Los rayos de la bicicleta
Joaquín Correa *


sobre Después de la música. El siglo XX y más allá, de Diego Fischerman
(Eterna Cadencia, 2012)


Diego Fischerman ha reescrito, para nuestro bien, La música del siglo XX, su libro de 1998. Después de la música. El siglo XX y más allá, editado por Eterna Cadencia, se nos presenta como necesario y de lectura inevitable para intentar comprender las diversas estéticas surgidas en la música occidental escrita luego del Romanticismo.
La diferencia del siglo XX con los anteriores, afirma Fischerman, no está en las rupturas producidas sino en que las estéticas que fueron surgiendo no clausuraron a las anteriores. El siglo XX fue el siglo de las simultaneidades. Y acá encontramos, creo yo, uno de los mayores méritos del libro: su organización. La estructura del texto parte de la problematización de la categoría / género «música contemporánea» y se construye de manera no tanto cronológica sino más bien nuclear, de modo similar a los rayos de una bicicleta, quiero decir: aunque cada capítulo se concentra en un movimiento, una búsqueda o un contexto preciso siempre se coloca el foco en tratar de responder cuestiones que, vamos comprendiendo, vertebran a todo el siglo XX: la caída del ideal romántico, las negaciones o fugas de la direccionalidad, la narratividad y el tiempo en los nuevos discursos, el predominio de factores y parámetros antes desatendidos, ahora trabajados y devenidos en principios, la relación entre vanguardia y tradición, mercado, medios masivos de comunicación e instituciones académicas, centro y periferia, lo culto y lo popular, las variaciones y distancias entre el valor histórico y el valor estético, entre otros elementos. Diego Fischerman no pierde de vista lo tratado en otros capítulos (ya sea anteriores o posteriores) y va exponiendo cada estética, contexto o artista particular teniendo en cuenta las preguntas que los emparentan, surgidas todas de esa especie de vacío inicial con que comenzó el siglo XX.
Así, la música contemporánea no responderá a una estética prefijada de antemano, quedando liberada con ello a la reflexión sobre sí misma, sus materiales y discursos y a la creación de sistemas nuevos de producción y recepción. Cuál es el rol del intérprete, cuál el del autor y cuál el del oyente, si la música manifiesta sentimientos o debe ser fruto del raciocinio, si la idea o efectos de placer o shock deben intervenir en las composiciones: todo eso se puede encontrar en cada uno de los músicos abordados: desde Debussy a Cage, pasando por Stravinski, Varèse o Stockhausen, entre tantos otros más. Todos se relacionan en tanto se responden unos a otros ya sea tomando caminos distintos, negando tal o cual tradición o profundizando las investigaciones de los precursores. La música del siglo XX es un diálogo continuo: por momentos unas voces se escuchan más mientras que otras se van perdiendo -pero jamás ausentándose completamente- en el silencio. En ese sentido, se hace imposible hablar de “evolución” sino más precisamente de superposición y olvidos arbitrarios y/o momentáneos.
Diego Fischerman ha sorteado con elegancia otro de los riesgos presentes en tareas similares: la complejidad obtusa y sin sentido, el snobismo, el ripio de la escritura. Las relaciones con las demás artes, la continua contextualización de lo narrado, las relaciones constantes con lo ya dicho y lo porvenir hacen de la lectura de su libro algo agradable y ameno, sumamente comprensible aún cuando se traten numerosos tecnicismos. Quien se adentre en Después de la música no sólo obtendrá un mapa significativo de lo sucedido desde fines del siglo XIX hasta nuestros días, sino también la curiosidad por seguir profundizando en ese conocimiento muñido ya de herramientas suficientes para una mejor comprensión. Y más allá de esto, y por sobre todas las cosas, el deseo de seguir explorando la música contemporánea para abandonarse en el placer de la escucha.
*Autor
Joaquín Correa nació en Mar del Plata, en 1987. Ha publicado artículos y reseñas en distintas revistas y este año se publicará su primer libro de poesía: Fotografía estenopeica. Mantiene el blog: citasincomillas.blogspot.com.