La temporada del mosquito (*)

Diego Echegoyen, Julio Panno y Miguel Scolnik *


Personajes:
Profesor Aldo Gutiérrez
Mario Altamirano

Oficina admisiones de la fábrica de insecticidas “Dípteron”. Suena música en la radio. Se escucha la voz del locutor de la radio.

RADIO: Buenos días, Néstor Campagnuolo quien les habla, transmitiendo en vivo desde Gral. Ochoa para toda la provincia, son las ocho y media de la mañana. La temperatura máxima pronosticada para hoy está en cuarenta y tres grados. La humedad en aumento... siguen las lluvias hasta el domingo, por lo menos, según nos informa el servicio meteorológico nacional. Estaremos en minutos leyendo las cartas que nos envían nuestros oyentes... lamentablemente esta madrugada en el puente de Gral. Losada cayó un micro escolar al río, aún estamos esperando el reporte oficial, pero según declaró una maestra, serían treinta y nueve los niños ahogados... (Entra el profesor) los mantendremos como siempre informados sobre el tema, seguimos ahora con algo de música... (Suena el teléfono. Apaga la radio. De pronto se suma el golpe de alguien en la puerta. El profesor termina de anotar un número en su libreta y atiende el teléfono.)
PROFESOR: ¡Sí! (La puerta se abre y se asoma Altamirano) Sí, sí... (El ruido de la puerta lo hace girar y contesta al teléfono) Buen día...
ALTAMIRANO: Buen día, permiso.
PROFESOR: Sí, sí, Teresita... hoy, hoy entré a las cinco. Bueno cinco, cinco y siete... no creo que siete minutos justifique que me descuenten medio día. No, pero... (Altamirano sigue atentamente la conversación. El profesor se aparta para buscar intimidad.) Tenés razón, ayer no fiché... sí, salí apurado, me acordé está mañana recién... no pero si me siguen descontando así... no, es que voy a terminar poniendo plata yo a fin de mes, si con lo que me pagan... no, no... no me estoy quejando, hace cuánto que me vienen prometiendo una oficina y yo estoy en el sótano sin decir nada, pero yo vine ayer... sí, ya sé que la máquina dice que no, pero usted me vio. Por qué no le pregunta a... ¿y qué le dijo? ¿Cómo que no se acuerda? Si él me vio... escúcheme, Teresita.... no, no la quiero molestar a usted, pero para mí es muy importante, hola... hola... hola... (Corta y se dirige a Altamirano) ¿Usted qué hace ahí? ¿Quién lo autorizó a entrar?
ALTAMIRANO: La recepcionista me dijo que golpee y espere... después, usted me hizo pasar, entonces entré
PROFESOR: No, yo no le dije nada.
ALTAMIRANO: Sí, si me dijo sí adelante y yo entré, sino no hubiera entrado... bueno salgo.
PROFESOR: No, no... está bien, ahora ya está. No va a salir y volver a entrar. Empecemos (Empieza a buscar algo que no encuentra, revuelve por los cajones detrás del biombo, vuelve al escritorio, va al archivero, vuelve detrás del biombo)

ALTAMIRANO: Yo soy...

PROFESOR: ¿Usted sacó lo que estaba acá?

ALTAMIRANO: No.

PROFESOR: Cómo que no, estaba acá.

ALTAMIRANO: Yo no toqué nada, (el profesor sigue protestando) se le desapareció algo... no se preocupe... ya va a aparecer...

PROFESOR: ¿Qué dice? (Encuentra la ficha de admisión y va hacia el escritorio)

ALTAMIRANO: (Pausa, sonríe nervioso) No nada, no importa...

PROFESOR: Sí importa, todo lo que usted diga o haga va a ser tomado en cuenta... lo escucho. (Se sienta. Empieza a llenar la ficha)

ALTAMIRANO: ... no, esto que... que le faltaba... ayer estaba leyendo el cartel que pusieron en la parada anunciando la última función del circo. Me doy vuelta para ver si viene el colectivo y cuando vuelvo la vista, no estaba más. Había desaparecido, así en un abrir y cerrar de ojos...

