La pared
Lorena Curruhinca *


de Irene Gruss
(Editorial Nudista, Córdoba, 2012)

Luego de su obra poética reunida, “La mitad de la verdad”, publicada en 2008 por la editorial Bajo la luna llega este nuevo libro. Es un poema entero o dieciocho poemas/fragmentos.
El desafío de comenzar la lectura de un poemario con un título tan perceptible ya obtura y atemoriza a cualquier lector: la poesía de Irene Gruss nunca fue sencilla. Versos/declaración como:
Lo mío es hablarle siempre a la pared, antes que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.

Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.


Ponerse a sí misma como quien escribe, primero y escucha después es una tarea compleja. Implica la espera y ecos ensordecedores. Tirar palabras como pelotas al frontón y no tener la certidumbre de la trayectoria que devolverá el impacto. Uno se convierte -también- en pared receptora. Hay plantas que modifican sus partes para otras funciones: la hiedra, por ejemplo, tiene raíces adventicias que la hacen capaz de adherirse al sustrato –rugoso, áspero- para permitir la elevación de los tallos y así mejorar la captación de la luz. Este ir hacia una fuente lumínica, pero desde la transformación, se asemeja a la voz de Gruss. Ella escribe estirando y quebrando significados, la escritura va hacia un lugar más complicado de alcanzar, el de la incomodidad y polemizar con el propio discurso.
El “No” que se repite a lo largo de todo el poema, ¿es el escrito o es el que le devuelve esa pared? ¿Pero qué es esta pared? La cal quemando, ¿es un aviso? Lo corpóreo de la misma es el motivo para dialogar con ella: “Si no existiera, no sabría qué cosa decir”
A través de lo palpable se pone en tensión lo y el carácter inmutable de los objetos: Guay del que contradiga / lo que la pared dice, el clavo / que sujeta el espejo, la foto / de mamá, sangre /en el muro, la soga / del ahorcado, la de la ropa. La línea vertical sostiene todo ese armamento de construcción personal y familiar. La línea que va de lado a lado sólo sirve para colgar prendas; es una ilusión horizontal.
En esa materia dura transcurre el libro y el riesgo que corre la poeta, ¿cómo trabajar la cadencia con el elemento de clausura propuesto? Y ahí está ese tono irónico, irrumpiendo en cierta lírica establecida; hacer maleable el lenguaje desde el choque contra la pared, con el dolor del golpe. Y aún así, la cadencia es el ir y venir que no cesa: la pared no responde, pero la charla continúa. El stop sólo lo da el sujeto que se queda frente a ella. La resistencia que opone está dada por el material por el que está construida y la simbolización que se le otorga. Esa necesidad de pulcritud ciudadana que impone prohibición a carteles, dibujos, afiches: La gota que horada la piedra: / te amo clau / evita vuelve / boca putos racing / corazón. Entonces, Irene, horada. Va haciendo perforaciones, ahí, en los ladrillos, con paciencia de preso improvisa una especie de pico arqueológico y después esparce las piedritas que sobran para no dejar rastros.
Corro hacia la orilla, / lo que pensabas o simplemente veías / como mar / no era. / El mar es una pared, dices. Entonces, una nueva demolición. El mar ya no es el refugio romántico. Es otro arquetipo de lo infranqueable, de la belleza que es mortalidad.
El tono de este poema es el sonido del puñetazo, de los nudillos sangrando. El estado es de cierta frustración, con la lentitud de la sangre que cae y deja la mancha. …no volverán golondrinas / ni padres ni el benteveo que percute la divina partitura / haya paz / descansen, descansen en paz… declara en el fragmento XVII. Ahora, estamos más solos, Bécquer no nos consuela más. Y continúa: nada que lamentar, / ni un solo quejido ahora: chito. // Escucha el murmullo eterno del No; / es más claro que el agua. Sigue la dureza del No, otra vez la imposibilidad: la muralla que se construye sin ningún impedimento. No hay alegato contra lo evidente, ni salvación. ¿Gruss nos advierte, acaso, de ese lugar que dice que la poesía es la salvación?
Y si la enredadera perenne que cree en la pared / dijera ¡Cuidado, las paredes oyen! ¿Y si el pico con el que cavó antes fue preparándonos para esta grieta? Existen frutos secos que tienen mecanismos de apertura para poder liberar las semillas. ¿Y si todo el tiempo fue una maduración, un periodo de latencia? Ese vuelco en la retórica poética de Gruss es lo que hace una de las mayores poetas argentinas, junto a Juana Bignozzi y Diana Bellessi. En el gesto de hacer dudar de la presencia detrás de la pared luego de mostrarnos el insistente impacto logra tambalear cualquier creencia. Y al final, ¿quién escucha?
*Autora
Lorena Curruhinca, (Viedma 1981). Reside desde pequeña en Carmen de Patagones, por lo que se considera maragata. Vive y estudia Farmacia en Bahía Blanca. Con Gerónimo Unibaso editan la revista “Esto no es una revista literaria”, la editorial “Colectivo Semilla” y organizan la Feria de editoriales autogestionadas de Bahía Blanca. Está por sacar el libro “Una chica de río”.
Blog: principiodeincertidumbre.blogspot.com