Leónidas: el poeta más joven
Gabriel Cortiñas *


sobre El genio de nuestra raza, de Leónidas Lamborghini
(Ediciones El niño Stanton, 2011)


La edición de El genio de nuestra raza a fines del año pasado es un hecho trascendental para la poesía argentina que no debiéramos dejar pasar, aún cuando esta reseña llegue tarde. Y aún cuando esta edición corra el riesgo de seguir los pasos de El Solicitante Descolocado (1971), que a pesar de su escasa repercusión llegó a ser –con los años y las justas reediciones– un texto fundamental de nuestra literatura.
El genio… reúne una gran cantidad de poemas o “reescrituras” que el autor había ido editando en diferentes volúmenes o medios gráficos y que vistas como una totalidad –y con esto me refiero no sólo las incluidas en esta edición sino a la operación leonidiana de reescritura– constituyen el procedimiento medular de su obra y quizá uno de los más ambiciosos e innovadores del siglo pasado. Ya que, con excepción de los textos reunidos en El Solicitante Descolocado, todas sus publicaciones posteriores hacen explícito –en mayor o menor medida– dicho procedimiento. ¿Estamos entonces ante el mejor libro de Lamborghini? No, evidentemente no, dado su carácter misceláneo o antológico, era de esperar que existiera cierta diversidad en cuanto a la extensión y a la calidad de los poemas reunidos. Sin embargo, textos como “La palabra en la hoguera”, “Payada”, “SEOL” o el poema titulado “Martes 18 de noviembre de 1847” (que sumados alcanzan más de la mitad del libro) justificarían con su sola presencia cualquier futura –y esperada– reedición; porque es en el ejercicio de esa escritura que Lamborghini logra decir lo indecible, arriesgándolo todo; y me atrevería a decir que es su obra la más joven del siglo XX. “Pocas veces vemos –decía Hugo Savino– a un escritor renunciar a `la consagración´ para enfrentarse a lo nuevo que él inventa y al infinito que está ahí”. (1)
En sus reescrituras –Leónidas– deschava la anécdota, nombra el origen disparador a partir del cual construye el poema sin que este se agote en aquel. Pone en primer plano la materialidad de una lengua: habría que seguir cantando pero esta vez con una x cantidad de palabras. ¿Por qué achicar el espacio? ¿Es cierto que a menos espacio más creatividad? Leónidas hace escuela, tira el “achique lingüístico” y deja picando (alérgicos a las metáforas futbolísticas abstenerse) la indicación poco antes de salir del túnel: hay que jugar acá, y no en un terreno ideal. Masticar, digerir, rumiar, volver a digerir y transformar la tradición, insolentando las formas, algo que en definitiva no es más que asumir el riesgo de subvertir estructuras. Por eso su literatura es peronista, y no por su pública adhesión o el haber sido subsecretario de cultura de Oscar Bidegain. En relación a la obra de Lamborghini y al peronismo, Gerardo Jorge en el epílogo sostiene que el rasgo original sería cierta penetración en las fuentes de la cultura, y por ende: “…la reescritura material e intrusiva sería un equivalente literario de la perturbación cultural del primer peronismo (…) pero plus ultra.”
Como ya mencioné, la escritura de Lamborghini es una escritura rumiante, algo que viene desde adentro, mal digerido, y necesita volver a salir a la superficie asumiendo –en dicha operación– la transformación implícita de la materia. Para el caso, un ejemplo claro sería la reescritura del Himno Nacional (titulada “SEOL”) que evidencia el aún sin resolver –o asumir– dilema de la identidad. En el fondo, estos textos son un manual de escritura poética, un taller literario al alcance de cualquiera. Y con tanta clínica o taller dando vueltas, el que no tenga dinero podría optar por comprar este libro y leerlo con paciencia, ya que además, la presente edición tiene un interesante epílogo y un sistema de notas que ayudan a la hora de contextualizar los textos reunidos. Cada reescritura es un hecho político. ¿Qué se reescribe? ¿Cuándo se reescribe? El genio de nuestra raza podría haberse llamado “Cuadernos de trabajo” o “Manual de conducción poética”:

