Perfecta Anarquía
Silvana Santucci *


Vol. 1, Compilado por Andrea Garrote
(Editorial Jacotot, 2011)



Como parafraseando la consigna de Lautréamont sobre la poesía, el libro que aquí nos ocupa - Perfecta Anarquía- parece afirmar que el teatro, que el buen teatro, “debe ser hecho por todos”, aspecto que la casi oximorónica existencia de una perfección sin arkhé parece también sugerir.
Llevar dicha pancarta a destino en forma de libro, eso que en este texto sucede, no es tarea fácil. Según se nos cuenta en el prólogo, imaginarlo, escribirlo, ponerlo en escena, actuarlo y editarlo implicó un esfuerzo colectivo costoso, soñador y gratificante, sello que el trabajo independiente suele ofrecer como sus mejores ropas.
Escritas por Guadalupe Cuevas, Daniela Rico Artigas, Celina Rozenwurcel, Andrés Rossi, Matías Creche, Ana Anthony, Nurit Kasztelan, Magdalena Martínez, Luís Tenewicki, Natalia Casielles y Eugenia Peréz Tomas, las siete historias reunidos por Andrea Garrote como resultado de la edición 2011 del “Taller de Entrenamiento y Dramaturgia para actores” que ella dirige, se asientan sobre una sólida red de colaboraciones y co-autorías que descubren sus respaldos y protecciones con delicadeza.
El libro se inicia con unas palabras de Garrote, quien anticipa delgadamente los temas y potencias que abren cada una de las historias compiladas. A la vez, sintetiza las características de su método de formación escrituraria: “organizamos improvisaciones, inventamos dispositivos para profundizar en diferentes lenguajes de actuación y hasta hacemos actuar a inicialmente tímidos dramaturgos que son sabiamente mimados por los actores. Todo eso en la certeza de la alegría que produce la aparición y crecimiento de esos pequeños universos contemporáneos, particulares y nuestros”.
De esta manera, Perfecta Anarquía puede pasar como una típica publicación anual de taller que nos someterá a experiencias con resultados dispares. Sin embargo, lejos de constituirse en una sorpresa, dentro de las siete escenas que constituyen el libro, hallamos más de un diálogo perturbador e interesante y más de un personaje que vale la pena seguir escuchando. Es decir, el libro compila algunos breves episodios que exploran la constitución gozosa del mundo cotidiano, aún cuando eso implique encontrarse con fantasmas (como en «La Reina Papa»), dejar relaciones que, a la vez que nos estimulan, nos constriñen (como en «Si me lo preguntan») o suspender – a partir de un encuentro azaroso con un ex amor- los engranajes de la cotidianeidad que imprimen nuestras etiquetas sociales a la libertad, abandonándonos a la desazón y añoranza de viejos tiempos secretos (como sucede en «La Cabrera»).
Personalmente, me cautivó el grupo de chicas del interior de «Final de temporada». Entre referencias al calor santafesino, a estrellas locales como Marta Goiry y a la televisión de provincia, estas niñas discurren sobre zonas de pasajes y tensión en la constitución de las identidades modernas. Pivoteando entre un tema y otro, organizan la circulación de sus impresiones, por ejemplo, sobre el hecho de parecer lesbianas o sobre las conveniencias de sostener -o no- una estética hetero-chonga (Pero acá es mucho más importante la imagen. Depende de cómo te vestís, cómo te tratan ¿Uds. No lo notan? ).
Por otro lado, tratan de cifrar el impacto que les imprime la ciudad para verse atrapadas en la equívoca dinámica campo/interior (EMILIA- Me acuerdo el día que la conocí a la mamá de Juli. Estábamos en el campo y vivía en una casa re linda, había chanchitos, pollitos por todas partes. Hasta tenían un gallinero. JULIA- Paraná no es el campo y eso fue en mi quinta). Al mismo tiempo, la distancia con sus familias les permite, por un lado, asumirse como protagonistas y por otro lado, las posiciona en una especie de limbo realidad- ficción que deben ir rellenando para ser dueñas de sí. Sus diálogos se elaboran sobre anécdotas de reciprocidad e intercambio de datos absurdos. En consecuencia, en «Final de temporada» el tiempo se vuelve puro presente filtrado, pura estancia que actualiza recuerdos que las definen y los enmarcan bajo la trama de una serie televisiva que ha finalizado. En síntesis, estas chicas parecen comprender que en la vida hay ciclos y que en esos ciclos la voz toma forma.
Perfecta anarquía, también, suma para sí un nuevo plus. El mismo, abona a su arquitectura de escenas individuales y drena espacio para hacerlas un todo: las historias fueron puestas en escena y actuadas por sus propios autores en agosto del año pasado en el Teatro Becket de Buenos Aires. De modo que la precisión que ostenta la visión teatral de Garrote no está extenuada en esta selección. Las escenas breves integran un texto divertido que armoniza desconcierto, espanto y humor.
En otras palabras, los textos tienden a completar una ova sobre un arco que revela repechos que van desde una presentación familiar agresiva (como en «Otro día más»), a la pelea en círculo de amistades impuestas (como en «El círculo»), pasando por el reencuentro entre ex amores afectos e interesados («Aquella vieja persecuta») y por la puesta en alumbramiento que marca el ocaso del presente. Es más, nos muestra cuándo hasta el tedio diario se nos volvió aburrido. En síntesis, coqueteos que desenmascaran encuentros y desencuentros entre sujetos que recurren a retomar el valor del pasado, hacen de este texto el retrato de gente que no sabe bien qué quiere, ni para qué está.
De esta manera, del mapeo organizado por Garrote al inicio del libro nos propone anárquicamente hacer uso de la libertad individual. A partir de su presentación, podemos elegir las escenas de acuerdo a los temas que mas nos gusten y avanzar en el texto desacreditando la linealidad.
Finalmente, de pequeñas y acertadas dimensiones, Perfecta anarquía -un libro sin lomo, pero dueño de un elástico anaranjado que nos pone a practicar el cierre áureo que acostumbran hacer las costureras más astutas del universo- es delicado, simple y acartonado, puesto que luce la elegancia de la sencillez. El mérito, sobre este punto, es de Jacotot- editorial de teatro, nacida y coordinado recientemente por Melina Marcow. Perfecta anarquía, entonces, es un libro para leer con viento, a favor.

Que lo aprovechen! Prost! Auf uns!
*Autora
Silvana Santucci nació en Santa Fe en 1983, es Lic. en Letras por la Universidad Nacional del Litoral. Realiza estudios de doctorado en el Ciffyh de la Universidad Nacional de Córdoba bajo la dirección de Silvio Mattoni y es becaria de Conicet.