PROFESOR: ¿De qué me está hablando?

ALTAMIRANO: Del circo, el de los gemelos Rivarola. El que tiene a Tony.

PROFESOR: ¿Tony? Usted es Tony.

ALTAMIRANO: No, no. Tony es el payaso, ese que camina con las manos y canta en italiano. A usted le encantaba... Pardo.... ¿no se acuerda?.... lo imitaba igualito.

PROFESOR: Ah, Pardo.

ALTAMIRANO: Augusto Pardo, 6to. 4ta. del Instituto Tecnológico, el gordito.

PROFESOR: Pardo, Augusto (Toma nota)

ALTAMIRANO: (Tiempo) Pensé que me había reconocido.

PROFESOR: Del tecnológico... (Toma nota)

ALTAMIRANO: Fui alumno suyo. ¿Se acuerda de mí?

PROFESOR: (Levantándose) No. (Mientras le toma el talle de la camisa) De todos modos acá no hay privilegios para nadie.

ALTAMIRANO: Vamos, haga un esfuerzo, yo me sentaba en el primer banco, enfrente suyo, todas las mañanas, se tiene que acordar...

PROFESOR: Ya le dije que no. (Lo endereza hacia el frente)

ALTAMIRANO: Mire, a ver si esto le ayuda (Saca una foto y se la muestra hacia atrás)

PROFESOR: Ah... sí... ¿Cómo está? Está mucho más flaco... (Se va tras el biombo)

ALTAMIRANO: (Mira la foto tratando de entender. En silencio e incómodo) ¿Y cómo está usted, profesor?... tanto tiempo... ¿Cómo van esos inventos?

PROFESOR: Qué experimentos, Pardo.

ALTAMIRANO: No Profesor..., yo no soy Pardo.

PROFESOR: (Sorprendido, mira la ficha. Enojado camina hacia Altamirano) ¿No me dijo que usted era Pardo?

ALTAMIRANO: Yo soy Altamirano.

PROFESOR: ¿Cómo Altamirano?

ALTAMIRANO: Sí, Altamirano.

PROFESOR: (Mira la ficha para corroborar la información) No señor, usted es Pardo.

ALTAMIRANO: No, yo soy Altamirano. Pardo era el que imitaba a Tony...

PROFESOR: Pero si yo recién le pregunté y usted... (Rompe la ficha y va al archivero a buscar otra, mientras se queja con frases entrecortadas.) Altamirano... ¿Altamirano qué?

ALTAMIRANO: Mario, Mario Altamirano.

PROFESOR: Está seguro ¿no? Dígame Altamirano (Remarcando el apellido, se acerca), tiene alguna experiencia... porque sino la terminamos rápido.

ALTAMIRANO: Sí, sí.

PROFESOR: Procesos de exterminio, líneas de montajes, en fin producción industrial de insecticidas.

ALTAMIRANO: Sí, sí... es más creo que de todo ese grupo de alumnos, el único que terminó dedicándose al oficio, fui yo... porque mire Pardo: es perito mercante allá en la Capital; después, Giménez se puso a cargo de la panadería del padre, De Filippi sigue con la agencia de quiniela, Osorio... bueno a Osorio le perdí el rastro

PROFESOR: No, no, no... (Muy seguro) De Filippi trabaja acá.

ALTAMIRANO: Acá... ¿Y que hace acá? (El profesor balbucea algunas palabras) ¿Qué es su asistente?

PROFESOR: (Sin mirarlo) Es mi jefe. Está acomodado. Se casó con la hija de Don Ochoa... (Siguiendo con la entrevista) ¿Tiene alguna discapacidad o dificultad motriz?

ALTAMIRANO: No. (Mientras el profesor anota) Qué tipo De Filippi, siempre haciendo de las suyas..., ¿se acuerda cómo nos torturaba con la timba? Llegaba un día de repente y decía, “muchachos: hay que jugarle al... treinta y nueve –supongamos... que sale o sale, que es una fija...”

