El tao del sexo
Ignacio Apolo y Laura Gutman *


PERSONAJES
EUGENIO
MALE
Algo más de cincuenta años. Espacio vacío –algún objeto.

ESCENA 1
EUGENIO: (a público) Hace tres meses le detectaron a mi viejo un cáncer de colon. Lo operaron y le iban a hacer la quimio… Nunca pensé que se iba a morir así, de repente. Yo creo que decidió irse rápido. Una tarde habló conmigo del futuro del estudio y me pidió que me ocupara de mi hermano Juan. Le dije que se quedara tranquilo. Y aquí estamos: en su velatorio. Por allá está mi mamá; bastante entera. Y Juan, abrazado con mis hijos. Y mi mujer, Male, atendiendo a la gente.
MALE: (a público) Mi suegro era un hombre maravilloso, qué le vamos a hacer; al menos vivió una vida extraordinaria.
EUGENIO: A ella se le dan más las relaciones sociales. Es más “espiritual”, también. Más abierta.
MALE: Igual, tenemos que estar felices por él. Vivió su vida.
EUGENIO: Yo, en cambio, no sé qué más se puede decir en estos lugares. La gente a mí me da la mano, me dice “y bue, se nos fue”. Y yo me quedo mudo. Ella habla.
MALE: Tenemos que aceptar con humildad que la muerte nos resulta misteriosa.
(Los textos de Eugenio se superponen levemente sobre los de Male)
EUGENIO: Me sorprendió lo organizadas que están las cocherías. Todo el tema “papeles”…
MALE: La experiencia de la muerte es casi idéntica a la del nacimiento.
EUGENIO: Hasta te arreglan los avisos en el diario.
MALE: Hemos perdido contacto con esas dos partes de la vida: nacer, morir…
EUGENIO: Vos sólo tenés que elegir el cajón y la sala.
MALE: En este momento Don Eugenio está liberando su alma.
EUGENIO: Male habla con la gente y a mí me saca un peso de encima, la verdad.
MALE: Dr Agopian, usted no sabe lo importante que es para Eugenio que hayan venido…
EUGENIO: (acercándose a Male) Pero a veces se pasa un poco. Esa cosa mística…
MALE: …porque cuando el alma abandona el cuerpo, se eleva a una existencia en la cual…
EUGENIO: (la toma del brazo) Gracias, Dr Agopian, gracias. Male…
MALE: (se suelta el brazo) Euge, yo sé que tu papá se está elevando, lo siento aquí (se toca el corazón).
EUGENIO: ¿Y los chicos?
MALE: Ya se fueron a casa.
EUGENIO: Acá me dicen que nos podemos ir todos a dormir y volver mañana a la mañana para el traslado. Acá cierran…
MALE: Ah, mucho mejor.
EUGENIO: Pero no sé, no me parece.
MALE: Sí, Eugenio.
EUGENIO: No sé si corresponde.
MALE: ¿Tu mamá se quiere quedar?
EUGENIO: No sé. No sabe. (a público) Yo no sabía que ahora cierran los velatorios a la noche.
MALE: Mejor. La gente se está yendo, vos estás agotado…
EUGENIO: (a Male) ¿Vamos a dejar a papá solo acá? No sé.
MALE: Nos vamos todos y volvemos mañana.
EUGENIO: No sé él qué hubiera hecho…
MALE: ¿Tu papá? Hubiera hecho algo lógico, Eugenio.
EUGENIO: (a público) Cuando llegué al sanatorio, le mandé un mensaje de texto a Male: “murió papá”.
(Los textos vuelven a superponerse levemente, los de Male de fondo)
MALE: Lo lógico es ir a descansar.
EUGENIO: Me respondió en seguida. Me preguntó si yo quería que ella viniera.
MALE: Tu viejo murió como vivió…
EUGENIO: Claro que no, era un plomo todo lo que había que hacer.
MALE: …sin complicarle la vida a nadie.
EUGENIO: A ella la iba a necesitar más tarde, en el velatorio, para las sociales.
MALE: En otras culturas se visten de blanco, no de negro. Festejan, no lloran…
EUGENIO: Male no me abrazó. Ni hoy, ni ayer.
MALE: …porque piensan que de este lado estamos despidiendo a un alma pero del otro lado lo están recibiendo…
EUGENIO: Hace mucho tiempo que Male no me abraza.
