Segurismos (2008-2009)
Sebastián Friedman
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“Segurismo: doctrina política que postula que el problema central de una sociedad está en su criminalidad.
El segurismo se desarrolla con más facilidad en sociedades en donde ha habido cierto deterioro de la situación económica y social de las clases bajas y medias. Responde al miedo de sectores de clase media y media alta que se sienten de pronto desprotegidas al producirse un aumento de las diferencias económicas que, en ciertos casos, se traduce en un aumento de la criminalidad. Es lo que el segurismo llama “inseguridad”, palabra mágica que se constituye en centro de todo enunciado y justificación de cualquier pronunciamiento.
El segurismo pretende que la respuesta no debe enfrentar al deterioro sino a sus consecuencias y produce una demonización de esos sectores empobrecidos, tendiendo a intensificar las divisiones en la sociedad.
El segurismo no analiza las razones y las causas del problema e intenta sustituir con soluciones mágicas (irrupción policial, legalización de tenencia de armas, líderes salvadores, etc), los debates políticos y sociales que esta situación parece precisar.”


Extraído del libro “El Interior” de Martín Caparros.

Introducción

En la Argentina de los ’90 hubo un fuerte repliegue de las funciones básicas del estado. El menemismo con su política de precarización y recorte (educación, salud y vivienda), dejó a nuestra sociedad sumida en un estado de creciente vulnerabilidad. Esto fue afectando de manera diferente a las distintas clases sociales, dando lugar a la aparición de un ánimo en la población, traducido en una “sensación de inseguridad”.
Tanto las políticas de gobierno como el discurso de los medios, intentaron solapar esta situación de desamparo social, relacionando exclusivamente la inseguridad con el delito.

A partir de la debacle económica de fines de 2001, la clase media argentina es literalmente invadida por el miedo y los medios de comunicación alimentan y se alimentan de la sensación de inseguridad reinante. Frente a un Estado sin posibilidad de acción, sumado a la ausencia de un debate político serio sobre las causas reales y las soluciones posibles, la clase media aterrorizada pretende autoprotegerse con alarmas, perros, garitas y guardias. Pero son particularmente las rejas las que traen consigo una brutal mutación en el paisaje urbano.

La reja se convierte en un objeto aceptado, normalizado. Comercios, casas particulares y parques cercados. Lo público y la seguridad se vuelven temas en conflicto entre ellos, ya que se busca la seguridad renunciando a lo público.
Parece casi obvio enunciarlo ya que está en su esencia, la reja separa y de esta manera la ciudad suma una nueva forma de distanciamiento entre sus habitantes.

Desnaturalizar la reja es una de las premisas de este proyecto.
El miedo logró invisibilizar lo absurdo que es vivir, trabajar, o ambos, tras las rejas. A su vez la cotidianeidad logró invisibilizar lo violento que es enfrentar las rejas para el que está del otro lado, si es que acaso hay otro lado.

La casa se ha transformado en un refugio defendido hacia el exterior. El tema es protegerse, esto es lo que aconseja nuestra sociedad. Pero si ponemos rejas para defender nuestros espacios, esto conlleva la paradoja de habitar un espacio inseguro. Además es claro que esto no soluciona los problemas y que va produciendo un malestar que va creciendo dentro de nosotros.
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