PROFESOR: (Lo interrumpe) ¿Qué dijo?

ALTAMIRANO: Aparte, siempre con esa capacidad que tenía... porque se le metía algo en la cabeza y nadie se lo podía sacar, estaba tan convencido que nos terminaba convenciendo a todos. Ahí sacaba una latita, y decía: “treinta y nueve treinta y nueve treinta y nueve, es una fija, sale o sale, hay que jugarle sí o sí”, ahí cada uno ponía una monedita, el que podía ponía un billete y él después desaparecía. (El profesor como iluminado por el número sale disparado hacia el fichero), Dos, tres, a veces cinco seis horas... Claro así como se llevaba la lata con la plata se casó con la hija de Don Ochoa. En definitiva es lo mismo porque el tipo siempre fue un trepador. (Sigue mientras el profesor encuentra el expediente)

PROFESOR: Treinta y nueve... (Piensa, sorprendido. Gira y comparte la novedad con Altamirano) el expediente… ¡los ahogados!

ALTAMIRANO: La lluvia, el treinta y nueve, no es la lluvia

PROFESOR: Sí, sí, es la lluvia... Pasa que hace un rato en la radio comentaron un accidente con 39 muertos... mi expediente es el 39 y yo que había anotado y usted que viene y me dice... son tres coincidencias. ¿Se da cuenta lo que quiere decir...? Usted vino por algo.

ALTAMIRANO: Sí...

PROFESOR: A usted me lo mandó el cielo...

ALTAMIRANO: Bueno…

PROFESOR: A ver, deme esa foto... (Alegre. Lo mira, mira la foto. Se para en el centro, Altamirano se asoma por detrás del Profesor) Míreme..., estamos todos... usted debe ser... venga, acérquese. (Altamirano se acerca) ¿Éste? (Altamirano niega con la cabeza) ¿El que... (señala la foto) sostiene el banderín?

ALTAMIRANO: No, fíjese que ese tampoco soy. Yo soy el que tiene la cara… tapada.

PROFESOR: (Agarra la foto y se va hacia el escritorio. Va tras el biombo). Usted me alegró el día. Tome asiento Altamirano. ¡Treintainueve, que coincidencia!, ¿No? (No hay nada cercano para sentarse. Altamirano busca un canasto de alambre grueso que esta en el otro extremo de la oficina, lo acerca al escritorio y se sienta) ¿Y?

ALTAMIRANO: ¿Qué?

PROFESOR: ¿Es o no?

ALTAMIRANO: Puede ser...

PROFESOR: ¡Cómo puede ser! ¿es o no es?...

ALTAMIRANO: No sé.

PROFESOR: Conteste Altamirano.

ALTAMIRANO: (Tiempo) Es que no me hizo ninguna pregunta.

PROFESOR: (Lo mira, mira la planilla) Cómo que no, ¿Es argentino?

ALTAMIRANO: Sí.

PROFESOR: (Mientras anota) Y bueno, eso...

ALTAMIRANO: Ah no lo habré escuchado.

PROFESOR: Obviamente, por haber sido alumno mío, algún privilegio va a tener.

ALTAMIRANO: No, es que no estoy buscando ningún privilegio.

PROFESOR: Preguntas fáciles le voy a hacer...

ALTAMIRANO: No es necesario... por favor.

PROFESOR: ¡Favor por favor, Altamirano! Acá somos una gran familia (Disertando) En esta fábrica, cumplimos un rol esencial en el equilibrio socio-económico de toda la provincia. ¿Usted sabe cómo funciona esto?

ALTAMIRANO: ¿Le puedo mostrar algo?... (Altamirano saca los planos)

PROFESOR: Esto es Dípteron, somos una empresa líder. Trescientos sesenta y cinco días al año, las veinticuatro horas funcionando. Todas máquinas alemanas, tecnología de punta. Dípteron no para nunca. Sin nuestro aporte científico toda la región sería una gran nube de mosquitos. (Altamirano le da los planos, que el profesor revisa) Esto esta muy bien, veo que ya estuvo trabajando.