MALE: …con alegría, con flores y canciones...
EUGENIO: No creo que se dé cuenta de que estoy muy triste. Ni ella ni nadie. No me abrazó, ni me dijo nada. ¿Se dará cuenta?
MALE: Dr Pérez Macri, usted no sabe lo importante que es para Eugenio que hayan venido…
EUGENIO: Ni una palabra de aliento, ni un cariño, ni una mueca de solidaridad.
MALE: Eugenio tal vez no lo dice…
EUGENIO: Nada.
MALE: …pero yo sé lo mucho que los tiene en cuenta…
EUGENIO: Bueno. No tengo rendir examen de dolor, andar demostrando que estoy mal. Solo yo lo sé.
MALE: …y cuánto apoyo recibe de sus colegas.
EUGENIO: Mi papá se fue para siempre.
MALE: (a Euge) Todo listo entonces.
EUGENIO: (a Male) No sé si nos tenemos que ir.
MALE: No queda nadie.
EUGENIO: No me parece dejarlo solo a papá acá.
MALE: Estamos solos. Vos y yo.
EUGENIO: ¿Mi papá me llegó a querer?
MALE: ¿Cómo?
EUGENIO: (a público) Con mi título de abogado, cumpliendo a rajatabla todo lo que esperaba de mí, no como el “tarambana” de mi hermano; el gran Doctor Arregui, mi padre, ¿me amó alguna vez? (a Male) Andá vos.
MALE: No seas ridículo. Acá van a cerrar.
EUGENIO: (a público) Yo sí te quise mucho, papá.
MALE: (Lo mira a los ojos) Vos mismo arreglaste esto. (a público) Murió mi suegro y nadie en su familia lo llora.
EUGENIO: Yo sí que te quise, papá.
MALE: Nadie consuela a nadie.
EUGENIO: Quiero un abrazo…
MALE: Todos derechitos, todos formalmente de luto, recibiendo el pésame.
EUGENIO: …de Male, o de papá. Pero papá nunca me abrazó.
MALE: Mi marido más que nadie y por sobre todos.
EUGENIO: Una palmada en la espalda, más de orgullo que de afecto, (a Male) ¿no?
MALE: (a Eugenio, confirmando) La firmeza a prueba de emociones. (a público) Pero a esta altura de mi vida, tanta rigidez me lastima. ¿Qué pasaría si Eugenio aflojara y llorara de una vez por todas? Para mí sería un alivio ver que es de carne y hueso. Porque parece que la única imperfecta en su mundo soy yo.
EUGENIO: (a público) Ganar un juicio, ganar dinero, firmar con tu apellido: una palmada en la espalda.
MALE: La única desequilibrada, la única que a veces come y otras veces no, la que se desangra por dentro, la que estalla, la que se enoja, la que se apasiona y la que se atraganta de conflictos soy yo.
EUGENIO: (a Male) ¿A vos qué te pasa?
MALE: (continúa a público) Me da pena verlo a Eugenio tan encerrado en su deber ser, pero así fue siempre. Si ni siquiera con la muerte se conmueve, ¿qué puedo esperar de él?
EUGENIO: Te mandé un mensaje de texto apenas supe lo de papá. Me preguntaste si quería que vinieras. Claro que no…
MALE: Él nunca necesita nada. Siempre está completo.
EUGENIO: Un abrazo.
MALE: En cambio yo sí lo necesito; estoy terriblemente conmovida por la pérdida de mi suegro.
EUGENIO: Un abrazo.
MALE: Pero no es mi papá. No le voy a pedir a Eugenio que me consuele a mí… Mis sentimientos siempre me los trago. Por eso me paso días sin poder comer.
EUGENIO: Un abrazo.
MALE: Porque me quedo cargada de angustias y emociones no dichas.
EUGENIO: (a público) Pero bueno.
MALE: Y distanciada de Eugenio, que vive en el mundo de los hombres perfectos al que yo no tengo acceso.
EUGENIO: (a Male) Vamos.
MALE: (a Eugenio) Vamos, amor.
(Eugenio tímidamente le pasa el brazo por el hombro, y recibe una palmadita de Male en la mano, mientras se retiran) .


ESCENA 2
EUGENIO: (a público) No me quedé a velar a mi padre.
MALE: (a público) ¿No? ¿No se quedó a velar a su padre?
EUGENIO: (a Male) ¿A vos qué te pasa, Male?
