“Alergias, arañas y poesía lúcida”
María Luján Tilli *


Descongestión, de Gonzalo Penas
(Ediciones La Parte Maldita, 2010)


Descongestión sin metáfora. Poesía real. Gonzalo Penas vagabundea en una sucia ciudad, deshabitada de ánimas, saturada de entes que dormitan en un eterno ir y venir. Maldice y bendice la delgadez moderna del amor, del ser de a dos, de los placeres y los sueños-pesadilla. Penas es flaneur en una ciudad dramática, viciosa y tanguera, con un fondo de esquelético rock’n roll. La poesía de Descongestión reconoce que necesita del vicio, de la nocturnidad, de la calle a solas, a tientas, a ciegas. De la vergüenza refugiada en una covacha de medio pelo oliendo a tabaco húmedo y rancio. Refugio que no alcanza para soportar el mundo, pero al que se aferra y en el que baila haciendo de cuenta “como si”. Este poeta, no teme escribir sin artilugios, sin barroco de por medio. Y nos acerca, a algún conejo de Cortázar montado en una araña: “Corro hacia la ventana y ahora no sólo me persiguen las arañas sino vos, que me vas a dejar y escupís arañas”. O a esas rutinas de Fabián Casas, llenas de alergias, vinilos, patadas en el culo y flores, “hay un horrible silencio/ y en este departamento de dos ambientes/ no hay bibliotecas ni portadiscos. / Después de siete minutos,/ el humo se esparció por mi cocina/ y el cigarro quedó apagado,/ acurrucado en el cenicero/ como yo en la silla.”

Descongestión increpa desde el subsuelo y encarna la escena que toma por sorpresa al lector rodeado de cuatro paredes de un departamento melancólico. Supo decir el poético Roland Barthes en La Cámara Lúcida: “la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”. La poesía captura, en ese sentido (pero nunca mecánicamente) un manojo de mundo a medio cerrar, pone entre paréntesis punteados un espacio-instante que dice acá mundo, acá sentido-s, acá-lo-allá. Barthes dice: “La Fotografía pertenece a aquella clase de objetos laminares de los que no podemos separar dos láminas sin destruirlos: el cristal y el paisaje, y por qué no el Bien y el Mal, el deseo y su objeto: dualidades que podemos concebir, pero no percibir”. Bien podría caberle tal in-definición a la poesía de Gonzalo Penas, allí donde hay desconcierto, agobio, hay descongestión. Allí donde hay “quería más” hay felicidad que pudo haber sido, pero antes del haber sido que eso hay felicidad. “Esa fatalidad (no hay foto sin algo o alguien) arrastra a la fotografía hacia el inmenso desorden de los objetos-de todos los objetos del mundo: ¿Por qué escoger (fotografiar) tal objeto, tal instante y no otro?-. La Fotografía es inclasificable por el hecho de que no hay razón para marcar una de sus circunstancias en concreto” declara Barthes. La Poesía en Descongestión asume tal incertidumbre, recorta en la ciudad-covacha un espectro poético, pero no lo nombra, no dice es. Entona posibles escenas-anclajes, sin ancla.
*Autora
María Luján Tilli nació en 1985, en José C. Paz. Estudiante de profesorado y licenciatura en Ciencias de la comunicación. Periodista y poeta. Trabaja en medios gráficos digitales, colabora como comunicadora en CEPPAS (Centro de Políticas Públicas para el Socialismo) y en la asociación civil Grupo Puentes. Publicó poesía en la antología, “Vuelo íntimo” de Editorial Dunken.