ALTAMIRANO: Es una vista de la planta y abajo hay un mapa del lago...

PROFESOR: Un trabajo magnifico, lo felicito

ALTAMIRANO: Es que tuve al mejor profesor.

PROFESOR: (Se levanta alegre) Lo dice por mí. (Luego gira y reclama) Está queriendo sacar ventaja... No está bien eso...

ALTAMIRANO: No, no… no es que quiera sacar ventaja, para nada.

PROFESOR: A ver defina, Altamirano... Defina que es un insecticida.

ALTAMIRANO: Eh...

PROFESOR: Vamos que es fácil.

ALTAMIRANO: (Mirando hacia otro lado. Temeroso) “La misma palabra insecticida, etimológicamente, la podemos dividir en insecti y cida. Cida del latín “mata a” e insecti forma plural de insectus-insecti es decir insectos o sea: “mata a insectos”, (Mirando hacia el profesor) “mata insectos...”

PROFESOR: Aja. (Se para y camina hacia el frente) Nosotros combatimos los mosquitos. ¿Qué sabe de mosquitos?

ALTAMIRANO: (Un poco más confiado. El profesor mira hacia el frente mientras toma nota) Mosquito es el diminutivo de mosca y mosca la podemos dividir en mos y ca, significando ca: ser viviente y mos... proveniente del latín, muss... (Se queda reproduciendo el fino sonido del mosquito. El profesor lo mira y Altamirano intenta explicarse) es el fonema... con que se representa el zumbido de...

PROFESOR: Fonema, etimología, se está yendo por las ramas, ¿qué pasa, no me está queriendo contestar? No estudió para hoy ¿no? ...

ALTAMIRANO: Profesor...

PROFESOR: (Intimidándolo) ¿Qué sabe de mosquitos? O no sabe. ¿Qué es un mosquito?

ALTAMIRANO: (Rápido) Sundíptero.

PROFESOR: ¡Eso! (Contento)

ALTAMIRANO: Invertebrado, estructura corporal de quitina, clara distinción céfalo-tórax - abdomen... Hay muchas clases de mosquitos, incluso, hay bichos que son mosquitos pero que en la jerga han sido desterrados de ese honor. (Cambia el tono) Hay manejos de información, cuestión de intereses.

PROFESOR: (Que estaba mirando hacia el frente, gira hacia Altamirano) ¿Qué es lo quiere decir?

ALTAMIRANO: (Silencio. Altamirano lentamente saca un libro de su portafolio del cual no podemos ver la tapa. Se acerca al profesor que está en el proscenio y lo muestra. Es una Biblia) Júreme que lo que le diga no se lo va a decir a nadie.

PROFESOR: (Altamirano está casi encima de él) Esta bien... Mire que yo no... ¿No le parece exagerado hacerme jurar sobre la Biblia?

ALTAMIRANO: No, no, es para mostrarle algo. (Agarra la Biblia, la abre, busca una página y se la da) Acá están todas las respuestas. Lea. (Bajando la voz) ¿Oyó hablar de las diez plagas?

PROFESOR: (Seguro) Sí, claro.

ALTAMIRANO: En la parte del Éxodo figura la cuarta plaga como la plaga de las moscas. (Se ríe)

PROFESOR: ¿Y?

ALTAMIRANO: Cómo “y”... Las moscas no hacen plaga, son los mosquitos los que hacen plaga.

PROFESOR: (El profesor respira hondo y en voz alta cómo simulando entender) . Ah...

ALTAMIRANO: ¿Después qué le siguió?

PROFESOR: (Con la incomodidad de no saber, intenta espiar la respuesta en la Biblia) Eh... Siguió la..., la... quinta plaga...

ALTAMIRANO: Sí, claro, pero de qué fue... ¿se acuerda? le estoy… preguntando.

PROFESOR: ¿Sapos?

ALTAMIRANO: No ranas, fueron ranas.

PROFESOR: Bueno, ranas, sapos, es lo mismo, o me va a decir que usted distingue una rana de un sapo.

ALTAMIRANO: Sí, claro que distingo.

