El señor de las nubes
Marcelo Daniel Díaz *


Hospital, de Marcelo Dughetti
(Editorial Cartografías, 2012)



"Cuando miramos al abismo, el abismo nos devuelve la mirada"
Friedrich Nietzche.

1. La figura de poeta puede asumir diferentes formas y a partir de la obra de Marcelo Dughetti, como si se tratara de una intuición de lectura, esa figura la identifico desde un principio con los versos clásicos del Albatros de Baudelaire: al señor de las nubes/ que vive en la tormenta y se ríe del arquero/exiliado en el suelo/ abucheado por todos/ sus alas de gigante le impiden caminar. Una relación dialógica, como quién escucha el eco de una voz que proviene desde el pasado para confirmar el presente. No es un capricho. El pájaro, que ya es todo un símbolo en sí mismo y que a la vez es todo un símbolo para muchos poetas, está presente en Hospital, una presencia en el corazón del texto desde los primeros poemas: En los nubarrones vi un albatros/ Luego el barco vi donde el albatros caería. El recorrido del ave quizá sea el recorrido de la historia que enhebra los poemas de la serie. Desde las alturas el pájaro dibuja un camino preciso (e invisible) de su caída y entona una canción acerca de cómo se organiza la experiencia en los límites de la enfermedad y de la muerte. Ahora, si hay recurrencia al símbolo, en este caso, no es para re-escribirlo textualmente sino para agregarse un nuevo sentido, lo cual implica un doble desafío si entendemos que los símbolos ya tienen un sentido construido que perdura en el tiempo y que sumarle otro no es tarea sencilla ya que presupone un acto de sustracción y de ruptura con la lengua convencional.

2. Pienso también en esa imposibilidad de hallar la lengua poética, lo que sugiere la imposibilidad de reconocer la voz del poeta hablando desde las sombras o desde un más allá artificial. Versos como: No pude ver al poeta/ escuché lo intransferible dibujarían una órbita sobre la posibilidad de significar desde la escritura poética. Tal vez si uno considera que el lenguaje es una traducción de la experiencia en el mundo, la poesía sería una forma de representarnos las complicaciones que existen para trazar un puente entre las palabras y las cosas tal como creemos que las conocemos. La poesía sería ( y quién dice que no es una lectura romántica la que propongo) un mapa de ruta para encontrar ese sentido original que se ha ido decantando con el paso de los años como si a la experiencia incompleta de los hombres le siguiera una lengua también incompleta e incapaz de revestir de significación la realidad. El poeta, probablemente, encontró el nombre que subyace a cada una de las cosas pero, como si fuese una hierofanía, no puede decirlo, porque está fuera de los límites del lenguaje mismo.

3. Hospital reúne un conjunto de poemas que operan como piezas minúsculas de una maquinaria compleja y en la que ninguna está de más en pleno equilibrio o funcionamiento sobre el vacío. En la apertura brillan, literalmente, los siguientes versos: “Con qué sonidos confundí/ la llave del invierno/ cómo pudo ser que mientras lloviera/ las palmeras tristes/ de la ciudad más triste/ levantaran la sinfonía de la luz” a medio andar vuelven a aparecer con una pequeña modificación: “Tres vueltas de llave/ en el cerrojo del invierno/ sin embargo, octubre navega en la tormenta/ espero abordar”. Para terminar en el mismo procedimiento pero con instrucciones de lectura que funcionan al revés: “Tres vueltas/ los sonidos/ de la llave del invierno/ llovía tanto que las tristes palmeras/ de la ciudad más triste apagaban/ la sinfonía de la luz”. Al viaje circular de la figura del albatros por todo el poemario le sigue la recursividad de los procedimientos anteriores lo cual nos lleva a pensar en una obra (una serie mejor dicho) firmemente cerrada como un puño oscuro. Pero la escritura no es aquí una suerte de técnica sino una forma de decir lo imposible, de narrar la cercanía con la muerte.

4. Repito: el poeta puede que haya encontrado el nombre que subyace a todas las cosas como si fuese una hierofanía, es decir, un hecho trascendental a los ojos del poeta que fisura el orden de lo cotidiano. Pero hablar fuera de los límites del lenguaje es hablar desde el no-sentido y la palabra tiene el desafío de re-presentarlo. Y el símbolo se transforma en una brújula en esta búsqueda. Como dice Osvaldo Bossi: “Sin lenguaje no hay poesía, o mejor dicho, no hay poema. Sin embargo, cada poeta tiende a cuestionar esta relación, de por sí, conflictiva”. Y Hospital es una prueba de esa relación tensionada entre lenguaje, poesía y mundo. Vuelvo a la idea de símbolo como un Caronte a lo largo de mi lectura, aparece en repetidas ocasiones la figura del barco como si fuese el contrapunto del albatros: “El ve un barco a la deriva…” o “El niño besa los ramos de la nave/ en la proa un mascarón/ con la cara de San Judas/ El mar la balancea/ como a una boya luminosa/ encadenada/ al mástil de un témpano” Se compone un campo de significados relacionados con el universo marino: nave, barco, remos. El barco como una morada, como una casa en pleno movimiento en un viaje hacia lo profundo de la enfermedad.

5. La palabra es performativa en su composición más elemental, decimos y hacemos y ese principio se articula con la lengua poética y de hecho la lengua poética lo ejercita en cuanto que instala una realidad (un poco fragmentada y para nada transparente) en lo real. Aflora así en los versos de Dughetti, como un mantra, como un acto de fe, la idea de que pensamiento mítico y mágico y performatividad van de la mano: “Padre – dice- yo no soy digno de que entres a mi casa” y de nuevo disloca el discurso: “al oírlo el barco se estremece” como si rezar fuese una forma de intervenir la contingencia y de detener lo inevitable. En fin, no quiero agotar las interpretaciones de Hospital, no es mi intención en lo más mínimo reducir cualquier ingreso al texto, hay caminos que dejé de lado, autores y tradiciones, que desde el título mismo ya orientan y trazan una ruta interpretativa. Pero creo que el libro es eso y hago una paráfrasis, una escritura acerca de la experiencia de vivir el abismo. Una experiencia que bordea la relación entre el lenguaje y sus posibilidades del decir, una pregunta siempre abierta (de qué manera contar la muerte y la enfermedad) como una herida que nunca se cura.
*Autor
Marcelo Daniel Díaz nació en 1981. Vive en Río Cuarto (cba). Es profesor y licenciado en letras egresado de la Universidad Nacional de esa ciudad, colabora con la cátedra "Análisis del discurso". Participó en la antología Es lo que hay. Ese mismo año publicó el libro de poemas La sombrilla de Wittgenstein y un conjunto de relatos que se llamó Los límites de Tlön (Ambos premiados en el concurso provincial de editorial cartografías). En 2010 participó de las residencias literarias del Centro de Arte Contemporáneo de Córdoba a cargo de Silvio Mattoni, María Teresa Andruetto y Alejo Carbonell. El año pasado publicó el libro de poemas Newton y yo con editorial Nudista. Y hace unos meses publicó el texto de lingüística La palabra y la acción: la máquina de enunciación K con el sello de EDUVIM.