MALE: (a Eugenio) Es una pregunta.
EUGENIO: (a público) Las cosas ordenadas. Los asuntos financieros del estudio en regla; una cuenta bancaria especial para mamá; las claves de acceso para mí; las propiedades. Y el legado de Juan, “cuidalo a Juancito”. Eso fue lo único que me dijo de frente. Lo demás lo hizo en silencio y por su cuenta. (Sonido de motor que no enciende; a Male) No arranca.
MALE: (a Eugenio) Estás nervioso, Euge. Probá de nuevo.
EUGENIO: No arranca.
MALE: Bue. Bue. Tranquilo, lo… (se interrumpe) ¿qué hacés?
EUGENIO: Voy a ver el motor.
MALE: Euge, si no sabés nada de mecánica…
(Eugenio levanta el capot y observa con detenimiento el motor.)
EUGENIO: A ver, Male, probá encender.
MALE: Euge, mi amor…
EUGENIO: ¡Probá!
(Male acciona la llave. El auto no arranca. Eugenio toca tímidamente cosas confusas, en vano.)
EUGENIO: No se ve nada.
MALE: ¿Y qué querés ver?
EUGENIO: No se ve un carajo.
(Saca el celular y una tarjeta de la billetera; se ilumina con la luz del smartphone.)
MALE: Llamá a Premiun, porque los de Ciudad andan muy mal.
EUGENIO: Estoy llamando al Automóvil Club.
MALE: ¡¿Perdón…?!
(Eugenio escucha y cumple instrucciones del estilo “para una emergencia con el auto en Capital, marque 1, para provincia, marque 2”.)
MALE: No te puedo creer… Eugenio, ¡vamos a casa y mañana lo venís a buscar!
EUGENIO: (al teléfono) Hola, sí, no me arranca el auto.
MALE: Qué tontería (saca su celular y busca un número para marcar; eventualmente, la atenderán de un radio taxi).
EUGENIO: Un C4… Citroën, sí. Gris. IPJ 113. I de Inés. Pe de Pedro, jota de… Ojota, qué sé yo, sí. Eugenio Arregui…
MALE: (al teléfono, ambos a partir de ahora) ¿Te pido un taxi por favor? Malena Arregui, sí.
EUGENIO: En la puerta de un salón de velatorios…
MALE: Cabrera 2979.
EUGENIO: Cabrera 2979. ¡No sé entre qué calle y qué calle!
MALE: Entre Laprida y Anchorena.
EUGENIO: Entre Laprida y Anchorena.
MALE: Espero en la puerta, en un auto…
EUGENIO: ¿Cómo entre dos y tres horas por el…?
MALE: Un… Citroën. ¿C4, amor?
EUGENIO: Está bien, está bien. (a Male, acompañado con señas) ¿Qué pasa?
MALE: (al teléfono) No importa, querido. Se nos quedó el auto. Citroën.
EUGENIO: ¡¿Con quién hablás?! (al celular) Sí, estoy acá. Tengo que estar en el vehículo, sí. Sí.
MALE: Cuatro a diez minutos, gracias.
EUGENIO: (al celular) Acá me quedo. (a Male) ¿A quién llamás vos?
MALE: (a Eugenio) Al taxi, amor. Escuchame, ¿por qué no dejás el auto acá y pedís la grúa mañana después del entierro?
EUGENIO: ¿Estás loca? ¿Cómo voy a dejar el auto acá toda la noche?
MALE: Pero si igual lo ibas a dejar toda la noche… si el velorio duraba toda la noche, el auto i…
EUGENIO: No es lo mismo.
MALE: Dejalo acá y vamos a casa.
EUGENIO: ¿Qué barrio es este?
MALE: ¿Barrio Norte?
EUGENIO: Para allá no está el Abasto?
MALE: ¿Qué importa dónde está el Abasto, Euge? ¿Qué pasa?
EUGENIO: El salón cerró. La casa de velatorios. Apagó las luces.
MALE: Sí, mi amor. ¡Lo arreglaste vos!
EUGENIO: ¡Me van a desmantelar el auto acá si lo dejo!
MALE: ¡Ah, porque si estás vos adentro del auto no te lo desmatelan! Te secuestran y te matan, además, Eugenio, ¡por favor!
EUGENIO: Yo de acá no me muevo.
