 2012, la editorial de e-books Determinado Rumor publicó Cuatro Paredes de Noelia Vera (NV). No hay festejos desbocados en sus versos pero sí está presente, desde el título, la estructura matriz de la casa. Y si la fiesta es el secreto que excede lo doméstico, la poesía ¿no es la fiesta que desarma la lengua doméstica? En la celebración se baila el secreto mientras que en la poesía se lo cuenta/canta. Pero, al decir de Julia Kristeva, los poemas solo destrozarían el lenguaje –esa preciada casa humana– a costa de quedar fuera de toda ligadura humana, es decir, al precio de mostrarse imposibilitados de representar el mundo. Esto pasa, por ejemplo, en Teorema de Pasolini: por la intrusión de un extraño, que seduce a cada uno de los miembros de una familia, esta se desarma y todos sus integrantes terminan locos. Los textos de NV están lejos de ese peligro porque no apuestan por un lazo imposible, sino que proponen una representación diferente de las relaciones humanas más básicas:

Ahora estamos solos pero hoy fue un domingo
de mucha bulla y paz. Paz comunal. Me encanta
que me invadan la casa. ¿A qué hora no se van?
Traigan colchones, cámbienme las cosas de lugar,
limpien a destiempo, todo el tiempo, a su manera…
Unamos las terrazas, hagamos un frente amplio
de patios, de esta manzana, propiedad horizontal.
Desarmemos el concepto de familia.
Hagamos caso al contenido en español
de la primera persona del plural,
ese nosotros quiere decir un montón de cosas.

A través de la intimidad entre “yo” y “ustedes”, emerge un “nosotros” que experimenta con la resistencia de las opresivas cuatro paredes. Como si cada una de ellas fuera una hoja de papel elástica, las palabras le saltan encima con furor para verificar su aguante. ¿Son lo suficientemente fuertes para bancarse el significado indeterminado de la persona gramatical familiar, de “ese nosotros quiere decir un montón de cosas”?

Tres
La poesía de Baudelaire está indisociablemente ligada a las reformas modernizadoras que sobre la ciudad de París realiza, a mediados del siglo XIX, el Barón de Haussmann. Así, poesía baudelairiana y mudanzas en la vida pública y privada del París decimonónico forman un triángulo cuyos vértices están conectados por la misma vibración. En este mismo sentido, creo que el libro de NV capta modificaciones centrales que se están dando en nuestro presente, a veces lo hace como malestar y otras como posibilidad certera de una nueva manera de vivir juntos:
Creo que me debo a mis planes para mañana
dejar caer las migas de la canasta:

prescindir por ejemplo de mi practicidad
ahí va mi sangre...puntea el piso con sus pétalos
una gama adulterada, una síntesis parecida
a tremenda multitud.
Familia numerosa, quiero que,
entre otras cosas tengas la variedad y la riqueza
natural de cualquier selva.
Quizá perdimos el control
pero al fin hubo consenso y ahora quiero
ponerte Fuerza.

Esta familia deseada en Cuatro paredes, numerosa y abigarrada como una selva, es la caja de resonancia de una serie de transformaciones ya vigentes o que están en puerta en nuestro país. Me refiero a las reformas de las regulaciones que pesan sobre nuestra vida privada. En efecto, en julio de 2010 se modificó la Ley Civil de Matrimonio, cambio por el cual ya no solo están habilitadas a casarse parejas de distinto sexo, sino también parejas homosexuales. Además, en marzo de este año el Poder Ejecutivo Nacional mandó al Congreso un proyecto de modificación del Código Civil. Según los especialistas, esta reforma traerá consigo una nueva idea de familia. Por ejemplo, la fidelidad ya no será una obligación conyugal y las parejas no tendrán que vivir bajo el mismo techo. Por otro lado, la nueva Ley de Identidad de Género, sancionada por el Congreso el pasado mayo, que permite a todo mayor de 18 años rectificar el sexo que figura en su DNI, también supone transigir sobre una de las más importantes constricciones que pesan sobre un ser humano: el sexo puesto por nacimiento. Después de todo, la identidad femenina o masculina que nos dan al nacer ¿no constituye nuestras primeras cuatro paredes? La primera caZa y red.

