La aparición de la sexualidad
Mariano Massone *


de Arnold I. Davidson
(Alpha Decay, 2004)

A más de dos años de la promulgación de la ley de matrimonio igualitario, a meses de la promulgación de la ley de identidad de género, es interesante volver sobre nuestra historia occidental y replantear en otros términos lo denominado “patológico”.
El libro de Davidson es una reflexión sobre el siglo XIX. En este siglo, los discursos psiquiátricos y sociales enfocan sus lentes en la problemática de qué es lo patológico y cómo lo es; poniendo como punto de inicio la histeria femenina y lo que en aquella época se creían como perversiones sexuales: el travestismo, el sadomasoquismo y la homosexualidad. Según este autor, el siglo XIX se caracteriza porque “consideró que la sexualidad era el modo en el que mejor se representaba la mente”.
La aparición de la sexualidad es una yuxtaposición de diferentes discursos sociales que se dan alrededor de la misma, que empiezan a construir un objeto de estudio. Ese objeto de estudio está completamente teñido por la moralidad pública de la época, y todos los estudios psiquiátricos hasta Freud se interesan por pensar la perversión como deformaciones del acto del coito como reproductivo. Todo aquel que no tenía sexo para reproducirse era un pervertido.
Esta suerte de arqueología, que propone Davidson, por la aparición de este tipo de discursos psiquiátricos se entremezcla con casos particulares de la época (que ponían en vilo cuál era el límite de la monstruosidad); reflexiones epistemológicas (sobre su propio quehacer intelectual); y reflexiones sobre el arte (en donde se discute sobre cuadros renacentistas en los que aparece Jesucristo con una erección, hasta pinturas y croquis de hermafroditas del siglo XIX).
Davidson intenta seguir el recorrido que hace Michel Foucault en los tres tomos de Historia de la sexualidad y plantear una historia de conceptos en el siglo XIX y sus efectos paradigmáticos en el siglo XX. De esta manera, las reflexiones sobre travestismo e intersexualidad en el siglo XIX están atadas a la falta de procedimientos quirúrgicos en esa época para hacer una operación de reasignación de sexo o los efectos de los planteos psiquiátricos de ese siglo encuentran resonancias en las concepciones sobre las patologías en el DSM-III (manual de enfermedades psiquiátricas del siglo pasado).
Como vemos, a la luz de la historia se puede pensar nuestra actualidad. Davidson propone que nos detengamos en cómo se fueron transformando los conceptos para llegar a nuestros días. Quizás, el gran héroe es Freud, que desestabiliza lo convencional de lo “patológico”, lo vacía de sentido y lo vuelve a rellenar con concepciones que están más allá del objeto de placer que uno elija. De esta manera, desvinculando el placer del objeto de placer se puede pensar que la homosexualidad, por tomar sólo un caso, no es una patología. Freud es el primero en desvincular el placer de la finalidad reproductiva. Como ejemplo pone el beso que es altamente sensual y, sin embargo, no tiene una finalidad de reproducir la especie. Irónicamente dice que nadie es perverso por dar un beso y es un acto común entre los amantes.
La línea que propone Davidson es de un revisionismo devastador: la yuxtaposición de discursos diversos (del arte, de la psiquiatría, del saber popular, de la teología) abre la problemática del surgimiento de la sexualidad a múltiples perspectivas. La fricción se produce cuando se intenta, después de leer este libro, determinar qué es la perversión; puesto que el libro desenfoca la mirada sobre ese concepto y lo llena de significados diversos y hasta contradictorios.
La dupla perversión- sexualidad se convierte así en el punto de inflexión de este libro: dónde está el límite de un concepto y dónde se aborda el otro es el problema principal de las discursividades teológicas durante la Edad Media, psiquiátricas después de la revolución francesa, psicológicas después de la aparición de Freud. La monstruosidad que representa el “coito contra- natura” de la Edad Media, donde de la unión de un perro con un humano salía un niño- perro y eso era exhibido en imágenes, tiene su correlato con la aparición de seres humanos deformes, monstruosos, como John Merrick, durante el siglo XIX.
Parecido al poema de la poeta trans sudaca Susy Shock que grita “reivindico mi derecho a ser un monstruo y que otros sean lo normal”, este libro de Davidson nos deja un buen recorrido por esas zonas oscuras de la historia occidental donde la monstruosidad, la perversión, lo no normativizado era suprimido y barrido por una buena conciencia heterosexista.
Como dije al comienzo de este texto, después de todas las conquistas sociales que se están dando en el país, replantearnos qué éramos hace unos siglos para llegar a ser lo que somos nos abre una luz sobre todo lo posible, lo que puede llegar a ser. Es que se hizo mucho en términos de derechos adquiridos pero todavía queda muchísimo más por hacer para que nosotros, los monstruos, podamos desplegar nuestras intensidades furiosas y que otros posean una buena conciencia normativizada.
*Autor
Mariano Massone nació en 1985, Luján. Profesor de prácticas del lenguaje y de literatura en colegio públicos de la provincia de Buenos Aires, poeta.