SEOL

lo mortal
lo que se oye.
-oíd: el ruido de lo roto en el trono de la identidad
en
lo dignísimo.
-oímos
respondemos: el ruido de lo sagrado de lo unido en
lo dignísimo de
la identidad que se rompe.
oímos lo abierto a lo mortal. la salud rota en
lo mortal: el grito.
-oíd lo roto. lo mortal en libertad. la libertad de lo mortal.
oíd: la libertad de lo roto. el grito.
el trono. el ruido de lo mortal en el trono de lo sagrado
del trono de la identidad.
el ruido de lo roto: la identidad. el trono.
-respondemos: oímos en el ruido el ruido. oímos en el ruido el
ruido. lo sagrado roto o
lo que se une. la identidad en el trono de los dignísimo o
lo que se rompe en lo unido que se rompe y
abre.
las cadenas rotas de la identidad que se rompe y se une. oímos
en lo mortal lo mortal que oímos. lo que se abre a lo mortal:
el grito.
(…)

Con la aliteración acumula, anexa, amplía el nosotros pero no de forma pacífica, ya que en todo consenso nunca desaparece la tensión. Al igual que la semántica del “por” inherente a la reescritura de La razón de mi vida (donde hay una multiplicación excesiva de dicha preposición en el poema de Lamborghini). Ahí está el precio oscuro de un sentido común en disputa: es 1951, año en que se edita el libro de Eva, año en que serán llevadas a cabo las elecciones, pero releído dos décadas más tarde en un contexto diferente: “todo esto cambiará./ o ruego/ o maldición:/ o las dos cosas.” ¿Qué ocultaba entonces este modelo que la reescritura de Leónidas saca a la luz por medio de la estética del tronche y la aliteración? El cansancio, la negociación, los sinsabores, la duda, el límite y la convicción del cuerpo de un cuadro político que sabe el camino nunca estará asfaltado pero sigue. Ese poema que originalmente se llamaba “Eva Perón en la hoguera” revela el dilema oculto detrás del texto original y panfletario. Y si no hay géneros es porque no hay pureza posible, por ende, la escritura, el artefacto artístico, o la lengua que se construya deberá ser genuinamente mestiza. Para el caso, ¿podría un ibérico hacer lo que hizo él con el Siglo de Oro?, se preguntaba –Borges mediante– el propio Leónidas en Mezcolanza aludiendo a la libertad de no tener el peso de algunas tradiciones literarias en la genética nacional como prueba del porqué Joyce había sido irlandés y no inglés. Entonces, ¿no hubiera sido más esperable que la “reescritura” de un texto canónico del peronismo fuera llevada acabo por un autor no peronista? Pero no. Leónidas mete las manos en la fuente sacramental del altruismo justicialista: Eva. E implosiona la forma porque es el dolor aquello que no puede tener forma alguna: “la justicia social: cada tarde. las tardes. las audiencias./ son almas destrozadas desfilando. me dicen:/ en voz baja./ me dicen: sus casos. los más raros. los más difíciles./ me dicen: qué hacer. sus más íntimos. sus casos. el hambre. la miseria./ me dicen: les han hecho caer. en voz baja. me dicen: el dolor. (…)”.
Didáctica, vanguardia y peronismo se reenvían semánticamente en la obra de Leónidas. Insolentar la forma para que vuelva a cobrar vida, y así sucesivamente, ese es el lema. Subvertir las jerarquías –patrón/peón– sería utilizar como palangana primaveral a una fuente ornamentada, en la que suena todavía aquella respuesta de un obrero al que le preguntaban mucho tiempo después sobre la experiencia del primer peronismo y respondía: “éramos todos machos”. Y si hay risa en la obra de Leónidas, ese horroreír paródico, vinculando lo alto con lo bajo, Discépolo, es porque la risa negra pariente de la locura es para el autor una forma de conocimiento, y –por más que algún trasnochado lo quiera emparentar– lejos está del cinismo de una “neutra” risa liberal. Leónidas contribuye a una construcción interminable e imposible de capturar pero sí de detectar, me refiero al idioma de los argentinos.
Nota
(1) Contratapa de El jugador, el juego, de Leónidas Lamborghini, Adriana Hidalgo, 2007.
*Autor
Gabriel Cortiñas (Buenos Aires, 1983) publicó Brazadas (2007) y Hospital de campaña (Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, Madrid, 2011). Forma parte del proyecto de tráfico de lecturas “Contrabando” (www.laliteraturadelpobre.wordpress.com) que alberga artículos, reseñas y entrevistas a poetas. Es docente.