Extranjeras
Inés Acevedo *


de Pía Bouzas
(El fin de la noche, Buenos Aires, 2011)



Extranjeras es el segundo libro de cuentos de Pía Bouzas. (Su primer libro es El mundo era un lugar maravilloso, publicado por Simurg en 2004).

Se trata de siete historias que tienen como protagonistas a mujeres. En cada una, una mujer entabla una relación y comunicación accidentada con otra. Y esta relación adquiere plenitud de misterio a través de un viaje.

El libro tiene el efecto de mostrar con contundencia cómo son esas relaciones entre mujeres en que una, “alguien igual a mí”, hermana, amiga, madre o hija, puede estar tan cerca y sin embargo tan lejos.

Cada cuento es la historia de una comunicación frustrada. Y cómo el espacio que han decidido tomar entre sí, yéndose de viaje, expulsándose de sus antiguos territorios no alcanza para cortar los lazos. Los lazos continúan vivos más allá de la distancia.
Y sin embargo, acercarse entre ellas no les aporta una mejoría a la comunicación. Todo lo contrario, cuando se encuentran es como si vivieran en islas diferentes, no llegan a entenderse, produciéndose un conflicto que a veces puede terminar en la violencia.

Como en los mejores relatos de Hemingway, esa violencia es latente. Bouzas logra hacer que las tensiones permanezcan ocultas, y que sin embargo las sintamos.
Una mujer que toma limonada y piensa, o dos mujeres que acuden a los tópicos de la belleza femenina enumerando productos de cosmética son momentos en que la limpieza del lenguaje produce una línea de vértigo, ya que el resultado es la sensación de que atrás de esa tranquilidad se anuncia la tormenta.

También, como en “Casa Tomada” de Cortázar, pero de manera mucho más sutil, cada historia habla de una mujer reaccionando ante la invasión de su territorio, ante otra que lo explora, o intentando apropiarse de él.
Extranjera es esa adolescente hostil que llega a la casa de su madre luego de las vacaciones universitarias, esa doctora que se entromete en la intimidad de una madre y su hijo recién nacido, esa amiga que regresa a Buenos Aires luego de varios años de ausencia.
Si existe la idea de que es el hombre quien marca el territorio y que la mujer o animal hembra sólo adopta esa posición de violencia en tanto que defiende a sus crías, pero el resto del tiempo es adaptable y dócil, el libro invierte esa idea. Estamos ante mujeres “en guerra”. Una hermanita se aventura en su nueva vida fuera del país, y como contraparte de su audacia y valentía, la otra cae enferma, y al final deben separarse. Otras dos hermanas mellizas también se separan, y debido a una pelea que jamás conoceremos, se distancian, viviendo cada una en un país diferente, para volver a encontrarse en su lecho de muerte. Parece que el espacio no fuera suficiente para albergar los lazos de sangre.

Como en América, de Kafka, esas mujeres se ven movidas, inician un viaje movimiento por una fuerza extraña y comienzan un viaje que no tiene fin y que no las ayuda a encontrarse a sí mismas, sino todo lo contrario. Ese viaje hace que vean con ojos extraños al resto de la gente al tiempo que su propia identidad se diluye más y más hasta sentir que no son nada. No se trata ya de sentirse “fuera de lugar” sino de sentirse de ninguna parte. Una mujer se deja llevar por su marido a NY y se aburre, otra contempla como un mundillo intelectual venezolano se enfrasca en intrigas sociales que engloban un vacío existencial absoluto. Aquella otra mujer, madre de un bebé de pocos días, se ve expulsada de su casa para enfrentarse a un discurso médico que la tortura y pone su vida en un lugar monstruoso, robándole su rol de madre hasta hacerla sentir la nada misma.
Si una idea capitalista de turismo, viaje y diversión nos induce a sentir que construiremos nuestra identidad a través del enriquecimiento que las culturas nos pueden otorgar a través del consumo, estos cuentos nos hablan de un viaje completamente diferente, en que muchas veces se percibe el peligro de perder el eje y los puntos cardinales, donde la identidad no se construye sino que se pierde.

El epígrafe del libro es una clave en relación al viaje. Se trata de los dos versos finales del poema “Islandia” del venezolano Eugenio Montejo:

Islandia

Islandia y lo lejos que nos queda,
con sus brumas heladas y sus fjordos
donde se hablan dialectos de hielo.

Islandia tan próxima del polo,
purificada por las noches
en que amamantan las ballenas.

Islandia dibujada en mi cuaderno,
la ilusión y la pena (o viceversa).

¿Habrá algo más fatal que este deseo
de irme a Islandia y recitar sus sagas,
de recorrer sus nieblas?

Es este sol de mi país
que tanto quema
el que me hace soñar con sus inviernos.
Esta contradicción ecuatorial
de buscar una nieve
que preserve en el fondo su calor,
que no borre las hojas de los cedros.

Nunca iré a Islandia. Está muy lejos.
A muchos grados bajo cero.
Voy a plegar el mapa para acercarla.
Voy a cubrir sus fjordos con bosques de palmeras.


Quiero ir a Islandia porque es completamente diferente… pero nunca iré.
¿Por qué una persona se mueve, qué fuerza la hace alejarse de su mundo y sus afectos? ¿Qué fuerza nos hace sentir que un lugar es nuestro, no que nos pertenece sino que nosotros pertenecemos a él?
¿En qué espacio nos gustaría que nuestros hijos nazcan y crezcan, en qué espacio sabemos que vamos a morir ahí?

El libro de Bouzas instala esas preguntas de manera sutil y delicada. Y es en un lenguaje económico logra trasmitir la emoción que provocan esos desplazamientos e invasiones, el miedo, los celos, y la ansiedad de esos personajes que se intentan comunicarse con el otro sin lograrlo.
A la coherencia en la selección de los cuentos y al uso de un lenguaje llano se suma también una lectura que resulta ágil, porque no presenta frenos a nivel léxico ni sintáctico, y donde el diálogo aparece de manera estratégica y económica.
Todos los cuentos excepto uno, están escritos en primera persona. Y cada vez, la forma en que ese “yo” aparece, es diferente y en muchos casos la fuerza de esa voz de la primera persona es atenuada y poco dominante. Esto le da a la colección de cuentos una variedad y riqueza de registros que demuestra una vez más la habilidad de Bouzas como cuentista.
*Autora
Inés Acevedo nació en Tandil en 1983. Escribe el blog granpatocriollo.blogspot.com (2008). Publicó varios cuentos en diversas antologías, y una autobiografía, Una idea genial, por Mansalva, 2010.