MALE: Viene el taxi, Euge. Vamos. Es peligroso.
EUGENIO: Andate vos.
(Male se baja del auto.)
MALE: ¿Te vas a quedar velando el auto?
EUGENIO: No digas pavadas. Me quedo hasta que venga la grúa.
MALE: Sos cabeza dura....
(Se sube al taxi.)
MALE: A Scalabrini Ortiz 3650, entre Gelly y Castex…
EUGENIO: (a solas) Yo me quedo acá.
(Prueba encenderlo; el motor hace ruido, pero no arranca. Eugenio gruñe y golpea el volante.)
EUGENIO: Está bien, está bien. Nos quedamos.
MALE: (a público) ¿No se quedó a velar a su padre?
EUGENIO: (Eugenio mira hacia atrás, como asustado por un ruido.) Nada. (a público) Mi padre me encargó al boludón de mi hermano Juan. Cuidalo. Es decir: pasale plata. Como hizo él toda la vida. Y esa es la verdad. Era lo único que quería decirme a mí. Algo sobre mi hermano. ¿Por qué lo quiso a él y a mí no? No sé.
MALE: (a público) Llegué a casa. Creo que tengo fiebre.
EUGENIO: ¿Hace cuánto, a ver? ¿Treinta y dos años?
MALE: Eugenio no quiere estar ahí, pero igual se queda.
EUGENIO: Juan no tenía registro, y le sacó el auto a papá para salir de joda. Se lo hizo “percha”, jaja.
MALE: Su padre es su prisión. (a Eugenio) Volvé a casa, Euge. Es tarde.
EUGENIO: Jaja. Nunca volví a ver una cosa así. No sé cómo hizo… Una parte del motor había salido volando para arriba, a través del capot. Increíble. Juancito me llamó a mí. Me pidió que le dijera a papá que había sido yo. Que lo había usado yo. Temblaba, Juancito. ¿Por qué le voy a decir que fui yo? “Por favor”, me dijo. Eso fue todo.
MALE: Euge. No me siento bien.
EUGENIO: Y yo di la cara por él. Juan se fue a dormir. Yo le dije a papá que había estado estudiando toda la noche, y que unos amigos del Champagnat me llamaron… Papá me cagó a pedos. Que eso no era lo que él esperaba de su hijo mayor, que me fijara muy bien con quién me juntaba, que yo no era un nene de mamá consentido y con plata, o al menos eso quería creer. Me hizo laburar para pagar el arreglo. De verdad tenía que estudiar de noche, porque me metió a tiempo completo de cadete del estudio y… me “retuvo” el registro… (sacude la cabeza) Qué increíble. “Dame el registro, Eugenio; me lo quedo yo hasta que esto esté arreglado”.
MALE: Me voy a acostar.
EUGENIO: Me lo retuvo ocho meses. (Pausa) Lo impresionante es que papá sabía. Yo me di cuenta, y de esto hace treinta y dos años, yo me di cuenta que papá sabía que había sido Juan. A Juan no le dijo nada. Absolutamente nada.
MALE: No me despiertes cuando llegues.
EUGENIO: Lo hizo a propósito. Era su manera de “formar” mi carácter. (Pausa) “Hay que conocer los Tribunales desde adentro”.
MALE: No tardes mucho.
EUGENIO: Todo el mundo supone que Juan sufre, que Juan no tiene una familia constituida. Juan es artista, Juan es músico, Juan tiene talento, es creativo, es despelotado, es sensible, es de otro mundo. Al final, a él no le importó nada… (Teclea en el celular y se lo pone en la oreja) Hoy también es un hombre grande. Tiene casi 50 y ni una cana, ni una arruga. (Sonido de ringtone) Hace lo que quiere. Y consigue el amor y la comprensión de todos.
MALE: (atiende) Euge.
EUGENIO: (al celu) Male, ¿mucha fiebre? No es nada, un canapé, algo que te cayó mal en el velorio.
MALE: No comí nada en el velorio, vos lo sabés.
EUGENIO: Llamá a un médico que vaya a casa y acostate.
MALE: Ok, ok. Pero vos…
EUGENIO: Yo ya voy. En diez minutos llega el auxilio y voy (cuelga) .
MALE: (a público) Sí, Euge, pero vos…
EUGENIO: (mirando adelante, con las manos en el volante) Yo cumplí. (Mira para arriba, abre las palmas) Yo cumplí.