PROFESOR: ¿Cuál es el punto?

ALTAMIRANO: Creyeron que las ranas venían a comerse las moscas, pero las ranas no comen moscas, comen mosquitos.

PROFESOR: ¿Usted me quiere decir que la Biblia está mal, (Altamirano asiente) que Dios nos envió mosquitos? (Suena el teléfono) Mse... De Filippi... Ah, sí, yo quería hablar con vos, es por lo de ayer, que no fiché, me quieren descontar un día y medio. Medio por hoy que llegué tarde... Si ya sé que la máquina dice que no, pero vos me viste ayer. No te acordás que yo subí a tu despacho y vos estabas... No, eso fue a la tarde cuando te subí el café. Ah... entonces me lo podés arreglar. Pero... dale... ¿si?, está bien te debo una. No, todavía no... sí, el psico-físico ya se lo hice. Listo, chau... ah, nene, nene, escucháme tengo un numerito, ¿no? ¿cómo? Pero sale o sale. Vamos nene, no me podés hacer esto... que gano y te devuelvo todo junto. A ver ¿cuándo te deje de pagar? ¿Cuánto? (Revisa el bolsillo, saca un billete de cinco pesos) Esperá... (Tapa en micrófono del teléfono) Altamirano... ¿Tiene diez pesos? (Altamirano se queda absorto, pero igual busca en sus bolsillos)

ALTAMIRANO: Tengo siete.

PROFESOR: (Estira la mano para que se los de, Altamirano se los da) Hágame acordar eh... Igual le estoy haciendo preguntas fáciles. (Se ríe, luego al teléfono) Tengo doce (se mete la mano en el bolsillo) trece, trece cincuenta. ¿¡Si!? Escuchá bien: treintainueve, sale o sale. Sí, sí cero, tres, nueve, treintainueve, es una fija. Vas a ver que con esto paso al frente... Sí, sí, termino con esto y te subo la guita. Bueno, chau... sí, sí, sí, ya termino, gracias. ¿Cómo? No, a mi esas cosas no me pasan... (Corta, se ríe y se sienta) Este De Filippi... (Altamirano lo mira, serio) ¿Tiene alguna insuficiencia cardiaca?

ALTAMIRANO: Un poco de taquicardia... a veces.

PROFESOR: ... Bueno, lo dejamos entre nosotros...

ALTAMIRANO: Como usted diga...

PROFESOR: Fatiga crónica... no; problemas en la vista... no, anteojos no usa; dislexia... no; problemas respiratorios también le voy a poner que no, trastornos en el sueño... no

ALTAMIRANO: Sí, sí... hace tres meses que sueño lo mismo... Estoy en el camino de la rotonda...

PROFESOR: Bueno, no es importan...

ALTAMIRANO: ... el que va del instituto a la municipalidad y está todo lleno, lleno como de... de papel picado..., el piso lleno de papel picado... allá en el rincón hay un diario que en la tapa tiene una foto suya vestido de General.

PROFESOR: ¿De general?

ALTAMIRANO: Sí, sí de general. Esos que tienen las charreteras, con las borlas, todo. Entonces empiezo a buscarlo, sin saber dónde estaba, empiezo a correr a toda velocidad, campo traviesa por la mitad de la plaza y cuando llego al centro me topo con un desfile... lleno de gente, globos de colores, papel picado volando por el aire, por allá vienen los granaderos a caballo y atrás los de la banda tocando la marchita militar. Yo llego hasta el fondo, me dan un trombón y empiezo a desfilar con ellos tocando el trombón, pero... (ríe solo, nervioso) ... yo no sé tocar el trombón ¿Se da cuenta? En eso levanto la vista, y en el palco, entre el Fraile y Gobernador: está usted...

PROFESOR: ¿Con el uniforme?

