Palimpsestos
Gustavo Toba *


de Mauricio Kagel
(Caja Negra Editora, 2011)


Mauricio Kagel es una figura central de la música contemporánea. Nacido un 24 de diciembre de 1931 en Buenos Aires, a mediados de los 50 decide radicarse en Colonia siguiendo la recomendación de Pierre Boulez. Hasta entonces, su formación musical en su período “argentino” incluye tempranas clases particulares de piano, violonchelo y clarinete, y por otro lado un activo interés en el cine (ayudó a fundar la Cinemateca Argentina) y la literatura, que lo lleva a tomar clases con Jorge Luis Borges y a entablar una cercana relación (ajedrez mediante) con Witold Gombrowicz. Más tarde se interesaría profundamente en las posibilidades de la música concreta a través de Francisco Kropfl. Como señala Pablo Gianera en el Prólogo a la edición de Palimpsestos, “el hecho de haber nacido y haberse formado en Buenos Aires durante las décadas de 1940 y 1950 habilitó una relación imparcial con otras músicas y otros géneros. De (Juan Carlos) Paz y de Borges le quedó para siempre a Kagel, ejemplo perfecto de esas dos décadas porteñas, un universalismo felizmente poco académico e intelectualmente indisciplinado”. “Mi casa es donde está mi trabajo”, declaró alguna vez Kagel, quien además de música compuso piezas radiofónicas y películas, respecto de la dificultad para definir de manera terminante su lugar de pertenencia como artista: ¿compositor argentino? ¿alemán? ¿judío?
En muchas obras de Kagel es frecuente encontrar un trabajo con la dislocación como leitmotiv constructivo: dislocaciones geográficas, lingüísticas, sonoras, históricas. La parodia, la ironía, los procedimientos de sustitución y el delicado trabajo con el montaje que tantas veces se ha señalado como característico de su estética, son formas de dislocación de ese continuum en que la tradición, con la infinidad de elementos que pone en juego, ha cristalizado en algún tipo de forma acabada. Así, el punto de partida para hablar de Tango alemán, la obra estrenada en 1978 para voz, violín, bandoneón y piano, es la confusión etimológica de la palabra “tango”, que puede llevar a la poesía andaluza del siglo XVI o al dialecto de los esclavos africanos llevados a Montevideo por los portugueses a fines del siglo XVIII. “Tango alemán: en Europa que suene argentino, en Argentina, protogermánico”, ironiza el texto de introducción a la obra. O en Mare Nostrum. Descubrimiento, liberación y conversión del Mediterráneo por una tribu del Amazonas, de 1975, en la que Kagel señala: “Durante muchos años me interesó la idea de invertir los acontecimientos. Esta vez serían los sudamericanos quienes descubrirían aquel continente del que habían partido las cruzadas colonizadoras tan fructuosas en el hecho de dejar correr la sangre (…) Quizás debería mencionar que no sólo la historia de la música es una de mis pasiones sino la historia de la historia, el hecho mismo de retranscribir la historia.”
“Componer significa organizar elementos dispares”. La frase, que le pertenece a Brahms y, según refiere Kagel en un sensible y a la vez erudito artículo sobre el aniversario de la muerte del compositor alemán, solía ser citada por Edgar Varese, da cierta clave sobre el modo de considerar y procesar un pasado dado por la tradición al que el propio Kagel nunca dejó de interpelar, tanto en sus obras como en sus escritos, como dejan en claro en varios de los artículos de Palimpsestos. “La sensibilidad de Brahms empuja todavía a muchos oyentes e intérpretes a un sentimentalismo sin reservas. Esto implica indudablemente un abuso de los clásicos parecido a aquella restauración que se realiza presuntamente en honor de los antepasados pero que en realidad busca domesticar una cultura en dispersión (…) Debemos poner siempre en cuestión y no creer del todo aquello que representa la imagen de un compositor como si estuviera fijado para siempre a la manera de un monumento”, señala en La sensibilidad profanada.
Los ensayos teóricos son quizás la parte más contundente del libro para acercarse al pensamiento del Kagel compositor y teórico musical. “La composición supone enfrentarse permanentemente con una materia sonora y una materia no sonora, enfrentamiento que obliga a ocuparse de la teoría musical”. A lo largo del libro Kagel reflexiona con pasión sobre la audibilidad de los fenómenos acústicos, las implicancias de la música romántica alemana, la musicoterapia; o acerca de los sistemas de notación para la música serial y electrónica (“El hecho de que los compases en parte hayan sido sustituidos por duraciones definidas cronométricamente es una consecuencia de la necesidad de concordancia entre el procedimiento de escritura y el acontecimiento musical”) o la relación entre texto y sonido (“Lo que me interesa es la relación entre el texto musical susceptible de ser variado y el resultado sonoro inmediato, entre la manipulación del material y su influjo sobre la articulación de una forma que se transforma permanentemente”).
“El pensamiento de Kagel es eminentemente constelado; no sigue movimientos rectilíneos”, recuerda Gianera hacia el final del Prólogo de un libro que resulta una excelente carta de navegación de esos mapas estelares.
*Autor
Gustavo Toba nació en Buenos Aires.