Cuatro
En un ensayo sobre la poética de Juan Gelman, Miguel Dalmaroni se refiere al imaginario de “un Estado alternativo prescriptible por los poetas”, aquellos que Platón echó, por sus ideas heterodoxas, de su República. Es que los poetas parecen siempre estar en contradicción frente a todo lo que huela a realismo político. Sin embargo, en el caso de Cuatro paredes, las políticas de Estado sobre la vida privada coinciden, por lo menos en la coyuntura, con la poeta en tanto ambas dicen “desarmemos el concepto de familia”. Hay, por eso, en algunos versos de NV una felicidad fruto del acuerdo (de los integrantes del hogar, de los ciudadanos de la república):

“pero al fin hubo consenso y ahora quiero/ ponerte Fuerza”.

Pero el poeta ¿va siempre por más? ¿El ir por más es parte prescriptible de su esencia? Artaud escribió en La anarquía social del arte que la poesía hace “recaer sobre sus hombros las cóleras errantes de la época para liberarla de su malestar psicológico”. El arte es, en este sentido, una ventana abierta a un cielo que no se alcanza pero al que se tiende: “Ad altiora tendimus” se llama el primer texto de Cuatro paredes.
En el poemario de NV, el “más” está en la renuencia a abandonar una posición heterodoxa, que se escribe femeninamente, a través del principio de dar a luz: “el puerperio es el estado de la bipolaridad”, el final de viaje de nuestra conjugación verbal: “Amar. Temer. Parir”. La madre está bipolar después de parir porque se partió literalmente en dos. Y después viene la otra partida: la de la familia nómade del sueño. La escena onírica es del poema “Vacaciones” y en ella un yo-poeta-madre camina por la calle con un carrito. Es como una india caminando Tierra Adentro con sus bebés a cuestas, paseando la improductividad de su nomadismo:

Esto empieza en el medio del frío de una noche
empujo un carro de bebé,
empiezo in media res
el frío pegado a mi piel como una sanguijuela que deja
su silueta en la herida.
Las ruedas avanzan veloces, heladas, feroces,
estamos a unas cuadras de nuestro destino:
una morada coyuntural,
una cabaña con un portón
pensada para dar inicio
a nuestra vida de a cuatro.
Hay humedad de hielo,
dos cuadras: para mí son el desierto.
El bebé va dormido en el camino
eso me da tranquilidad, ya puedo
restar del conjunto el brillo que deja el rocío
lo que me hace temblar.
Para protegerlo, le puse Manta y ahora,
que lo veo envuelto, ya no recuerdo
la sensación de verlo indefenso
"quiero mantenerte en este sueño nómade"
y eso requiere apresurarse lento.

Sin embargo, en el presente del texto no tener una casa se lee también como falta económica real: es imposible comprar porque “las entidades no dan crédito a tu palabra y viceversa. Actuamos con tibieza. Herencia o Nada”, dice uno de los primeros poemas. De esta manera, a la trashumancia deseada del sueño, la realidad impone el nomadismo de los inquilinos, otro mal de nuestros tiempos.
¿Se puede decir, entonces, que Cuatro paredes de NV es un texto de época? Creo que en parte sí porque en él hay un realismo duro por su precisión coyuntural y suave por el lirismo de sus imágenes que logra captar desenfadadamente la necesidad de nuestra época de repensar los espacios compartidos, no sólo los privados, sino también los públicos.
*Autora
María Laura Romano nació un 1º de mayo de 1981 en la ciudad de Lomas de Zamora. Al poco tiempo emigró a Capital, donde pasó un corto período de su infancia. Cursó sus estudios secundarios en un colegio de Quilmes. Egresó en 2006 de la carrera de Letras de la UBA y volvió a vivir en Capital, en el barrio de Almagro, donde reside actualmente. Formó parte del equipo redactor de la ya desaparecida Zona Churrinche. Actualmente escribe poesía, da clases de Teoría Literaria, coordina talleres de escritura y continúa estudiando. En diciembre de 2010 publicó la serie de poemas Escritura bruja bajo el sello Pajarosló Editora, pero la mayoría de sus textos son inéditos.
Administra los blogs ¿Soy clara? (http://www.soy-clara.blogspot.com/) y Blackberrying (http://blackberryingpoe.blogspot.com/) y la cuenta de twitter @ClaraOzambuco