ALTAMIRANO: Sí, sí, vestido de militar. Allá atrás, en el fondo a la izquierda, están las damas del Club Social de Beneficencia con uno de esos cheques gigantes que dan en los concursos: Diez mil pesos, Aldo Gutiérrez, ¿qué me dice? En eso levanto la vista y arriba del palco en letras doradas, gigante: “Gracias Aldo querido” Claro, en ese momento me di cuenta de todo, ahí entendí: todo ese movimiento, las carrozas, la gente, los granaderos… era todo un homenaje para usted. En ese momento se levanta una de las damas del club social de beneficencia, viene con el cheque, se lo da, le estampa un beso en la boca. ¿Adivine quien era?

PROFESOR: A ver, déjeme pensar, alguna linda de por acá...

ALTAMIRANO: Don Ochoa... sí Don Ochoa vestido de mujer.

PROFESOR: ¿Don Ochoa?

ALTAMIRANO: Aunque no lo crea, con unos zapatos con taco así como usan las mujeres, con unas medias de red y las patas todas peludas, una pollera corta por acá y una blusa con la panza al aire… (Altamirano se va sentando) imagínese a Don Ochoa con globitos, todo lleno de purpurina, con los ojos pintados, una peluca rubia por acá, la boquita pintada...

PROFESOR: Ja, ja, ja... Con los dientes todos chuecos.

ALTAMIRANO: ... ¡los bigotes!

PROFESOR: ... Ja, ja, ja. ¡Amarillos!

ALTAMIRANO: Y en eso entra uno por atrás que le da el Markus y el Van Bossen.

PROFESOR: Los dos, la misma noche... eso sí que es medio difícil.

ALTAMIRANO: Sí, pero... (paran de reírse lentamente) eso es lo que sueño.

PROFESOR: (Para sí, desarmándose) Bueno, no todo son premios y reconocimientos, menos en la ciencia...

ALTAMIRANO: Bueno, pero la idea de ganarse el Markus y el Van Bossen le gustaba.

PROFESOR: Si por supuesto ¿a quién no?, pero también hay otras cosas... en la vida, eh Altamirano, también hay otras cosas.

ALTAMIRANO: Sí, la… timba por ejemplo (Tiempo)

PROFESOR: (Levanta la cabeza) ¿Por qué no? Me gusta el juego, realmente me gusta... Acaso la misma Biblia no dice que Dios jugó a los dados, por qué yo no puedo...

ALTAMIRANO: Ese es un dicho, no es la Biblia. Aparte dice que Dios no jugó a los dados. Al revés. Justo todo lo contrario.

PROFESOR: No sé, puede ser, nunca me quedó claro... Usted que sabe: ¿Está en el cielo o en todas partes...?

ALTAMIRANO: Eso es más complejo...

PROFESOR: Y si es así como yo digo... No me va a decir que nunca jugó a nada...

ALTAMIRANO: Dios no juega.

PROFESOR: ¿No juega?

ALTAMIRANO: Él tiene un plan. No juega.

PROFESOR: ¿No está jugando con nosotros?

ALTAMIRANO: ¿Qué dice?

PROFESOR: De esto le estoy hablando, él armó todo este caos... y dijo no juego más, se fue y no pagó la cuenta... Es así... ¿O no? (Cambiando de conversación para continuar llenando la ficha) Católico, ¿Verdad?

ALTAMIRANO: (Tiempo) ¿está mal acaso?

PROFESOR: Un científico tiene que dudar...

ALTAMIRANO: Pero qué tiene que ver... yo tengo dudas... ¿cómo no voy a dudar? hay algunas cosas que no cierran, es cierto... pero siempre es mejor creer, uno la pasa un poco mejor, en algún punto es como la magia. Uno mira el truco, cree y la pasa mejor.

PROFESOR: Yo la paso mejor si descubro el truco.

ALTAMIRANO: Mmm..., no sé... a veces es mejor que algunas cosas pasen sin que uno sepa bien cómo.

PROFESOR: Como en la timba.

ALTAMIRANO: No.

PROFESOR: ¿Cómo que no? Recién, teníamos tres coincidencias y uno no sabe bien cómo aparecieron, de dónde salieron, pero sin embargo uno sabe que sale o sale.

ALTAMIRANO: ¿Le parece?

