Familia y doméstica (2000-2003)
Sebastián Friedman
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El escenario: noche en una habitación de hospital. Mi madre se recupera de un ACV. Yo la acompaño. Al observarla dormir aprovecho mi propia fragilidad para hablar(me) de la fotografía, de mis temas y de mi historia.

Pasaron más de 10 años de la primera fotografía de la serie “Familia y Doméstica”, un proyecto nacido de la imposibilidad de nombrar una vivencia a la cual le faltaron palabras y finales felices.

Como hijo de esa clase media argentina me tocó convivir con ese personaje que era “como de la familia” y no “de la familia”. En donde el “como de” encierra la fragilidad de su permanencia, su estatuto incierto, a la vez que invisibiliza la poderosa pregnancia de sus “obligaciones”.

Ella limpiaba, ella cocinaba, ella acompañaba, ella observaba.
Ella que sabía todo de nosotros (¿su familia?), de nuestra intimidad, mientras que nosotros sabíamos poco o nada de ella o de su historia. Es éste, entre otros, uno de los desbalances que contiene este vínculo y sobre el que decido articular mi trabajo.

A través de retratos clásicos, en dónde la presencia de la empleada doméstica en sus dos universos familiares, propone un juego de confrontación. La vemos siendo “como de”, en el seno familiar de sus empleadores. La vemos siendo, con su propia familia.
Ese es mi gesto escénico, revelar personajes y vínculos.
De ahí en más las y los dejo a solas para que cada una y cada uno despliegue sus propios prejuicios y experiencias en un ir y venir de una imagen a la otra.

Pero ya no me interesa hablar de “lo fotográfico” del trabajo. Prefiero confesar que fue un proyecto que nació de un enojo, que mi posición fue y sigue mutando, que llegué a comprender y aceptar lo irresoluble de la complejidad del tema.
Finalmente entiendo éste trabajo como un intento de transcripción de las huellas y los huecos que esa convivencia dejaron en mi.

El hogar, el trabajo, el afecto, territorios complejos, mucho más si se entremezclan.
Una intimidad compartida de manera desigual en dónde el cariño crece inevitablemente, atravesando y constituyendo este vínculo laboral, quizás único, en dónde empleador y empleada conviven bajo un mismo techo.

No hay una única respuesta, hay cientos de historias.
Este trabajo pretendió ser también un homenaje a todas ellas.
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