ESCENA 3
(Male se adelanta al centro. Su presencia se impone.)
MALE: (a público) Me acuerdo muy bien de la mañana que murió mi suegro. Me acuerdo porque esa mañana, el paseador de perros me invitó a salir. ¡El paseador de perros…! (Pausa) Está refuerte ese chico. Me encanta hablar con él. Es espontáneo, es tierno; tiene esa mirada penetrante. No… (hace un gesto de “no sabés lo que es ese tipo”) No debe tener ni el secundario hecho. Pero, la verdad: cuando suena el timbre los martes y jueves a las ocho, Lila se pone loca; salta, mueve la cola, ladra, se sube a la puerta. Y yo… (Pausa) Mi suegro murió un lunes.
EUGENIO: (a público) Y aquí estamos: en su velatorio. Por allá está mi mamá; bastante entera. Y Juan, abrazado con mis hijos. Y mi mujer, Male, atendiendo a la gente.
(Los textos de Male se superponen levemente a los de Eugenio, que van de fondo.)
MALE: Hará cosa de… unos meses. Registré que el paseador me miraba. Un día le abrí la puerta y me dijo: “Male…”
EUGENIO: A ella se le dan más las relaciones sociales. Es más “espiritual”, también. Más abierta.
MALE: Ehh… “Male, parecés salida de un cuento de hadas”.
EUGENIO: Yo, en cambio, no sé qué más se puede decir en estos lugares.
MALE: Ni le contesté. Me hice la estúpida.
EUGENIO: La gente a mí me da la mano, me dice “y bue, se nos fue”. Y yo me quedo mudo. Ella habla.
MALE: Pero empecé a arreglarme tempranito a la mañana.
EUGENIO: Me sorprendió lo organizadas que están las cocherías. Todo el tema “papeles”…
MALE: Me ponía nerviosa esperando que llegue.
EUGENIO: Hasta te arreglan los avisos en el diario.
MALE: Los encuentros duraban… nada…
EUGENIO: Vos sólo tenés que elegir el cajón y la sala.
MALE: …el tiempo de entregarle a la perra y que me dijera algo.
EUGENIO: Male habla con la gente y a mí me saca un peso de encima, la verdad.
MALE: Dr Agopian, usted no sabe lo importante que es para Eugenio que hayan venido…
EUGENIO: (acercándose a Male) Pero a veces se pasa un poco. Esa cosa mística…
MALE: Y él siempre, siempre me tiraba un piropo.
EUGENIO: (la toma del brazo y la separa) Gracias, Dr Agopian, gracias. (a Male) Male…
MALE: (quita el brazo, con cierta molestia) Luego empezamos a conversar…
Aclaración
Esta obra fue ganadora de la LIII edición del Premio Literario Casa de las Américas, 2012 –La Habana, Cuba y del 13º Concurso Nacional de Obras de Teatro – Región Centro–, Instituto Nacional Del Teatro, Argentina.
*Autores
Ignacio Apolo es dramaturgo, escritor y docente. Formó junto con dramaturgos jóvenes como Spregelburd, Daulte, Tantanian, el grupo Caraja-Ji, referente de la nueva dramaturgia argentina. Sus piezas teatrales se estrenaron en Buenos Aires y también en el interior y exterior del país (Inglaterra, España, México, Suecia). Fue becado por Casa de América de Madrid e invitado por el Royal Court Theatre de Londres y el Riksteatern de Suecia. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio de la Fundación Banco Patricios por su novela Memoria Falsa, el II° Premio del Fondo Nacional de las Artes y el Premio Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación por “La historia de llorar por él”, y el prestigioso Premio Municipal por “La Pecera”. Y este año, el LII Premio Casa de las Américas, por su obra inédita, “El Tao del Sexo”, escrita en colaboración con Laura Gutman. Actualmente puede verse en cartel su obra PostParto, y leer sus reseñas teatrales en http://la-diosablanca.blogspot.com/

Laura Gutman es argentina, terapeuta familiar y escritora. Lleva publicados varios libros sobre maternidad, paternidad, vínculos primarios, desamparo emocional, adicciones, violencia y metodologías para acompañar procesos de indagación personal. Dirige una institución con base en la Ciudad de Buenos Aires, que cuenta con una Escuela de Capacitación Profesional y un equipo de profesionales que asisten a hombres y mujeres adultos.