PROFESOR: Sí, cuando es así no tengo ninguna duda.

ALTAMIRANO: No era que un científico tiene que dudar.

PROFESOR: (Se le abre el frasco desparramando las píldoras por el piso. Tiempo. Se agachan y mientras las recogen siguen conversando) Pero mire qué hizo, usted confunde todo. Azar, ciencia, religión, magia... no es todo lo mismo.

ALTAMIRANO: Pero los límites sí son los mismos...

PROFESOR: A ver si me explico... Uno tiene que dudar y al mismo tiempo tener sus propias convicciones. Es como si yo le dijera que... yo me llamo Aldo Gutiérrez y no me cabe ninguna duda de que yo soy Aldo Gutiérrez, y que este es un frasco, que estas son mis píldoras, ese es mi escritorio, mi archivo y aquel es el Gral. Ochoa.

ALTAMIRANO: Usted era el que en sus clases, nos insistía en hacer cálculos Profesor, proyecciones... nos hablaba del clima, predecir el futuro para después sentarse y ver llover...

PROFESOR: (Cierra el frasco y se levanta) Yo nunca pude haber dicho algo semejante. Eso es una imbecilidad. Y menos con el clima, si acá llueve todo el tiempo, es como ganar jugándole a todos los números. Lo difícil es ganar sin tener ningún dato.

ALTAMIRANO: No es que sea difícil...

PROFESOR: Eh, le puedo asegurar que es muy difícil (Siguiendo con la ficha)

ALTAMIRANO: Lo difícil es concentrarse. Esa es la única estrategia. (Se da vuelta y descubre una pastilla que quedó en el suelo. Se adelanta y la levanta lentamente. El profesor en paralelo, cuando se sentó frente al escritorio divisó nuevamente la foto y al escuchar lo que dice Altamirano levanta la foto lentamente) Enfocar en un objetivo, nada más... y no desperdiciar ningún detalle. Una pequeña variación, un error despreciable puede definir un resultado (El profesor mira el álbum de fotos. Altamirano al frente) Basta ver un accidente, en una distracción se define nuestra vida. Que en definitiva también es un accidente, somos pequeñas partes de partes de partes..., infinitesimales, refractarias... (Ahora sí, mirando al profesor) La belleza del universo es que cada parte puede modificar el todo.

PROFESOR: Uy, Margarita Urrutia... (Se levanta y va al frente del escritorio. Altamirano se acerca) es Margarita Urrutia, la que está debajo de la sombrilla.

ALTAMIRANO: Sí, es ella.

PROFESOR: Mire (Avanzan hacia el proscenio) acá está De Filippi... siempre igual este...

ALTAMIRANO: Ahí está Pardo...

PROFESOR: Ah… este es Pardo. Y… a ver no me diga nada: usted es... ¿Dónde está usted?

ALTAMIRANO: Yo... sacaba las fotos, pero mire esta, acá se ve el lago.

PROFESOR: Sí y el laboratorio. Mire, todos en el lago... y nosotros en el laboratorio...

ALTAMIRANO: Día y noche quemándonos las pupilas tratando de generar el más devastador de los insecticidas, Profesor, ¿se acuerda?: Cílicon Sexta Generación. A dónde hubiera llegado si no hubiesen adulterado las muestras, eh. Este sería un mundo sin mosquitos ya.

PROFESOR: ¿Usted cree?

ALTAMIRANO: Sí, claro... póngale la firma. Usted hubiera ganado. (Arengándolo)

PROFESOR: (Se aparta y se dirige a sentarse. Como derrumbado) No reavivemos viejos fantasmas. (Agarra la ficha)

ALTAMIRANO: Profesor, la comunidad tiene una deuda con usted y es hora de saldarla. Usted debería ser el dueño de esta fábrica y no un simple empleado.

PROFESOR: (Tiempo) Todos los puestos son importantes, todos en equipo hacemos posible la Dípteron. (Retorna a la ficha) ¿Usted vive por la zona?

ALTAMIRANO: Sí.

PROFESOR: Eso es importante...

ALTAMIRANO: (Sobre los planos) Profesor, estuve siguiendo meticulosamente las variables que inciden sobre la procreación exitosa de un mosquito. Seguí paso a paso las condiciones climáticas necesarias para que el mayor número de huevos se convierta en larvas y el mayor número de larvas se convierta en crisálidas... y el mayor número de crisálidas se convierta en mosquitos... mosquitos adultos, plenos en sus facultades y he llegado a una conclusión: ...

PROFESOR: Está bien, está bien, ya completó todo, es suficiente... Usted es un talento Altamirano, aparte es un amigo. Vamos, firme... Ahí donde está la línea punteada... Con letra de imprenta, que si no... (Le da para que firme) Es la clase de persona que estaba necesitando... (Agarra el teléfono y marca un interno) De Filippi..., soy yo, Gutiérrez... Ya está. Escucháme, acabo de contratar al nuevo empleado para residuos tóxicos... Y a que no sabés quien es... no, después te digo... dos fichas nada más, la primera estaba manchada, que después me la quieren... Viste que podía hacerme cargo del sector, y, decime, le jugaste ya... ¿no?, pero la extraordinaria está por cerrar... Sí, sí, ya subo, lo acompaño a suministros y te llevo la guita... (Cuelga excitado, le habla a Altamirano quien lo mira serio. Sonriendo y señalando el teléfono) Bueno Altamirano, vamos rápido, le alcanzo esto a De Filippi y de paso lo acompaño a suministros así le dan el uniforme...

ALTAMIRANO: (Como queriendo aclarar la situación) Yo no vine por ningún puesto.

PROFESOR: ¿Cómo?

ALTAMIRANO: No vine por el trabajo.

PROFESOR: No puede ser... (Pausa) ¿Y todo esto? (Señala y muestra la ficha)

ALTAMIRANO: Necesitaba verlo, hablar con usted. Fue necesario para que me escuchara, sino no me hubiera atendido.

PROFESOR: (Se va hacia el ropero. Gran exabrupto) No ve que me hace perder el tiempo... ¿Qué se piensa? Me arruinó dos fichas... Pone en riesgo mi trabajo ¿Y ahora qué le digo? Cómo le explico ahora a De Filippi que yo estuve todo este tiempo con usted y que... ah ya sé, a usted lo manda De Filippi para ver si completo bien el formulario.

ALTAMIRANO: No, profesor yo...

PROFESOR: (Interrumpiéndolo) Retírese, váyase de acá. (va agarrando las láminas de Altamirano y se las tira encima tratando de sacarlo de la oficina)

ALTAMIRANO: Profesor, es necesario que me escuche.

PROFESOR: (Amenazante) Fuera.

ALTAMIRANO: Escúcheme.

PROFESOR: Ah, no se va por las buenas, llamo a seguridad (Levanta el teléfono)

ALTAMIRANO: (Le corta el teléfono. Rápido y nervioso, como vomitando las palabras) Yo fragüé las muestras de su insecticida... fui yo (El Profesor lo mira incrédulo, azorado. Altamirano se quiere excusar, habla muy alterado con palabras sueltas sin poder hilar la oración, hasta que logra por fin hablar) No fue intencional... yo no, no sabía... fue por un complot que armaron los Ochoa, fueron ellos... la noche anterior a que se hicieran las pruebas de campo de su insecticida y el de los Ochoa, yo recibo esta carta anónima que explica científicamente, que para que nuestro insecticida pueda controlar plagas, hay que agregarle un diez por ciento de Diethil, estaba tan bien explicado, yo no… no lo entendí. Lo busqué por todas partes, fui al instituto, a la plaza, al billar, no lo encontré por ningún lado, ya era tarde y a la madrugada hacían las pruebas... Así que cuando todo el mundo de fue del galpón, me metí, abrí el barril y le mezclé el Diethil. Fue lo más estúpido que hice en la vida, pero ya está hecho. …

Aclaración

(*) Este es un fragmento de la obra La temporada del mosquito.
*Autores
Diego Echegoyen, Julio Panno y Miguel Scolnik